¡Ha muerto la televisión!

El 21 de noviembre es el Día Mundial de la Televisión, un medio que hoy debate su propio futuro vistas las tecnologías, las nuevas narrativas, los cambios en la distribución y la diversificación de sus contenidos. Los expertos y quienes la hacen, lo saben

«Hay algo absolutamente tranquilizador sobre la televisión: lo peor está por venir»
Jack Gould, periodista y ensayista estadounidense

 

Un dron imperceptible al ojo de quien contempla el espectáculo desciende para mostrar en una toma impactante el cautiverio de Drogon, Rhaegal y Viserion. Son los tres dragones de la reina y madre de las criaturas: la gigantemente y diminuta reina Daenerys. A lo largo de Game of Thrones, los seres fantásticos se convirtieron en personajes habituales de la archipremiada serie. Tan realistas y creíbles como sus colegas actores, fueron creados por animación computarizada. El nuevo híbrido donde cine y tecnología se encuentran para hacer del show televisado la mejor alternativa de entretenimiento.

Según cifras del Hollywood Reporter, la serie de David Benioff y DB Weiss para HBO, en su sexta temporada, con su transmisión en directo y la suma de retransmisiones vía plataformas streaming, convocó a 25,1 millones de almas solo en los Estados Unidos. Por si fuera poco, los siete capítulos del séptimo ciclo de la historia fantástica sedujeron a al menos 70 millones de personas solo en ese país, sin contar las visualizaciones vía descargas ilegales ni los mercados foráneos.

Y tan solo el capítulo final de todo el programa, emitido en 2019, se colmó de 19,3 millones de miradas en tiempo real en el país norteamericano, sin incluir otros países, streaming ilegales ni visualizaciones posteriores (estas últimas durante esa última temporada promediaron 44,2 millones más), fijando un récord histórico.

«La televisión por suscripción estableció nuevas reglas del disfrute: el suscriptor toma la decisión irrenunciable de ver el contenido que desee en el momento que le parezca»

En 1975, HBO propuso su contenido a la carta. Y abrió una compuerta donde el tesoro era el contenido. Hoy busca imponerse a la cabeza de la competencia feroz que se ha desatado en el mundo del entretenimiento en la ficción. Netflix al principio solo era distribuidora. Ahora produce series de culto después de haber cultivado una aldea global a la medida de 80 millones de suscriptores. Por su parte, Apple TV anda en lo mismo y Google y Amazon ya han dado el paso y entran con determinación al ruedo.

Además, Disney+ busca ser el rey de un mundo donde HBO Max tampoco se dejará amilanar. Sin contar las nuevas propuestas de países tan distantes como Australia, Suecia, Finlandia y Turquía con superproducciones. Atrás quedó la era en la que la televisión se constituía en ceremonia de encuentro en el horario conocido como prime time.

En medio de este cambio, los canales de televisión abierta —con mucho retraso y desconcierto— y los de cable procuran entrar a la batalla de los contenidos de ficción. La telenovela, por hablar del que fuera el producto de exportación latinoamericano durante dos décadas, el lomito de la parrilla de programación y la guinda de la torta publicitaria, se dice que llegó a su final —nada feliz.

¿Es cierto que ha muerto la televisión tal y como la conocimos? ¿Hacia dónde van los contenidos de ficción? ¿Qué pueden hacer los networks frente a la profusión de productoras, ligeras y dinámicas, que ofrecen series de corto aliento y alto impacto? ¿Y la telenovela?

«La televisión abierta quedará para eventos cuya inmediatez así lo amerite. Léase noticias, deportes y los aburridos reality shows. El contenido de ficción va por otro camino»

A continuación, a manera de reflexión, cinco profesionales de primera línea en las diversas áreas del quehacer televisivo asoman respuestas. Fueron consultados: Perla Farías, Luis Manzo, Leonardo Aranguibel e Indira Páez.

Perla Farías, escritora de la égida cabrujiana, tiene larga trayectoria en la televisión venezolana y foránea. Es autora de Mis tres hermanas y de la archifamosa Jane the virgin, ganadora de un Emmy, en su versión original para Radio Caracas Televisión (RCTV). Farías es vicepresidenta de Desarrollo de Contenidos de Telemundo (NBC).

