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Sucesos

Armando Cabrera: fuera de cárcel pero no del placer transexual

Aquí la primera entrevista, y quizá la última, no quiere hablar del caso, de Armando Cabrera después de la cárcel. El actor, en una íntima confesión, o más bien un acto de contrición, evalúa su tránsito en las rejas, el aprendizaje vivido después de bajar al infierno. Se arrepiente de su vida de fiesta, alcohol y otras licencias. Se sabe inocente al mismo tiempo que admite su gusto transexual

Saquear por hambre, también robar y matar

Ser comerciante ya no es sinónimo de prosperidad. Los negocios de comida no solo se ven afectados por la elevada inflación, sino que también deben abrir las santamarías y lidiar con las amenazas de posibles saqueos. Con una escasez que supera el 80% y sin soluciones efectivas al problema del desabastecimiento, el hambre se convierte en el escudo para personas con verdadera necesidad. Se filtran los amigos de lo ajeno

Simón Adrián Carrillo, la noche gay que terminó en muerte

Familiares de Simón Adrián Carrillo, venezolano asesinado en la discoteca Pulse de Orlando, rompieron el silencio desde Cabudare, estado Lara. El joven abandonó el terruño, la casa en 2006, cuando decidió forjarse un porvenir lejos de la inseguridad. Tamaña ironía: sus planes fueron truncados el domingo 12 de junio. El odio y el extremismo aniquilan. En 2016, la homofobia late en las mentes criminales

El Sombrero, el pueblo sin ley que dejó El Picure

Los oriundos del poblado guariqueño empiezan a hablar tímidamente del 3 de mayo, día que murió abaleado “El Picure”. Delincuente inexorable que, hasta en el último suspiro, empuñó su arma criminal. El operativo policial dejó un saldo rojo sangre. Inocentes cayeron por la improvisación y el descontrol. Los vecinos se quejan, tiemblan, lloran. Muerto el cabecilla, otros se alzan por el dominio de la banda

El community manager de "El Picure": redes malandras

La delincuencia en Venezuela supera a la ficción. Ni escondites, ni guaridas, ni clandestinidad. Los malandros son tan públicos que tienen perfiles oficiales en las redes sociales. En ellas muestran videos, fotografías y, en ocasiones, parajes de su vida cotidiana. La impunidad real suma a la digital, donde los maleantes se muestran hasta con arsenales y alijos de drogas Las bandas delictivas venezolanas y sus líderes no solo tomaron control de cárceles y zonas enteras de ciudades del país, sino que también han llevado su exposición a ambientes digitales. Los malandros tienen perfiles en las redes sociales. La predilección por Facebook es evidente, donde pueden compartir fotos y hasta información personal. Retratos de prontuarios, nombre y apellidos, identifican fácilmente a perfiles públicos de la red social azul.

Policía sin patrulla, más ineficiente que nunca

Los malandros pueden estar mejor armados que los policías, y también trasladarse mejor. Las flotas de vehículos de los cuerpos de seguridad municipales y regionales se corresponden con el país: están en crisis. Falta de repuestos y dotaciones, ausencia de renovación y hasta gastos por mantenimiento soportados en los bolsillos de funcionarios hacen que la delincuencia les gane la carrera

Suicidarse antes de enfrentar un cáncer en Venezuela

Esta es la historia de Ana María, una ama de casa de Puerto La Cruz que, luego de ser diagnosticada de un linfoma No Hodgkin, decidió suicidarse antes de vivir la enfermedad en escasez: sin medicinas, sin reactivos, sin seguros, sin médicos, sin país

Vecinos se asumen con licencia para matar

Cuando la impunidad, el desamparo y el miedo arrinconan a la población, hay quienes se dejan interpretar el instinto más básico: sobrevivir. En algunas zonas urbanas la guerra contra la delincuencia es en su mismo terreno, el de la violencia y los disparos. La batalla por el control de las calles ya no solo incluye a policías y ladrones

El toque de queda de la delincuencia

Bandas y pranes toman el control de amplios sectores de las ciudades venezolanas. Víctimas del miedo, los habitantes callan y bajan la cabeza ante las amenazas y alertas y la policía opta por bailar al ritmo del hampa. Donde los criminales gobiernan, no hay leyes que valgan, solo la arbitrariedad

Infierno en Uribana: secuestros versus maltratos

La falta de comida llevó a que el martes 15 de marzo se produjera una protesta en la Comunidad Penitenciaria Fénix. Dejó como resultado cuatro reos y un custodio asesinado además de 57 heridos. El viernes, una granada explotó en el Centro Penitenciario David Viloria, Uribana. Murieron tres y hubo varios lesionados. Familiares protestan afuera y piden dialogo. Unas 30 personas se encuentran secuestradas dentro del penal

