John Carlin, o apuntes del profesor que no llegó a su clase

El lunes 7 de octubre John Carlin fue “inadmitido” en Venezuela y deportado a Madrid, España, cuatro horas después de haber pisado suelo caribeño. Su paso por el país tenía como objetivo hablar sobre sus experiencias en Sudáfrica en el conversatorio “Mandela y el camino a la paz, horizontes posibles para Venezuela”. Clímax hace un recuento sobre el trabajo del periodista inglés y el impacto que ha tenido en naciones en conflicto. ¿Qué hubiese dicho el británico que el gobierno de Nicolás Maduro no quiso que dijera?

Antes de comenzar la clase, me pasaron una nota a la carpeta: dos de mis alumnos faltarían en la semana para asistir a una de las charlas que daría John Carlin el 8 y el 9 de octubre en Caracas; el día anterior, había recibido por WhatsApp una imagen con los datos del evento. Me pareció interesante que fueran, pues no todos los días puedes escuchar sugerencias para concertar soluciones -entre distintos sectores de la sociedad civil- por alguien que convivió con Nelson Mandela. Poco nos imaginamos, eso sí, que el profesor que me sustituiría no llegaría a su lección, no por las calles llenas de tráfico sino por los culpables de que ya no haya ruedas sobre el asfalto. 

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John Carlin es un periodista inglés que, fundamentalmente, ha tratado la política y los deportes. Entre sus libros, se destaca “El factor humano”, base de Invictus (2009), la película que tantos recomiendan. Normalmente escribe para The Guardian; sin embargo, sus años residenciado en España le han permitido firmar en medios como El País y ahora en La Vanguardia. 

No tengo dudas en afirmar que la razón por la que muchos defienden el deporte como medio de conciliación política hoy, se debe a los escritos de Carlin sobre sus experiencias con Mandela, Pistorius y Nadal.

Como nos ocurre a todos los venezolanos cuando revisamos las noticias en Twitter por la noche, Carlin todavía duda de que si lo que vivió aquí fue un sueño o no. Se podría decir que, incluso, fue una pesadilla. Poco después de llegar al Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, aproximadamente a las 3 de la tarde del lunes 7 de octubre, lo detuvieron en migración las fuerzas de seguridad. Cuenta que un joven vestido de verde militar le pidió su pasaporte y le preguntó qué haría en Venezuela. “Vengo principalmente a contarles cosas de Nelson Mandela–dije–, una figura que supongo que la revolución bolivariana no considera hostil, y le aseguro–agregué con énfasis– que no voy a cobrar ni un peso”, escribe Carlin en una columna publicada en La Vanguardia. Él mismo le admitió que había sido invitado por sus “compatriotas” y que hablaría con representantes del gobierno y de la oposición. La explicación, la insistencia en que no vendría a Venezuela a trabajar y su buena voluntad no sirvió de nada: 20 minutos más tarde le anunció que lo regresarían a Madrid esa misma tarde. 

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Mientras quienes lo recibirían afuera y los organizadores del encuentro que tendría lugar dos días después, en el este de Caracas, le insistían a Carlin que todo era un malentendido y que, tras conversar con agentes del gobierno, lograrían que entrase a Venezuela, el periodista apenas notaba las caras de confusión de sus interrogadores ante la razón de su visita. Pasadas unas cuantas horas, lo montaron de regreso en el mismo avión de Iberia con el que había emprendido su viaje a Venezuela. El vuelo saldría a las 6:55 pm. Ni siquiera fue engañado por las luciérnagas que saludan de noche alrededor de los Túneles de La Planicie.

Curiosamente, la organización que previó la visita de Carlin fue el Instituto para las Transiciones Integrales. Sí, “curiosamente” porque el grupo ha participado en mesas de diálogo entre voceros del chavismo y la Mesa de Unidad Democrática, incluso ha promovido acuerdos entre ambos bandos junto a José Luis Rodríguez Zapatero. El periodista había declarado que su intención en Venezuela no solo era narrar su experiencia en Sudáfrica, o expresar anécdotas vividas en Irlanda del Norte, Colombia y Ruanda; también pensaba reunirse a puertas cerradas con representantes de oposición y el Gobierno. Específicamente con el ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Arreaza. “Todo estaba pactado. Le pregunté a los organizadores si estaba cubierto el tema de las visas y me dijeron que sí porque el gobierno lo apoyaba”, explicó Carlin en una entrevista con César Miguel Rondón. Surge naturalmente la duda: ¿cuán dispuestos están, realmente, Maduro y sus seguidores a dialogar y pactar soluciones para Venezuela?

