El chavismo odia el talento

Pareciera que el chavismo odiara la inteligencia, el ingenio y el talento. Un país se levanta con trabajo, pero los cerebros venezolanos dormitan en las colas de los supermercados

El chavismo odia el talento

Leo con preocupación un trabajo publicado por El Nacional el cual afirma que los trabajadores venezolanos emplean hasta 16 horas laborales a la semana para hacer colas en los supermercados. Si añadimos los 14 días feriados, el período vacacional, los días sin luz, agua o Internet, horarios reducidos por la crisis energética, marchas políticas, protestas y encima que desde finales de octubre ya comienza a lanzarse la frase: “Eso será para enero”, se podría inferir que los venezolanos talentosos estamos más distraídos por los factores externos al trabajo que en la propia productividad laboral.

Tampoco deja de preocuparme que el valor del Bolívar hace que la compensación por un trabajo devengado sea poco atractivo, que no corresponda al esfuerzo mental o físico. Si un médico percibe un sueldo menor que el de su asistente, ¿para qué dedicarse a la medicina? Si un profesor necesariamente debe recurrir a otro empleo para poder dedicarse a la enseñanza ¿En qué momento tiene tiempo de prepararse para educar?

A pesar de que esté prohibido, todos en algún momento consultamos la página Dólar Today y vemos que cualquier oferta laboral en Bolívares, por más interesante que sea, es un regalo de tu tiempo. “Yo no me levanto de la cama por menos de 10.000 dólares”, decía la supermodelo canadiense Linda Evangelista en ese período de insolencia llamado los años 90. Si comparamos el salario mínimo con el mercado paralelo actual, los venezolanos nos levantamos de la cama por 0,84 centavos de dólar diarios.

Este trágico empeño de Nicolás Maduro de llevar a Venezuela a una comuna donde ni siquiera serían felices Los Pitufos no funciona porque merma completamente a un individuo talentoso a ser una persona descontenta en un trabajo al que para colmo debe faltar —porque debe hacer una cola para cubrir sus necesidades básicas. Más que el fomento de su inclusión en la economía formal, lo empuja hacia la informal. Lo convierte en “mata tigres” para redondearse. Es por eso que vemos más taxistas ingenieros y T.S.U. en Administración. Le vieron más queso a la tostada poniéndose una lycra y sirviendo de promotoras.

El talento no es bien visto a menos que sea una prioridad para la Revolución. Esto quiere decir que en el futuro Pastor Maldonado seguirá chocando su auto y PDVSA pagará los daños, pero en diez años el Ministerio de Educación publicará un anuncio en el cual solicitará profesores de Filosofía y encontrará que no hay. Se fueron o no existen.

Venezuela solo puede llamarse de avanzada cuando no da lo mismo estudiar que no estudiar. Solo puede calificarse productiva cuando cuenta con un talento competitivo que no debe esperar a que sea su día de turno para adquirir dos paquetes de café. Solo puede considerarse digna cuando sean más las horas que un trabajador le dedica al trabajo y menos a la obligatoria asistentica a una concentración para ver cómo cinco ex espías cubanos son condecorados con la Orden Libertadores de Venezuela y nadie sabe el porqué.

Venezuela solo será respetable cuando desde el Presidente de la República hasta el barrendero de la esquina sean empleados por sus competencias y compensados de manera acorde. Por más propagandas revolucionarias que digan lo contrario, esta no es la realidad actual y lo sabe el Presidente, lo sabe el barrendero y lo sabes tú. Cuando la línea de pobreza, tanto mental como económica, es aquello que ves en el cielo, tú no tienes país. Solo tienes a pordioseros haciendo cola. Talentosos, pero pordioseros al fin.