Guía práctica para celebrar su cumpleaños en pelazón

Cuando el dinero escasea como el café, es muy difícil llamar a los amigos para prender la rumba. A continuación unos prácticos consejitos para reducir presupuesto y el ánimo. Y será hasta el próximo cumpleaños, cuando el futuro no se pinte tan negro

Guía práctica para celebrar su cumpleaños en pelazón

En estos tiempos de inflación, cumplir años es una desgracia. No es por usted, a fin de cuentas todo cumpleaños es una fecha feliz. El problema son los demás, sus amigos, que lo intentarán convencer de que haga una fiesta para celebrarlo. Ahora bien, como están los precios de los licores y la comida, lanzar la casa por la ventana implica tener que vender la casa al día siguiente. Por ello, en caso de que sucumba a las presiones sociales de festejar su cumpleaños sin tener el presupuesto. Aquí algunas sugerencias para adaptarse a la crisis.

El primero consejo es que no celebre su cumpleaños. Olvídese del tango, usted no tiene real. Para ello debe borrar cualquier información en Facebook que pueda darles a los demás alguna indicación de que usted anda soplando velas ese día. Es un hecho notorio que el borrar su fecha de cumpleaños en Facebook garantiza que un 89.9% de sus allegados no va a recordar su onomástico. Cosa que debería preocuparle como para considerar conseguirse nuevos amigos, pero usted quiere minimizar costos y contratar a un psicólogo para hablar sobre la falta de empatía de sus amistades no está en el presupuesto.

También debe evitar a los arroceros telefónicos. Estos son personajes que no llaman en todo el año pero que el día de su cumpleaños son los primeros chicharrones que envían un mensajito por WhatsApp con cien emoticones y la temida pregunta: “¿Qué vas a hacer?” Si le toca uno de esos, hágase el loco. A ellos no les interesa su cumpleaños sino la posibilidad de ser invitados a un sarao y por lo general son los que toman más caña. Evítelos desde el principio. Dé las gracias tan pronto como pueda y meta el paro de que usted anda de viaje. Nada le puede molestar más a un “busca rumba” que el cumpleañero le conteste que no va a hacer nada esa noche.

Si no puede salirse de celebrar su cumpleaños y se ve obligado a decir: “Pásate esta noche que voy a picar una tortica”, emplee tácticas de superviviente en la organización para aminorar costos. Por ejemplo, miéntase a sí mismo y diga que cumple menos. Hay gente que se quita la edad para verse más joven pero con la crisis usted debe quitarse la edad para evitar comprar tantas velas para poner la torta.

Cuando vaya al mercado a comprar las cosas para su fiesta de crisis piense en sus invitados. Si van sus amigas de la oficina con sus niños, compre solo refrescos de dieta. Los niños no toman eso y como se van a desesperar, sus madres se los llevarán temprano. Si van sus amigas de la oficina sin hijos, solo compre refrescos normales. Eso las espantará a ellas.

Olvídese de la decoración. Si no quiere que la gente piense mal de usted, meta la coba que mandó a pedir el cotillón afuera y el envío se quedó varado en la aduana. Si ve que hay una amiga toda esnob que no le cree, dígale: “Mi vida, si la decoración en todos mis cumpleaños siempre eres tú”. Eso la callará. Pero ojo, también podrá creer que usted le anda cayendo lo cual podría traer consecuencias.

Es de muy buena educación que sus invitados le pregunten antes de llegar a la fiesta si desean que contribuyan con algo. Lo normal es que uno diga que no necesita nada. Pero en estos tiempos de crisis, aproveche el protagonismo de su cumpleaños y hágales una lista del supermercado. Café, azúcar, leche en polvo, pasta de dientes, papel higiénico, ¡lo que sea! Sea descarado. Lo peor que puede pasar es que se ofendan y no vayan por considerarlo un abusador. Véale el lado positivo: uno menos que alimentar.

Si sus invitados se presentan en su casa con un regalo nefasto, véalo como una oportunidad para volverlo a regalar en otra oportunidad. Eso sí, de traerle dos paquetes de Harina P.A.N. usted está en lo obligación de casarse con esa persona. No importa si es hombre, mujer, o si ambos ya están casados. Amor en esta era de crisis son dos paquetes de Harina P.A.N.

También es importante que no compre hielo. Toda fiesta en Venezuela se acaba no por falta de caña, sino por falta de hielo. Mientras más rápido aprenda esta lección, más rápido culminará la parranda. Si tiene un compadre con complejo de alcalde que salió a comprar hielo, prenda la música lo más duro que pueda. Eso le garantiza que la vecina metiche del piso 3 llame a la policía.

Es cierto que una fiesta así suena dantesca, pero es la única manera de poder armar el jaleo en medio de la pelazón. La otra opción es que secretamente se organice una rumbita sorpresa para usted mismo, haciéndoles creer a los demás que lo organizó otra persona. Así cuando llegue y no haya nada, esa persona va a quedar fatal pero usted quedará como un cumpleañero al que hay que invitarlo a un restaurante para hacerle olvidar el intento fallido. Y esa es la mejor manera de cantar “Ay que noche tan preciosa”: que paguen los demás.