Creatividad femenina, tabla de salvación ante la crisis

Las féminas representan el 70% de los arriesgados que deciden iniciar un negocio propio. Producción manual, servicios profesionales, comercio y tecnología son las áreas hacia donde se enfocan la mayoría de las iniciativas

Creatividad femenina, tabla de salvación ante la crisis

Linda Porras está decidida. Aunque todavía afina el foco, esta administradora y técnico en informática está más que segura que su futuro está en la elaboración de juegos didácticos en madera, una idea de negocio que surgió de su afición a los rompecabezas, un hobby que le llevó a debutar en 2015 en bazares y ventas de artesanía, y que a la postre le condujeron a tomar la decisión de iniciar un negocio en un área donde nada está dicho.

Maracayera de nacimiento, Linda forma parte de ese 70% de mujeres venezolanas que según EmpreRed, escuela de emprendimiento creada por el Grupo Social Cesap, conforman la indiscutible mayoría de los venezolanos que decidieron emprender sus propios negocios; una tendencia que según voceros de la organización se replica en otros programas similares puestos en marcha por entes privados.

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La data señala que se trata de personas menores a 40 años, provenientes en su mayoría de la clase media, específicamente del subestrato media baja que viven en sectores populares. También hay emprendedores de clase media alta que viven en urbanizaciones y no faltan los emprendedores en los sectores más deprimidos de la sociedad. “El grueso es clase media, un sector que ha estado muy golpeado y deprimido en los últimos años, creo que está buscando tener un lugar en la economía del país”, apunta Harry López, gerente general de EmpreRed.

Más que un rebusque

“El venezolano tiene un alto potencial de creatividad y eso le permite ver oportunidades en todas partes”, dice López, quien agrega que el poder de adaptación y la capacidad técnica conforman el trío de características que mejor definen al emprendedor venezolano.

En efecto, estudios realizados en los últimos años han demostrado que efectivamente el gentilicio venezolano figura entre los más emprendedores del planeta, y aunque la situación país ha impedido realizar recientes mediciones, Edwin Ojeda, profesor del Centro de Emprendimiento del Instituto de Estudios Superiores en Administración (Iesa), afirma que seguimos estando entre las naciones con mayor porcentaje de emprendimiento a escala global.

De hecho, el último análisis del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) aplicado en el país, reveló que Venezuela ocupaba puesto 12 entre 57 países evaluados, con una tasa de emprendimiento que para 2012 arroja que dos de cada 10 venezolanos mayores de edad estaban emprendiendo un negocio, 1,56% de los cuales lograban consolidarse como empresas; una tendencia que según Ojeda se ha mantenido.

Moneda de tres caras

Desde que fue obligado a dejar su último empleo, Antonio Oliveros ha recibido no pocas ofertas de trabajo que ha rechazado por una sencilla razón: está negado a volver a ser empleado. “Trabajo mucho más, pero trabajo para mí”, dice el técnico en computación y candidato a emprendedor como prestador de servicios de mantenimiento y asesoría.

Antonio es un autoempleado, otra especie en plena expansión en esta Venezuela de actual, y que retrata a aquel ex empleado que decidió abrirse paso por su cuenta. “El auto empleado no es un emprendedor per sé, pero puede llegar a serlo”, afirma Antonio Colmenares, couch de Emprered.

La otra cara de la moneda es el emprendedor, cuya más amplia definición incluye a toda persona que habiendo identificado una oportunidad decide poner en marcha un negocio innovador que viene a satisfacer una necesidad del consumidor.

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Masa creciente a escala mundial, existen dos categorías básicas de emprendedores: el emprendedor por necesidad, que es aquel que se ve impulsado a valerse de una destreza particular para iniciar un negocio, la mayor de las veces debido a situación de desempleo. Esta categoría conforma el grueso de la población que emprende y puede ser la fase inicial de un empresario en ciernes.

En el otro extremo está aquel que tras un análisis exhaustivo del mercado y sus condiciones encuentra una veta de negocios interesante. Ese es el emprendedor de oportunidad -que no oportunista-, y del cual Linda es un buen ejemplo. Crear un pesebre para que sus sobrinos lo pintaran fue el germen de una idea que hoy, tras mucho análisis, dio con el negocio que quiere desarrollar.

Una tercera categoría relacionada es el inversionista. Confundido por muchos como un emprendedor, el inversionista es un financista cuya misión es aportar dinero para obtener una ganancia, ganancia que puede estar asociada al financiamiento de proyectos innovadores e inéditos que califican como emprendimientos.

Manos que trabajan

Si bien existen emprendimientos de todo tipo, el foco depende mucho del nivel socioeconómico del futuro empresario. Siempre con la clase media como común denominador, las estadísticas de EmpreRed señalan que tratándose de una población mayoritariamente femenina, la producción manual, las manualidades en todas sus expresiones, son el área que capta el grueso de los emprendimientos.

En segundo lugar están los servicios prestados por profesionales que decidieron abandonar el 15 y último para montar tienda aparte, pero ofreciendo servicios en su área de experticia. El comercio ocuparía el tercer lugar junto con tecnología, un segmento que lejos de lo pensado, no forma parte de las prioridades de los emprendedores.

“Los emprendimientos tecnológicos tienden a ser disruptivos, logran tener una penetración mucho más rápida y por eso creemos que hay muchos en comparación con otras áreas de emprendimiento”, explica López.

