De cómo el shutdown de Trump me dejó en un limbo migratorio

Donald Trump quiere construir un muro. Fue su propuesta de campaña en 2016 e insiste en ella en 2019. Pidió dinero en el presupuesto para construirlo y el Congreso le dijo que no. Entonces optó por declarar el cierre parcial del Gobierno. Ya va más de un mes y para aquellas personas en trámites de estatus migratorio la coyuntura se vuelve una valla difícil de sortear. En especial para miles de venezolanos solicitantes de asilo político. Soy uno de ellos

—¿Qué pasó chamo, todo bien? Me acordé de ti el otro día. Estaba viendo el noticiero Univisión y vi que Trump había cerrado el Gobierno —me comentó una amiga.

—¿Ah? ¿Cómo así? —repliqué desconcertado ante unas palabras de cuyo significado no estaba seguro.

—No sé muy bien cómo es la cuestión, pero dijeron que eso afectará los permisos de trabajo, el social (el seguro social estadounidense) y cualquier trámite de emigración que esté en proceso.

—¿De pana? Y yo que estaba esperando que me llegara el permiso de trabajo y el social.

—¿Tú tienes una audiencia pendiente con inmigración, cierto? Eso puede que te afecte.

—La verdad no creo, mi audiencia es casi dentro de un mes, el 15 de enero del año que viene.

Era aún diciembre de 2018 y en ese momento no tenía idea de cómo se resolvería la diatriba entre Donald Trump y el Congreso controlado por los demócratas, pero pensé que este problema se resolvería rápido. “Estamos en el primer mundo”, me dije. Nada más alejado de la verdad. El día 22, el presidente de Estados Unidos anunció el cierre parcial del Gobierno. La causa fue el rechazo al presupuesto de la nación para el año 2019 por parte del Legislativo en el cual Trump pidió unos cinco mil millones de dólares para la construcción de un muro en la frontera de su país con México.

El goverment shutdown implica que todas las actividades de organismos federales, y no esenciales, se suspenden. Toda oficina pública deja de trabajar y quienes sí deben laborar, lo hacen sin cobrar sueldos. Para mí, un venezolano en el norte de América, el dolor de cabeza es otro. El cierre del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (Uscis, por sus siglas en inglés) es motivo de angustia.

shutdown-cita3Estoy en proceso de trámite de asilo político. Ya han pasado más de siete meses desde que introduje la solicitud. El primero de agosto de 2018 fue mi primera entrevista con los funcionarios de migración. Tras horas de preguntas, respuestas y mucha tensión, me hicieron saber que el veredicto lo recibiría 15 días después. Salí del lugar confiado en que me otorgarían los papeles necesarios para quedarme en este territorio.

Pero ahí vino el primer trancazo: “Su caso ha sido remitido a una Corte de Inmigración. Esto no es una negación, sino una segunda oportunidad para que exponga su caso”, me dijeron cuando llegó el día. No hubo más explicaciones, gringos siendo gringos. Sentí un nudo en el estómago. Intenté ocultar mi decepción ante el funcionario y procedí a hacerle un par de preguntas para disimular mi estado, eso que en Venezuela llamamos fingir demencia.

Al salir de las oficinas de migración, me encontré con mi abogada y me explicó que aunque la respuesta no había sido positiva, no todo estaba perdido. Puntualizó que la próxima audiencia sería administrativa y que se determinaría el siguiente paso del proceso. La cita con un juez sería el 5 de diciembre de 2018, pero debido al luto por la muerte del expresidente George Bush todas las cortes del país estuvieron cerradas. No importaba, asignarían otro día. Mi nueva fecha para la audiencia sería el 15 de enero de 2019.

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Cuando comenzó el cierre del gobierno, quise averiguar más del asunto. Me enteré que esta situación se ha dado en otras ocasiones. La mayoría de las veces solo requirió unos pocos días para llegar a algún acuerdo y se normalizaran las operaciones. “Es imposible que se alargue hasta mediados de enero”, pensé buscando alivio. No esperaba el segundo trancazo.

