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Cuarentena desde París: “Las medidas llegaron tarde y la gente acató a destiempo”

Carla Castillo es una ingeniera venezolana que vive desde hace varios años en la capital francesa y hoy está encerrada en pleno inicio de primavera. Pero está preparada y el teletrabajo se ha convertido en su principal distractor entre tanta información

Sentada en su pequeño apartamento en París y con el teléfono en la mano, Carla Castillo hace una pausa para rememorar sus últimos días allí. Su dinámica diaria cambió por completo –como la de todos- debido a la cuarentena por coronavirus. Ella está preparada, las lecciones que aprendió antes de emigrar la mantienen en alerta.

Hoy ve las calles vacías. El abrumador silencio le incomoda. Es algo poco normal para una ciudad como esta. Carla lo siente y le preocupa, pero no le sorprende. La llegada de la primavera a París coincidió con el llamado general a cuarentena que las autoridades en Francia han hecho para contener el brote de la pandemia de coronavirus. Ella cree que ese llamado llegó tarde.

Carla Castillo se instaló bastante bien en París. Le costó aprender el idioma pero hoy lo domina. Es caraqueña, ingeniera en petróleo, egresada de la Universidad Central de Venezuela. La nieve la recibió en París por primera vez en 2013. Dicta clases de posgrado desde el 2016 en el Instituto Francés de Petróleo. Hace dos semanas que dejó de asistir al trabajo -a una hora de distancia en transporte público-, pues representaba para ella un factor de riesgo importante. Desde entonces el teletrabajo la ayudó a no desconectarse por completo de la que era su rutina.

“¿Qué he hecho? Trabajar, pues se me asignó teletrabajo. Tengo la computadora, unos cuantos exámenes que corregir y la responsabilidad de una de las maestrías en la Escuela. Trabajo me sobra para estar en cuarentena”.

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Avenida Víctor Hugo, a unos minutos de donde vive Carla. Foto: Carla Castillo.

Los primeros días en París

A su mente se asoman fechas que trata de recordar con exactitud. Estaba llegando al país el 23 de enero de este año de un viaje que hizo a Venezuela para estar con los suyos y renovar su pasaporte. Para su sorpresa, el 23 y 24 de enero se reportaron los primeros casos en Francia. El primero se trató de un ciudadano que estuvo en China y que al llegar se instaló en Burdeos.

“Un amigo me habló por primera vez del coronavirus y su llegada a Francia, coincidimos en Venezuela”. Por él se enteró. Buscando información no encontró nada más que los reportes de casos. Las medidas aun no llegaban, aunque ya habían repatriado a finales de enero a unos cuantos franceses de China.

Los días siguientes todo siguió su rumbo en París, la gente y ella también. En el Metro se asomaban tímidos llamados a la prevención: cúbrete al estornudar, lávate las manos… Sabía que algo estaba por venir.

El la última semana, Carla vio un cambio drástico en la ciudad. Las autoridades sanitarias actuaron. Foto: AFP.

“Creo que la gente en París tardó mucho en reaccionar. Otros amigos venezolanos en la ciudad piensan así también. En general, y no solo es un tema de Francia, se tardó en reaccionar en Europa, quizás porque los tiempos son más largos. Nosotros –los venezolanos- quizás somos muy impacientes”, comenta.

Varias semanas después del primer reporte la vida en la ciudad seguía normal. La primera quincena de marzo, de hecho, Carla se compró un perfume en un centro comercial, cenó en un restaurante y los locales funcionaban con total normalidad.

El 12 de marzo el presidente Emmanuel Macron anunció que las escuelas y universidades debían suspender sus actividades a partir del lunes 16. Y tan solo un día después la Organización Mundial de la salud (OMS), anunció que Europa era ahora el nuevo epicentro del brote de coronavirus. Carla estaba ya desde antes en teletrabajo.

El director regional de la OMS para Europa, Hans Henri P. Kluge, instó el 17 de marzo desde Copenhague (Dinamarca) a todos los países “a tomar medidas más audaces y que incluyan la acción comunitaria” apelando siempre a la solidaridad y entendimiento de la gente para enfrentar la magnitud de la pandemia.

Anuncios que desataron compras nerviosas

Unos días después el primer ministro Édouard Philippe comunicó un sábado en la noche que debían cerrar los restaurantes, bares, cafés y sitios de reunión social.

