El arte de ser Pablo Picasso

Pablo Ruiz Picasso, el que alimenta el caché de quienes coleccionan arte, es considerado uno de los genios de la pintura contemporánea ─a pesar de que no garantice la genialidad de quien tenga una de sus obras. Sin miedo conjugó el clasicismo y el cubismo en una misma ecuación. Vivo cotizó sus cuadros en 50 francos, difunto las engordó a 150 millones de dólares. Un 28 de octubre pero del 2003 su ciudad natal, Málaga, lo homenajea abriendo las puertas de un Museo que lleva su nombre por todo lo alto

No hay quien al escuchar el nombre de Picasso desconozca quién es, aunque sí dejen por alto el hecho de que sus progenitores lo bautizaron con ocho nombres y seis apellidos. Él es el rockstar de la pintura contemporánea. También es el padre – y no adoptivo- del cubismo. Su trayectoria le ha valido más de dos mil piezas entre ellas: pinturas, ilustraciones, esculturas y diseños «que exaltan cada lugar que decide dejarse habitar por el espíritu de su pincel», como asegura Adriana Meneses Ímber. “Es uno de esos casos excepcionales en la historia del arte, donde un creador, influye a su generación y a las generaciones que lo siguieron”, vuelve Adriana, quien también galerista, hija de la fundadora del Museo de Arte Contemporáneo, Sofía Ímber.

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De su padre heredó el ímpetu por los colores. Solía dar clases de dibujo en Málaga, la ciudad de España donde nació Pablo Ruiz Picasso. A los 10 años ya agarraba el lápiz e impregnaba el realismo vigoroso en el papel. Tuvieron que pasar seis años para que el aprendiz entrara en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, donde sometió su muñeca a los cánones letrados. Fue ahí donde realizó su primer lienzo académico: La primera comunión. La rigidez no duraría lo suficiente para deformar sus aptitudes. Dos años después se retiraría de la escuela.

De Barcelona se trasladó a Madrid, donde también intentó realizar estudios formales en La Academia de San Francisco. Pero el destino le jugó con la misma suerte a una mente inquietante: las aulas no fueron de tanta influencia como los lienzos del Museo del Prado. Picasso sabía que no quería aprender las reglas ni copiar a los maestros de la capital.

De vuelta a Barcelona empezó a frecuentar un bar llamado  Els Quatre Gats, donde se codeó con los bohemios del lugar. Entre conversaciones y cervezas, los ideales anarquistas, comunistas y pacifistas impregnaron su alma. Su popularidad en las barras de madera del Els Quatre Gats le mereció su primera muestra artística en el local. De la influencia, salieron obras como El prisionero y Un miting anarquista.

Más tarde, trazaría dentro de sus objetivos residenciarse en París. Fue allí donde compartió gustos con el artista impresionaista Isidre Nonell –conocido del bar Els Quatre Gats- y con el extravagante Touluse-Lautrec. Amigos que influenciaron sus retratos de personajes marginados como La espera (Margot), Bailarina enana y El final del número.

Después de estas obras comienza el conocido “período azul” de Picasso. Aquí suele mantener el azul dentro de la paleta de colores. La influencia de los matices se generó tras el suicidio de un íntimo: Carlos Casagenas. De su muerte, Pablo revive en el lienzo El entierro de Casagenas.

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Su paso por París le valió numerosas exposiciones que lo dieron a conocer. Sin embargo seguía ahogándose en el cliché de los artistas: la pobreza. En 1901, el pintor empezó a probar con lo que más tarde su homólogo francés George Braque y él denominarían: cubismo –expresión que le valdría el reconocimiento. Para 1912, ambos desarrollaban otras fases del estilo como el sintético, poético y surrealista. Para 1913 la prensa ya escribía de la nueva corriente.

Picasso fue uno de esos pocos que en vida disfrutó parte de su éxito. Los periódicos supieron reconocer la nueva corriente, que como toda primera prueba cuesta entender, pero que en definitiva logró que La Guernica, Los tres músicos, Las señoritas de Avignon, La maternidad, El retrado de Dora Maar no fueran ignorados por su generación y todas las que le siguieron. “Picasso no sólo tiene influencia entre los cubistas y abstractos. Su versatilidad, su personalidad, su influencia dentro y fuera de las artes, lo ha convertido en un mito y en una referencia para todo el arte del siglo XX” concluye Adriana Meneses Imber.

 

Picasso, un lienzo regado por los Museos del mundo.

Venezuela solía tener la colección de cuadros del artista más grande de toda Latinoamérica. En la actualidad cuenta con una pequeña muestra en el Museo de Arte Contemporáneo. Sin embargo, son pocos los países que le dedican un museo entero a las obras de Picasso, los más importantes se encuentran en España. Los espacios dedicados al autor son: Museo Casa Natal, Museo Picasso en Málaga -el lugar de nacimiento- Museo de Picasso en Barcelona, Centro Picasso de Horta, Museo Picasso de Buitrago y Casa Museo Picasso de La Coruña.

En Francia y Alemania también existen museos dedicados . Entre ellos Museo de Picasso de París, Museo de Picasso de Antibes, Museo de Picasso de Vallauris y el Museo de Pablo Picasso en Münster.

«Cuando yo era pequeño mi madre me decía: Si te haces soldado llegarás a general, si te haces cura, llegarás a ser Papa. En cambio de todo eso decidí ser pintor y me convertí en Picasso».

Pablo Picasso

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Picasso se cotiza caro

Los cuadros del pintor se han cotizado dentro de los más caros. Los precios en las subastas oscilan entre los 90 y 150 millones de dólares. Se necesitaron 155 millones de los verdes para comprar El sueño, -el monto más alto por uno de sus lienzos. La pieza fue adquirida en una subasta por el fundador de SAC Capital Advisors, Steven Cohen.

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