25 de diciembre de 2018

Era de madrugada y estaba llegando a mi hogar. Los dueños de la casa estaban de viaje. Antes de entrar revisé el buzón del correo. Pensé que apenas vería un estado de cuenta bancario, aunque estaba atento a recibir mi permiso de trabajo y mi social security number. Quienes optan por asilo político pueden solicitar ambos documentos con una vigencia de dos años, luego de transcurridos 150 días desde que las oficinas de migración hayan recibido la solicitud, y siempre y cuando no haya un veredicto para el caso.

shutdown-cita2Para mi sorpresa, me habían enviado el social. Sentí un gran alivio porque después de un año y un mes, por fin tenía un documento legal en Estados Unidos. Con ese papel, se puede buscar trabajo legal y pagar impuestos. Seguramente el permiso de trabajo llegaría también, quizá lo habían enviado antes del 22 de diciembre.

Estaba equivocado. Ese documento nunca llegó. Pasaron los días, y nada. Eso no solo retrasó mis planes de encontrar un trabajo, sino que retrasaría la obtención de la licencia de conducir de Florida. Me toca seguir en bicicleta hasta nuevo aviso.

7 de enero de 2019

Observé mi teléfono y vi un mensaje de la abogada que está llevando mi caso: “Es posible que cancelen tu audiencia del 15 por causa del cierre del Gobierno. Te estaré avisando el día antes”. Aún no había acuerdo entre Trump y los congresistas demócratas. El juego continuaba trabado. Para estas fechas el cierre pasó a ser el más largo en la historia de Estados Unidos, 31 días y el contador va en aumento.

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Ese día me resigné a que mi permiso de trabajo no llegaría sino hasta después que se solventara este problema. Me toca estar aferrado al social, la única identificación que me garantiza algo de estabilidad. Mejor eso que nada.

14 de enero de 2019

Veo noticias a diario, tanto en canales de información latinos como los estadounidenses. Tenía la esperanza de que pronto pudiese toparme con un mensaje de Trump a la nación con la buena noticia. Pero faltaba un día para mi audiencia y aún no había acuerdo entre las partes. Ni parecía que lo habría. Según la Oficina Ejecutiva de Revisión de Inmigración (EOIR), las cortes de inmigración del país se mantendrían cerradas durante el cierre del Gobierno, con excepción de casos de personas detenidas.

Ya era mediodía y mi abogada aún no aparecía. Las ansias pudieron más que mi paciencia, así que decidí escribirle preguntando si debería ir al día siguiente al lugar de la audiencia. Su respuesta fue inmediata.

—Hola, Rubén. Estaba esperando a que fuesen las cinco de la tarde para confirmarte que efectivamente no se dará la cita. Es altamente probable que no.

—Ok, entonces, ¿hay que esperar que abran el Gobierno?

—Sí, porque no tiene empleados trabajando.

No supe cómo sentirme. ¿Y ahora? Me vino la sensación de que mi proceso sería una historia triste y sin final. Sin audiencia, sin veredicto, sin poder salir de Estados Unidos podía convertirme en un nombre más en las monumentales pilas de casos pendientes de migración.

shutdown-cita1Cada día que había transcurrido desde el 22 de diciembre era más retraso para los miles de casos de inmigración que están pendientes. Según declaraciones de la asistente del director de la oficina política de EOIR,Lauren Alder Reid, dadas a CNN, ya miles de casos de inmigración han sido reasignados a nuevas fechas y podrían pasar años antes de que estos testimonios puedan ser escuchados ante una corte.

También señaló que esta coyuntura es una gran ruptura al orden que había para la atención de casos de migración, asegurando que anteriormente ya había problemas para atender de manera inmediata estos procesos. Esta situación no solo afecta a quienes tienen pendiente algún trámite. Según CNN son 380 mil empleados que están suspendidos y sin paga; así como 420 mil que están trabajando, pero sin cobrar ningún sueldo.

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El trago al final es amargo. En este punto lo único que me queda es esperar una resolución gubernamental que, decían, se solventaría rápido. En la práctica, es una negociación con dos partes indispuestas a ceder.

Ya llevo más de un año en Estados Unidos y mi caso ha avanzado muy poco. Mientras tanto, sigo en la espera de mi permiso de trabajo, con solo el social como documento de identificación válido ante cualquier autoridad y esperando que mi caso pueda ser escuchado pronto y no en cuestión de años.