Juan Pablo Guanipa, chiquito pero cumplidor

Gobernador electo del Zulia, se le impidió asumir el cargo, ha fraguado su liderazgo en el crisol de las derrotas y los retos personales. Su formación juvenil lo definió. Desde chamo, fue un pregonero de la democracia cristiana. Sin poder hacerse de un cargo ejecutivo, despunta en la Asamblea Nacional donde ahora es el primer vicepresidente de Juan Guaidó


-¿Aló?

-¿Quién habla?
-Juan Pagbo.
-¿Quién?
-Juan Pagbo.

El adolescente que contestaba el teléfono en La Guanipera, la casa de la familia Guanipa Villalobos, no podía pronunciar correctamente ni su propio nombre en la década de los 70. Le era imposible expresar sin enredos toda palabra que incluyera erres o eles en sus intermedios. “Tenía la lengua mocha. Sufrí mucho bullying de chamo”, recuerda, con gracia y acento maracucho, Juan Pablo Guanipa. Un foniatra amigo de la familia le ayudó a corregir su habla cuando rozaba las dos décadas de edad.

Nunca fue tan elocuente como en la contemporaneidad, cuando, ya a sus casi 55 años, acumula haber sido concejal de Maracaibo; diputado de la Asamblea Nacional; ganador de las primerias como candidato unitario de la Mesa de la Unidad Democrática en el estado Zulia por dos puntos de ventaja sobre Eveling Trejo de Rosales, la alcaldesa de la ciudad, esposa del excandidato presidencial Manuel Rosales y su némesis en los dos procesos comiciales anteriores que definieron el liderazgo político de la oposición en la ciudad; y luego haber triunfado por la Gobernación del estado occidental. Un triunfo que el autoritarismo le arrebató.

Los sobrenombres se le multiplican donde va por culpa de su imagen catirrucia. En el Sur del Lago, un dirigente político le comparó alguna vez con un genital de ovejo

La primera vez que habló ante una muchedumbre hasta le vencieron los nervios. Era un quinceañero amante de la política, formado en la democracia cristiana que le inculcó su padre, Manuel, un hombre respetado en los predios de la derecha local y dirigente regional de Copei de la época. “Un animal político”, le llama.

El don había fallecido dos años antes y la ciudad homenajeó su memoria bautizando con su nombre una plaza de la avenida Bella Vista. Su madre y sus cinco hermanos -incluyendo a su hermano Tomás, ahora también diputado- decidieron que él transmitiera por ellos unas palabras de agradecimiento en el acto. Las escribió para no equivocarse. Pero, justo cuando terminó de leer su discurso ante la gente, colapsó. “Me desmayé. No me caí al piso, porque me agarraron”.

Guanipa habla de sus tiempos mozos ante la prensa con soltura y naturalidad. Le hace gracia cada apodo o anécdota. Es capaz de reírse de sí mismo. Dice ser, como su padre, “un bromista”. Hoy interpreta cada uno de esos obstáculos como un escalón, un reto, un crisol en su formación humana y política.

Ahora es el segundo al mando de la Asamblea Nacional legítima, electo por 100 votos de sus compañeros de legislatura, en fórmula con Juan Guaidó

Antes del 15 de octubre de 2017, los comicios regionales, estaba confiado en ganarle a Francisco Arias Cárdenas. Afirmaba que lo más complicado lo logró en las primarias, al poner fin a la hegemonía de la pareja política más influyente del estado en los últimos 22 años, los Rosales. La votación estaba llamada a ser su tercer strike, tras los fracasos de 2010 y 2013. Pero la sacó del parque. “Teníamos un liderazgo forjado en el transcurso de los años, pero teníamos la falla del equipo. A través de la formación de equipos logramos convertir ese liderazgo en votos. La elección difícil fue la primaria, porque lo de UNT era un asunto existencial”.

Y finalmente ganó, aunque el cargo no lo pudo asumir por negarse a juramentarse ante la asamblea constituyente de Nicolás Maduro, cuya legitimidad es cuestionada al no haberse instalado siguiendo los preceptos de la Carta Magna vigente.

