En Twitter sí se hace política: el caso Juan Guaidó

Las redes sociales se han convertido en pilar fundamental de la estrategia opositora para lograr una transición política. Una realidad que, buscada o no, deja evidencias en cada post, propio o ajeno. El espacio virtual venezolano se confirma como resguardo de las ambiciones del mundo real, allí donde aparentemente tienen más impacto

Parece que finalmente lo logramos. Que el resto del mundo se puso de nuestro lado, acusó la cantidad de violaciones de Derechos Humanos que encabezó Nicolás Maduro y dio pie para una transición inevitable. El furor en las concentraciones resuena en cada cena familiar también. Pero sobre todo, el apoyo vehemente a Juan Guaidó se ha leído en social media: Facebook, Instagram, Twitter. ¿Han aportado estos mundos, ya mucho más que apoyo a nuestras relaciones en persona, a su aplauso? ¿Es que #VamosBien junto al Presidente Encargado porque, en buena medida, vamos mucho al Internet?

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Bien puede que la penetración del mundo virtual solo llegue al 60% de la población, pero el 44% de los venezolanos –es decir, casi tres cuartos de los internautas criollos– usa redes sociales de forma activa. En sus estadísticas de 2018, la agencia de comunicación We Are Social además señala que los catorce millones que hacen ese 44% son todos usuarios de Facebook, y unos cuatro punto siete son usuarios de Instagram.

Una porción importante de Venezuela intercambia experiencias, deseos y frustraciones a través de sus pantallas –no solo entre sí, también con ciudadanos de otros países. En un país donde el comentario político en los mass media, en unos casos, ha influido en que un militar golpista gane elecciones libres, mientras que en otros, ha sido tomado como excusa por el chavismo para pisotear la Libertad de Expresión, no renovar licencias de canales de televisión y limitar el acceso al papel a varios diarios, es de esperarse que la transición sea sujeto y objeto de lo que ocurre en los medios digitales.

Cuando pensamos en el impacto político de las redes sociales, un caso bastante discutido siempre aparece: la Primavera Árabe. A tantos años de distancia, dos conclusiones sobre cuál fue su funcionamiento son irrefutables: “(a) organizar las protestas y (b) diseminar información al respecto, publicitando las demandas de los manifestantes internacionalmente”.

Por otro lado, la carrera para la presidencia de los Estados Unidos tuvo estas plataformas virtuales, sobre todo Twitter, como un elemento fundamental en la participación electoral. Sobre la prevalencia de memes, ítems digitales que se comparten de forma anónima y condensan temas corrientes en imágenes en clave humorosa, en tales plataformas, un estudio fascinante del European Journal of American Studies deduce:

Como una forma de conocimiento popular o “naif,” los memes de Internet proveen discursos paralelos a muchas de las discusiones públicas relacionadas a la elección, apuntando a las tensiones evidentes en representaciones oficiales y extraoficiales. Como ejemplos de lo que Foucault refiere como aquellos “descalificados por la jerarquía de los conocimientos y las ciencias,” los memes de Internet muestran las formas en que las políticas representacionales están ligadas a cuestiones de agenciamiento individuales y colectivas. El hecho de que se distribuyen en redes sociales demuestra cómo el espacio se usa para las políticas de representación. La controversia que rodea las representaciones meméticas ejemplifican un quiebre entre modos formales e informales de producir conocimiento sobre temas de relevancia global.

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Si nos localizamos en un país donde las discusiones públicas están extremadamente reducidas, los discursos paralelos ganan importancia al comunicar sin censura ni filtros. De cualquier manera, estos antecedentes señalan que los medios digitales pueden servir para convocar a manifestaciones, cohesionar un grupo de apoyo y difundir sus mensajes alrededor del globo.

