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Arte en tiempos de crisis: crear para no llorar

Los artistas del país viven todos los estragos de la crisis. Sin embargo, son ellos, con la fortaleza de la profundidad de sus emociones y expresión quienes tratan de dar color incluso a los tiempos más oscuros. En vez de caer, prefieren crecer

Tomar un lápiz y, acto seguido, escribir. Sostener el pincel y dar el primer trazo sobre el lienzo. Subir al escenario y ser otro. El arte, en sus muchas expresiones, demanda al ser humano cultivar una sensibilidad especial para poder transformar su realidad en algo bello. El artista vive en profundidad sus percepciones y es capaz de contrastar incesantes sentimientos profundos de tristeza con una felicidad inexplicable. El sentir mucho puede ser una tortura, pero también una bendición.

La crisis de Venezuela ha ido borrando la felicidad de su gente. En 2010, la encuestadora Gallup publicó un estudio que afirmaba que el país entonces gobernado por Hugo Chávez era el quinto más feliz del mundo. Ya en 2015, pasó a la casilla 23, mientras que en 2016 el Informe de Felicidad Mundial de las Naciones Unidas ubicó a Venezuela en el puesto 44 de la lista, de entre 157. Se impone, entonces, la tristeza, el desánimo y hasta la depresión.

Desde el año 2014, psiquiatras aseguran el aumento de trastornos depresivos a raíz de la incidencia en la violencia, la inseguridad, la falta de comida de medicinas, entre otros problemas del acontecer nacional. Ya en 2016, está confirmado: cada vez son más los venezolanos que se sumen en la tristeza o depresión.

El drama se impone a la comedia, y los artistas venezolanos no escapan a la máscara y la mueca. Sin embargo, el propio arte se convierte en herramienta para navegar por la tormenta y no renunciar a un oficio, una vocación, una vida.

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“O sea, sencillamente, para decirlo a calzón quitao’, yo llego gateando económicamente a fin de mes. El presupuesto no me alcanza para sobrevivir”, confiesa el reconocido escritor Armando Rojas Guardia. Con 67 años en pleno, el poeta dicta cinco talleres literarios a la semana, pero esto no le alcanza para cubrir sus gastos ordinarios. “Creo que eso lo dice todo”, se lamenta.

El autor de Mapa del desalojo (2014), vive en un pequeño apartamento con muy pocos muebles y decoraciones, y porta una camisa desgastada por los años, al igual que los pantalones que lleva. No se permite muchos lujos, mas la falta de capital la compensa con la riqueza del alma. “Nosotros tenemos, como escritores, que asumir con el mismo talante espiritual y creador este momento de profunda decadencia nacional”, sentencia.

Rojas Guardia compara la situación actual venezolana con la vivida en otros tiempos, y recuerda la España del siglo XVII que transitó los peores momentos de su historia y fue cuando surgió el Siglo de Oro español; la Rusia de fines del siglo XIX que tuvo a su Chejov; y a los poetas estadounidenses de mitad del siglo XX que desenmascararon las heridas de la época, luego de la Gran Depresión norteamericana y con las secuelas de las sucesivas guerras. Por eso, arguye, el ánimo se mantiene como fuente para la creación. “Uno asume la vocación artística con el talante que lo hicieron los españoles del barroco, los rusos, o los poetas beat. Uno encara la realidad nacional como un estímulo a la propia vida intelectual”, explica el escritor.

El artista está acostumbrado a producir por encima de los obstáculos tanto materiales como anímicos. Así opina el director de teatro Fernando Azpúrua, quien, con 26 años apenas, con la energía clásica de quien es joven y con el ánimo implacable del artista que realmente ama lo que hace, considera que la crisis del país no es un impedimento absoluto. “La crisis es un incentivo. Realmente te da muchas más ganas de trabajar y de crear ante las adversidades”, afirma el director.

Claro que es difícil, admite el ganador del Premio Isaac Chocrón 2014. Las dificultades técnicas y monetarias para llevar a cabo una proyección teatral suelen ser un punto de quiebre para muchos, haciéndolos olvidar sus aspiraciones artísticas. Pero Azpúrua encontró la manera de sobrellevar las complicaciones. “La idea es confrontar la crisis a través del arte. Un país sin arte es un país triste, es un país sin alma. El arte permite que el país viva, es nuestro aporte”.

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La crisis como musa

“El arte feliz no existe. El arte viene de la crisis”, afirma la poeta Érika Ordosgoitti, quien se dedica al arte visual. Asegura que el problema actual del país puede enriquecer y empobrecer al mismo tiempo, porque es difícil obtener los materiales para producir artísticamente, pero las trabas purifican lo poco que resulta: “Solo los artistas arraigados generamos arte en estas condiciones”. Algo similar expresa el artista plástico Luis Romero, para quien su oficio lo convierte en “un sobreviviente nato. El arte y el ser artistas siempre suenan muy románticos, pero detrás de las obras y sus creadores hay una gran épica o una lucha, un camino que solo el artista puede y debe trazarse, casi siempre en soledad, por ello para el artista una crisis no es más que un campo para sembrar”.

Amilanar no está en la paleta. La resistencia sí. “El arte es lo que da ánimo. Es cobrar el sentido de la existencia misma a través de mil y un maneras de expresión”, afirmó Ordosgoitti. Armando Rojas también lo explica: “Hay momentos en los que me digo: ‘No, Armando, tienes que preservarte psíquicamente porque sino la situación termina devorándote y aplastándote’. Lo hago tratando de recordar, de tener presente, lo que me llevó inicialmente a ser escritor”. Lo importante siempre es volver, explica. “Yo trato de recordar permanentemente ese momento a los 15 años, cuando decidí que quería ser un poeta y un escritor, y retrotraerme al momento en que, deslumbrado por la belleza de un texto literario, yo quise que en mi vida hubiera ánimo para aportarle al mundo más gracia y más belleza a través de la palabra”.

Sin embargo, la desazón nacional tampoco debe ser vista como agua al cántaro de la depresión que, según el cliché, ataca a escritores y creadores. Se recuerdan los casos de Van Gogh, de León Tolstói o Ernest Hemingway. Alguno asomará a Charles Bukowski y recordará una ristra de nombres de “poetas malditos”, mientras que otro puede apelar a palabras del compositor ruso Pyotr Ilyich Tchaikovsky, conocido por sus episodios nostálgicos además de sus potentes sinfonías y oberturas, cuando dijo que “hay muchas espinas, pero las rosas están allí también”. Pero la psicóloga y fundadora de Psiquearte, Cristal Palacios, afirma que “el artista transmite la fuerza emotiva de su alma a través de la obra. Es terapéutico en ese sentido”. Indica que la idea de que los artistas son más propensos a los trastornos depresivos no es real. “Yo creo que eso es una distorsión histórica. Es muy atractiva esta idea del artista atormentado, una imagen arquetípica del artista que sufre. Pero también hay muchos artistas sanos. Hemos embellecido de la combinación del artista que sufre y que su arte es una expresión de su sufrimiento, cuando no es del todo así”.