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Ilan Chester: “Estoy saciado y contento con todo lo que he hecho”

El músico se presentará el 15 de diciembre en la Concha Acústica de Bello Monte. Asegura que ya no busca más éxitos con la música. Ahora, comenzará a dar conferencias para compartir lo que ha aprendido de su maestro espiritual Bhaktivedanta Swami. Lamenta las acusaciones que hubo en su contra luego de la muerte de su esposa y manager Merci Mayorca.“Yo no entré en esa frecuencia”, dice

Ilan Chester:  “Estoy saciado y contento con todo lo que he hecho”

La familia planea en la sala. El sobrino fue el que dijo: “Ilan Chester se presentará en la Concha Acústica el 15 de diciembre”. La novia le dice que quiere ir. Él invita a la tía: “Tranquila, que es gratis”. Le dice para entusiasmarla más. La tía acepta, pero después pregunta cómo llegarán hasta allá. El sobrino lo tiene todo calculado. Estacionará cerca y desde ahí subirán. “Si toca caminar, no es muy lejos”, dice él.

Del otro lado del océano, en Europa, el músico atiende las llamadas de la prensa para hablar sobre lo que hará en la casi septuagenaria tarima. “Estoy regresando a mi casa a cantarle a mis amigos y mi familia. Haremos un recuento de las canciones que la gente quiere escuchar y que a mi me encanta cantar. Con las que crecimos todos y que representan la música de fondo de nuestra juventud”, afirma desde Viena antes de su viaje a Caracas.

Será apenas una presentación de varias que tiene previstas para lo que queda de año y el que viene. “Haremos muchas más. Estoy muy contento con la idea”, indica sobre el espectáculo que comenzará a las 5:00 pm.

En marzo de 2018 anunció en Instagram la muerte de su esposa y manager Merci Mayorca, quien sufría de cáncer. Ella fue muy querida especialmente por su popular paso por los programas infantiles Chamokrópolis y Supercrópolis. Sin embargo, las muestras de afecto hacia el cantante fueron trastocadas por la acusaciones de Andrea Bermúdez -bloguera y sobrina de la fallecida-, quien señaló al pianista de haber tenido una actitud reprochable durante la enfermedad de la animadora y productora.

«Ya mis ímpetus y mis jugos creativos están dirigidos a otro lado: a entender la vida. Profundizar en lo espiritual, para hacer mis retiros en la India»

Desde entonces se ha sabido poco de él, especialmente en redes. Ahora vuelve al país quien es autor de buena parte del cancionero pop venezolano desde finales de los ochenta, no sólo por su trabajo como solista, sino también por lo que ha hecho con agrupaciones como Azúcar, cacao y leche o Ananta. Además, y casi subrepticiamente, ha publicado discos disruptivos con lo que la gente suele asociar a su obra, como Symphony of the Soul o Bhakti.

 

-Si no me equivoco, la vez anterior que se presentó en Venezuela fue junto con el percusionista Vladimir Quintero en 2016.

-(Ríe) No recuerdo, pero te creo.

-El 14 de febrero, por el Día de los Enamorados.

-Muy bien. Aprecio mucho tu memoria.

-Habla de las canciones que a la gente le gusta escuchar y que usted disfruta cantar. ¿Hay temas que ya no le guste interpretar?

-La verdad es que no. De hecho, las canciones que menos han sonado son las que más me gustan. Lo que en aquella época el Lado B. En los discos de acetato, las más pegajosas estaban en el Lado A, pero las que eran más creativas, sensibles y profundas, las encontrabas en el otro.

-¿Ha llegado a interpretar en vivo temas de Symphony of the Soul?

-La verdad es que no. Es un trabajo demasiado complejo como para tomarlo a la ligera. No se trata de agarrar un piano o un sintetizador y empezar a tocar eso en vivo.

-Hace tres meses estrenó “Lo feo”, versión en la que también participó María Rivas.

-Correcto. Esa canción me cautivó desde el primer momento. Se la escuché a un dúo cubano llamado Gema y Pavel. Nos hicimos amigos. Tuve la oportunidad de ir a Cuba junto con otros venezolanos a grabar en un estudio de uno de los cantantes cubanos… No recuerdo quién era, creo que Pablo Milanés. Ahí los conocí y me enamoré de esa canción. Decidí hacer una versión. Invité a María y así se dio.

-¿Estrenará un nuevo disco?

