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Aquiles Báez: “Los músicos venezolanos somos el tesoro mejor guardado del Caribe"

El guitarrista viajó a Estados Unidos para realizar conciertos en ciudades como Nueva York y Miami. Asegura que a pesar de la difícil situación que atraviesa Venezuela, se quedará en el país. “Me quedan cosas por hacer”, dice aun admitiendo que cada vez tiene menos colegas con quienes tocar

Aquiles Báez: “Los músicos venezolanos somos el tesoro mejor guardado del Caribe"

A Aquiles Báez desde hace rato lo querían en Estados Unidos. Es comprensible, allá, en varias de esas ciudades, ahora viven varios de los músicos con los que tanto ha trabajado, tanto en estudios como en tarimas. Forman parte de la música venezolana que ahora se hace en otras tierras, pero que no necesariamente se interpreta con nostalgia, sino nutriéndose de las vivencias de quien emigra, con otros contextos que ineludiblemente influyen en la creación.

“Fue una idea de la gente de Guataca Miami. Desde hace rato querían que fuera a dar un concierto por allá, y compartir un poco con esa diáspora venezolana radicada en la Florida”, afirma el guitarrista en alusión a la iniciativa de la productora venezolana.

Basta con revisar las redes sociales para constatar la promesa de tantos reencuentros. En los afiches promocionales de esta serie de presentaciones se leen nombres como los del baterista Adolfo Herrera, el bajista Eduardo Javier Espinoza, el flautista Erick Chacón, los cuatristas Héctor Molina y Jorge Glem, así como también la ocasión sirvió para ver a esas viejas amistades que no necesariamente surgieron por la música.

–¿Cómo fue el reencuentro con Nueva York, en la que vivió tantos años?

–Nueva York es maravillosa y me encanta. Aunque sea un poco fría en esta época, el otoño puede estar a 0 grados, y piensas que es el invierno, pero no, puede ser peor. Sin embargo, la gama de colores es alucinante y es muy loco que solo dura unos pocos días. Por suerte me tocó estar con esta acuarela de la naturaleza.

–¿Qué preparó para las presentaciones? ¿Cómo ha sido la experiencia en las clínicas? ¿Qué ha encontrado?

–Siempre son experiencias enriquecedoras las de enseñar, uno aprende mucho y se fortalece. Siempre en mi agenda ha existido la parte académica de enseñar, que lo considero un recorrido. Acá en Nueva York, por ejemplo, la clínica que dicté fue con músicos de muy alto nivel. Gente que compone para el Lincoln Center y sin embargo con toda la humildad vino a mi clase.

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–¿Me puede hablar del Aquiles Baez Venezuelan Jam y Aquiles Baez y sus panas?

-Son cosas muy diferentes, el Jam que tuve acá en Terraza en Queens fue demasiado divertido e intelectualmente complejo, no sabíamos ni cómo empezar nada ni cómo terminarlo. Fue lanzarnos en un tobogán que no sabes cómo se va a parar, y eso me encanta. Lo de los panas band es un reencuentro con amigos y la posibilidad de tocar varias piezas de mi repertorio en Miami con músicos radicados en esa ciudad.

–Me imagino que ha encontrado una mayor cantidad de músicos venezolanos que en épocas anteriores.

–Hay una diáspora muy contundente. Es bien preocupante que cada vez hay menos músicos en Venezuela con quienes tocar. Espero que en algún momento ese panorama cambie. El potencial de músicos que tenemos es sorprendente.

–Es claro que estas presentaciones tienen un aire diferente, en el sentido de que son un reencuentro con un grupo de músicos que se han ido del país. ¿Hay nostalgia en estos encuentros?

–¡Claro! Acá en Nueva York toqué con Jorge Glem y otros panas como por ejemplo, Neil Ochoa, Rafael Urbina, Daniel Prim, Juancho Herrera, Carmela Ramírez, que son músicos y personas que amo. Son parte de mis afectos. Hay otros amigos que vi como Cesar Orozco, Gabriel Chakarji, Baden Goyo, Robert Quintero, Alejandro Berti. Además de la gente que quiero que viene de otras latitudes. Y es impresionante lo que están haciendo estos chicos por acá, abriendo un espacio muy contundente en la escena neoyorkina.

–¿Cómo cree que la diáspora de músicos venezolanos influya en la música? ¿Considera que la presencia de artistas de tan variados géneros genere una retroalimentación no solo en la industria sino en los estilos propios de cada país?

–Claro que eso tiene que generar una retroalimentación, todo lo malo tiene algo bueno. Creo que, por ejemplo, esta es una oportunidad maravillosa para que los músicos y la música de Venezuela trasciendan internacionalmente. Te puedo decir que hay una proyección de estos valores que es muy importante. Hasta el momento pienso que hemos sido como ese lema de Comisión Nacional de Hotelería y Turismo –se me cayó la cédula–, que somos el tesoro mejor guardado del Caribe.

¿Y cómo este periplo influirá en usted?

–Sí lo creo. He comido bastante, desde música hasta alimentos. Además de ir a mercados donde consigues absolutamente de todo, uno se queda viendo eso que debería ser lo normal, como una cosa extraordinaria.

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–Todos sabemos que la llamada música urbana es la que domina las carteleras comerciales, pero alejado de eso, ¿cuáles son las tendencias en estos momentos en los circuitos más independientes?

–La música se ha ido radicalmente en dos direcciones. Hay música que cada vez es más sofisticada y que pertenece a un desarrollo artístico, y hay música que cada vez es más banal, insípida y mediocre. Es muy duro en esta época cuando los músicos que son preparados tienen que muchas veces hasta ceder espacios para poder ser escuchados. Estos no son tiempos buenos para el arte como tal. Sin embargo hay que seguir andando, así sea a contracorriente.

–¿Qué ha conocido en Nueva York durante estos días? ¿Cómo ha sido el reencuentro con la ciudad?

-He conocido un poco de gente, y como te dije, esta ciudad es maravillosa por todo lo que se ve y se siente. Pero una cosa es venir de visita y otra es vivir acá, porque también es bastante dura.

–Luego va a Miami, y de nuevo a Venezuela. ¿Prepara algo para su regreso al país?

–Regreso el 20 de noviembre. Tengo varias cosas, entre ellas unos conciertos de fados con Andrea Imaginario e Iliana Goncalves. También daré un concierto íntimo en el Centro Cultural BOD. Será el 18 de diciembre.

–¿Se queda o se va del país? 

–Definitivamente me quedo, y seguiré saliendo. Eso es importante para nuestra música. Creo demasiado en el país como para estar en alguna otra latitud. Respeto a todos los que se han ido, pero por lo menos para mí, ahora que me quedan cosas por hacer en Venezuela.

–¿Qué vislumbra para los músicos venezolanos que todavía están en el país?

-Es un camino duro pero, como decía el poeta Antonio Machado, se hace camino al andar. Hay que seguir ese camino con todos los tropiezos que este tiene. No es fácil, pero hay que seguir andando sin mirar atrás.