Escribir y transmitir: las nuevas caras de la poesía venezolana

Poesía como catarsis, como método de organización, como expresión de sentimientos. Poesía para comunicar y hacerles entender a los lectores que no están solos. El Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas reconoce el talento del género en noveles que construyen versos desde la pasión y no por profesión

Escribir y transmitir: las nuevas caras de la poesía venezolana

La lectura siempre ha sido un placer en la vida de Lenny Pinto (Caracas, Venezuela, 1990). Nunca leyó por obligación ni por estudio: lo hizo por disfrute. Y fue justamente ese gusto lo que la llevó a conectarse con la escritura y poesía. Una acción que más que agrado le proporcionaba satisfacción.

Lenny era solo una niña, y como buena infanta escribía sin pensar que lo que plasmaba en las páginas tuviera sentido, importancia, poder. Un buen día se topó con dos textos de Andrés Eloy Blanco, entre ellos “Píntame angelitos negros…”. Fue entonces cuando la poesía llegó a su vida. “No pensaba que lo que escribía fuera poesía; simplemente quería escribir, transmitir y comunicar a través de la escritura”.

Ese “escribir, transmitir y comunicar” la llevó más lejos de lo que alguna vez pensó. El año pasado, obtuvo el primer lugar del Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas, un espacio abierto a noveles poetas venezolanos, entre 18 y 30 años, profesionales o aficionados, con talento para la escritura poética.

poesía

Su muro de Facebook fue su gran aliado antes de saltar al gran reto. Estaba más segura de sus letras, un fortín que fue armando gradualmente. Durante su adolescencia, por ejemplo, descubrió más autores y se vinculó con otras personas con gustos afines a través de medios virtuales y foros literarios. Sin embargo, Lenny era muy celosa con sus líneas, las consideraba el producto de un proceso que pertenecía a su intimidad. Pero, entre conferencias y talleres, decidió publicar sus textos en la Red. “La gente me hacía críticas favorables y otras no tan positivas, pero eso fue para mí como una escuela, un arranque. Descubrí que hacía más que solo expresarme. Ahí fue cuando descubrí que me gustaba escribir”.

Su talento para la escritura era tan natural como lo era para el arte de la danza. En esta última se hizo profesional, pero no por eso dejó de atender la primera opción. La pasión por la poesía persistía y la escritura siguió con el seudónimo de Nina Olenn, heterónimo con el que buscó darle una identidad a su producción lírica.

Pronto entendió que las “letras podían ser más que catarsis y podían ayudar a otras personas a su propia expresión. Lo vi como algo más colectivo, más social”.

Una vez se postuló a concursos, el éxito tocó a su puerta.

«Creo que participar en los concursos, más allá de la gratificación y los reconocimientos que vienen, y por supuesto el quórum que trae, es más un esfuerzo por ocupar las plataformas constantemente y por estar cerca de la poesía»

“Poema de Agua” fue escrito aproximadamente en 2012. En él, Lenny buscó plasmar el sentimiento del amor sin usar la palabra. Era hermoso y merecía ser conocido. La cuarta edición del Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas fue la oportunidad de Nina para ser leída por grandes. “Nunca pensé que fuera a ganar. Lo lancé como quien lanza una moneda al agua”.

El jurado del concurso, en el que destacan figuras como Rafael Castillo Zapata y Graciela Yáñez Vicentini, lo valoró como “un poema maduro, con extraordinario manejo del lenguaje y un inteligente sentido de la composición, articulado a partir de sólidas imágenes que giran en torno a un mismo eje temático, sostenido con sorprendente equilibrio y afinado ritmo”. Así, “Poema de agua” se alzó con el primer lugar de ese prestigioso certamen literario.

En 2016, la necesidad de fomentar espacios para la creación de poesía hizo que las organizaciones Autores Venezolanos y Team Poetero consolidaran el Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas. Más tarde, en 2018, la Fundación La Poeteca se unió a la iniciativa. En 2019, Banesco Banco Universal también se sumó a las instituciones convocantes del concurso.

El certamen rinde homenaje al venezolano Rafael Cadenas, destacado poeta, ensayista y profesor universitario, cuyos trabajos han sido reconocidos no solo en Venezuela, sino en toda Hispanoamérica.