Cementerio del Sur: secuestro por llorar a un muerto

Como la delincuencia no respeta nada, mucho menos el dolor, una nueva estratagema delictiva manosea: secuestrar desde y en los cementerios. Todo aquel que lleve flores, rosario o un recuerdo para un ser enterrado es mira de su perverso ojo impune

"El Conejo" con plomo vino y con plomo se fue

No se trata del conejo de Alicia del país de las maravillas, tampoco el de PlayBoy -aunque él quería. Teófilo Rodríguez Cazorla gobernó la cárcel San Antonio de Nueva Esparta hasta que una balacera lo dejó tendido fuera de ella, una última escapada mortal. Sus seguidores, presos, lo despidieron con descaro disparando al viento

Un asesinado cada 24 minutos en Venezuela durante 2015

Según cifras extraoficiales ofrecidas por fuentes del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc), en Venezuela se registraron 22.748 homicidios. Esto se traduce en una tasa de 75 asesinatos por cada 100 mil habitantes, una de las más altas del mundo para un país en tiempos de "paz".

Las faldas del narcotráfico: Kate del Castillo se suma al club

En el negocio del narcotráfico no solo hay pantalones. Las faldas se cuelan en el derroche de los sicotrópicos. La seducción del poder versus el poder de seducción. Amantes, admiradoras, facilitadoras del oficio o familiares, hay mujeres que han sido relacionadas con narcomafias

Se quedó sin milagros la "Corte Malandra"

Los delincuentes del país, en su necesidad de mirar al cielo, cuando la muerte aún no hace la emboscada, buscan en homólogos de profesión patronos y mártires. Les rezan y elevan súplicas. El asunto es que no les paran y ponen en duda la credibilidad de sus portentos

Desaparecer a los muertos

Desde las esferas del poder, una orden se cumple a cabalidad: minimizar las estadísticas de homicidios para no asustar más al país. Artimaña, trampantojo premeditado en cuyo engaño reposa el llanto, luto y dolor de miles y miles que entierran a sus muertos en mentira y soledad

Mujeres de armas tomar: las mamás de los malandros

No existe vergüenza ni miedo. Aflora el orgullo, el resteo, la autoridad. Ellas se saben las mandamases del barrio porque sus hijos les dejaron su legado: el cartel. En algunos barrios, el amor de madre, el de los biberones y los pañales, crece hasta convertirse en complicidad

Venezuela sádica: el placer de matar

El rojo que tiñe las estadísticas de violencia en Venezuela se hace más intenso. Para algunos criminales no basta con asestar una bala o dar un corte certero en un cuerpo ajeno. Un impulso los lleva a decapitar, desmembrar, desollar incluso comerse a sus presas. Destruir su humanidad entera, dar al traste con su forma y hasta esparcir sus restos

Tocorón: la mafia de los carros robados

Desde Tocorón, su pran, “El Niño Guerrero”, gobierna, controla y manda a robar carros. Afuera, las bandas en contubernio cumplen con su cometido y los agraviados transan los rescates dentro de la cárcel. Toda una operación punible de riesgo y miedo. Cualquiera puede ser la próxima víctima Es frecuente, casi una costumbre para los aragüeños, ir a la cárcel de Tocorón —y no por una visita conyugal o besos tras barrotes. La mayoría no va a visitar a un recluso. No. Quienes entran lo hacen por una sola razón: ir a pagar el rescate de su vehículo. Las mafias carcelerías tienen más de dos años dedicadas a ganar dinero de esta manera. Ya la “causa” —monto semanal que deben cancelar todos los presos para garantizar su seguridad en el penal— no alcanza para cubrir las comodidades del líder. Por eso, controlan las bandas que hacen vida en los barrios del estado. Ergo, las comisionan, o sea: le dan la tareíta, de robar carros. No importa el modelo ni el año, lo que realmente importa es obtener la mayor cantidad de dinero posible. “Los delincuentes pueden apoderarse de una camioneta Wagoneer, año 1987, como también una Toyota Fortuner último modelo. Algo así como ‘en la variedad está el gusto’, y la ganancia”, suelta la perla un funcionario policial de la zona. La manera de robarse los vehículos varía.

Los policías tiemblan ante el hampa

Las estadísticas resultan una cachetada cuando no un chasquido de fusil: más de 50 policías han caído en manos de la delincuencia armada en lo que va de año. Matan en busca de más armas. De más pólvora y chapas