Luis Manzo es director de televisión Telemundo y cineasta de amplia trayectoria. Leonardo Aranguibel es director de Producción en Disney Media Distribution y Walt Disney Company para América Latina, Estados Unidos hispano, Europa, Medio Oriente y África. También es Productor Ejecutivo de versiones locales y regionales de series como Desperate Housewives y Grey´s Anatomy, entre otras. Es autor y productor ejecutivo de la aclamada serie original Hasta que te conocí, la vida de Juan Gabriel, récord de audiencia en casi toda América.

Indira Páez es dramaturga —premio Emmy—, que hace parte del equipo de la Señora Acero, del escritor Roberto Stopello, que alcanza ya su tercera temporada con un éxito rotundo en el horario prime time en Telemundo.

 

Canal abierto versus pequeñas productoras

En las primeras décadas del siglo XX se desarrollaron los canales de empresarios privados y también los canales de televisión pública en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. “Eran grandes estructuras, empresas con miles de empleados y una programación sustentada por la publicidad. Ese modelo hoy no funciona. Pienso que la televisión necesita ir a formatos más flexibles. Si tienes una historia cuyo relato sugiere que debe ocurrir en Colombia o en Estados Unidos o en México, se busca a los productores afines al producto. Analizar qué necesita ese contenido en particular, dónde va a florecer mejor. Una estructura más liviana, permite encontrar el equipo idóneo para cada producto. Es un mercado donde existen más oportunidades porque se abren las puertas incluso a quienes no están dentro del propio medio. Hay factibilidad de desarrollar una historia, aunque ello no signifique la continuidad que te brinda la estructura de un canal”, delinea Perla Farías.

Para Luis Manzo, la televisión abierta se ha resistido al cambio, a modernizarse. Por consiguiente, se ha quedado rezagada. “Seguimos viendo los mismos programas que veíamos en cintas de video, más llamativos pero igual de vacuos. La televisión por suscripción estableció nuevas reglas del disfrute: el suscriptor toma la decisión irrenunciable de ver el contenido que desee en el momento que le parezca. Nuevas reglas, igual a nuevos hábitos. La televisión abierta quedará para eventos cuya inmediatez así lo amerite. Léase noticias, deportes y los aburridos reality shows. El contenido de ficción va por otro camino».

«Las historias tienen que ser más cortas. Al ser más cortas necesitas tener más productos y a la vez más tiempo para hacerlos. ¿El fin? Garantizar la calidad”

El contenido es el rey

“El cambio cualitativo es el tema de la auto programación. Los espectadores fuimos rehenes de los daykeeper y los programadores de las parrillas de programación”, comenta Leonardo Aranguibel. La batalla ganada por el betamax ofrecía una victoria para el espectador: que podía grabar cuando veía sus programas. Pero, como todo, esa pequeña victoria era el preludio de algo más grande.

El de Disney amplía al decir que “la tecnología se superó a sí misma, el contenido empezó a diversificarse. El gran crecimiento de la oferta de contenido de la última década se debe a la posibilidad del espectador de ser el dueño de lo que ve. El resultado es enorme: en lugar de 20 series al año, hay 400, solo anglosajonas. En resumen, la explosión del mundo creativo audiovisual comienza a partir de los 80″.

Y, más allá, ubica contextos temporales: «El salto cualitativo se da en 2005 y el gigantesco entre 2014 y 2016. El motor que mueve esa competencia es superar el contenido que tiene el otro. Antes, una cámara de televisión era extremadamente cara, los países usaban equipos muy anticuados —excepto Inglaterra y Estados Unidos. Los equipos de América Latina eran el desecho. Ahora, el creador, donde quiera que esté, tiene acceso a un dron o a una cámara digital”, hace un repaso del ayer y hoy muy necesario para entender el vértigo que genera el gran menú ofrecido en los canales de suscripción por web.

«No basta con cambiar las etiquetas, el cambio debe venir desde la concepción de los contenidos, pasando por la racionalización de los presupuestos hasta llegar al modelo de producción»

Adiós a la telenovela

El crecimiento de la televisión paga en América Latina se debe un poco a la saturación de la telenovela. En los años 50 y 60, la región hacía seriados semanales. La telenovela comenzó a adueñarse de la programación hasta apoderarse de todos los espacios de una de la tarde a nueva de la noche. Era una hegemonía de contenido. Y toda hegemonía conspira contra sí misma. Llega un momento que la gente se harta.