Ahora es el segundo al mando de la Asamblea Nacional legítima, electo por 100 votos de sus compañeros de legislatura, en fórmula con Juan Guaidó en la presidencia, y Carlos Berrizbeitia como segundo vicepresidente.

Mejor político que cantante

Eduardo Abach, un orientador vocacional amigo de los Guanipa, conversó con Juan Pablo en su adolescencia, en la década de los 70, para guiarle. Lo hizo por petición de su madre, la jueza Corina: le atendió en numerosas sesiones; le practicó diversas evaluaciones; identificó sus intereses y dones.

Las conclusiones de aquellas consultas reposan en un informe psicológico que Guanipa aún conserva. El doctor las resumió en una expresión “perfectamente cubana”.

–Tienes vocación para político y para cantante. Pero mejor te dedicas a la política, porque como cantante vas a ser un comemierda.

Guanipa recuerda la anécdota colando una risa parca. Siempre fue aficionado al canto. De chamo, incluso, se enlistó en una agrupación de gaitas llamada Patiyá, con ye. También formó parte de un coro de villancicos que ensayaba entre octubre y diciembre para luego presentarse en centros comerciales y otros sitios transitados de la época.

Su género musical favorito es la gaita, cuenta Humberto Machado, abogado, empresario y uno de sus mejores amigos de la infancia. Su padre, Manolo, acostumbraba a comprar todo LP de las agrupaciones gaiteras del momento y reproducirlos en cada reunión familiar. Tampoco existe canción de Alí Primera cuyas letras y melodías no conozca.

Humberto y Juan Pablo Isidoro se conocieron en el colegio San Vicente de Paúl de Maracaibo. Guanipa provenía de Los Robles –considerado el mejor plantel educativo privado de la ciudad. Mudó de institución para cursar cuarto y quinto año de bachillerato en las ciencias humanísticas. Su aspiración era ser abogado. Logró el título en la Universidad del Zulia y luego alcanzó el grado de Comunicador social.

También culminó estudios de postgrado en Venezuela y España en Gerencia Pública, Estudios Políticos Aplicados y Ciencias y Técnicas de Gobierno. Dicta clases de Planificación Pública en LUZ y de Derecho Constitucional en la Universidad Rafael Belloso Chacín. Su ejercicio incluye diputaciones en la Asamblea Legislativa local y el Parlamento nacional, así como una concejalía entre 2005 y 2013. Y encabezó un programa de radio y televisión de corte político y comunitario, De acuerdo.

Guanipa habla de sus tiempos mozos ante la prensa con soltura y naturalidad. Le hace gracia cada apodo o anécdota. Es capaz de reírse de sí mismo. Dice ser, como su padre, “un bromista”

“La primera vez que asistí a un mitin político fue a un acto de campaña de Oswaldo Álvarez Paz (primer gobernador electo del estado), con Copei. Juan Pablo me llevó. Era el único que tenía carro y nos pasaba buscando. Siempre dedicaba su tiempo libre a la política, cuenta Machado.

Guanipa manejaba un Ford Fairlane de dos puertas, color marrón, rines de magnesio y un potente equipo de sonido, que había heredado de su hermano Francisco cuando emigró al extranjero para estudiar. Sus amigos apodaron al vehículo como “El Tiburón”.

 

Era pésimo chofer y no tenía la edad necesaria para manejar, pero buscaba hasta a ocho compañeros en sus casas para trasladarlos siempre a actos proselitistas o cursos de formación política. Escondía su cara juvenil bajo una gorra tamaño XL para camuflarse de la autoridad.

Francisco casi llora cuando Juan Pablo, un año más tarde y a su regreso al país, lo fue a buscar en el vehículo. Las abolladuras y los raspones en la carrocería sobraban. En el trayecto a casa, hasta se le desprendió una rueda. “Ese carro lo devolvió como huevo de caimán, todo golpeado”, cuenta, carcajeándose, Humberto, quien se jacta de ser uno de los autores del apodo más conocido del abanderado de la Unidad: “Tequeño Crudo”, uno que asume con desparpajo.