Desde el Iesa, por el contrario Edwin Ojeda dice que los estudios señalan que los negocios favoritos son lo que tienen que ver con alimentación —restauración, bares— y estética corporal; mientras que la también profesora del Centro de Emprendimiento Nunzia Auletta, ha puesto sobre el tapete la moda y el software como áreas de gran potencial.

Fracaso a la vista

Tildados dentro y fuera de la país como “echaos pa’lante”, el potencial de emprendimiento de los venezolanos tiene sus limitantes. “Somos muy amateur en eso de crear empresas. Buscamos la ganancia inmediata y cuando no la vemos, tiramos la toalla”, dice López al definir la principal causa del fracaso de los emprendimientos, cuya tasa de mortalidad según el último estudio al respecto ronda el 98%.

López reitera que en su mayoría, los emprendedores tienen como motor la necesidad de obtener ganancias inmediatas sin una perspectiva empresarial sólida; aspecto que es corroborado por Ojeda, quien agrega que las estadísticas dicen que la relación entre socios pesa mucho en el fracaso de los emprendimientos.

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Harry López añade la impericia como causa de quiebre. “El emprendedor no está acostumbrado a buscar apoyo, es un llanero solitario que le gusta hacer las cosas solo”, dice, asegurando que se trata de un problema muy arraigado pues “venimos de una cultura que limita la importancia de trabajar con otro”.

No menos importante es la falta de apoyo gubernamental. “El apoyo por parte del Estado es muy básico, no se trata de dar financiamiento para sembrar o comprar una lancha, es acompañar al emprendedor en todo el proceso”, acota el economista Carlos Martínez, quien recuerda que ello ha sido la base del fracaso de proyectos millonarios como AgroVenezuela.

Otro aspecto a considerar es la legislación adversa. Der acuerdo con el informe Haciendo negocios 2016 elaborado por el Banco Mundial, Venezuela ocupa el puesto 186 de 189 estados incluidos en el estudio sobre dificultades para abrir una empresa, con un promedio de 144 días y 17 trámites que superar, cuando en el resto del mundo el promedio es de 20 días y cinco trámites.

Todo ello atenta contra el sano discurrir de un movimiento global que busca sustituir el modelo rentista y paternalista por otro donde la innovación se impone, y ello queda en evidencia en el informe ‘Índice de Condiciones Sistémicas para el Emprendimiento Dinámico 2015’ realizado en 2015 por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), según el cual Venezuela ocupa los últimos puestos —50 de 56— entre las naciones cuyos emprendimientos no logran trascender a la fase dinámica, es decir, aquellos negocios que generan ganancia real a la economía nacional, crean puestos de trabajo y producen bienes exportables.

La belleza vende

Lejos quedaron los tiempos en los cuales para emprendimientos grandilocuentes. La situación país y las características mismas del emprendedor contemporáneo han desviado la atención hacia negocios con formatos más pequeños. Y si se tiene el apoyo de una comunidad, mejor.

Es por ello que pese a la fuerte recesión que abruma al país, las franquicias siguen siendo una opción de negocios que atrae tanto a inversores como emprendedores, quienes ven en este formato de negocios una forma de iniciar una empresa con altas probabilidades de éxito.

Las tendencias en este sector dan la razón a los estudiosos del Iesa. Según los datos preliminares de la más reciente encuesta realizada por la Cámara Venezolana de Franquicias, Profranquicias , entre los negocios de mayor crecimiento están la estética y belleza; educación y capacitación de niños; deportes —fitness—; y gastronomía.

“Aquellas franquicias que no dependen de bienes importados son las que más crecen”, afirma Alfonso Riera, presidente de Profranquicias, añadiendo que el sector de alimentos es uno de los más versátiles porque puede variar la oferta. “Si no hay papa puedes ofrecer yuca, o si no tomate ofreces pimentón. Es un sector muy versátil”, apunta.

¿Y dónde están los reales?

Tras hacer la aclaratoria de que un inversionista no es necesariamente un emprendedor, Eduardo Porcarelli, director ejecutivo del Consejo Nacional de Promoción de Inversiones, Conapri, afirma que Venezuela ha perdido atractivo para los capitales extranjeros, por lo que es muy difícil precisar el tipo inversiones que se están destinando al emprendimiento.

Aun así, y tomando en cuenta la poca claridad y actualidad de las cifras oficiales, Porcarelli recuerda que según datos preliminares del Banco Central de Venezuela, entre enero y septiembre de 2015 (últimos disponibles) Venezuela captó 1.383 millones de dólares en inversión extranjera, cifra que representó apenas 0,89% de las inversiones totales que recibió América Latina en ese período.

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La cifra también palidece cuando se toma en cuenta que Colombia, cuya economía puede ser comparada con la venezolana, recibe cada año entre 15.000 y 17.000 millones de dólares en inversión externa.

De ese total, 50% está representado en reinversiones productivas que realizan las empresas extranjeras radicadas en el país, ante la imposibilidad de repatriar dividendos. El 50% restante es captado en su mayoría por las empresas del sector petrolero, mientas que una pequeña proporción es destinada al área de alimentos y a ‘otros negocios’.

“No existe detalle al respecto, así que no podemos saber en qué se invierte”, dice el experto, añadiendo que si algo ha despuntado en los últimos años, es que la inversión productiva no ha sido enfocada en aquellos sectores que más lo necesitan.