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Ensayar por segunda vez: Casi Normal

Marcel Rasquin, Santos Palazzi y Claudia Salazar son los responsables del montaje de Casi Normal, versión criolla del original Next to Normal de Brian Yorkey. La pieza vuelve al Teatro Chacao para una segunda temporada. Entrar, casi a hurtadillas, en los ensayos de la obra permitió a Clímax conocer las intimidades de sus hacedores

Ensayar por segunda vez: Casi Normal

A Marcel Rasquin le gustan las armonías vocales. Se emociona cuando las escucha. Su cuerpo lo delata, las manos se sueltan, los pies zapatean, la sonrisa se forma, el respirar se hace profundo. Desde la silla que lo ubica justo al frente del escenario, se arremolina queriendo dejarse dominar por la emoción. No le basta dirigir, lo suyo es sentir.

Frente a él, los actores se desbocan. Aún sin el escenario completo, que tendrá pantallas y demás elementos de escenografía. Sin las luces que resalten intenciones, el elenco venezolano canta. En el proscenio está Karina interpretando a Diana, una madre con sufrimientos, deudas, dolores. No canta «Sé como duele», pero lo vive. Con sus gestos, y también con su voz, tiene la tarea de retratar la bipolaridad, un reto. «Eso me hace subir y bajar, es una montaña rusa de emociones y canciones porque hay de todo, desde piezas más rockeras hasta baladas tipo Julie Andrews», cuenta la nacida en Perú, estrella en Venezuela y ahora residente en Miami. Cuando Diana está molesta, frustrada, dolida, sale la mejor Karina, la del timbre áspero del rock más crudo. Lo hace a pesar de que en este ensayo la música es tan esquelética como el escenario: apenas guitarra y piano. Luego vendrá la banda a completar el vestido, y el ruido.

Marcel Rasquin está allí. Para los actores es uno de los únicos tres espectadores que importan en el ensayo, aunque haya más gente. La trinidad la completan Brixio Bell, coreógrafo, y Alfredo Abreu, el coach vocal. Entre ellos cuchichean, intercambian miradas y sonrisas. Y suman aplausos, cuando toca. Desde la tarima, los intérpretes buscan aprobación, se sienten en evaluación. Frente a la audiencia no podrán sino esperar el final.

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El ensayo lleva más de cinco horas y aún hay detalles por afinar. Karina pierde alguna palabra, se tranca y la ayudan. Alejandro Sojo, el vocalista de Los Colores, es Gabo aunque se aprendió las canciones de todos los personajes. Por eso las sigue, las murmura cuando no está en escena, a ratos las baila. Cantautor de rock, se creía no apto para la tarea. «Cuando me llamaron no creí en mí, me asusté», confiesa diciendo que lo han guiado más los nervios que la emoción. «Cuando comencé a trabajar me di cuenta de que podía funcionar. Ahora me estoy buscando como actor», cuenta el vocalista que asegura haber —ahora— «aprendido a cantar» gracias a las indicaciones «para apretar tuercas» de Alfredo Abreu. «Yo cantaba como un guataquero muy callejero y esto me ha educado la voz, pero no voy pendiente de perder a ese Alejando loco». Amplió su paleta de colores. Para la segunda temporada, su personaje es compartido por Julián Izquierdo «que es mucho más meloso, romántico», dice Santos Palazzi.

En el elenco de seis personas abundan los músicos, cuatro, frente a dos actores. Karina se defiende en ambas calificaciones. Un róster que replica lo que está establecido en el libreto original de Next to Normal, el musical original de Brian Yorkey y Tom Kitt que logró tres premios Tony en 2009 luego de su estreno en Broadway, y un Pulitzer a obra dramática en 2010. La traducción de Marcel Rasquin, Valentina Sequera y la productora Claudia Salazar —que duró un mes de trabajo— respeta las líneas del guion norteamericano cuya puesta en escena es con pocos personajes, minimalista, sin la opulencia del teatro neoyorkino. La de Caracas no es un reflejo de Broadway con control de cambio made in revolución bolivariana. Sin embargo, para ser casi normal se necesita cierto cable a tierra, y se le dio al adaptar el texto en algunas líneas, como la que pronuncia Diana cuando se preocupa por sus hijos frente a la «inseguridad y los secuestros en un país tropical» como este. Parte de nuestra triste normalidad.