El alias responde a la fisionomía de Juan Pablo Guanipa. Es un hombre bajo de estatura, de piel blanquísima, cabello catire y ojos claros. Su fenotipo se acerca más al de un europeo que al de un maracucho. Pero él replica: “Mi abuelo materno nació en la Guajira. Él fue el primer dueño de la bomba principal de Los Filúos. Mi otro abuelo era de Falcón. Yo soy maracucho”.

Los sobrenombres se le multiplican donde va por culpa de su imagen catirrucia. En el Sur del Lago, un dirigente político le comparó alguna vez con un genital de ovejo. Así le llaman aún en la zona. Guanipa se ríe con sarcasmo. Es un jodedor, dicen sus amigos.

Hombre “violento”, hombre unificador

Hay una imagen que sus detractores no olvidan. El gobernador electo del Zulia lideró en abril de 2017 una masiva protesta hasta la residencia del entonces mandatario Francisco Arias Cárdenas, que culminó en el zarandeo de las puertas de entrada y la posterior dispersión de la turba con bombas lacrimógenas. Fue Guanipa quien encabezó, en discurso y en presencia, las manifestaciones opositoras contra la Asamblea Nacional Constituyente en Maracaibo, que en la entidad se saldaron con decenas de heridos, detenidos y al menos cinco muertes.

Ni Arias ni rivales como Fidel Madroñero, hoy constituyentista, se lo perdonan. El anterior ocupante del Palacio de los Cóndores llegó incluso a sugerirle a Juan Pablo Guanipa y compañía que se encararan en armas. “En rebeldía, agarren los fusiles y vengan a tomar el poder, pero no destruyan a los propios ciudadanos. Agarren los fusiles y vamos a enfrentarnos con fusiles, pues”, le retó en rueda de prensa.

Madroñero, tanto antes de las primarias como luego de su victoria, le acusó de ser el principal responsable de la violencia política en la entidad petrolera. Dijo tener un expediente del tamaño de una enciclopedia con sus llamados “a trancazos y guarimbas”. Ese rol, juró, le valdrá una sanción que le impediría ser candidato a la gobernación. El constituyentista afirmó que la institución en la que participa no le tramitaría su «carta de buena voluntad», un requisito que finalmente no se concretó. La amenaza no se cumplió.

Guanipa manejaba un Ford Fairlane de dos puertas, color marrón, rines de magnesio y un potente equipo de sonido, «El Tiburón». Las abolladuras y los raspones en la carrocería sobraban

Pero el 12 de diciembre de ese año, el fiscal designado por la ANC Tarek William Saab anunció que el Ministerio Público que encabeza procesaría por los hechos de violencia registrados durante las protestas de este año a Juan Pablo Guanipa por “hacer llamados a la violencia, a la intolerancia y al desconocimiento de las instituciones del Estado”.

Guanipa, en 1998, aspiró por primera vez a un cargo de elección popular. Fue a lo interno de su partido, Copei, que finalmente se decantó por el dirigente y su amigo Ángel Emiro Vera. En 2004, cuando Rosales postulaba a Pablo Pérez como su delfín y heredero en Maracaibo, Guanipa creía que tenía las de ganar. Una conversación telefónica con el encuestador Luis Vicente León, director de Datanálisis y a quien le había encargado un sondeo político en la ciudad, le reveló el panorama de entonces.

-¿Cuánto tengo de intención de voto?
-Uno por ciento, Juan Pablo.
-No me enviéis nada. Dejá eso por allá.

En 2010 recibió una “pela” de Eveling Trejo de Rosales en las primarias por la alcaldía. En 2013, ni tuvo chance de elecciones internas porque un reglamento de la MUD dio preponderancia al derecho a reelegirse de los alcaldes en funciones.

En 2017 Juan Pablo Guanipa se hizo con la gobernación del Zulia, aunque no la pudo ejercer. Por ahora. En 2020 su atención está en la Asamblea Nacional, donde ahora forma parte del presidio como primer vicepresidente. Su inmuindad ha sido allanada por el Tribunal Supremo de Justicia, violando los procedimientos regulares, y hubo un tiempo en que dijo estar en la clandestinidad; esa que dejó atrás cuando asumió la nueva tarea en el parlamento luego de la “estrategia estúpida” de Nicolás Maduro de tratar de controlar el Legislativo «sin votos».