Cambiar de un formato a otro lleva su tiempo. Significa metamorfosis en el modelo de producción. ¿Las famosas 120 horas de seducción ahora son ritual de temporadas? “Pareciera que vamos hacia la desaparición de la estructura de las 120 horas. A menos horas necesitas estructuras más flexibles. Las historias tienen que ser más cortas. Al ser más cortas necesitas tener más productos y a la vez más tiempo para hacerlos. ¿El fin? Garantizar la calidad”, elucida Perla Farías.

—¿El realismo ha devorado la necesidad del espectador de proyectarse en la ficción?

—No me parece mal. Son ciclos. El entretenimiento busca indagar hasta dónde somos capaces de llegar en lo bueno y en lo malo. La empatía con lo que te rodea. No con un mundo que no existe, que no veo en mi telefonito —vuelve Farías un poco académica.

—Hay una gran distancia entre el referente y la concepción del espectáculo

—La razón de ser de las historias dejó de ser el amor como final feliz. Ahora es: “me caso y ahí empiezan los problemas”. La telenovela la consumía esencialmente el público femenino. Nuestra razón de ser como mujeres es mucho más compleja. Y si además quieres atraer a los jóvenes, entonces lo es mucho más, porque los millenials viven en un mundo mucho más rudo que el de nuestra generación. Ellos consumen bites sin filtro.

—¿Interesan las historias de amor?

—El género está más vigente que nunca.Sólo se reinventan los escenarios, los continentes. Señora Acero es una gran historia de amor, enmarcada en un mundo de narcos, coyotes y guerras fronterizas entre México y los Estados Unidos. Los protagonistas cambian, eso sí. La chica inocente de los setenta es ahora una mujer que va en moto, dispara una UZI, salta muros y no tiene ningún asunto pendiente con la virginidad. Pero el amor entre un hombre y una mujer, que tiene que superar mil obstáculos para consumarse, sigue siendo el hueso para roer. Por más balas que haya —entra en la conversación Indira Páez.

¿Nuevos formatos, shorts stories en la televisión latina?

Al parecer se ha impuesto una nueva ley: mientras más atractivas sean las historias contadas en menos capítulos, menos fuerza tienen las historias de largo aliento. “No basta con cambiar las etiquetas, el cambio debe venir desde la concepción de los contenidos, pasando por la racionalización de los presupuestos hasta llegar al modelo de producción. Los cambios no pueden decretarse, estos se producen invariablemente cuando hay mentes que los intuyen y, en consecuencia, actúan. The Crown, Games of Thrones, House of Cards o The Walking Dead, ¿qué elementos dramatúrgicos han incorporado?”, se pregunta Luis Manzo.

Le responde inocentemente Páez. He visto The Crown, soy absolutamente fanática de Games of Thrones y disfruté mucho las primeras dos temporadas de House of Cards. Creo que tienen en común varias cosas: personajes femeninos muy fuertes; historias de amor apasionadas; personajes delineados que no son maniqueos, sino que se debaten entre el bien y el mal, anti héroes; y elementos clásicos como venganzas, crímenes, misterios, luchas de poder y profundas relaciones familiares. Todas estas características son mucho más importantes a la hora de conectar con las audiencias, de hacerlas seguidoras, que la extensión”, vuelve Páez.

«El amor entre un hombre y una mujer, que tiene que superar mil obstáculos para consumarse, sigue siendo el hueso para roer»

“Sí, es verdad. Mientras el sentimiento sea lo que nos rige, seremos humanos. Nos provoca un pensamiento y de ahí surge una acción. Hoy en día si no arrancas con un sofá donde ocurrió un asesinato, con un disparo, no tienes oportunidad de continuar. No hay tiempo para el regodeo en la descripción. Eso está muy bien para el siglo XIX y los primeros folletines. Nuestra vida tiene otro ritmo. La gente consume noticias a través de headlines, de una manera superficial. Inventar nuevas estrategias para halar al espectador. Enganchar al televidente a la historia para luego profundizar. El ritmo de la historia lo marca el ambiente. Tenemos miles de opciones. Hay 24 horas y vivimos con menos paciencia. Con tantas opciones, si no te agarra un tipo de contenido buscas otro. El sentimiento, del que hablaba Cabrujas, tiene que estar. Si no tienes un personaje que te toque la fibra emotiva, no te vas a quedar ahí”, termina Farías.