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El turbulento vuelo del turismo venezolano

Alto como una espiga, y de cabello negro y profuso, Ricardo Cusanno es vicepresidente de Fedecámaras, pero también ha sido desde siempre una personalidad emblema en el mundo del turismo local. De casta le viene al galgo. Su familia es dueña –por ejemplo- del Hotel El Conde, por años un clásico punto de reunión de la clase política criolla. Habla por el sector turismo en plenas vacaciones, mientras pide a la ministra Stella Lugo incidir en Miraflores de cara a la aplicación de algunas medidas más estructurales

El turbulento vuelo del turismo venezolano

El potencial de Venezuela como destino turístico es un secreto a voces. Más bien es cosa harto conocida. De los médanos al páramo andino, pasando por la costa oriental –atravesando los llanos– hasta llegar a los portentosos tepuyes, uno apenas puede creer cómo en un mismo territorio coincide tanta diversidad y belleza. No obstante, los negocios hay que hacerlos, y nada cae del cielo. Si bien podríamos ser una potencia turística mundial, a esta hora el negocio de los viajes en Tierra de Gracia es más bien un vuelo muy turbulento. Analistas al tanto aseguran que no sólo se está dejando de hacer lo correcto, sino que se está haciendo justo aquello que no impide ostentar un sector turístico pujante y saludable.

Trato afable y voz de tenor del otro lado del hilo telefónico, Ricardo Cusanno es primer vicepresidente de Fedecámaras. Pero se trata de un empresario del sector turismo de larga data. Su conocimiento del asunto es –de este modo– fiable y cabal. Ofreció en exclusiva para Clímax sus impresiones sobre la situación del nicho de los viajes en estos aciagos momentos de Venezuela. Precisa, antes que nada, que ya no está al frente de Conseturismo, como fue hasta hace poco. Y pasa a la primera plana: “Conseturismo estuvo reunido con el Ministerio de Turismo, buscando algunas alternativas para reanimar al sector”, abre fuegos.

Cusanno cita 4Eso podría ser recibido con alegría, claro. Todos quisiéramos celebrar la buena nueva de una resurrección energizante para el turismo local. Pero Cusanno pone las cosas en su justa dimensión: en estas reuniones –que comenzaron el viernes 13, sea precisado más allá de toda cábala– se ha hablado de cosas como relanzar a Venezuela como marca, el dólar turístico, y medidas de oxigenación por el estilo, que ya habían sido puestas hace rato sobre el escritorio.

“Lo que pasa es que en este momento del país ya no hay tiempo para ver las cosas de ese modo. Puedo decirte que estas reuniones han sido aprovechadas para sugerir a la ministra Stella Lugo incidir en Miraflores de cara a la aplicación de algunas medidas más estructurales”, expone.

Atacar el verdadero problema

¿A qué se refiere concretamente Cusanno? Bueno, muy sencillo: no tiene sentido relanzar a Venezuela como marca ante los players internacionales del negocio, ni hablar hoy de dólar turístico, si no se levantan tenazas como los controles de precios y de cambio, por ejemplo, si no se libera al empresario de la mordaza endemoniada de impuestos y regulaciones.

Es decir, ha llegado la hora en la cual los factores estructurales ya logran taponear el libre flujo de pasajeros –del negocio del turismo, pues–, si bien “como la gente ya no puede viajar al exterior, algunos destinos locales se mantienen activos, léase Porlamar o Maracaibo, verbigracia”.

Cusanno cita 3Una cortina de hierro. Una dolorosa forma de quedar aislados ante el orbe. Venezuela ha pasado a ser acaso un secreto demasiado bien guardado en el Caribe. En 2013, expresa el vocero, cuando se hablaba de dólar turístico “habían en Venezuela más de 30 aerolíneas internacionales, de las cuales casi todas ya se han ido”. En cierta medida, el país ha comenzado a entrar en una fase de autismo comercial, si se le mira desde la óptica del negocio de los viajes.

No quiere decir, enfatiza, que todo esté perdido. No. De hecho, muchos de los tradicionales operadores del sector se mantienen haciendo pushing, no sin mucho sacrificio, claro está. O sea, los verdaderos hombres y mujeres de turismo de este país no tiran la toalla. Pero tienen el juego más cerrado que nunca. La rendija es francamente estrecha. Pero por ahí se cuela un poco de luz, y con eso ya es suficiente para no apagar las turbinas.

Cussano

 

Cusanno echa por la borda todo tremendismo. El sector no está sentado sobre la ilusión inasible de que Nicolás Maduro abandone el poder hoy o mañana. Más bien la apuesta es por que desde el Gobierno se comprenda que urgen medidas estructurales que destranquen el juego. Precisa que de 12.000 actores que puede haber en el negocio, sólo unos 500 son holdings, estilo Lido o Eurobuilding. “Los restantes 11.500 players son pequeños y medianos empresarios”, desliza como un dato muy elocuente.

