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El llanto de los sancionados

El ejemplo cubano, que tanto les ha servido a los jerarcas del chavismo, no les funcionó cuando fueron sancionados por EEUU. La procesión la llevan por dentro en un país castigado por ellos mismos

El llanto de los sancionados

Los dos mandatarios chavistas, el propio Chávez y Nicolás Maduro, reciben instrucciones de La Habana. Nunca lo han ocultado. Es ostensible por la jerga que usan, calcada de los Castro, por sus periódicos viajes a la capital cubana y por el espejo que ofrece la “prensa” de aquel país, donde circula la narrativa a la que se acogen sus pupilos venezolanos sin cambiar una coma. Las prácticas de dominación y destrucción de las instituciones, así como de la economía, son las mismas.
No hay duda. Los Castro mandan y los chavistas obedecen. Además, les mandan diariamente una mesada en barriles de petróleo que supera las necesidades de la isla, y nadie ignora que el excedente está destinado a la venta. Venezuela carga con ese costoso parásito, que le chupa la sangre mientras le susurra órdenes al oído.
Eso lo saben todos los venezolanos y el mundo entero. Es humillación cotidiana que nos obligan a apurar. Por eso estábamos esperando los ayes de victimización de los jerarcas sancionados por los Estados Unidos. De eso han vivido los castro y les ha funcionado de maravillas. Pero en Venezuela no ha sido así.
Desde los primeros años de la hegemonía chavista se vio con nitidez que la estrategia de los bolivarianos apuntaba a reducir el país a la miseria para gobernar sobre los escombros sin frenos, sin oposición y sin límites. No contaban con que llegado el momento en que el país cabeceaba tras el inclemente castigo, los autores de su destrucción serían sancionados por Estados Unidos, con lo que se les ha dificultado el disfrute de las colosales fortunas hechas al calor de la hoguera donde Venezuela se ha consumido.
Llegado el mazazo, los sancionados montaron una pantomima. Divulgaron que la suspensión de sus visas de ingreso a los Estados Unidos, así como la congelación de sus bienes no les importaba. Pretendieron mostrar la evidencia de sus riquezas personales como blasón revolucionario… pero las sonrisas se veían congeladas en sus rostros. La procesión va por dentro y el país lo sabe muy bien. Ya no engañan. Luego quisieron mostrarse como víctimas, pero la estratagema se dio contra el muro e la ira de un país que tiene diez años en colas para conseguir la comida más básica y las medicinas.
Cuando las sanciones les llegaron a la cúpula chavista, el país entero tenía una década soportando las crueles sanciones de Chávez y de Maduro, que no han hecho sino profundizarse, que han obligado a dos millones de venezolanos a huir del país, que arrastrado a más de la mitad de los niños a la desnutrición, como acaba de afirmar Unicef, según cuyos voceros el 54% de la infancia nacional está por debajo de los niveles admisibles de nutrición. Ningún país del mundo ha recibido de sus propios gobernantes una sanción comparable a esta, ni mucho menos por tanto tiempo y sin que se avizore un cambio que traiga algún alivio.
A esto acaba de sumarse el gravísimo informe de la ONU donde esta organización denuncia “ejecuciones extrajudiciales durante protestas en Venezuela”. La ONU, dice el referido documento, llegó a la conclusión de que las fuerzas de seguridad emplearon sus armas de servicio durante las manifestaciones, causando la muerte de 27 manifestantes. Una auténtica masacre. Perpetrada frente a las cámaras de los valientes fotógrafos que cubrieron las protestas.
El mundo, el alcahueta mundo, tendrá cada vez más cuesta arriba su ceguera frente al régimen criminal de Nicolás Maduro. Los sancionados serán legión. Pero tendrán que llorar detrás de una puerta, porque su castigo llega cuando ya el país está demasiado saturado de su propio dolor para condolerse de sus verdugos.]]>