“El anuncio lo dijo a las 8 y el domingo se veía a gente molesta en las noticias, pues el anuncio fue hecho en un horario donde la mayoría de las personas aun están en la calle. Debieron haberlo hecho con anticipación”, explica Carla, quien estaba atenta de todo lo que ocurría.

Fue el anuncio que hizo Macron el 16 de marzo el que pondría nerviosos a algunos ciudadanos. Desde el martes 17 de marzo, al medio día y por quince días, “estará prohibido viajar o movilizarse, excepto en algunos casos y solo si tiene un certificado”.

Seguidamente, en algunos supermercados cerca de su casa el agua mineral común desapareció de los estantes. Otros productos como termómetros y medicamentos también. Carla salió a hacer mercado y consiguió todo sin problemas, aunque tuvo que buscar en otros sitios para conseguir agua, pero no papel higiénico. Por suerte y gracias a las lecciones de la crisis en Venezuela, ella siempre tiene en su casa: “Y por montón”.

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Vista desde la Place de México. Foto: Carla Castillo.

En París el clima no ayuda

El frío parisino –cultivo de enfermedades respiratorias- no colaboró para quienes son alérgicos y están mucho tiempo en la calle. Y no fue sino hasta hace dos semanas que las personas empezaron a protegerse y a seguir las normas; a tomarse en serio la pandemia. Para Carla, París es muy húmedo y cuando hace calor el calor es más caliente y cuando las temperaturas bajan el frío es mucho más frío. Extraña el clima de Caracas, así como el sol, que para esta época en París sale muy poco: “Soy caribeña y necesito el sol. Nada como el calor de mi país”.

Habla sobre algunas de las peculiaridades que la hacen estar preparada. A diferencia de otros ciudadanos locales que tienen electrodomésticos pequeños, en su apartamento tiene una nevera grande donde pudo guardar sus reservas. Antes de decretarse el toque de queda el 17 de marzo en Francia, ya los supermercados estaban –casi- sin productos. A Carla le sorprendió al llegar al país la cultura de consumo de los parisinos: en Venezuela se compra de a montón, una vez y, en Francia de a poco y a diario. Desde el decreto no para de revisar su nevera a ver si le falta algún producto, por si acaso.

En cuarentena la caraqueña dice desayunar mucho dulce y comida «a la francesa». Foto: AFP.

A algunos no los detiene ni una pandemia

Carla vive sola y sale poco de su apartamento. Cumple con las normas y está alerta -a lo venezolano- para enfrentar a la pandemia. Los franceses lo están tomando de otra manera. Algunos ancianos y unos cuantos ciudadanos salen aun a la calle, posiblemente  porque no tienen nada que hacer en casa, están solos. Y para ello deben tener el documento –hecho en casa, una especie de carta de buena voluntad con un formato preestablecido- que les permita desplazarse.

Salir es válido solo si se hace de manera individual. Como lo hace Carla con su documento para, por ejemplo, comprar algunas cosas que le falten en casa. No cumplir con la norma es arriesgarse a una multa de hasta 135 euros.

“Creo que no estoy de mal humor como ellos. Para mí fueron duros los primeros días, las colas, la escasez del momento, pero las cosas vuelven a llegar. No es como la escasez de Venezuela aunque sí, me trae recuerdos de cosas que no quiero volver a vivir. No me gusta eso, pero sé que es una situación momentánea y pasará”.

En Francia la República es como Dios y sus ideales también. Para ellos el tema de la libertad –por la que lucharon hace muchos años- es muy importante, quizás es por eso que estar encerrados es lo que psicológicamente los afecta y los empuja a salir, así no tengan nada que hacer, comenta Carla.

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Durante los primeros días de la medida se impusieron poco más de 40 mil multas. Foto: AFP.

Corazón y mente en Venezuela

Desde Venezuela le llegan las noticias y las típicas fake news. Sus papás –ya mayores- son los principales preocupados. Y ella se preocupa también por ellos. El teletrabajo mantiene su mente ocupada y distraída, pero a veces –entre la melancolía- se le hace inevitable no pensar en su gente.

“Mis preocupaciones ahora son por mi trabajo y la gente vulnerable. Creo que el sistema hospitalario puede colapsar. Tengo una amiga que trabaja en un hospital y ya la realidad es grave”.

