Efraín Vivas: “No quise hacer un libro de Vargas sino sobre la supervivencia”

El fotógrafo y arquitecto Efraín Vivas, acompañado por el poeta Santiago Acosta, presenta "Negro oscuro • Blanco trágico. Mañana vendrán las piedras", un libro fotográfico con alto valor estético que tiene como referencia el deslave de Vargas de 1999, pero su tema es la perduración de lo que una vez existió

Efraín Vivas soñó que flotaba. Lo que veía eran como visiones que le aparecían por dónde sea que dirigiera la mirada. Transitaba una escena irreal, más parecida a una pesadilla. Piedras, barro, árboles, ríos sin cauce. Agua, agua por doquier. Tanta que, días después, todavía había humedad en el ambiente, una neblina que se levantaba del suelo y empañaba el paisaje. Un espejismo.

Efraín Vivas

Fotografía extraída del libro «Negro oscuro • Blanco trágico. Mañana vendrán las piedras» de Efraín Vivas y Santiago Acosta

Era diciembre de 1999 y en las costas venezolanas no paraba de llover. Efraín Vivas, en Caracas, no sabía con certeza lo que ocurría en el estado Vargas, a 45 minutos. El miércoles 15, día de las elecciones para el referéndum constitucional, las noticias sobre la tragedia de los deslaves en el litoral comenzaron a sonar en la capital. Los dos primeros días el paso estaba restringido. Fue al tercero cuando el fotógrafo agarró sus equipos y, con un carnet de prensa que le prestaron y junto a otros interesados en fotografiar el hecho, bajó aterrorizado hasta La Guaira. Fue sin guion, sin un objetivo claro o una idea segura de lo que iba a hacer. Primero necesitaba saber qué había pasado.

Lo que sus ojos registraron en la primera visita era tan impresionante que en lugar de empezar a caminar sin rumbo y capturar sin ninguna intención las imágenes de la catástrofe, se tomó unos minutos para pensar qué hacer. Decidió que haría un ensayo fotográfico sobre lo que había quedado y no sobre lo que se había ido.

«Uno no puede pensar que va a llegar a un lugar donde ha ocurrido una tragedia a hacer fotos bonitas, pero sí con alto contenido estético»

Vivas capturó alrededor de 1.200 imágenes de los paisajes que se encontró en Vargas en seis visitas que hizo al litoral. La delincuencia que se desató en la zona por el caos que el deslave ocasionó no le permitió continuar fotografiando la tragedia. Pero no le hizo falta más. “Mientras yo estaba trabajando, revelamos en el laboratorio. Vi el material y lo di por terminado porque ya no había más nada que hacer”.

Dejó reposar las imágenes, madurar el trabajo en el archivo, le dio prioridad a otros proyectos. Un día, años después, el fotógrafo Omar Salas le ofreció unas ideas editoriales, entre ellas las de Vargas. “Nos pareció que, en vista de que ya había pasado suficiente tiempo, podría ser presentado, pero en libro”. El volumen se comenzó a producir en 2016, durante 2017 se hizo la preselección del material, la decisión del orden de las fotos, se diseñó el tomo y se llevó a imprenta. En 2018 salieron los ejemplares, pero las dificultades producto de la crisis económica nacional complicó seguir con el proceso, además de algunas afecciones de salud que sufrió Vivas.

Efraín Vivas

Fotografía extraída del libro «Negro oscuro • Blanco trágico. Mañana vendrán las piedras» de Efraín Vivas y Santiago Acosta

“Yo ya estoy bien. Se terminaron de conseguir los recursos y el libro, que afortunadamente ya estaba impreso, se pudo encuadernar, se pudo armar”. Aunque el libro estaba pensando para ser publicado el año pasado, la nueva fecha de publicación coincide con los 20 años de la tragedia que destruyó buena parte del litoral central.