A pesar de haber estado presente en la fundación de Voluntad Popular en 2009 y en las protestas estudiantiles de 2007, Juan Guaidó no era muy conocido para los millones de venezolanos que, hasta el 23 de enero, conformaron la oposición al partido gobernante en Venezuela. No obstante, hoy en cualquier rincón del país se pueden escuchar los tres pasos que ha tomado Guaidó como programa presidencial. La web 2.0 ha contribuido mucho a la aclamación del llamado Presidente Encargado, a la concordancia de distintos sectores del país que al menos hasta el año pasado, chocaban duro sobre cómo reaccionar ante la crisis humanitaria que se nos ha impuesto. Y los memes, en particular, han tenido un rol interesante.

GuaidóRRSS-cita4Pensemos en el #GuaidóChallenge. Su primer registro es de las 5:25 pm del 25 de febrero: @slaxz respondió con el hashtag a un retrato de @LeGuerrer, donde sale con capucha y gorra como parodia del vídeo que mostró Jorge Rodríguez como evidencia de sus reuniones con el diputado. Ninguno de los tuiteros antes mencionados son, en sentido estricto, figuras públicas. Pero para el final del día, el hashtag se había vuelto tendencia en Venezuela y hasta figuras de otros países como Marco Rubio, senador de los Estados Unidos, publicaron retratos con el mismo atuendo. Aquello que pudo haber empezado como un chiste entre panas se viralizó hasta volverse una imagen y un slogan que contrariaron un intento de deslegitimación por el chavismo y cohesionaron la identidad de un movimiento político.


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#guaidochallenge by @pichusonreido

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¿Y que Guaidó la prendió en el pasillo del Lido?. #GuaidoChallenge ¡VAMOS BIEN! . Todo el apoyo al Señor presidente/bishhh @jguaido Una publicación compartida de Samuel Rodriguez (@sampins) el

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En La sociedad de la transparencia, el pensador surcoreano Byung-Chul Han sentencia: «La sociedad actual del control muestra una especial estructura panóptica. En contraposición a los moradores aislados entre sí en el panóptico de Bentham, los moradores se conectan y se comunican intensamente entre sí. Lo que garantiza la transparencia no es la soledad mediante el aislamiento, sino la hipercomunicación. La peculiaridad del panóptico digital está sobre todo en que sus moradores mismos colaboran de manera activa en su construcción y en su conservación, en cuanto se exhiben ellos mismos y se desnudan. Ellos mismos se exponen en el mercado panóptico. La exhibición pornográfica y el control panóptico se compenetran. El exhibicionismo el voyeurismo alimentan las redes como panóptico digital. La sociedad del control se consuma allí donde su sujeto se desnuda no por coacción externa, sino por la necesidad engendrada en sí mismo, es decir, allí donde el miedo de tener que renunciar a su esfera privada e íntima cede a la necesidad de exhibirse sin vergüenza».

GuaidóRRSS-cita3Para evitar confusiones, podemos alterar el término control por dirección: no es que, como en 1984, un Gran Hermano nos vigila hasta en nuestras cocinas y encauza nuestras funciones y opiniones en sociedad, sino que en instancias donde lo público y lo privado se confunden, en redes sociales, permite que quienes detentan –o buscan– el poder dirijan ideas a su audiencia de un modo digerible y que tal audiencia genere mensajes que la direccione cual tribu de nómadas. Ya pasaron los tiempos en que ciertos grupos diesen sus creencias a penetrar en un espectador pasivo a través del televisor o del periódico. Internet es una ventana que cualquier grito, a través de un buen RT o share, puede romper a pedazos para ser escuchado por miles.

En una sociedad cada vez más disuelta, disgregada, solitaria como la venezolana, la necesidad de exhibirse e interconectar aumenta –la necesidad de direccionar un discurso virtualmente, a su vez, se hace notoria. La inseguridad que nunca duerme y nos mantiene más tiempo en nuestras casas del que quisiéramos, seguramente aporta una devoción importante a Facebook, Instagram, WhatsApp.  