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En el escenario de dos pisos y una ñapa, Karina destaca por su presencia, aunque es la de menor estatura. Además, su esposo Dani es interpretado por el debutante y vocalista de EntreNos, Napoleón Pabón, más joven que ella —algunos la verán como una MILF loca. Junto al cantante de EntreNos también están Vera Linares y Claudia Rojas, quienes asumen ser la hija de ambos en sustitución de Laura Guevara, quien no participará en la segunda temporada para dedicarse a publicar y promocionar su disco de estudio. «Ellas dos tienen timbres distintos, pero aún así cuadran perfecto. Vera tiene una voz muy agresiva, más rockera, y eso le da más dramatismo al personaje. Por eso decidimos darle ese toque en ciertas partes de la pieza. Laura es más llana, muy pulcra en su interpretación. Vera es áspera eso le imprime carácter al personaje. En cambio Claudia es mucho más dramática y Marcel como director puede jugar mucho más con eso», dice Santos Palazzi, director musical

Según el músico, quien también adaptó las canciones, «hacer musicales es así en Venezuela, hay que trabajar con actores y con cantantes. En Broadway levantas una piedra y salen varios que hacen las dos cosas». Para la adaptación venezolana —cuyos derechos los tiene FM Center desde 2014— se optó por buscar cantantes para los roles principales. «Napoleón, por ejemplo, nunca había actuado pero canta perfecto. A mí me quedó fácil, pero Marcel tuvo que fajarse mucho más con él», cuenta Palazzi. Al contrario, con Alí Rondón, forjado sobre las tablas y ante las cámaras, le tocó afinar lo vocal «aunque es mejor cantante de lo que él creía porque ha estudiado la técnica»; al igual que con Tico Barnet, cantautor, bailarín y actor.

Para montar la primera temporada, el elenco salió rápido. Algunos por casting, otros por decisión. Como funcionó, repiten en esta segunda corrida en Caracas. Santos, director musical de Karina desde hace casi un lustro, pensó en ella desde el comienzo. «Se hizo una lista de nombres, y Karina salió primero. Pensamos también en Kiara y otros», confirma el músico. «Napoleón hizo audición y salió perfecto». Lo importante, dice el encargado de las partituras, fue aprovechar los estilos del talento. «En Broadway siempre es un estilo de cantantes que colocan la voz de una manera y todo suena muy igual. Aquí quisimos conservar las personalidades. La obra abarca varios géneros, pero lo que más predomina es el pop, el rock y la balada». Alfredo Abreu añade que aunque los arreglos iniciales buscaban más lo lírico resolvieron adaptarlos «porque teníamos esos colores, voces muy pop. Quisimos aprovechar sus timbres». Karina lo agradece porque en la escena neoyorkina «hay mucho vibrato y eso no me gusta, en cambio aquí nos dan la libertad de hacer las cosas diferentes». Tropicalidad casi normal.

Para la segunda temporada los procesos fueron más acelerados. «En vez de tener cinco meses para montar todo y preparar detalles, los nuevos actores tuvieron que hacerlo en mes y medio nada más. Fue un trabajo bastante fuerte», confirma Palazzi.

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Alfredo Abreu encabezó el entrenamiento de canto en el que se enfocó en «la resistencia vocal, el tren de canto, porque son 39 canciones. Tienen que aprender a distribuir el aire para aguantar cada función. Luego trabajé problemas por separado y al final en grupo para trabajar las armonías, amalgamar las voces, distribuir bien el volumen». Con Karina el trabajo fue con dinámica particular, incluyendo notas de voz por el celular desde Miami. Ella también participó en las primeras lecturas de mesa vía Skype. «La distancia siempre es un problema pero nos ayudó la tecnología. Trabajar así es un reto», dice la cantante que comenzó confiada en el proyecto. «Yo he hecho esto antes y se me hace bastante familiar —actuó en Jesucristo Superestrella—. Como no es solamente teatro, se me hace más natural. Hay muchos cambios de vestuario que es lo que más me atarea, pero soy la que más canto».

El director de Hermano, que se siente prestado al teatro por un ratico, se dejó llevar por las conexiones emocionales surgidas por una historia similar en su entorno a la narrada por la pieza, y zanjó qué mostrarían los intérpretes al subir el telón. Pero no lo hizo solo. Marcel Rasquin contó con la actriz —y su pareja— Prakriti Maduro. En el ensayo, a ratos, ella los corrige a todos, toma la voz de mando con las anotaciones que arma en su celular mientras ve las sucesivas «pasadas» de texto. «Busquen cómo sacar la voz», le lanza al grupo sentado en un círculo como de meditación. Sus observaciones son fuertes, secas. Las de Marcel, más coloquiales: «esa escena se espichó».

Desde el jueves 25 de febrero el público del Teatro Chacao podrá ver el resultado, una vez más. Antes de salir a escena, enfundados en trajes y con los nervios de punta, los actores volverán a estar en círculo, pero de pie. Meditarán con los ojos cerrados guiados por Rasquin, quien les pedirá abrirlos y hacer un «paseo lento por los ojos de los demás, véanse allí, confíen en el otro». También les dirá, como en cada ensayo, que usen el cansancio «porque seguirá llegando, no se va. Sientan su hueco en el alma y préstenselo a su personaje, regálenselo a la obra». Al grito de «hay un cocuy» elevarán sus manos, se abrazarán y saldrán a asumir pieles ajenas. Afuera estará el respetable, varias generaciones —Karina sabe que los más jóvenes capaz ni la conocen— y también el guardaespaldas que cuida a la estrella que en 2009 lanzó su más reciente disco, De pie, y prepara nuevo álbum que ya está listo esperando lanzamiento con el primer videoclip del tema promocional «Por qué será», dirigido por Rasquin, además de un próximo DVD que se grabará en directo en Venezuela en 2016.

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