¿Qué lectura se puede hacer de esto? “El Gobierno, si quisiera echar el guante al sector, no podría expropiar sino una parcialidad muy pequeña de los jugadores, por eso nos mantenemos en pie de lucha”, expresa sin ambages. Dicho de otro modo: la gerencia neo comunista no ha logrado descomponer un tablero que venía de mucho antes, y que tienen el gran mérito de no ser la propiedad de dos o tres. Esa es una de las cosas más bonitas del negocio del turismo acá.

Cusanno cita 2Lo cierto del asunto es que en el horizonte cada vez es menos rentable traer viajantes a Venezuela, y –esto es lo peor– nos hemos depreciado mucho como destino. “Estas reuniones con el Ministerio de Turismo han sido, pues, aprovechadas para enviar un mensaje al Gobierno; sin medidas estructurales que abran los mercados hacia formas más ágiles de hacer negocios no vale la pena sentarse a discutir otras cosas”, indica la fuente. No se pueden poner los caballos detrás de la carreta. Pero es claro que uno debería sentir algo de optimismo ante el hecho de que los actores en juego al menos hayan decidido verse las caras. Parece que un bando y otro vienen atisbando lo que ya es claro: no se gana nada apostando por actitudes herméticas o reactivas.

¿Cuáles son los números?

Es oportuno –llegados a este punto– traer a colación un informe reciente del portal Prodavinci, en el cual se juntó toda la data disponible de diversas fuentes, casi todas de las más confiables, y que arrojan estos números: En 2013 había 192 asientos desde Venezuela en vuelos internacionales por líneas extranjeras, y al año siguiente se redujeron a 113. En 2018 la realidad sería mucho más constreñida. Asimismo, la oferta global de butacas para destinos internacionales desde los principales aeropuertos de la región era: Venezuela (29.696); Bolivia (12.728); Ecuador (23.092); Perú (137.155).

Además, con el control cambiario, pasamos a liderar una taba de morosidad. Ahora el país encabeza la lista de naciones donde las aerolíneas tienen más problemas para repatriar capitales: Venezuela (3.780 meses retenidos); Nigeria (591); Sudán (360); Egipto (291).

Y ni hablar del tráfico en nuestro aeropuerto internacional principal. Según esas cuentas, que reflejan una realidad que 2018 ya ha dejado muy atrás y no para mejor, la cantidad de pasajeros en Maiquetía (487.000) palidece ante los que transitan por los terminales de Lima (1.200.000) y Bogotá (1.800.000), por mencionar apenas dos de la región.

Cusanno remarca que hay dos factores cruciales que arruinan el viaje del sector turismo en Venezuela: la inseguridad personal (nadie quiere venir por miedo a ser asesinado), y la escasez de alimentos y medicinas (el turista extranjero teme verse en situaciones difíciles de carencia de comidas, o sufrir enfermedades acá, para terminar careciendo de los medicamentos necesarios). Ya el servicio exterior español ha diseñado ciertos mapas, en los cuales Venezuela aparece contada entre esos países a los cuales sólo se recomienda viajar “en caso de extrema necesidad”.

Cusanno cita 1Pero más allá de nuestras fronteras, el negocio del turismo marcha viento en popa. La tendencia del turismo en el orbe es hacia una franca expansión. Con la vorágine 2.0 casi todos somos hoy ciudadanos del mundo. Y la raza humana parece entender que es cosa muy buena viajar. Decía San Agustín que el mundo es como un libro, y que quien no viaja sólo lee la primera página. Luego, es acá en Venezuela donde estamos arruinando la fiesta. Según el documento Panorama OMT del Turismo Internacional Edición 2016 –la data más reciente de la cual se dispone– las cifras en el mundo son las que siguen, y hablan por sí solas:

-Las llegadas de turistas internacionales a escala mundial han pasado de 25 millones en 1950 a 278 millones en 1980, 674 millones en 2000 y 1.186 millones en 2015.

-De forma análoga, los ingresos por turismo internacional obtenidos por los destinos de todo el mundo han pasado de 2.000 millones de dólares en 1950, a 104.000 millones en 1980, 495.000 millones en 2000 y 1.260.000 millones en 2015.

-El turismo internacional representa hoy el 7% de las exportaciones mundiales de bienes y servicios, frente al 6% de 2014, ya que el sector ha tenido, en los últimos cuatro años, un crecimiento superior al del comercio mundial.

-Así se comportaba el turismo internacional en 2015: Américas cotabilizaban 193 millones de pasajero (16%); EEUU 304.000 millones (24%); Europa 608 millones (51%); África 53 millones (5%); Asia y el Pacífico 279 millones (24%).

Una bonanza que a Venezuela le pasa volando, por encima. Conseturismo espera que sus reuniones con Stella Lugo armar de nuevo la maleta.