Manuel Gerardi se topó con un grupo de amigos con quienes descubrió que el interés por la poesía no era cualquier cosa. «Ese interés nace al ser interpelado por un grupo de muchachos con los que compartía no solo sobre las inquietudes y desengaños propios de nuestra carrera, sino también de una profunda vocación literaria»

El concurso se convoca anualmente y sirve como plataforma artística para apoyar el talento emergente del país. Recibe textos de jóvenes venezolanos sin importar el lugar de residencia. Entre 2016 y 2018, los encargados recibieron más de mil textos, de los cuales 80 fueron premiados.

En 2019, cuando se convocó la cuarta edición, la coordinadora editorial, Jacqueline Goldberg, aseguró que los escritos postulados cumplieron con los estándares del concurso, lo que hizo que el veredicto del jurado fuese un trabajo difícil. “No fue fácil, puedo hoy confesarlo… Fueron notas al margen en un proceso editorial impecable, que se cumplió con gran profesionalismo como en cualquier libro y en cualquier lugar del mundo, en un cronograma que batió nuestros propios récords”.

Poesía

Marlo Ovalles, presidente del Team Poetero y de la Fundación La Poeteca, insiste en que Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas es una contribución a aquellos jóvenes que sienten la poesía correr por sus venas. “Creemos que invertir, apostar por la cultura en Venezuela, vale la pena. Es un pequeño grano de arena que, poco a poco, va convirtiéndose en una montaña. Apostar por un concurso en el que decenas de jóvenes poetas han tenido la oportunidad de participar, ganar y lograr una primera publicación, es un esfuerzo pequeño que nos brinda una enorme recompensa”, dijo durante la presentación de la antología de la cuarta edición.

Esa apuesta por la cultura fue la que catapultó a Lenny, quien confiesa que, a pesar de la seguridad que tenía en sí misma, nunca pensó en el premio sino en compartir (el poema). “Estaba, además, enviando a otros concursos de otros países. Lo que más me sorprendió fue que gané en mi propio país, y eso para mí es el mayor orgullo. De hecho, lo esperaba tan poco que me avisaron desde España dos días después que se dio el fallo”, explica la novel poeta.

La publicación, que ya circula en físico y en digital, es la primera en la que el nombre de Pinto aparece. Pero no la última, pues Lenny se ha motivado a recopilar varios de los poemas escritos y busca una editorial especializada en el género que le permita seguir publicando.

Para Jaime Yáñez escribir no obedece a un impulso por compilar páginas llenas de sentimientos y reflexiones, sino que más bien se trata de una estrategia para mantener su propio orden. «Escribir es muy necesario para mí porque me permite entender»

Tras lo vivido y con la experiencia ganada, Lenny no se arrepiente de haber encarado su pasión a los 29 años. Cree que ha sido el momento perfecto para ello porque tras pasar un “tiempo en la isla personal, ahora se abre para fluir. Me siento maravillosamente bien con las puertas que se están abriendo”.

Fue justamente el tiempo lo que le permitió a Lenny identificar a Nina, darle personalidad, voz propia e identificar los sentimientos en los que quería centrar su poesía. “Mi poesía especialmente se centra en las emociones que he vivido, en los sentimientos que he guardado. Mi poesía había sido un baúl secreto, intimo”. Ahora Nina crea a su gusto y con la satisfacción de saber que encontró la manera de sentirse bien.

“Escribir es muy necesario para mí”

“La poesía es adorable”, dice Jaime Yáñez (Caracas, 1994), mientras piensa en aquello que la hace importante en su vida. Lo de él, más que pasión por el género, es gusto y vehemencia por hablar de ella y de la literatura en general.

El joven de 26 años estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y ahora, título en mano, imparte clases en su alma mater. Su acercamiento a la literatura no se debe a un deseo intrínseco de ser escritor; lo suyo es un “lado serio y denso”. “Quiero ver la escritura como experiencia vital”.

La seriedad lo lleva al análisis de textos, más que al desarrollo de los suyos. Admite que para él, escribir no obedece a un impulso por compilar páginas llenas de sentimientos y reflexiones, sino que más bien se trata de una estrategia para mantener su propio orden. “Yo soy una persona muy desordenada: en mi cabeza, en mis ideas, en mis gustos. La escritura es solo una manera de organizar y es también desorganizarse para poder encontrar otra manera de relacionar asuntos. Entonces, el gusto por escribir, tanto como gusto por escribir, no es la mera escritura, que es un hecho pesado y espantoso. No me gusta escribir, pero escribir es muy necesario para mí porque me permite entender”. Por ello, la postulación de su trabajo en concursos es casi nula. “Soy muy malo para los concursos porque no escribo: vivo la escritura”, añade entre risas.

