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Janeth Márquez: "Creo que mi resiliencia provino de la misma pobreza"

Resisten toda adversidad. Desconfían de los malos augurios y son sordos ante cualquier vaticinio catastrófico. Ellos viven dentro del caos pero el enfoque que han logrado labrar en su propio camino de servicio los protege ante la centrífuga asesina. Janeth Márquez es socióloga y directora nacional de Cáritas de Venezuela, donde desarrolla su misión de acompañamiento y enseñanza que la anima a continuar en Venezuela. Ella es una de los Orfebres de la esperanza

Soy directora de Cáritas Venezuela. La historia de mi vida me ha hecho una mujer resiliente. En la Venezuela de los años 80 nuestros padres vinieron del campo y con muchos hijos. Soy de una familia muy grande, de 15 hermanos, proveniente del Táchira, que llegó al cerro de la Cota 905 después de caer la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Fuimos fundadores del barrio Las Brisas del Paraíso y éramos muy pobres. Vivíamos en casas de techos de zinc o de asbesto y nos bañábamos con pipotes de agua.

En ese momento yo estudiaba en el Colegio San José de Tarbes de los pobres. Se llamaba así y quedaba por la parte de atrás del famoso colegio de la avenida Páez de El Paraíso. Mi familia no era de ir a la iglesia pero yo me fui metiendo en las actividades porque para hacer la primera comunión nos pedían que fuéramos a misa los domingos. Así fue como empecé a ir a la coral y terminé en las comunidades eclesiales de base, que marcaron mi vida totalmente.

Ese grupo con el que me crié era como mi segunda familia y allí nos formaron en valores y en el conocimiento de la Biblia. Era la época de la Teología de la Liberación.

Cáritas Venezuela

Creo que mi resiliencia provino de la misma pobreza. La Iglesia nos dijo que teníamos que formarnos porque en esa época quien estudiaba tenía posibilidades de salir del barrio. Todo mi grupo juvenil estudió y hoy son economistas, sociólogos, psicólogos, entre otras profesiones. Ese anhelo de estudiar no los dio la comunidad eclesial de base para ayudar a los otros y así incidir en la estructura y transformar la sociedad.

Nos reuníamos a estudiar la Biblia pero también a pensar alternativas para mejorar nuestro entorno, y ellos nos ayudaban a afrontar nuestros problemas. Mi mamá, por ejemplo, tuvo un cáncer que la mantuvo en cama durante cuatro años, cuando yo tenía 12 años de edad, y la Iglesia nos acompañó. Cuando mi mamá muere, quedamos solos, y luego se murió mi papá. Todo eso me preparó para que ahora yo no me achicopale frente a lo que está sucediendo, y así lo entendimos en Cáritas de Venezuela. Sabemos  que nosotros somos protagonistas de esta historia.

Cáritas es una organización de la Iglesia católica que traza lineamientos y coordina el servicio social. Fue creada en 1956, tiene 63 años, y ha tenido sus altibajos pues ella tiene fuerza en los países con crisis.

«La verdad es que cuando ha habido represión hemos pensado si llegarán a meterse con nosotros, porque en realidad somos un beneficio para la comunidad y no tenemos interés político o lucrativo»

Yo estudié Educación, Sociología y Ciencias Políticas y Administrativas. Tengo 29 años trabajando en este servicio, y toda mi vida productiva se la he dado a la Iglesia en un área que es mi pasión. A mí me pidieron que asumiera la dirección de Cáritas exactamente con la vaguada de Vargas, en el año 1999. Entonces comencé mi vida gerencial con ese evento y cuando pensé que me iba a jubilar me tocó esta crisis.

Llevamos casi 30 años estudiando la manera de pasar del asistencialismo a la promoción humana y de allí a la liberación; porque siendo nosotros la Cáritas de un país rico, nos dedicábamos mucho más a la incidencia, a gestionar el riesgo, a fortalecer las capacidades dentro de las comunidades. Pero de repente nos agarró esta crisis y tenemos que buscar alimentos y salvar vidas. Esa es la esencia de la Ayuda Humanitaria: salvar vidas y aliviar el sufrimiento.

