El miedo venezolano al regreso del kirchnerismo

Cristina Fernández de Kirchner está cerca de volver al poder. No pocos migrantes venezolanos en tierras gauchas relacionan al kirchnerismo con el chavismo, es homónimo casi. El resultado electoral de las PASO, esa suerte de primarias que le dio un resultado abultado frente a Mauricio Macri, encendió las alarmas de quienes ven una historia repetirse

Amanece y, aún arropada, reviso mi celular. No entiendo cómo me siento. Es lunes, 12 de agosto y ayer domingo fueron las elecciones primarias en mi país adoptivo. Ganó, por amplio margen, la opción que tiene como candidata para la vicepresidencia a Cristina.

Cuando digo Cristina, me refiero a Cristina Fernández de Kirchner, pero a ella sus seguidores la llaman por su nombre y, como comparto con varios de ellos, ya adopté sus formas. Con su dupla, Alberto Fernández, también ocurre lo mismo. Le dicen Alberto y a ambos los hermana tanto su apellido como una alianza política que está cada vez más cerca de conquistar la presidencia argentina. A Macri, actual primer mandatario y primer contrincante de los Fernández, en cambio, son pocos los que le dicen Mauricio. En tal caso a su apellido le suman la palabra “gato”, pero esa ya es otra historia.

PASOArgentina-cita4Volvamos a esa mañana de lunes. Aún acostada y con una extraña sensación producto de los resultados electores, reviso Twitter en busca de información fresca y reacciones nuevas. No tengo ni que scrollear para encontrar algo que atrapa mi atención: un montón de tuits con la palabra dólar llenan mi pantalla de malas noticias, me llenan a mí de malos pensamientos. Lo peor es que esto que me invade ya lo he sentido antes. Me preocupo, me desespero, insulto. En una noche la cotización del dólar subió de 45 a 58 pesos. El ascenso fue sin anestesia y a mí me vino como un déjà vu inflacionario.

Argentina Primary Elections

¿Qué pasó ayer?

La angustia que me aflige es, en parte, consecuencia de mis malas decisiones. En la semana cobré dinero de un trabajo y algo dentro de mí (mi experiencia en Venezuela) me exigía que lo cambiara a dólares porque es Argentina, porque hay inflación, pero no lo hice. Me siento tonta, ¿cómo no lo hice?, ¿cuánto dinero perdí? Llamo a un amigo argentino y le pregunto “¿qué hago?” y me dice que espere a que se calme. Insiste que tanto el dólar, como el país, se van a calmar y entonces allí podré comprar. Es un consejo válido. Lo tomo.

Cuando llegué a Buenos Aires el 31 de diciembre de 2017 proveniente de mi natal Caracas, con 19 pesos compraba un dólar. Hoy, viernes 16 de agosto de 2019, me pregunto si ya Argentina se aquietó, si ya el dólar encontró su lugar. No sé si comprarlo en 60 pesos. ¿Subirá? ¿Bajará? Es tan familiar esto que siento.

Le escribo a un comerciante informal y me ofrece 59. Lo pienso. “Si así es con Macri, ¿cómo será con los otros?”, me digo. No entiendo cómo me siento.

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Las elecciones

Más allá del tema económico que nubló mi cabeza durante la semana, intento pensar en los resultados de estos comicios de forma desapasionada. Me cuesta porque las palabras de Cristina y Alberto sobre Venezuela, o sus silencios, fueron más que suficientes para ganarse mi repudio: a la dictadura de Maduro por su nombre. De gobierno autoritario elegido democráticamente, lo calificó Alberto; mientras que Cristina aseguró que la democracia está en crisis en todo el continente y esquivó siempre responder a la pregunta: ¿es una dictadura lo de Venezuela?.

Argentina Primary Elections

Debo confesar, la política argentina me abruma y eso que vengo de un país donde la polarización fue la palabra de moda durante muchos años. Pienso, en un intento por alejarme de mi nacionalidad y de argentinizarme, que el gobierno de Macri es castigado porque la gente se ha vuelto más pobre, el país se ha endeudado y los salarios se hacen insuficientes, incluso para la clase media. Pienso, en un intento por no venezolanizar todo, que este resultado era predecible, aún cuando a Cristina tiene juicios abiertos por corrupción. No debo sentirme mal, pienso. Pero me siento mal. Déjà vu.

Las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, o PASO, como se le conoce a las elecciones del domingo pasado, sorprendieron porque a los Fernández los votaron 11.624.976 argentinos, que se traduce en el 47% de los electores; mientras que Macri obtuvo el 32%, 7.825.998 votos. Una diferencia tan grande a estas alturas de la carrera a la presidencia significa que el candidato a la reeleción en octubre se queda con escasas (¿nulas?) posibilidades. Aún sumando la totalidad de los votos de la tercera opción encabezada por Roberto Lavagna (2.007.035) el macrismo no remontaría el resultado que logró Alberto, con apoyo de Cristina. Así que parece obvio que regresa a Argentina un gobierno aliado al chavismo.

PASOArgentina-cita2¿Cómo se siente?

Pregunté a conocidos venezolanos cómo se sintieron y cómo se sienten tras los resultados electorales y las palabras más repetidas fueron: incertidumbre, angustia, preocupación y frustración. Busqué recién migrados y personas con años en el país. Busqué jóvenes y no tan jóvenes. Busqué comunicadores, programadores e ingenieros. Abrí el panorama lo más que pude pero el sabor amargo es compartido por todos.

