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El monstruo al otro lado del cuarto: el coronavirus está cerca

El venezolano Antonio Villarreal vive en estado de miedo: su vecina resultó positiva para coronavirus. A ese temor se suman otros elementos para la angustia: la empresa para la que trabaja en Madrid le suspendió el contrato, las deudas se acumulan y por su empleo estuvo en contacto con gente de muchos países. Por Karisa López

El monstruo al otro lado del cuarto: el coronavirus está cerca

Antonio Villarreal no pudo dormir la noche del 24 de marzo. “Estoy escuchando a la señora vecina, su habitación queda pegada a la mía… Está llorando, dio positivo y tiene coronavirus, está llorando mucho”, contó por Whatsapp, en una conversación casual. De imaginarse el dolor en el pecho de su vecina, una persona mayor, aunado con la enfermedad de su esposo y la preocupación de no saber si alguno de ellos recorrió el edificio o usó los ascensores, Antonio vio por primera vez al monstruo de cerca.

Con 26 años de edad, Antonio Villarreal llegó a Madrid hace poco más de un año. Egresó de Comunicación Social y dice que extraña el periodismo venezolano y a su familia. “Salir de casa es como una enfermedad que no se cura”. Huyó de la inseguridad, de la crisis económica que le impedía ayudar a su madre y hermanas, aun con dos trabajos. Primero estuvo en Perú y de ahí partió a Madrid.

Antonio trabajaba en un casino al inicio del brote de Covid-19 en la capital española. Allí recibían al menos a 50 clientes al día, todos de nacionalidades diferentes. “La gente no le daba importancia a la pandemia por coronavirus”, dice. Entraban al centro de juegos sin mascarillas ni guantes.

CORONAVIRUS-ESPAÑA

“El gobierno actuó muy tarde”

Un día antes de que fuera decretado el estado de alarma para frenar y atender el brote de coronavirus, el 14 de marzo, la Comunidad de Madrid ordenó el cierre de la hostelería. El estado de alarma fue declarado en Consejo de Ministros extraordinario, encabezado por el presidente de Gobierno, Pedro Sánchez.

La medida, sustentada en el artículo 116 de la Constitución española, limita la circulación a actividades de primera necesidad, como compra de alimentos, medicinas, asistencia a centros de salud o entidades financieras, asistencia a personas vulnerables o retorno a la residencia. La hostelería se vio restringida a servicios a domicilio. Madrid cerró el 30 de marzo con 24.090 casos confirmados y 3.392 fallecidos.

Las medidas fueron endureciéndose, pero con, al menos, un mes de retraso. Fue el 31 de enero cuando se registró el primer caso de coronavirus en España, específicamente en La Gomera, una isla canaria. Poco menos de un mes después, ya el país registraba cinco contagios. El 26 de febrero se informó sobre el primero en Madrid.

“El gobierno actuó muy tarde, el estado de alerta se tenía que haber aplicado cuando apareció el primer contagiado. Lo vieron como una simple gripe que se quita tomando limonada. Actuaron tardísimo, los viejitos se están muriendo”, dijo Antonio, uno de los 330 mil venezolanos en España.

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Las deudas no se confinan en días de coronavirus

Antonio recuerda una vez que tuvo contacto con un cliente rumano: “Tenía mucha tos y muy bajos ánimos; se sentía como enfermo, o así lo sentía yo. Cada vez que iba al salón se quedaba más de una hora. Cuando se comienzan a acelerar las cifras de contagiados, allí sí me daba miedo verlo”.

Ya no se encuentra en riesgo porque está en confinamiento definitivo. Hizo compras para 15 días y procura taparse la cara con alguna prenda, pues las mascarillas se agotaron en las farmacias. Sin embargo, y pese a la tranquilidad de no exponerse, fue suspendido su contrato de trabajo de manera indefinida, una medida que cubre a toda la plantilla de la empresa hostelera, llamada.

Según la legislación de ese país, una compañía solicita autorización a través de este procedimiento para despedir, suspender contratos y reducir jornadas de labores de manera temporal al ver en riesgo la continuidad de la empresa. Es lo que se conoce como Expediente de Regulación Temporal de Empleo. Y sí, eso ocurre, pero los impuestos y otros gastos se mantienen: “Todo cambia, tengo que pagar alquiler, comprar comida, pagar servicios y mandar dinero a Venezuela”.

Récord en fe

Lo más duro es ver cómo las personas mayores mueren y los jóvenes “no hacen caso”. Para él, el encierro “ayuda a tomar conciencia, pero también la descontrola”. Aun así, mantiene la fe en que la crisis pasará: “Hay que verlo como una nueva oportunidad de vida”.

España superó a China en número de fallecidos. Rompió su propio récord de muertes diarias con 738 decesos en 24 horas. El presidente Sánchez advirtió el domingo 22 de marzo que “lo peor está por llegar”, y que necesitan tiempo para preparar mejor el sistema sanitario, que está saturado de pacientes. Un hospital de campaña fue instalado en el recinto de la Institución Ferial de Madrid en menos de 18 horas, mientras que en el centro comercial Palacio de Hielo se centralizan los cuerpos de las víctimas fatales de Covid-19.

“Sabía que Sanidad actuaría con los protocolos correspondientes. Podrían tardar, por la demanda que existe, pero yo sabía que me atenderían de resultar contagiado”, dijo Rafael, quien a pesar de tener en este momento el monstruo al otro lado del cuarto, no se siente vulnerable por ser inmigrante en un país que enfrenta su peor crisis desde la Guerra Civil que comenzó en 1936.