En Cáritas señalamos el inicio de la crisis a fines del año 2016, cuando dimos un alerta al Estado y a la sociedad civil sobre el tema de la desnutrición. En el año 2017 esto se intensificó y cambiamos nuestro enfoque, que estaba dedicado a la formación, para temas que quizás no eran de nuestro agrado, como el asistencialismo.

Vivimos un momento muy complicado para el país pero también para nosotros mismos como institución porque tenemos una misión tan grande como es acompañar a la gente. El asunto es cómo hacerlo cuando la vida peligra y hay tanto sufrimiento. Sin embargo, creo que aunque esto es complicadísimo también debo decir que estoy muy feliz de estar todavía aquí, porque lo que he aprendido durante todos estos años puedo dárselo a la Iglesia y así confiar en que su contribución será mucho más técnica y evangelizadora.

Nosotros  sabemos lo que es el asistencialismo pero no nos vamos a quedar allí. También sabemos de promoción humana y de liberación, así que haremos “el click” rápido para pasar a otros programas cuando la realidad así lo requiera.

Hace 29 años en Cáritas desarrollamos planes para atacar la desnutrición infantil, con unos números bajísimos. Teníamos 6%, y debemos decir que con la llegada del chavismo eliminamos esos programas en todo el país porque mejoró la situación nutricional de los niños. Entonces nos fuimos a desarrollar cursos de formación en Doctrina Social de la Iglesia.

Eso se ha revertido. Actualmente, en el área social, el tema más grave es el de la alimentación. De 12 alimentos la gente está comiendo solo cuatro y además sin proteínas. Esto es un grave problema que trae como consecuencia la desnutrición.

«Puede que la Ayuda Humanitaria se vaya y el dinero de las donaciones se termine algún día, pero el acompañar seguirá siendo gratis»

Cuando te pones a pensar que la solución podría ser elevar la producción nacional, comienzas a ver que los indicadores señalan que estamos al 60% de la producción. Advierten que no se compraron las semillas, que ya pasó la época de lluvias y no se sembró, y que las empresas solo han logrado producir el 20% de su capacidad.

Las cifras de desnutrición se miden con desnutrición aguda, utilizada para cuantificar la crisis en un país. Son los niños, entre cero y cinco años de edad, con alta posibilidad o riesgo de morir. En el año 2016 empezamos con 8%, luego seguimos a 10%, subimos al 12%, llegamos al 15% y la Organización Mundial de la Salud dice que cuando hay 10% se habla de crisis alimentaria y cuando hay 15% el término es “emergencia”. Cuando tienes 30% hay hambruna. Nosotros nunca hemos pasado de 16%, en los lugares donde Cáritas está trabajando.

El año 2017 fue tétrico para el tema de la desnutrición. Allí registramos el mayor índice. Llegamos a tener 16%. Pero en el 2018 mejoró muchísimo porque tuvimos procesos electorales y en medio de ellos hubo aumento de sueldos y bonos. Entonces ese año nos demostró que cuando llega plata a la casa, mejora la situación. Mejoró hasta que el porcentaje volvió a 10% nuevamente. Pero en 2019 la cifra se ha incrementado, pues no hubo tantos bonos como en años anteriores.

En Cáritas priorizamos la ayuda a niños entre cero y cinco años de edad porque es cuando el niño se está formando y si llega a la desnutrición crónica en ese momento ya no habrá nada que hacer para recuperarlo. Quedó hipotecado para toda su vida, como decimos nosotros.

Cáritas Venezuela

Como Iglesia católica estamos en toda Venezuela, pero como Cáritas, que es específicamente la pastoral social conformada por voluntarios, estamos en 20 de los 23 estados del país. Es así como de las 38 circunscripciones eclesiásticas, o diócesis, hay 34 sedes de Cáritas; las cuales albergan 412 Cáritas parroquiales con alrededor de 20 mil voluntarios.