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Así pues, el #GuaidóChallenge puede verse como un modo en que tanto actores como espectadores de la transición política se reúnen en un símbolo y así, refuerzan su identidad y el puente que transitan. Como parodia de una versión del chavismo de un hecho, el #GuaidóChallenge refleja las creencias firmes de un colectivo: que no hay fe en ninguna declaración de los voceros de Maduro sobre el acontecimiento, más allá de supuestas pruebas. Poco importa si tal sentido estuvo en las intenciones del autor. Los memes son como las obras de teatro: quien hace el montaje o quien comparte con cierta creatividad tiene la palabra final sobre el contenido.

Pensemos en otro ejemplo: el Guaidog. Así como muchos influencers tienen cuentas en Instagram sobre sus perros –en Venezuela, @lucasfrenchie de Donaldo Barros–, resulta que Guaidó también tiene una: @reguloantoniogr. La cuenta es vieja, la primera foto data del 25 de octubre de 2015, dudo que haya sido abierta como estrategia política. Pero desde que empezó a dar vueltas en Twitter a partir de una publicación de Jean Mary Curro, locutora que se declara animal lover en su biografía, en la que connota mayor amor o afición al presidente de la Asamblea Nacional junto a una foto del perro, cientos respondieron llamándolo Guaidog. Tal vez el impacto fue menor que el del #GuaidóChallenge, aunque vale notar que ambos memes se han entremezclado en ocasiones y han aparecido imágenes de perros encapuchados en redes. ¿No podría pensarse esto como una forma en que la cara de la transición se hace más relacionable a un segmento del país que dirige, y así, lo robustece?


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Todas queremos con Regulo #guidog #dog #guaido #doglovers #lovers

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No nos podemos quedar en lo memético para divisar la incidencia de Internet en la política nacional de hoy. Los servicios de streaming de Instagram y YouTube han sido fundamentales para los dos puntos mencionados en relación a la Primavera Árabe. Ante canales de televisión como Venevisión, que pasan reruns de Súper Sábado Sensacional mientras masacran pemones al sur de Venezuela, medios como VivoPlay y VPItv han proyectado declaraciones, convocatorias y entrevistas del bando de Guaidó para atravesar la frontera de la censura y dar a conocer sus acciones a cantidad de personas –y movilizar a cantidad de personas.

Por otro lado, las redes sociales fungen como herramienta para Guaidó para medir la reacción de quienes lo apoyan y replantear sus propuestas. Hoy vemos a Juan Guaidó y a Julio Borges hablar sobre la presencia de militares extranjeros para permitir la entrada de la ayuda humanitaria, pero el tema había sido ya compartido miles de veces en Twitter desde que la alianza política Soy Venezuela dio una rueda de prensa al respecto el 11 de febrero.

GuaidóRRSS-cita2Uno podría sospechar que se esperó a la explosión de crueldad del 23 de febrero para sacar a luz el tema, que era el as bajo la manga; pero la crónica de Orlando Avendaño sobre lo ocurrido en los puentes entre Colombia y Venezuela señalan que ese día no hubo plan B, por lo que asomar el uso de la fuerza a horas de la noche pudo haberse hecho tras entender que hay un apoyo importante a la idea en las bases. Que versiones del hashtag #IntervenciónMilitarYA se hayan vuelto tendencia antes que Guaidó se pronunciase sobre la quema de las gandolas, pareciera decir bastante.

“En Twitter no se hace política,” se ha dicho múltiples veces en reuniones entre el Movimiento Estudiantil y diputados que conforman la mayoría en la Asamblea Nacional –miembros de la junta directiva incluidos. Pero los resultados de la Primavera Árabe y la campaña electoral de Donald Trump apuntan precisamente a lo contrario. Puede que el comentario haya sido un bluff, que se haya dicho por inexperiencia, pero pensar que Internet no sea un espacio que vale la pena cuidar o promover en el momento político del hoy es un desatino. Tal vez la treintena de millones de venezolanos no sea internauta, pero eso no implica que el 44% que sí lo somos podamos o queramos deshabitar el mundo 2.0 que también nos define.

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En Twitter sí se hace política y se ha hecho bastante en pro del Presidente Encargado este par de meses. ¿O acaso la esperanza y la unión serían las mismas sin las pantallas que iluminan nuestras noches mientras el alumbrado público falla?