Entre noticias y "tetas": la historia de José Leonel Gutiérrez

De norte a sur. De este a oeste. A diario, bajo el imponente sol de El Nula, José Leonel Gutiérrez recorre con su bicicleta las calles del pueblo apurense. Sus habitantes lo conocen bien: es el periodista que todas las mañanas informa el acontecer de la región y el país; pero, también saben que en las tardes es el joven que vende helados

Rueda. Rueda y recorre sin parar el terreno poco asfaltado. En su bicicleta montañera -rin 26- José Leonel Gutiérrez pedalea sin cesar por las calles del casco urbano de El Nula, en Apure. Lo hace a diario porque no tiene carro y odia las motos. La bicicleta, por el contrario, la ama. “Siempre he andado en bicicleta. Las cicatrices que tengo son de bicicletas”. 

Recuerda que su compañera de aventuras llegó a su vida el 13 de octubre de 2013, luego de que le “choripandearan” la primera que compró cuando se mudó a aquella localidad. Esta es azul, con matices grises y blancos. Es de hierro y no de aluminio; la prefiere así para que el terreno irregular no la dañe.

“Lo que me gano en un día de helados en promedio es una quincena en la radio”

José Leonel pedalea sin parar desde el amanecer hasta el ocaso. No solo disfruta de los paisajes que ofrece el llano venezolano, el biciclo se ha convertido en su batimóvil a la hora de trabajar: de lunes a sábado, el joven de 32 años, dedica dos horas y media de sus tardes a la venta de helados en el poblado. Se moviliza de norte a sur, de este a oeste, o viceversa, con una pequeña cava a cuestas. La gente lo ve y lo reconoce: ahí va el heladero, pero también el periodista.

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José Leonel soñaba con formarse como politólogo, pero las vueltas del destino lo llevaron a enamorarse del periodismo. El amor por la radio lo hizo admirar a quienes ejercían el oficio de la comunicación; y, así, en la “linda Barinas” -su tierra natal- tomó la decisión de lanzar el birrete al aire con el título de Comunicador Social. 

En aquella “tierra llanera”, de caminos “de palma y sol”, José Leonel recuerda que la oportunidad de ejercer se presentó en sus primeros semestres, cuando luego de realizar cursos de locución, Francisco Aguilar y Luis Aguilar lo invitaron a ser parte del programa Competencia, en la frecuencia de Fantástica FM. Así dio sus primeros pasos en su fuente predilecta: el periodismo deportivo. Desde entonces, cubrió para radio, televisión y portales digitales eventos deportivos como los Juegos Nacionales y partidos de La Vinotinto. 

José Leonel Gutiérrez

Todo parecía marchar viento en popa, pero problemas con el gobierno local y regional suscitaron que los programas de José Leonel fueran víctima de la censura. Desempleado en su tierra, tuvo que volver los ojos hacia nuevos horizontes. 

“El sueño del periodista siempre es Caracas, llegar a los medios nacionales, estar en el boom”, confiesa Gutiérrez; sin embargo, no sería ese el camino que tomaría. Se despidió de aquellos “paisajes de ensoñación” en los que creció, hizo a un lado el ideal de la capital y se abrió paso en El Nula, entidad fronteriza con el departamento colombiano de Arauca la que llegó en octubre de 2011 por recomendación de unos amigos de promoción. 

Ahí, el barinés no habla solo de deportes. En la cabina su guion se extiende al acontecer regional y nacional con un programa de opinión. Una vez el micrófono se cierra, José Leonel vuelve a la bici para buscar las noticias del día. “El 90% de las cosas las hago en mi bicicleta”. 

Realizó coberturas durante las protestas de San Cristóbal en 2014, en el cierre de la frontera con Colombia en 2015, y durante los conflictos de Barinas en 2017. En 2019, tuvo la oportunidad de estar en la línea de fuego cuando Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional y encargado de Venezuela, intentó ingresar la ayuda humanitaria. “Lo de esa semana no se asemeja a lo demás, fue una guerra, un conflicto”, expresó. 

El promedio de helados que José vende al día varía entre 30 y 40 helados. Si la tarde es buena puede vender hasta 60 tetas

Pero la crisis también llegó al Nula y José Leonel se vio afectado como cualquier venezolano. Irse del país fue una opción, pero los planes no calaron. Pensó entonces ideas para añadir más ceros a su cuenta y fue cuando vender helados se volvió una posibilidad. No era la primera vez que lo hacía, en un pasado vendió helados en Colombia para tener algunos ahorros. 