Por suerte, los últimos contactos con su familia han sido buenos. Sus papás están bien. “Mi mayor temor es que ellos se enfermen y no tengan a dónde ir. Yo les envío dinero, pero a veces sé que no les alcanza, por eso mi miedo”. Esa preocupación cobra sentido en un país con un sistema de salud en crisis, que no está preparado para atender a gente como su mamá, que se enfermó hace poco, o a su papá, que sufre del corazón.

París hoy

El viernes 19 de marzo aun se veía a algunos parisinos haciendo compras nerviosas, pero hasta el sábado, unas semanas después de haberse enterado de que el coronavirus había llegado a su ciudad, la ciudad estaba más vacía. La calle está sola, están surtidos los supermercados, las pastas –que se habían agotado- volvieron, también los granos y el pollo. El papel higiénico y la mantequilla se consiguen poco, pero sí hay.

Carla tiene en su stock pasta, salsa napolitana, guisantes, papel higiénico y agua. En su ventana, a diferencia de otras zonas, no tiene una vista privilegiada ni se escuchan cantos o escándalos. Eso sí, a las 8 de la noche los aplausos a los servidores sanitarios y médicos nunca faltan.

“Creo que soy afortunada porque tengo comida, agua, estoy bien a pesar del frío, mis amigos y familia están bien. Por redes han aparecido grandes amigos que se preocupan por uno y eso es reconfortante”.

Baja de vez en cuando a comprar pan o a caminar. Estar encerrada la agobia, incluso trabajar en una silla que es completamente distinta a la que tiene en su oficina. Por eso toma unos minutos para entretenerse con series de Netflix, yoga, meditación o con música: «Estos días no paro de escuchar una lista de Apple Music que se llama Easy Rock, que tiene varios temas que me encantan como la versión acústica de ‘The way you lie’, de Rihanna».

Pero estas actividades no siempre logran distraerla. Es el efecto del encierro.

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En su balcón, ya sea de día o de noche, seguirá teniendo la misma vista. Fotos: Carla Castillo.

A la intemperie en cuarentena

A diferencia de algunos de sus vecinos, que tienen guantes y mascarillas, ella no los tiene, pero sí tiene gel antibacterial. “Soy muy escrupulosa con la limpieza y los gérmenes. Mientras más veo gente con eso más me pregunto si debería usarlo, ¿debo hacer lo mismo?”. Si sale, claro, al llegar a casa se lava las manos.

Pero no todo el balance en cuarentena es negativo: “El hecho de no tomar transporte público me relaja. Me siento menos cansada”. Espera pronto volver a disfrutar de la ciudad y los amigos que la recibió gratamente hace cuatro años.

En algunos medios como Le Monde se pueden leer titulares que afirman que el coronavirus “es una prueba para los gobiernos democráticos”. Inevitablemente recuerda los años de democracia que, a diferencia de muchos otros jóvenes, ella sí pudo vivir. Actualmente siente a París como su hogar y planea seguir allí un buen tiempo. La única conexión con Venezuela la tiene por su familia y los recuerdos de su infancia y juventud. Y por la comida de su madre.

La rutina hoy y por los siguientes días seguirá siendo la misma: “Tengo mucho trabajo, escojo qué hacer y me organizo. Me levanto en la mañana y me visto temprano, con ropa cómoda. Desayuno, almuerzo y ceno un poco más tarde”. Lo importante es que está preparada. Entre risas expresa que, “en Venezuela la hemos pasado tan rudo que esta es una raya más para el tigre”.

“La OMS envió 40 misiones para reforzar el apoyo en la región europea” es una de las noticias que la alivia; pese a que en el país ya hay más de 16 mil casos confirmados.

“De todo lo que he leído en estos días lo que me llama la atención es que se tiene la impresión de que el mundo se detuvo. Sales a la calle y tienes esa impresión. Las consecuencias de esto las veremos en mucho tiempo”.

En cuarentena –y en medio del silencio- desde París, pensando se pregunta: ¿qué vamos a hacer ahora? ¿Qué lecciones nos dejará a la humanidad? Ya veremos Carla, ya veremos…

Tras el llamado a cuarentena, el silencio hoy es el principal protagonista en las calles de París. Foto: AFP.