-No. Sencillamente fue lo que me provocó. En diciembre sacaré otro tema. Es sencillo, me gusta algo y lo quiero compartir. El proyecto de hacer un disco… La industria ha cambiado mucho y hay que adaptarse.

-¿Entonces solo lanzará sencillos?

-Sí, aunque ni eso. No trato de pegar una canción, ni de tener millones de seguidores o hacer videos para que se ganen los premios. No es mi estilo.

«Tengo años estudiando la antigua cultura del yoga que se remonta a los anales de la historia en India. He dado conferencias y clases, en un círculo reducido»

-En un video en el que invita a su concierto en Valencia llamó a su obra como la banda sonora de nuestra juventud. ¿Hablamos de conciertos de la nostalgia?

-Inevitablemente sucede aunque no quiera, aunque la nostalgia también puede ser hermosa. Tú vas a un show de Paul McCartney o de Fernández, ¿cómo se llama el cantante mexicano?

-¿Alejandro?

-No, ese es el hijo.

-Vicente…

-Exacto, Vicente Fernández. Él podrá cantar alguna canción nueva, pero en realidad él es historia. Repasa los años para que se justifique esa historia.

-Bueno, es cierto que el público cuando va a un concierto de artistas de amplia trayectoria no reacciona de la misma forma con las canciones nuevas .

-Sí. He visto a colegas míos que han seguido componiendo canciones y la gente les dice que quieren escuchar esas canciones de antes.

-Leí que emprenderá una faceta ahora como conferencista. ¿Ya comenzó?

-Llevo años en esto. Tengo años estudiando la antigua cultura del yoga que se remonta a los anales de la historia en India. He dado conferencias y clases, en un círculo reducido, quizá íntimo. Pero me he determinado a abrir esto, sobre todo a Venezuela. Si bien el continente es grande y daré vueltas por todos lados, Venezuela es muy querida e importante. Sería injusto no compartir todo lo que he podido heredar de mi maestro espiritual y de la cultura de la India.

-¿Quién es su maestro espiritual?

-Mi maestro espiritual se llama Bhaktivedanta Swami. Él murió en 1977. Lo conocí en 1971. Dos años después me inicié con él. Se desarrolló una relación muy hermosa. Su historia es ejemplar, maravillosa. A la edad de 69 años salió de Calcuta en un buque carguero. A los 70 comenzó un movimiento en Estados Unidos, en plena guerra de Vietnam y durante los cambios sociales que allá se gestaban. En 13 años logró dar la vuelta al mundo unas 15 veces. Imprimió más de 50 libros que tradujo del sánscrito y del bengalí al inglés. Prácticamente dormía una o dos horas en la noche. Inició a 5.000 discípulos. Inauguró 108 centros de estudios. Un trabajo monumental. Una persona extraordinaria de verdad. Hay mucho que aprender de la vida a partir de semejante personalidad.

-Habla especialmente de Venezuela. ¿Cuál sería el mensaje como conferencista que dará acá a diferencia del que puede dar en otros países?

-El mensaje es el mismo. Digo que me concentraría más en Venezuela por un asunto de afecto y de una relación establecida con un público que me ha seguido durante 35 años. Tengo la credibilidad como para sentarme a hablar con ellos, y que ellos me escuchen.

«No trato de pegar una canción, ni de tener millones de seguidores o hacer videos para que se ganen los premios. No es mi estilo»

-¿Cómo define a Dios en estos momentos?

-(Ríe) ¿Cómo lo defino en estos momentos? La verdad es que no tengo la capacidad para definirlo hoy y después tener otra definición mañana. Dios es quien es y se hace presente en diferentes culturas dependiendo de la capacidad de la audiencia. No puedes hablar de matemática pura en primaria o secundaria. Sigue siendo matemática, pero hay una diferencia en el nivel de información. La cultura de la India ancestral está conformada por valores universales que aparecieron en una geografía particular. El entendimiento de la vida espiritual, de nuestra identidad como criaturas espirituales y eternas, se explica de una manera muy inteligente. El papel de la suprema persona, la fuente de todo lo que existe, está ahí perfectamente definido. Dios es la fuente de todo lo que existe. Uno tiene el derecho y el deber de entenderlo. A fin de cuentas, somos parte de él. Pero vivimos en una amnesia total y creemos que Dios está limitado a nuestras opiniones acerca de él. Es cuestión de que uno se religue. De ahí viene la palabra religión. En algún momento de la historia de nuestras vidas uno se desligó. No fue hace 20, 30 ó 40 años. Solamente el cuerpo en el que nacimos dura eso, pero nosotros no morimos. Tenemos una relación eterna con él. Toda esta sabiduría se hace coherente para el que estudia cuidadosamente el tema. Si tan solo se ve como una creencia, no se le dará importancia. Pero una persona que cuestionan la muerte, el alma, la creación, y se abre a la posibilidad, encontrará un tesoro.