Así nació Negro oscuro • Blanco trágico. Mañana vendrán las piedras, el más reciente libro del arquitecto y fotógrafo Efraín Vivas junto al joven poeta Santiago Acosta, una edición especial del Archivo Fotografía Urbana. La poesía visual y escrita se reúnen a dialogar de manera amplia e íntima en un tomo que contempla 75 fotografías a blanco y negro, acompañadas por 30 poemas inéditos, donde el marco referencial es dado por la tragedia de Vargas de 1999.

«Yo llegué a la zona cuando todavía estaban excavando, buscando sobrevivientes bajo los escombros y había fotógrafos registrando eso. Eso no me interesó»

La belleza estética se abre paso en la desgracia, en medio de la muerte. Las fotografías resaltan por sus altos contrastes en los que el blanco y el negro dibujan una narrativa inquietante y luchan por potenciar el drama del desastre, acentuando las texturas de la naturaleza y de las obras mutiladas que sobrevivieron el bombardeo de las piedras. Los poemas, cercanos y complementarios a las imágenes, se adentran en los ríos que lo destruyeron todo a su paso; las palabras vibran y se hacen eco de la devastación, indomables como las piedras que bajaron hace 20 años por la montaña. Una nueva forma de ver y sentir las huellas del evento natural que marcó la historia del país.

Efraín Vivas

Retrato del fotógrafo Efraín Vivas, realizado por Vasco Szinetar

Mientras que el ensayo fotográfico fue producido por Vivas con cámaras analógicas en los días siguientes al deslave, Acosta se inspiró en las imágenes capturadas para la creación de los poemas en 2016, año en que inició la edición del libro. La obra tiene dos títulos: Negro oscuro • Blanco trágico identifica el trabajo fotográfico y Mañana vendrán las piedras corresponde a los poemas.

La curaduría estuvo a cargo de John Lange así como el diseño de la mano de María Gabriela Rangel, la preselección la decidió Sagrario Berti, los detalles de encuadernación e imprenta fueron evaluados por Javier Aizpúrua y la obra vio luz gracias a la editorial Ex Libris. La introducción del libro la escribió el investigador Igor Barreto, en el que hace un análisis de las definiciones de la vida y la muerte, el blanco y negro como medio de expresión de la tragedia.

En entrevista con Clímax, Vivas confiesa sentirse emocionado por ver materializado el resultado de muchos años de trabajo. Explica que el tomo no será vendido en librerías, sino en lugares específicos, tales como la Sala TAC en el Trasnocho Cultural del Paseo Las Mercedes y la tienda de fotografía Photomaton ubicada en Los Palos Grandes. “El libro no tiene un objetivo comercial, pero sí nos gustaría recuperar algo de la inversión”.

¿Cuál es el tema principal de Negro oscuro • Blanco trágico. Mañana vendrán las piedras?

—El tema principal es que, a pesar de todo, algo queda y algo se reconstruye a partir de lo que queda. En Vargas quedaron sepultadas urbanizaciones enteras, pueblos enteros. El libro trata del misterio de cómo imágenes de la ciudad, incluyendo esculturas o estatuas, hayan quedado de pie cuando a su alrededor todo estaba devastado. El libro es sobre lo que queda, por qué queda y la fuerza que hay en lo que queda para poder seguir adelante. Es decir, yo no quise hacer un libro sobre Vargas, yo quise hacer un libro sobre la supervivencia, sea en cualquier parte que sea. El porqué cada quien lo tiene que ver desde su punto de vista, yo solamente presento la visión que yo tuve de lo que pasó en ese lugar, en esa fecha, en esos días.

¿Cómo lo afectó todo lo que vio y registró de la tragedia de Vargas?