La ONU dijo que en el país hay más o menos 110 mil niños, de cero a cinco años, con desnutrición aguda. En Cáritas creemos que se tratan de 200 mil niños con necesidades de protección. Aún y con el trabajo diario ininterrumpido que comenzamos en cuatro centros de ayuda y que ya alcanza los cien; hemos llegado a 28 mil niños.

De 28 mil a 110 mil hay una distancia muy grande pero eso solo se podría atender a través de políticas públicas que corresponden al Estado. Nosotros estamos salvando algunas vidas pero el mayor trabajo que hacemos ha sido visibilizar lo que ha estado pasando. Si nosotros no hubiéramos empezado, ni siquiera se hablara del tema. Nosotros pusimos el tema en el tapete.

Este tema ha llegado a la OEA, a la ONU y a cualquier instancia internacional gracias a nuestras cifras. El gobierno no ofrece números. Eso es lo más importante. Para salvar a esos 200 mil niños el gobierno tiene que tener unas políticas públicas diferentes y nuestras cifras han hecho que los hospitales, al menos, comiencen a ser dotados por Unicef y que la ONU hoy le diga al Gobierno que debe atender la desnutrición.

«Nosotros estamos en las zonas vulnerables y en muchos de los casos atendemos a la propia gente chavista, porque nosotros no preguntamos si usted es chavista u opositor»

Cáritas ha ido marcando pautas. No ha tenido miedo y tampoco se está enfrentando al Gobierno como partido político. Nosotros estamos tratando de concientizarlo pues la verdad es que estamos acompañando a la gente que según su discurso, son su prioridad.

Nosotros estamos en las zonas vulnerables y en muchos de los casos atendemos a la propia gente chavista, porque nosotros no preguntamos si usted es chavista u opositor, negro o evangélico. No preguntamos nada. A veces nos han llegado a las oficinas estos jóvenes de la misión que limpian las calles y nos han preguntado si pueden comer y nosotros les respondemos que sí, que la comida aquí es para todos y que si necesitan de un médico o de un medicamento, allí está para ellos.

Siempre digo que no podemos resolver todos los problemas pero la gente muchas veces tiene más necesidad de ser escuchada y de ser acompañada que de ser alimentada. De allí que ahora sembremos en los corazones de nuestros voluntarios que hay que escuchar, porque podemos hacer miles de ollas pero si no los escuchamos no estamos haciendo nada.

El trabajo de Cáritas no es hacer ollas para 1.500 personas. Aunque a veces hagamos verbenas. Nuestro trabajo es hacerlo para 20 o 30 pero que podamos hablar con ellos y periódicamente.

Mucha gente está pesando y midiendo niños y eso es un gran servicio. Nosotros nos quedamos con esos niños durante tres meses. Acompañamos a las mamás, las enseñamos a cocinar, los pesamos todas las semanas, los llevamos con los terapeutas, les damos las fórmulas alimenticias y la formación y también les decimos a las madres que estaremos con ellas hasta que salgan de la curva de la desnutrición.

«Nosotros priorizamos la ayuda a niños entre cero y cinco años de edad porque es cuando el niño se está formando»

Después, cuando el niño pesa lo que debe pesar, hacemos una fiesta. Eso lo hace la Iglesia. Entonces, puede que la Ayuda Humanitaria se vaya y el dinero de las donaciones se termine algún día, pero el acompañar seguirá siendo gratis. Escuchar es gratis. Eso es lo grandioso que hemos vivido: hemos aprendido a acompañar a la gente y a escucharla. Eso no implica demasiada inversión y es lo que menos hacen las organizaciones.

A veces he atendido llamadas de gente que me ha dicho que desea morir. Aquí a las oficinas han llegado a pedirnos pastillas para la depresión y nosotros los hemos atendido, por supuesto. Luego les sugerimos que busquen servir. Les explicamos que hay gente que se está muriendo, que hay gente que necesita que los escuchen mientras otros requieren que les sirvan un plato de sopa.

Allí les aseguramos que cuando vean que esas personas están alegres, y que lo lograron gracias a su apoyo, encontrarán su misión y nunca más querrán morir. Cuando entendamos que nuestra misión es ayudar tendremos una vida más cálida.

