Juan Guaidó, discurso e ideología a medias tintas

¿Cuál es el problema de Venezuela, la usurpación o el socialismo? ¿Cómo se define ideológicamente Juan Guaidó? El de Vargas no despunta en densos debates sobre teorías e interpretaciones políticas. Ingeniero Industrial con posgrados en Gerencia Pública, tiene formación ideológica empírica. La realidad le demanda resultados, y él deja la teoría en casa para trabajar con la práctica

Diez meses y un día después del 5 de enero de 2019, Juan Guaidó admite que es ideológicamente de centro, aunque tiene su “corazoncito social”. No es para menos, desde entonces tiene la responsabilidad de presidir a una oposición dividida entre liderazgos, intereses e ideologías políticas que lucen contrarias: desde su partido Voluntad Popular, inscrito en la Internacional Socialista, hasta el conservador estadounidense Donald Trump, su principal aliado más allá de las fronteras.

-¿Cuál es la ideología de Juan Guaidó?

-Soy un pragmático apasionado, es decir, se podría decir que soy de centro (…) claro, uno tiene su corazoncito social, como diríamos coloquialmente, y yo creo en lo social, yo creo en el libre mercado, creo en la igualdad de derechos. Así que hoy (4 de noviembre), de verdad, me pudiera llamar de centro, aunque hay un poco más de centro hacia lo social.

El 23 de abril, en una rueda de prensa en los jardines del Palacio Federal Legislativo, el presidente de la Asamblea Nacional declaró que la situación que atraviesa Venezuela no se debe al socialismo porque no hay justicia social, concepto socialdemócrata que el liberal austriaco Friedrich Hayek consideró un sinsentido en El atavismo de la justicia social, ensayo que Juan Guaidó pareciera desconocer. Pero eso tampoco significa que haya leído a Carlos Marx, pues también tiene traspiés con las rígidas definiciones del materialismo histórico. Para Juan Guaidó la teoría no lo es todo, es un ingeniero industrial que vive de la práctica, del ensayo y del error, fuera de los conceptos eruditos. Su formación ideológica es empírica, lo suyo no son los polos, así se lo exige el momento actual.

«Hay que incorporar a Venezuela en una economía de libre mercado»

Juan Guaidó

¿Hacia la izquierda o hacia la derecha?

En Twitter muchos le llaman socialista, y otros lo tildan de ultraderechista. Felicitó a Alberto Fernández por su triunfo en Argentina, pero celebró la renuncia de Evo Morales en Bolivia. Comunismo, socialismo, socialdemocracia, justicia social y liberalismo son conceptos con los que Juan Guaidó se enfrenta a diario, pero utiliza poco. Para él, la situación venezolana trasciende cualquier ideología, preguntas sobre la suya no sobran en las entrevistas más habituales.

-¿Es socialismo lo que se vive en Venezuela?

-En Venezuela se vive una dictadura cruel.

-¿Una dictadura socialista, podríamos decir?

-Es que no hay rasgos de igualdad, o sea, no hay rasgos ni siquiera de respeto a la clase obrera y trabajadora, porque no hay libertad sindical. Entonces, hay algunos rasgos que ciertamente tú puedes amarrar a unas tendencias ideológicas claras, pero, ¿cómo le podrías llamar a esto ‘socialismo’ si no respetan la libertad sindical? Si hoy, por ejemplo, no han aprobado el matrimonio igualitario. Esto es una dictadura desclasada.

-¿Y cómo acopla ese discurso al de su principal aliado, Donald Trump, quien tacha a Venezuela de ser un país socialista?

-Es una dictadura y en dado caso podríamos hablar de un comunismo. O sea, con el discurso de que las libertades fundamentales están conculcadas en Venezuela.

Juan Guaidó

Bien lejos de los extremos

-El comunismo plantea la inexistencia del Estado y los recursos distribuidos en toda la sociedad; mientras que el socialismo se basa en la existencia de un Estado distribuidor, ¿cómo diferenciar esos conceptos con lo que ocurre en Venezuela?

-No hay Estado en Venezuela, es una sociedad bien atípica. Si te preguntara hoy a ti, que tienes la teoría clara: ¿cuál es la relación del ciudadano con el Estado? ¿El Estado le provee de bienes y servicios? No. No hay agua, no hay transporte, no hay luz, no hay seguridad. Tanto es así que el ELN (Ejército de Liberación Nacional) es el que custodia las minas en el sur del país. Esto es una dictadura sin Estado, es una cosa totalmente novedosa, pudiéramos decir. Ejercen el poder de manera sádica, aterrorizan al ciudadano, no le proveen de derechos elementales: seguridad, salud, y tratan de controlar. También le entregan minas de oro a gobernadores, como en la época feudal.

-Si no hay Estado, ¿entonces qué es lo que está usurpado? Porque se cumple con una característica de la definición de Estado hecha por el filósofo Max Weber, tienen el monopolio de la violencia, de las armas.

-Es que por eso te decía: ejercen el terror, pero no controlan el territorio. Estamos más parecidos a una dictadura disfuncional, a un Estado fallido, a un Estado patrocinador de terrorismo. Hoy estamos mucho más cercanos a eso que a cualquier otro sistema.

-Pero siguen siendo una fuerza importante porque tienen las armas.

-Que no proveen de seguridad, sino que generan terror.

-El Estado no necesariamente debe proveer seguridad.

