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Belén Lobo bailó el siglo XX de Venezuela

Fue mujer de tutús y pas de deux, también historia del baile. Ella vivió como quiso: cerquita de los escenarios. Para muchos es una de las voces y cuerpos más prominentes de la danza criolla. Recorrió el mundo pero sobre todo a su país en busca de candecias y nuevos pasos. Belén Lobo abandonó las tarimas pero su recuerdo gira y gira

Mi destino quedó marcado desde que estaba en el kinder, cuando asistí a una velada en la Escuela Guzmán Blanco y vi a una de las alumnas de Steffy Stahl bailando El danubio azul. En ese momento supe cuál era mi vocación”. Esto lo dijo Belén Lobo en 2002, cuando cumplió 70 años y la entrevisté para El Nacional.

Belén Lobo nació en Caracas, en su casa de Caracas, “como se nacía antes”, el 17 de agosto de 1932. Su madre, Mercedes Núñez, era caraqueña, y su padre, Manuel Salvador Lobo, era un merideño que había bajado en mula desde su montaña hasta los Puertos de Altagracia, en el Zulia. Al llegar a Maracaibo, se subió a un barquito que lo dejó en el puerto de La Guaira. Inmediatamente se dirigió a Caracas donde se empleó en el Centro Benéfico Español, que quedaba diagonal a La Rotunda. En ese hogar, junto a sus tres hermanos, nació Belén, quien sería bailarina hasta su retiro en 1975; y después sería maestra e historiadora de la danza.

–Yo hice la primaria –contó- en La Gran Colombia, una escuela bellísima, diseñada por Carlos Raúl Villanueva, donde los salones de clase tenían un jardín; y que fue la primera de un grupo de instituciones construidas por Medina Angarita, quien encarnó la modernidad después de la noche terrible de Gómez. Cuando estaba en segundo o tercer grado, vino la propia Steffy Stahl a elegir un conjunto de niñas para conformar el grupo al que impartiría clases de gimnasia rítmica —Steffy Stahl era una profesora vienesa que había venido a Venezuela contratada por López Contreras para dar clases de gimnasia rítmica en todas las escuelas públicas.

En ese grupo quedó Belén, quien salió de sexto grado en 1947, un año antes de que la Nena Coronil creara la Escuela Nacional de Ballet. “La Nena Coronil contrató maestros que venían del exterior, cosa que pudo hacer por la ayuda que le ofreció el entonces presidente Rómulo Gallegos”, explicó Belén.

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Belén compartía los estudios de ballet con la secundaria, que cursó en el liceo Fermín Toro. “A los 17, sin terminar el bachillerato, me marché a Nueva York a estudiar en la School of American Ballet. Ya sabía que no sería otra cosa que bailarina. Me fui en el 51 y volví en el 53, justamente el año en que Radio Caracas Televisión hace su primera emisión, pionera en el país. Y la imagen inaugural que se escoge para hacer esa transmisión es la del Ballet Nena Coronil, formado por los alumnos más avanzados de su escuela. Así fue como aparecí en la primera difusión de televisión venezolana bailando Sílfides. Inmediatamente se creó un programa llamado Historia del Ballet, que era promocionado en la prensa —aparecía un anuncio diciendo quiénes bailaban ese día, era bellísimo— y atraía mucho al público. Ahí bailé Mefisto, con Alfredo Pietri y Julián Pérez, con coreografía de Carlota Pereira”.

De la compañía de Nena Coronil, Belén pasó a la Academia Interamericana de Ballet, fundada por las hermanas Irma y Margot Contreras. Esa escuela sería el germen del Ballet Nacional de Venezuela, donde se encontrarían Vicente Nebreda, Graciela Henríquez, y otras figuras nuevas. “Esa escuela y esa compañía, que van a tener el primer subsidio del Estado venezolano, se van a mantener casi veinticinco años”.
En 1960, Belén participó, con el Ballet Nacional de Venezuela, en el Primer Festival de Ballet de Cuba. “Era el gran año de Cuba y nosotros, que nunca habíamos tomado parte de un evento internacional, estábamos muy impresionados porque fuimos recibidos por Fidel Castro y el Che Guevara. Al regreso fui a bailar al Teatro de la Danza, que dirigía Grishka Holguin… y allí me quité las zapatillas para siempre: comencé a hacer danza moderna. Para ese momento ya tenía mi primer hijo, Rhazil, que nació en 1957”.

En todo ese tiempo, Belén Lobo mantuvo sus apariciones en la televisión, que con frecuencia la solicitaba para programas que incluían números de ballet y danza. “El problema de la danza en Venezuela nunca ha sido la falta de público ni mucho menos el desinterés de las audiencias sino el hecho de que se trata de un espectáculo muy costoso, que sólo puede subsistir con apoyo del Estado”, dijo ella en aquella entrevista de 2002. Continúa: “Por eso, el gran momento de la danza en el país es cuando se crea el Ballet Internacional de Caracas (BIC), en 1975, en la época de Carlos Andrés Pérez, cuando regresa el coreógrafo Vicente Nebreda, que tenía más de veinte años en el exterior, donde era muy reconocido, y Zhandra Rodríguez, quien había hecho una carrera brillantísima como bailarina en los Estados Unidos, donde se la respetaba como excelente intérprete. Zhandra Rodríguez regresó en el momento de mayor esplendor de su carrera. Era una bailarina bellísima con una técnica impecable. Entonces se inicia la era de la danza profesional. Con el Ballet Internacional de Caracas se demuestra que las compañías de danza, para ser exitosas, deben tener un apoyo económico y empresarial. El BIC va a durar hasta el año 81, cuando se convierte en el Ballet Nuevo Mundo, bajo la dirección de Rodríguez”.

Lobo fue directora de Danza del Consejo Nacional de la Cultura —1974-1988— y fundadora del Instituto Superior de Danza, 1981, luego Instituto Universitario de Danza.

En 1986 produjo la exposición fotográfica Tiempo de Danza, que recogía 50 años de ese espectáculo. Ha publicado varios títulos de historia de la danza en Venezuela.

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*Foto: Joaquín Ferrer / GÚN

“Yo nunca me he apartado de la danza. Desde el momento en que no pude estar más en escena, he vivido para ver la danza, para asistir a lo que se hace en la danza de mi país. Ya no me movilizo tanto por todo el país como lo hice hasta hace unos pocos años, pero me las arreglo para saber lo que están haciendo los jóvenes. A veces sueño que bailo y en mi sueño soy ágil y liviana, como lo era a los veinte años. Y cuando veo un ballet en el que yo llegué a participar lloro de nostalgia… un bailarín muere dos veces… porque el retiro es una muerte adelantada. Yo tengo ahora mucho amor alrededor, creo que lo mejor que hice en mi vida fue casarme con Rodolfo Izaguirre y tener mis tres hijos. Eso me ha salvado del exilio que implica la imposibilidad de bailar.”

Belén Lobo se casó con el escritor y crítico de cine Rodolfo Izaguirre en 1964. Un años después nació su hijo Boris y en 1971, su hija menor, Valentina.

Hace cinco años, en una entrevista con Rodolfo Izaguirre, este se refirió a su esposa en estos términos: “El gran privilegio de mi vida fue haber encontrado a mi mujer Belén con la que he establecido una relación viva, de constante espontaneidad y asombro en la que el amor es tangible y el encanto físico interpersonal un juego espléndido: dos cuerpos que se encuentran, se tocan, se funden uno en el otro y luego surgen hijos bellos e inteligentes que buscan luego su propio camino”.

Belén Lobo falleció en Caracas el 23 de noviembre de 2014. Tenía 82 años.