Cáritas Venezuela

Yo, por ejemplo, tengo cuatro años con mis hijos en el exterior y hay gente que me ha preguntado que si acaso eso no me duele. Creen que soy muy dura, y no es así; solo que no tengo tiempo para llorar ni para ponerme a pensar si los volveré a ver o si tendré nietos, entre otras cosas.

Nosotros los venezolanos somos muy unidos y familiares, por eso a muchos les cuesta el tema de la migración, pero yo les sugiero que se ocupen de los pobres y allí encontrarán un sentido para vivir y continuar.

Es cierto, la situación del país es muy complicada, pero la migración forzada es más complicada aún. La migración es un derecho y cuando lo planificas es algo muy sabroso pero cuando es forzada, te vas con dos bolívares debajo del brazo y llegas a un país donde ya empiezas a ver xenofobia y la situación deja de ser grata.

El problema de la pobreza tiene varias aristas. No es solo garantizar tu alimentación y las medicinas. Tiene también que ver con la familia, los lazos afectivos y el entorno de tus vecinos, que son gratis. Tú estás cambiando todo eso porque quieres buscar algo que muchas veces no consigues. A veces no logras ni siquiera alimentarte o mandar cinco dólares a tu casa, y te estás destruyendo como persona.

«De 12 alimentos la gente está comiendo solo cuatro y además sin proteínas. Esto es un grave problema que trae como consecuencia la desnutrición»

Nosotros lo que le decimos a las personas es que estudien el riesgo, y si no tienen muy claro cómo será su viaje que vean qué están ganando con la migración.

A veces las personas que se van no desean regresar solo porque les da pena reconocer que no les fue bien, porque creen que a todo el que está allá les va bien y da la casualidad que hay un porcentaje muy alto que no les va bien, pero nadie quiere venirse para no reconocerlo.

Si yo voy a ir a pasar más hambre y encima sin familia y sin lazos afectivos, me lo pienso bien. En mi caso, yo no puedo decirle a nadie que se quede o se vaya. Mis hijos están fuera del país. La migración es libre, pero debemos recordarles que la migración forzada es difícil, que los países vecinos colapsaron con la atención de los hermanos venezolanos y que cuando no la haces de manera planificada puedes entrar en un espiral de violencia y malos ratos que al final pueden llevar a arrepentirte.

Hemos ido a Colombia, Ecuador, Chile y Perú para visitar a grupos focales pobres. Allá hay varios tipos de migrantes. Los que se fueron con recursos y educación no la pasan tan mal. Les va bien. Pero los que son pobres acá, tienen altísima probabilidad de seguir siéndolo allá. En la mayoría de los casos van a esclavizarse, con horarios de 13 horas diarias, para recibir un sueldo que apenas les alcanza para pagar una habitación y medio comer.

La verdad es que cuando ha habido represión hemos pensado si llegarán a meterse con nosotros, porque en realidad somos un beneficio para la comunidad y no tenemos interés político o lucrativo. Pero a veces sucede que hay gobiernos que tienen mucho poder y quieren aún más. Entonces empiezan a ver enemigos donde no los hay. Eso pasó en El Salvador, donde hubo un gobierno que pudo ver que el obispo era el enemigo y lo mató.

«La Iglesia nos dijo que teníamos que formarnos porque en esa época quien estudiaba tenía posibilidades de salir del barrio»

Sobre mí, sobre el irme o el quedarme, creo que la única cosa que a mí me llevaría a salir del país es que me digan que me van a meter presa al día siguiente; como se lo han dicho a varias personas aquí. Ahí sí me iría, porque no soporto la cárcel, aunque jamás haya estado condenada. No es la situación de pobreza lo que temo. Me daría miedo estar en un lugar donde sienta que estoy alejada del mundo y que mi vida se está perdiendo allí.

Pero a pesar de estas reflexiones, algo en mi corazón me dice que Dios no nos dejará solos. Por eso cuando siento que puedo dar un aporte al acompañar a nuestra gente y además que esta ayuda no se centra en lo asistencial me da mucha alegría. Esa es la razón por la cual sigo aquí.