-Pero entiendo que la justificación es que tiene el monopolio de la fuerza para proveer seguridad y justicia social, no para aterrorizarlos.

-¿Y qué es justicia social?

-Mira, como sabes yo soy ingeniero, entonces de lo que más hemos leído ha sido sobre socialdemocracia, porque Venezuela es un país socialdemócrata por la relación petróleo-Estado-sociedad. Para nosotros es importante la equidad. La inequidad es básicamente lo que tenemos con la crisis de hoy. Desde 1989 venimos pagando las consecuencias, tenemos un 80% de la población depauperada, empobrecida. Justicia social es rescatar eso, lo elemental, empezando con los servicios básicos para generar oportunidades.

«¿Cómo le podrías llamar a esto ‘socialismo’ si no respetan la libertad sindical? Esto es una dictadura desclasada»

Con esas manos juró en enero

-¿Qué autores ha leído sobre justicia social, de teoría política o económica?

-Es que hemos hecho más bien papers y análisis de las situaciones, más allá que adaptarnos a un modelo o teoría específica.

-Hablaba de la socialdemocracia. Venezuela vivió 40 años con ella y, aunque al principio fueron gobiernos estables, gestaron un régimen de rasgos totalitarios. ¿Qué haría distinto para no terminar así?

-Fortalecer las instituciones, la separación de poderes, la posición del ciudadano en el proceso de toma de decisiones del Estado. Para eso tenemos que restructurar el tejido social, lo que llaman el tercer sector: organizaciones no gubernamentales, fundaciones, porque estamos en una etapa primitiva, por eso te decía que estamos casi en una época feudal, es terror para someter. Hay que fortalecer la educación en deberes, derechos, y generar de nuevo valores políticos y sociales.

Juan Guaidó

Un nuevo centro de poder

-¿Acaso no hubo fortalecimiento institucional en los noventa? Carlos Andrés Pérez fue destituido por dos poderes en un país de tradición autoritaria.

-No había participación ciudadana ni el tercer sector estaba en su máxima expresión, digamos. Ahí faltó un poquito de fortaleza ciudadana y de tejido social para evitar desmanes. Por ejemplo, en el caso de 1998 cuando una interpretación de la Corte Suprema de Justicia avaló una Asamblea Constituyente, allí faltó algún contrapeso, porque esa no era la vía, luego generar una constitución que después tuvo dos modificaciones para perpetuar el sistema. Aquí las instituciones no soportaron tanto.

“Soy un pragmático apasionado, soy de centro, uno tiene su corazoncito, como diríamos coloquialmente»

-¿A cuáles mecanismos de participación ciudadana se refiere?

-El tercer sector, hay que darles fuerza y rango a las organizaciones no gubernamentales, a las fundaciones, que el Estado provea de herramientas para facilitar la creación de ellas y que sean escuchadas. Yo creo que debemos volver por ejemplo a la bicameralidad, al federalismo.

-En el papel somos federales, pero en la práctica no pareciera.

-Es que en la práctica no tenemos constitución, hoy la constitución no es hábil. Estamos en una dictadura por los hechos, inédita, porque una cosa es lo que ellos dicen ser, que son de izquierda, socialistas, comunistas, pero en la práctica son cosas muy distintas.

-¿Y la práctica de esa izquierda no es similar a la extinta Unión Soviética o Cuba, países con el llamado ‘socialismo real’?

-Son casos muy distintos, a pesar de que se comparten algunos rasgos. China es un capitalismo de Estado, con control social; en Rusia no hay rasgos de socialismo claro; en el caso de Cuba es comunismo como tal, allí tienen el control de todos los aparatos y de los medios, cosa que no sucede en Venezuela, porque hoy siguen siendo las empresas privadas las que producen o sustituyen por importación. Esto es una dictadura disfuncional, donde desapareció el Estado en su concepción mínima de cara al ciudadano.

-¿Es la economía mercado la solución a la crisis?

-Absolutamente. Una economía globalizada. Hay que incorporar a Venezuela en una economía de libre mercado, donde tengamos seguridad jurídica en todo momento para poder hacernos competitivos y generar confianza en nuestro país, porque en cualquier sociedad, el valor intangible más importante es la confianza en su sistema y en su aparato productivo, eso es elemental. Pero primero, hay que darle solución al conflicto y esto, claramente, pasa por una elección presidencial libre.

«Hay que darles fuerza y rango a las organizaciones no gubernamentales, a las fundaciones, que sean escuchadas»

Juan Guaidó

El peso de la República sobre sus hombros

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Restan semanas para que Juan Guaidó, reconocido por casi 60 países como legítimo presidente encargado de Venezuela, cumpla su primer año definiéndose como tal, sin embargo, la crisis se recrudeció, las protestas han aumentado y Nicolás Maduro sigue detentando el poder desde las armas y Miraflores, con un respaldo internacional que perdió a Bolivia aunque quizá gane a Argentina. Pero que no cunda el pánico, dice Guaidó: “Hoy nos mantenemos como sociedad viva, exigente, protestando, que no se acostumbra, nos mantenemos unidos y movilizados. Vimos cómo está la sociedad movilizada el 23 de enero, el mundo con Venezuela el 23 de febrero, y cómo están las fuerzas armadas el 30 de abril”.

El de Vargas hace un balance de gestión que no contempla victorias sociales, porque la crisis humanitaria se intensificó y el cambio político parece una ilusión idílica, un delirio en medio del desierto.