“Esto que te cuento va mucho después de un gran puteo interno, de pensar que se parece pero que no es igual, de entender que estamos demasiado heridos como venezolanos”, suelta Andrea García, comunicadora social de 26 años, luego de su exposición. Tras conocer los resultados sintió una angustia que solo se fue aplacando a punta de reflexión. “Por más latinoamericanos que seamos, por más hermanos, quiero pensar que somos distintos. Aquí hay una democracia participativa, en Venezuela no la hay desde hace rato; aquí se da un tiempo para campañas, hay pluralidad de pensamiento, multiplicidad de partidos (…) partiendo de esa base hay diferencias con respecto a Venezuela”, señala la joven que vive en Buenos Aires desde 2017.

Argentina Primary Elections

-El malestar que tenemos como venezolanos se genera por ese mal recuerdo que nos queda de casa, porque lo estamos viviendo aún, porque migramos forzosamente y la situación allá no se ha arreglado y nada apunta a que se arregle. Sea o no igual, se parece y eso asusta.

Andrea insiste en que no hay que ser una persona tan observadora para darse cuenta de que las condiciones de vida en Argentina han desmejorado notablemente con este gobierno y es por ello que no considera una buena opción imponer su visión aún cuando entiende que no es conveniente desde el punto de vista geopolítico para Venezuela.

“Esta angustia responde a ese susto que tenemos por lo ocurrido en nuestro país y también porque a nosotros nos conviene que desde afuera haya un apoyo político para terminar con el gobierno, y no un aliado más para Maduro”, añade. Es enfática en recordar la amistad de la expresidenta Fernández de Kirchner con el chavismo, pero resalta que, a diferencia de esos años, todo el beneficio económico que pudo obtener de Venezuela ya no estará a su disposición y eso podría generar una relación distinta entre los gobiernos.

A Walter Torres, ingeniero eléctrico de 28 años, la noticia le cayó terrible. “Siento una profunda tristeza y una gran decepción”, refiere. Para él, que ya cumple tres años en tierras rioplatenses, este resultado se percibe como si el pueblo argentino le diera la espalda a los millones de venezolanos que salieron del país forzosamente. Condena que hayan elegido a una opción que “tiene claros nexos con la dictadura de Maduro”.

“Yo he tratado de calmarme, de esperar, siempre con la mente enfocada en que pase lo mejor que le pueda pasar a Argentina, pero tengo miedo”, agrega. Teme que así como hace años se escuchaba “Venezuela no es Cuba”, aquí se empiece a repetir “Argentina no es Venezuela” y eso se traduzca en la misma destrucción que se vivió en el país del que huyó.

Isadora López* coincide en esa tristeza de la que habla Walter y hasta menciona la palabra desolación. “Siento que fue la peor decisión posible, que no saben el error tan grande cometieron. No puedo dejar de vincularlo con lo que vivimos en Venezuela y me da un inmenso pesar”, sentencia la productora de 45 años. Para ella, que tiene poco más de dos años en el país, la victoria de los Fernández la dejó “apaleada, preocupada y asustada”.

Que Argentina se encamine nuevamente hacia el kirschnerismo la descoloca, pues ve grandes posibilidades de que se repita el modelo venezolano. Otro aspecto que destaca es el de su situación migratoria pues tiene la impresión de que con el gobierno de Macri hay cierta protección para el venezolano, lo que la hace sentir más segura. “Ahora (con un nuevo gobierno) me siento desprotegida”, añade.

PASOArgentina-cita1Pedro Camacho y Daniel Hernández tienen 10 y 7 años en Argentina, respectivamente. Su experiencia vivida durante el gobierno kirchnerista incide en que tengan visión un poco más relajada que el resto de sus paisanos entrevistados. Ambos coinciden en que no se siente nada bien el resultado, pero tampoco veían grandes opciones. Son muy críticos del macrismo no solo porque fueron afectados directamente por la crisis económica que se generó en este último gobierno, sino porque están en contra de sus políticas o consideran que no logró lo que propuso.

“Uno tiene que tener paciencia, fueron muchos años de subsidios (durante el gobierno kirschnerista) y el macrismo no hizo nada. La paciencia de la gente se acorta y es una realidad que la vida se puso muy cara”, apunta Camacho, de 34 años. Él teme consecuencias aún más negativas en la economía nacional a futuro, generadas por la negociaciones de Macri con el Fondo Monetario Internacional (FMI). “Se vienen tiempos jodidos (…) lo que está ocurriendo esta semana con el dólar es un reflejo de eso. Se vienen tiempos complicados, pero yo no tengo a donde ir, así que bueno…”, dice con resignación.

Hernández, por su parte, siente vergüenza porque no haya otra opción electoral para los argentinos y que todo se decida en “la grieta”. “Siento que son dos caras de la misma moneda: que uno va a hacer lo opuesto al otro y a deshacer lo que el otro hizo”, dice. Confiesa que cuando llegó Macri al poder tuvo la esperanza de que las cosas cambiaran y vaya que cambiaron: “económicamente no ha mejorado, sino todo lo contrario”. Pedro, así como Daniel, sueña con una tercera opción pero que en el contexto actual parece ser utópica. “Hay que ver qué sucede”, concluye Camacho.

*Identidad protegida a petición de la fuente.