Más allá de la respuesta, me interesa ahondar en las enseñanzas que no pudimos recibir de Carlin en persona, pero que podemos explorar si revisamos las páginas que ha escrito. Creo que los temas que ha tocado en carne viva que más podrían interesarnos son las vidas extremas de Oscar Pistorius y Nelson Mandela, así como la trifulca por la independencia en Cataluña. Repasemos palabras suyas que nos ayuden a construir un mañana:

1.“Estamos mucho más a la merced de los eventos azarosos que no podemos controlar de lo que pensamos y todo el mundo escapa una definición fácil.” Carlin concluyó estas cosas luego de preguntarse por qué Pistorius mató a su novia. 

Rebobinemos: Oscar Pistorius es un corredor olímpico conocido por las prótesis que sustituyen sus piernas, amputadas a los once meses de vida. En África del Sur, su país natal, es una estrella. El 14 de febrero de 2013, disparó cuatro veces a Reeva Steenkamp mientras esta se recluía en un baño en su casa; el atleta insistió en haberla confundido con un ladrón. Más allá de la verdadera razón del asesinato, cosa que ni el mismo Carlin admite conocer a pesar de escribir un libro al respecto, estas máximas relucen para un país que prefiere censurar antes que discutir.

Pistorius

Después de todo, vivimos en un país donde lo que puede parecer un accidente, como lo son unos cuantos apagones, termina por marcar nuestra cotidianidad de formas inimaginables. De igual manera, los individuos no piensan de cierto modo meramente porque están adoctrinados o alienados, cada uno tiene motivos y experiencias que no son obvias de entrada. Si estamos más conscientes de que, como diría Murphy, “si algo puede ocurrir, ocurrirá” y de que no somos caricaturas sino complejidades humanas, será más fácil desprendernos de cualquier prejuicio a la hora de construir lo que viene con quienes piensan distinto. Mientras nos creamos por encima del azar que tanto nos define y pensemos que los demás son demasiado descifrables, no conseguiremos oídos que escuchen nuestros gritos.

2. “[Mandela] se rehusó a dar fin a la ‘lucha armada’, por simbólica que hubiera sido, hasta que el gobierno dio signos inequívocos de comprometerse a una democracia de un voto por persona”; esto, tras salir de prisión. Que Carlin haya trabajado tanto sobre y con Mandela lo vuelve particularmente relevante en Venezuela, pues hay razones para que el líder sudafricano sea apreciado desde distintas perspectivas políticas: por un lado, su oposición a la tiranía que vivía su país fue radical, se encarnó en varios actos violentos y muchos más años en la cárcel; por otra parte, logró la democratización de África del Sur a través de negociaciones importantes con el enemigo y basó su posterior presidencia en la reconciliación. 

Queda claro, una ruta no implica el abandono de la otra: mientras las palabras adecuadas no tengan efecto, toca pronunciarlas con fuerza.

3.“El nacionalismo no es un plan. La independencia sí lo es”.  La sentencia parte de un artículo bastante crítico hacia la alocución de Felipe VI sobre el último referéndum secesionista de Cataluña; un artículo que causó su expulsión del diario El País. Esta enseñanza de Carlin se origina en el crecimiento del afán pro-independentista como consecuencia directa de pésimas políticas del gobierno central hacia la región a lo largo de los años. Puede que la pasión de muchos por su nación los enceguezca y los acerque al fuego, pero no hay autonomía o independencia garantizada sin rayar un plano entre partes.

Me parece especialmente importante afincar este extracto para Venezuela. Mientras más dientes escupimos tras cada patada a la cara, más nos enamoramos de nuestra versión más personal del país. Y cuando nos enamoramos de nuestras ideas más íntimas, cometemos locuras que alejan a seres queridos. Quienes nos oponemos a quienes oprimen el país, cualquiera que sea nuestro modelo de país futuro, necesitamos matizar más lo que ocurre y conseguir puntos en común en vez de repetir consignas. Luego, con el puño en alto, es que toca sentarse con quienes buscan hacer temblar el poder por dentro.

El factor Humano

No creo ser el estudiante perfecto. Como muchos me distraigo, tal vez mis apuntes no sean los más precisos y, seguramente, tengan opiniones intercaladas; pero admiro la labor de Carlin. Su censura por el chavismo me motiva a compartir lo que he descubierto en sus páginas. 

En vez de olvidar lo que pudo haber ocurrido, ojalá Carlin brille por su ausencia y nos permita trazar más constelaciones con lo que se discute en el resto del mundo.