Ahora, pedalea diariamente unos siete u ocho kilómetros. En la mañana para transportarse hasta la radio, y en la tarde para ejercer su nuevo oficio. “La bicicleta que yo cargo va pa’ todos los barrios. (Con ella) me he metido a todos lados”.

La dinámica para pocos ya es sorpresa. Aunque reconoce que aún hay quienes se asombran cuando lo ven vendiendo las populares “tetas”. No siente vergüenza, pero admite que tomar la decisión no fue fácil. “Al comienzo me costó. Más que pena, fue indignación de ver como tú, periodista, tengas que vender helados para sobrevivir”, comenta. 

El ímpetu no lo dejó caerse.

Las tetas, como popularmente se le conocen, son helados caseros cremosos dispuestos en bolsas plásticas transparentes

“A las siete comienza el noticiero local, es el que yo conduzco. De ocho a nueve, desayuno; y, a las nueve, conduzco el programa de opinión La hora del guiso. A las diez salgo a buscar noticias”, describe Gutiérrez. Al volver de su recorrido, almuerza. A las dos sale con su cava llena de helados.

Las tetas, como popularmente se le conocen, son helados caseros cremosos dispuestos en bolsas plásticas transparentes. Gutiérrez no los prepara. Una pareja de amigos inició el emprendimiento y el periodista se ofreció a venderlos. Hay de coco, galleta, chocolate, vainilla. 

José Leonel Gutiérrez

El costo de los helados es en pesos, pues en El Nula -a diferencia de Caracas- la divisa que manda es la colombiana. “(Aquí) el 90% de lo que compras lo cobran en pesos; es raro lo que puedas comprar en bolívares, los que tienen punto que son pocos. En la radio hay gente que prefiere pagar la publicidad en pesos porque haces más con pesos que con bolívares”.

El promedio de helados que José vende al día varía entre 30 y 40 helados. Si la tarde es buena puede vender hasta 60 tetas; mientras que en temporadas vacacionales logra duplicar la cifra. “Hay días en los que me quedan helados y debo dejarlos en mi casa y después cuesta venderlos porque una vez que se descongelan pierden un poco el sabor; pero un fin de semana puedo vender hasta 160 helados”. 

Ahora, pedalea diariamente unos siete u ocho kilómetros. En la mañana para transportarse hasta la radio, y en la tarde para ejercer su nuevo oficio

Sin importar el número de ventas del día, Gutiérrez destina el 50% de lo vendido a sus proveedores, y el restantes lo guarda para consumo propio. “Lo que me gano en un día de helados en promedio es una quincena en la radio”.

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Para ejercer el periodismo, José Leonel comprendió que el carisma es su mejor herramienta; no obstante, para vender helados también. Reconoce que cuando sale y llega a un lugar en el que siente hay confianza, establece conversación con los clientes. “Me gusta tener conversación, esa también es una estrategia de marketing porque no puedes ir solo por los helados, tu vas y echas cuento con la gente. A lo mejor en ese tipo de conversaciones sale una noticia”, expresa. 

Pese a que la crisis lo llevó a descubrir un nuevo oficio, José Leonel no olvida su profesión. Fuera de la cabina y con la cava encima, ha encontrado momentos en los que suelta su velocípedo y enciende la grabadora. “Una vez me pasó que había una noticia y le dije a un chamo que me los vendiera y yo le pagaba, para no dejar que se descongelen. Y así fue, los vendió en diez minutos mientras yo cubría. Si veo un caso o una noticia pongo la grabadora. Para todos lados llevo mi grabadora”. 

José Leonel pedalea sin parar desde el amanecer hasta el ocaso. La gente lo ve y lo reconoce: ahí va el heladero, pero también el periodista.

El barinés de 32 años sabe hasta ahora que, pese a la crisis, no dejará de lado su profesión. Le gusta la adrenalina, le apasiona seguir de cerca los conflictos que sacuden a Venezuela. Tampoco tiene previsto dejar, por ahora, los helados; pero sí sabe que lo hará cuando el país le permita vivir solo del periodismo o cuando su tiempo en El Nula venza y vuelva nuevamente sus ojos a nuevos horizontes, esta vez más allá de la frontera. 

Mientras tanto, con su espíritu de resiliencia, José Leonel continúa rodando con helados o noticias en el biciclo que considera su “alma gemela”.