-Sé que tiene una grabadora en la que registra lo que ocurre cuando se sienta frente al piano. ¿Qué hay sin publicar?

-No estoy muy activo en la composición. Para resumir, estoy saciado y contento con todo lo que he hecho. He generado mucha música, he dado muchos shows. Ya mis ímpetus y mis jugos creativos están dirigidos a otro lado: a entender la vida. Profundizar en lo espiritual, para hacer mis retiros en la India. A eso me dedico. Por supuesto, tengo el enorme gusto de sentarme frente a un piano y cantar mis canciones. Pero no estoy con el objetivo de generar más material. Ir a la radio, y otras cosas. Es una etapa superada, es para gente más joven.

-Pero podría usar la música para llevar ese mensaje…

-Ya lo hice con Symphony of the Soul y Bhakti. Pero me gustaría mucho en este momento sentarme con 20, 50, 100 ó 1.000 personas, las que sean, para hablar sobre la vida, sobre nuestra relación con la eternidad. Caminamos sobre un planeta y no sabemos de dónde salió, ni de dónde venimos nosotros. Y acá estamos nosotros, comiendo, durmiendo, apareándonos, defendiéndonos de la naturaleza. Forzados a comer, a dormir, a ir al baño, a envejecer. Tenemos que irnos de acá. ¿Puede alguien decirnos cuáles son las reglas del juego? ¿No hay nada después? ¿Y antes qué había? ¿Nada? Sencillamente no tiene sentido. ¿Qué es lo que tiene sentido? Bueno, eso requiere atención, estudio y discusión para después cambiar la norma de la vida de uno.

-En Venezuela la palabra muerte resuena de una forma bastante delicada o trágica, quizá diferente a otros lugares. ¿Cómo se habla de un tema como la renunciación o esperar la muerte en un estado de conciencia superior?

-El carro tiene una duración de vida. Después de eso, tiene que ir a La Yaguara. Pero el chofer es diferente. Claro, uno se identifica con el carro y cuando te chocan, dices que te dieron. No, no te dieron a ti. Tú manejas ese carro, pero no eres ese carro. Cuando te ves en el espejo y dices soy Ilan, músico, blanco, venezolano y de mediana edad, tiene que ver con tu cuerpo y tu mente, pero no contigo. Tú estás metido dentro de todo eso. No eres eso. Una vez que estableces esa clara diferencia entre dos identidades que están juntas ahora, es cuando las grandes almas te dan la bienvenida a la raza humana. Hasta ese punto estabas condicionado a comer, dormir, tener relaciones sexuales, dormir, trabajar. Vas envejeciendo y te vas para el carrizo y no sabes nada. Viviste como un animal. Nacimos en una situación en la que nadie sabe y la mayoría es la que decide. Hemos aceptado una realidad ilusoria como si fuera nuestra. ¿Curioso, no?

«Las canciones que menos han sonado son las que más me gustan. Lo que llamaban en aquella época el Lado B»

-¿Sigue teniendo la casa en la India?

-Sí. Sigo teniendo mi casita allá. Mi hija fue con su esposo. Ella está en estado y dará a luz en febrero. Ella también está en la actividad musical. Tiene sus producciones.

Se refiere a Dhanya. Su música se puede encontrar en medios como Youtube.

-En Viena le practicaron un cateterismo. ¿Qué pasó?

-Estás bien informado. Empecé a sentir que estaba cansado. Me dormía tres o cuatro veces al día como 15 minutos. Se lo comenté a un amigo médico que está en Viena, una eminencia en cardiología y cirugía. Me preguntó a qué edad se habían ido mi papá. Le dije que a los 72 y que mi hermana mayor a los 70. Le dije que tengo 67 años de edad, y bueno, me recomendó que pasara por allá, por si acaso (ríe). Me encontraron la presión alta y un problema con el miocardio. La parte que relaja el corazón, no relaja bien. Pero es manejable, no tiene problema. Las arterias no están tapadas, nada de grasa ni calcio. Mi dieta siempre fue muy sana. Soy vegetariano desde que tengo 19 años de edad. No hay ningún cadáver en mis arterias.