—Nos afectó a todos, no solamente a mí. Creo que después del terremoto de 1967, no había ocurrido en Venezuela nada parecido. La gente en general no conoce la dimensión de la tragedia. Cadáveres llegaron flotando a Falcón, a las playas de Chichiriviche de la Costa. Nunca se supo, no se sabe todavía, cuántas personas fallecieron. Después de 20 años se dice fácil, pero en esos días no lo era. Era un impacto en las emociones tremendo, sobre todo para nosotros que nos tocó adentrarnos y ver todo, la fuerza de esa naturaleza tremenda. Uno como fotógrafo documental trata de dejar registro para la historia de lo que sucedió y cada quien lo hace desde su punto de vista, con su propia visión artística. Una cosa es ir y fotografiar para la noticia, sobre lo que está ocurriendo, y otra es ir a hacer un ensayo fotográfico sobre lo que quedó.

«El libro trata del misterio de cómo imágenes de la ciudad, incluyendo esculturas o estatuas, hayan quedado de pie cuando a su alrededor todo estaba devastado»

Fotografías extraída del libro «Negro oscuro • Blanco trágico. Mañana vendrán las piedras» de Efraín Vivas y Santiago Acosta

—En las fotografías se ven las piedras, las montañas, las playas, las estructuras, el lugar. ¿Por qué no hay registro de la gente, más allá de una persona de espalda, sentada bajo un árbol?

—No se trataba en ese momento de la gente, sino del espacio donde la gente vivía. Yo vi caravanas interminables de personas con sus cuatro perolitos caminando por ahí. Yo no fotografié eso, a mí me interesó más de dónde venían ellos, qué estaban abandonando, qué estaban dejando atrás. Yo llegué a la zona cuando todavía estaban excavando, buscando sobrevivientes bajo los escombros y había fotógrafos registrando eso. Eso no me interesó porque había una fuerza tremenda en lo que yo descubrí. Cómo de repente un árbol, en todo el centro del desastre, que fue bombardeado por cientos y cientos de piedras, estaba intacto y todas las cosas que estaban a su alrededor estaban en el suelo.

«El volumen se comenzó a producir en 2016, durante 2017 se hizo la preselección del material, la decisión del orden de las fotos, se diseñó el tomo y se llevó a imprenta».

—Está muy presente el tema religioso.

—Yo no soy específicamente creyente, pero hay que reconocer el espacio de muchas imágenes religiosas de la ciudad, de los cementerios. El cementerio quedó enterrado. Qué paradoja: un cementerio, donde se entierran cadáveres, también quedó enterrado. Ahí era como si yo iba flotando por el cementerio viendo esas imágenes de vírgenes, cristos y cruces, que usualmente tú ves hacia arriba porque son los monumentos que hay en las tumbas, y ahora lo estás viendo abajo, pero bien abajo, al ras del suelo. Algunos tan abajo que lo que salía era la crucecita que está arriba. Entonces claro que hay un contenido muy específico de imágenes religiosas que por alguna razón quedaron de pie, quizá porque por esos lugares pasó más barro que piedra. El San Pablo y el San Pedro que están frente a la iglesia de La Guaira, que fueron bombardeados por cualquier cantidad de objetos contundentes, ni se movieron. Están ahí de pie.

—¿Cómo fue el tratamiento estético de las fotografías, el uso de los altos contrastes?

—Hay situaciones en las que no trabajas contrastado para nada, te interesa una gama de grises amplia o unas fotografías muy claras que permitan destacar el objeto de una manera diferente. Pero la fotografía de alto contraste era como yo me imaginé que tenía que hacer este trabajo. La gente dice que el alto contraste resalta lo trágico del asunto, pero no era por eso. Era porque utilizar esa gama, con pocos grises en el medio, era una forma de resaltar lo que estaba viendo yo, que era como vivir en un sueño. Porque para cualquier persona que llegara ahí lo que había pasado era inconcebible. Todavía había humedad en el aire, había tanta agua por todos lados que se levantaba ese vapor del suelo y parecía neblina, era como una visión. Busqué la forma de destacar eso.