Sin embargo, Yáñez conocía el Premio Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas e incluso amigos y conocidos habían concursado en ediciones anteriores. Para la cuarta edición nada había cambiado: Jaime no tenía intenciones de escribir un poema, no es su hobbie. Mas un momento de inspiración bastó para que unos cuantos versos quedaran plasmados en papel justo un día antes de que cerraran las postulaciones. “Era como satisfactorio, lo leí y me gustó”.

Con el seudónimo de Ezequiel Bonet -tomado como un gesto de amistad porque es el nombre de un amigo-, Yáñez publicó “Una mancha”, texto que conquistó al jurado y le valió al profesor el segundo lugar del certamen. “Me pareció satisfactorio (el reconocimiento). Incluso si no ganaba lo habría sentido así, porque encontraba en el jurado personas afines a mí. Qué bueno que gente más inteligente que yo reconozca que mi poema es bueno”.

En 2016, la necesidad de fomentar espacios para la creación de poesía hizo que las organizaciones Autores Venezolanos y Team Poetero consolidaran el Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas. El certamen sirve como plataforma artística para apoyar el talento emergente del país

El jurado calificó el texto de Bonet como “un contenido y sustancioso poema reflexivo en el cual se cruzan las imágenes sensoriales con elementos conceptuales provenientes de la filosofía, para producir un potente cuerpo verbal cuya limpieza en el despliegue de la página resulta tan relevante como su desarrollo”. Palabras que no solo estremecen al autor sino que lo hizo sentir expuesto. Pero su oficio -alega- le ha hecho “quitarse lo gafo, la vergüenza” y reconoce también que el texto entregado es un buen poema. “Me alegra que lo reconocieran y tener lectores lindos y que agradezco”.

Aunque su nombre está plasmado en el poemario que imprime el concurso, Yáñez aún no está seguro de verse en un futuro escribiendo más seguido para publicar una antología. “Justo con este concurso pasaba que Jacqueline Goldberg (coordinadora editorial del concurso) mandaba un correo para reunirnos y pidiendo más poemas. Yo pensaba: ‘¿Cómo te explico que no tengo otros poemas, además de los que ya has leído?’. Porque no escribo, y escribo mucho y muy poco, y escribo sin pensar muy bien qué estoy escribiendo”.

No obstante, como otros autores ya han mencionado, Jaime reconoce que la poesía es un género que ayuda a entender “cualquier asunto como en un plano de conexión entre un plano muy intelectual y un plano muy afectivo”. Por ello, sigue pensando en el poema y lo siente como “una cierta intención de crear una temporalidad afectiva”.

“Lo más difícil fue encontrar esa voz propia”

En junio de 2017, un avión salió del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía con destino a Madrid. En su interior, Manuel Gerardi (Caraca, Venezuela, 1992), tesista de la facultad de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela (UCV), se despedía de su tierra. No eran sencillos los sentimientos que albergaba: salía con el ‘corazón partido’ por todo lo que en aquellos días ocurría en Venezuela.

Previamente, en sus años de estudiante universitario, Manuel se topó con un grupo de amigos con quienes descubrió que el interés por la poesía no era cualquier cosa. “Ese interés nace al ser interpelado por un grupo de muchachos con los que compartía no solo sobre las inquietudes y desengaños propios de nuestra carrera, sino también de una profunda vocación literaria. Quizá tanto más temeraria cuanto más torpe era, pero muy honesta”, explica. En su adolescencia había concentrado su interés en la escritura, en la lectura de ensayos y narrativas, pero nunca con la poesía.

“De pronto se instaló la poesía como tema de conversación. Ella te obliga a la madurez, a la honestidad, a estar libre de prejuicios; nos abrió una discusión”, Confiesa que leer poesía y hablar de ella, descubrir autores locales o extranjeros y sus riquezas pasó a ser “una liturgia, un ritual”.