-Recientemente hubo una noticia lamentable. Una joven falleció en una estampida que ocurrió en el Parque del Este entre el público que pretendía ir a un concierto con entrada gratuita. No sé si se enteró.

-Sí, claro, estoy enterado.

-Se ha hablado de la responsabilidad que puede tener el artista, así como de la producción y de las autoridades competentes. ¿Qué opina?

-Todo comienza con el estado de conciencia del artista. El artista atraerá a un tipo de público si proyecta valores superiores, sensibles, humanos, solidarios, de buena nota. Si irradia frustración, odio, resentimiento, confusión o temor, entonces habrá personas sintonizarán esa frecuencia. Entonces imagina cuando los restringes o le niegas la libertad. No van a reaccionar de una manera muy racional. Actuarán como animalitos.

-Hay quienes advierten sobre la sensación de encierro de la juventud en estos momentos, una experiencia que quizá no vivieron generaciones anteriores, que disfrutaron de la ciudad con mayor libertad y seguridad. ¿Qué se puede hacer desde arte para contrarrestar ese sentimiento?

-Nosotros podemos asegurar 100% a las personas que irán a la Concha Acústica que habrá seguridad, transporte, orden y una actitud civil, coherente. Claro, es un público más adulto, más consciente. Y bueno, si se hace una cosa masiva para la gente joven, hay que tomar en cuenta todos los elementos. Si no es así, se presta al desastre.

-Pero también me refiero al sentimiento de encierro, de no encontrar ese desahogo a través del arte, o disfrutar de él, como ocurría por ejemplo en los años ochenta o noventa.

-No cabe la menor duda de que hay una enfermedad social. Hay una depresión colectiva, un trauma. El manejo social ha sido muy duro. Los adultos han perdido un tanto el norte. Hay mucho resentimiento, diatribas, peleas. Las nuevas generaciones no tienen otra referencia porque crecieron en ese ámbito. No están tranquilos ni felices. Es imposible que actúen de otra manera. Necesitamos gente responsable manejando la casa.

«El cáncer es una enfermedad que desquicia a la familia, sobre todo cuando se trata de una persona como Merci»

-En Spotify se lee que la canción suya con más reproducciones es «Palabras del alma» con 1.665.401 reproducciones al momento de hacer esta entrevista, pero cuando uno da play, se escucha «Para mí no más»

-¡No me digas! (Risas). No sabía. Lo voy a ver. No sé, no estoy pendiente de eso.

-¿No ha estado entonces pendiente de esa migración de su obra a plataformas como Spotify?

-No soy cuidadoso con eso. Claro, debería serlo. Pero no estoy muy inspirado para estar al tanto de lo que pasa con esta o aquella canción. Me enteré de que Marc Anthony, en la última gira, canta “Palabras del alma”, que es una canción que él pegó también. Pero yo me entero después. Estoy en otra.

-Hay muchos músicos que no monetizan esas obras que están en esos nuevos medios

-De verdad, les deseo lo mejor, pero no tengo el menor interés.

-De la serie Tesoros de la música venezolana, ¿cuál fue el género más exigente por su complejidad?

-La verdad es que no… (pausa). Bueno, quizá el ritmo 5/8, que no es fácil. No crecí con esa referencia. Grababa la voz, pero contaba con las manos para no perderme.

 

-Ha hablado de la importancia de la conexión entre las canciones, el alma y Dios. De ese repaso por el cancionero popular venezolano, ¿encontró esa conexión en algún tema?

-Puedes divinizar todas las canciones. En el fondo, aunque exista una canción inspirada en una mujer o en un hombre, así como en la relación entre un hombre y una mujer, el alma añora esa relación con el supremo. En mi repertorio lo ves cuando digo “Dónde estás que no te veo” o “Yo dependo de ti, de ti nada más”. Puedes interpretarlo como una relación mundana o como una relación divina. El repertorio venezolano se prestó precisamente para eso. Hay una canción que está en el disco de Lara, ¿cómo es que se llama? Dame un segundo, lo debo tener acá en el teléfono…

-Tengo a la mano el nombre de las canciones: “Vi a Rosita”, “Noches larenses”, “Penumbra”, “Hendrina”.

-“Penumbra”. No, no es esa..

-“La negra”, “Llorando a solas”, “San Trifón”, “Pablera”, “La veragacha”, “Barquisimeto” y “Ramoncito en cimarrona”.