Fotografía extraída del libro «Negro oscuro • Blanco trágico. Mañana vendrán las piedras» de Efraín Vivas y Santiago Acosta

El primer día llevé varios tipos de película y después hice el trabajo en su totalidad con dos películas que se comportan de una manera similar: una película infrarroja de la Konika y una de la Ilford que es la SFX 200. Los filtros rojos me ayudaban a resaltar lo onírico del asunto. Si yo hubiera hecho ese trabajo con cualquier película y no como lo elegí, no hubiese sido como yo lo sentí. Y lo que yo estaba tratando de expresar fue hacia donde me transporté cuando llegué allá.

La composición también fue impecable. Casi todo el tiempo estabas fotografiando cinco o seis metros por encima de lo que en realidad era la tierra en ese momento. Estás fotografiando los copos de los árboles desde arriba, estás fotografiando los techos de las casas más arriba de los techos. Estás viendo un montón de cosas como nunca se habían visto. Había una luz muy especial, todavía quedaba vapor de agua que no se veía pero que uno lo siente, el fotógrafo lo sabe por la forma en que la luz se está reflejando. Había que componer muy bien para transmitir las ideas como uno quería. Cada cuadro está exhaustivamente pensado.

Efraín Vivas

Retrato del fotógrafo Efraín Vivas, realizado por Vasco Szinetar

—¿Cuál es el papel que la poesía interpreta en el libro?

—Santiago es hijo de un amigo, yo lo vi nacer y he visto su desarrollo como poeta en el tiempo. Ya había colaborado conmigo cuando yo hice la exposición en el Museo de Bellas Artes, él escribió uno de los textos del catálogo y me ayudó a seleccionar poemas de diferentes autores para ponerlos aquí y allá en la sala. Cuando estábamos ideando el libro en el año 2016, lo primero que hice fue preguntarle a Santiago si él se atrevía o si él quería utilizar las imágenes que iban para el libro para escribir sobre las imágenes que estaba viendo e hicimos el experimento. Entonces compuso 30 poemas que fueron los que se utilizaron a lo largo del libro. No están referidos la imagen con su foto, están dispersos según una distribución que hizo luego, pero que fueron como vivir la tragedia a través de las imágenes. Cuando fue el deslave estaba muy pequeño, él no conscientizó la tragedia sino por las noticias o lo que hablaban en su casa. Él no visitó la zona, la visitó a través de mis imágenes.

«Vivas capturó alrededor de 1.200 imágenes de los paisajes que se encontró en Vargas en seis visitas que hizo al litoral».

—¿Por qué las fotografías no tienen leyendas que las identifiquen sino poesía?

—Como el trabajo no es un trabajo sobre Vargas, a mí no me interesaba identificar si esto es Macuto o si es aquí o allá. Porque eso no le interesa a nadie que lo vea, por ejemplo, en Madrid, Rusia o Japón. A ellos lo que les interesa es la fuerza de expresión de la imagen, no es un inventario. Yo pretendo que sea un trabajo que tenga un lenguaje universal en comunicación, por eso decir dónde era no me pareció importante.

—¿Fue difícil encontrar belleza en un desastre así?

—No se trata de que sea fácil o difícil. Estaban dadas las condiciones para poder hacer un trabajo con alto contenido estético, a pesar de la tragedia. Es Salgado, o alguien que le acuñó esa frase, quien habla de la estética de la tragedia. Uno no puede pensar que va a llegar a un lugar donde ha ocurrido una tragedia a hacer fotos bonitas, pero sí con alto contenido estético. No porque estás en una tragedia tienes que hacer las cosas a los trancazos, mal hecho, mal expuesto o en movimiento. Incluso se hacen las cosas con alto contenido estético para resaltar las características de algo malo que ocurrió. No hay justificación alguna para que, como es un desastre, tu trabajo también lo sea.

Efraín Vivas

Retrato del fotógrafo Efraín Vivas, realizado por Alejandro Cremades