Poco a poco, Gerardi comenzó a desarrollar “una vida más propicia para dar cuenta y nombre a un guayabo” con la poesía. Asistió a talleres y tertulias con veteranos del oficio como Rafael Castillo Zapata o Graciela Yáñez, pequeños pasos que le fueron brindando las herramientas académicas de las que carecía y dieron forma a sus lecturas y a sus escritos. Un proceso necesario para encontrar su propia voz. “Fui pasando de una poesía hermética, fría e influenciada por mis lecturas, a un tipo de poesía más conversacional, un poco más abierta, dispuesta, menos aliterada. Fue un tránsito del que se dieron cuenta los demás, yo no me percaté hasta que empecé a recibir ese feedback. Fue un proceso subterráneo, subconsciente, analfabeto”.

Así las letras fueron fluyendo con personalidad fuerte y con un hilo conductor nostálgico, pues sabe que “las vivencias y nuestras relaciones permean frente a ese proceso un poco catártico de la escritura”. Y lo vivido en 2017 sentenció muchos de sus versos. “Creo que hay un profundo sentimiento de ese arraigo, de una nostalgia anticipada que está ahí en todos mis textos. Ha sido como dejarse llevar por eso y plasmarlo de una manera honesta. Creo que ha sido eso”.

Lenny Pinto era solo una niña, y como buena infanta escribía sin pensar que lo que plasmaba en las páginas tuviera sentido, importancia, poder. Un buen día se topó con dos textos de Andrés Eloy Blanco. Fue entonces cuando la poesía llegó a su vida

Antes de postular su trabajo a la cuarta edición del Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas 2019, Manuel concursó en la primera edición, la única vez en que lo hizo estando aún en Venezuela. Su poema se ubicó entre los finalistas, pero no llegó al podio. Asimismo, participó en un certamen colombiano con la editorial Rostros. Ahí su poemario quedó en tercer lugar y fue impreso. Pero el deseo de alcanzar en podio en casa era fuerte, entonces se postuló nuevamente para el Rafael Cadenas. “Fue una terquedad mía querer llegar al podio, tenía esa necesidad de llegar un poco más allá, ese sentido de competencia. Después de darle forma a la afición, me vi involucrado en grupos literarios, en la creación de plaquettes, de antologías poéticas, desde ahí, como buscando la manera de conseguir una plataforma que le diera alcance a mi poesía y a la de todos estos chicos que escribían conmigo. Creo que participar en los concursos, más allá de la gratificación y los reconocimientos que vienen, y por supuesto el quórum que trae, es más un esfuerzo por ocupar las plataformas constantemente y por estar cerca de la poesía”.

Manuel escribió un poema que señalaba un conjunto de afecciones que sentía desde que partió de Venezuela. “Por momentos pensé que no sería una buena idea enviarlo, no quería que pareciera que me apegaba al tópico de buscar conmover con algo que es profundamente doloroso. Pero acabé por enviarlo casi por un sentimiento de encarnar y pensar en la poesía como un vehículo que tiene un alcance más indetenible, más fiel y mucho más poderoso a la hora de transmitir estas alertas”.

Arístides Weimar, seudónimo que tomó por su sonido aristocrático, irónico y grandilocuente, envió el texto Ékleipsis, un escrito “atravesado por un montón de cosas y un montón de afecciones muy tristes y densas” que el jurado evaluó como “un profundo acercamiento a la experiencia dolorosa de la historia reciente del país desde una mira el da a la vez desencantada y comprometida, con un lenguaje limpio y eficaz, sujeto a una dramática metaforización de la luz”. Weimar logró lo que su espíritu competitivo le pedía: logró el tercer lugar, alcanzó el podio.

El reconocimiento es un honor, y se siente aliviado con tan sentidas palabras dedicadas a sus letras. Para el novel lo más importante era que los lectores entendieran la “revisión de estos hechos dramáticos y tan tristes de nuestra historia reciente” desde una manera honesta y desengañada, “pero al mismo tiempo profundamente involucrada”. Y, asimismo, aplaude al resto de los finalistas, pues entiende que los participantes de esta edición fueron muchos y de muchísima calidad, lo que evidencia que la competencia estuvo muy reñida. “Al final uno está sujeto a un criterio, pero ese criterio no da cuenta de la elección del poema”.

Gerardi cerró el 2019 con la publicación de la antología del concurso, un logro importante, pues lo motiva a continuar con la escritura y a seguir conquistando espacios de poesía, pese a ya tener dos poemarios publicados y un tercero en proceso. En 2020, tras dos años y medio desarrollando su tesis en España, Manuel Gerardi defendió su trabajo de grado y obtuvo la licenciatura en Filosofía.