-Entonces es “Penumbra”. (Canta la primera línea de la canción). Es curioso lo que pasó. Originalmente habíamos tomado un tono. Yo estaba en Miami. Cuando me llegó la canción desde Venezuela para que la cantara, me di cuenta de que estaba en una quinta más alta. La canté así y entregué el alma. Nunca había cantado de una manera tan sentida como esa. Fue tan importante que es la única que tengo en el teléfono. Al final, lo que pasó fue que hubo un problema digital y se alteró la afinación. Cuando envié la canción cantada, mi coproductor, Gustavo Carucí, me preguntó qué pasó. Le dije que así me había llegado. Tremendo disco el de Lara. Uno de mis favoritos de toda mi carrera.

-Pertenece a una generación de músicos que se popularizó en los ochenta. Algunos de estos artistas siguen activos y son referencia. ¿Sigue la amistad con algunos?

-Cada quien tiene su círculo de trabajo, cada quien por su lado, con sus amistades, etcétera. La verdad es que no. Somos todos vecinos y a veces nos encontramos, pero tampoco es que jugamos carta o dominó.

-¿Sigue viviendo en Florida?

-Sí

-¿Sabe que en Youtube se pueden conseguir discos de Ananta como Songs from the Future y Night and Daydream?

-Correcto. Hay gente que los ha descubierto y me han soplado. De hecho, en una actuación en el Teatro Teresa Carreño, cuando estaba terminando, se juntaron algunas personas frente al escenario para saludar. Alguien me mostró un CD. Cuando lo vi, era Songs from the Future, que significa Canciones del futuro. Nunca salió en ese formato. Fue una sorpresa bastante agradable.

-No ha sido muy activo recientemente en redes sociales, especialmente en Instagram y Twitter.

-Sí, totalmente ausente.

-¿Por qué?

-Porque no me atrae. No soy persona de, tú sabes… Hoy en día el que quiere triunfar debe tener presencia activa en los medios, pero yo triunfé (ríe). Es decir, prefiero hacer esto que hago contigo. Tú vas y lo divulgas. El que escuchó, escuchó. En vez de tener que inventar cosas, con tal de tener esa presencia, que me parece fastidioso.

-Es un tema espinoso, pero sobre el que hay preguntas todavía. El año pasado a través de Twitter hubo acusaciones en su contra por parte de Andrea Bermúdez, poco después de la muerte de su esposa Merci Mayorca.

-Ese es un tema muy difícil de manejar. Me genera mucho dolor. Las circunstancias fueron muy difíciles. (Suspira). El cáncer es una enfermedad que desquicia a la familia, sobre todo cuando se trata de una persona como Merci, que era la más joven, que era como la niña, los ojos de la familia, así como la niña de mis ojos. De manera que se generó una situación en la que se descontrolaron las inteligencias, las mentes, las lenguas y las plumas. (Ríe). Yo no entré en esa frecuencia. Les deseo bien, los quiero mucho y bendiciones en sus vidas. Esa es mi respuesta.

-¿Y no se ha vuelto a comunicar con los familiares de Merci?

-Hasta aquí llego con mis respuestas con relación a ese tema.

-Hace tres años me comentó que quería formar una banda con 40 músicos.

-No sé si dije 40. ¿Te dije 40?

-Sí.

-Mi papá siempre me recordaba: Te he dicho dos millones de veces que no exageres. El asunto es que tengo la idea…. ¡Ah ya sé! Era para Symphony of the Soul. Eso requiere mucho dinero y esfuerzo. Creo que yo no lo haré. Tal vez lo hagan mis hijos cuando yo no esté.

-¿Hubo intenciones de un reencuentro de Azúcar, Cacao y Leche o de Ananta?

-La verdad es que no.

-¿Está consciente de la importancia para algunos de estas agrupaciones, especialmente de Azúcar, Cacao y Leche?

-Sí, estoy consciente. No me parece mala idea. Me encantaría reencontrarme con Nerio o con Gabriel y montar tal vez a Romer, el más joven de los Quintero. Vamos a ver. Te mantengo informado.

-¿Sigue también con El Musiú?

-Cuando me lo piden. ¿Lo viste?

-No.

-Mi querido amigo, gracias por la conexión. Te mando bendiciones y un abrazo, fraternal, amistoso y de cariño. Si puedes ser vegetariano, mejor todavía. Y a todos los que están leyendo, dile que les mando un abrazo y que los espero en cualquier teatro de Venezuela.

-Por las fechas de 2020, ¿no?

-Así será.