La Alta Costura al descubierto: la magia tras la pasarela

La marca Chanel rindió homenaje a las manos, la creatividad, el oficio y la dedicación de quienes dedican su vida a la moda. La colección Otoño-Invierno 2016-2017 fue presentada por Karl Lagerfeld con una recreación del trabajo de las 78 costureras que hacen vibrar los talleres de la rue Cambon de París. Un homenaje al "savoir-faire"

La Alta Costura al descubierto: la magia tras la pasarela

Lo único que diferencia la Alta Costura del resto de las disciplinas en la moda son sus ateliers donde hacen vida las “petites mains”, esos seres capaces de dedicar sus vidas en función del amor por el oficio que lo hace único e incomparable. En Chanel tienen dos ateliers flou expertos en las telas de caídas fluidas, casi líquidas, y dos ateliers tailleurs, quienes se encargan de toda el área de sastrería.

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Karl Lagerfeld decidió rendir un merecido homenaje a quienes trabajan tras bastidores dedicándoles la colección “Les Ateliers”. Para ello, diseñó una novedosa puesta en escena recreando los talleres de la rue Cambon -la calle parisina que alberga la marca desde 1910- bajo la cúpula icónica del Grand Palais hasta el mínimo detalle: mesas de corte, maniquíes, toiles, máquinas de coser, espejos, rollos de diversas telas, además de las protagonistas de la escena, las premières o jefas de atelier con su equipo de 78 costureras. Se trata de una escena viviente del universo íntimo de la Haute Couture que quedó al descubierto en este maravilloso show en el que las modelos salían al “catwalk” directamente desde la prueba o “essaiage”.

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Para esta colección, las siluetas fueron rectas y de líneas puras, estructuradas y muy gráficas en su concepto general. Hombros angulosos fijados por mínimas costuras para dar una impresión de rectitud a quien porta estas piezas ,mangas 3/4 que terminan en delgados guantes de piel ultra delgada para puntualizar cada look, culottes y pantalones 7/8 que culminan con finas botas en piel negra drapeadas de tacón “kitten”, cual lienzo negro sobre el cual Karl diseñara cada silueta. Chaquetas del clásico tweed pronuncian la cintura con un efecto “trompe l’oeil” gracias a sus protuberantes bolsillos dispuestos sobre la cadera, así como los vestidos y coat dresses donde las telas empleadas fueron la ziberlina, el radzimir, el mikado, los tafetanes, el georgette, el tul de seda, los encajes rebordados y el crêpe.

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El refinamiento de la colección se confirmó con la paleta otoñal de colores empleada, como el marron glacé, el beige, los grises y el naranja, que se complementaron con la gama de negros, blancos y rosas. Los bordados de piedras y paillettes mates, cristales y plumas formaron innumerables motivos de flores para adornar los fabulosos cuellos de algunos modelos.

La salida a pasarela de La novia, una angelical Edie Campbell, fue el gran momento del show. Karl la imaginó para la ocasión en un traje compuesto por un bustier y pantalones confeccionados en finísimos encajes, tul y satén, adornado por una chaqueta larga con cola totalmente bordada de plumas de avestruz color albaricoque. ¡Un verdadero sueño!

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Para el estilismo, Sam McKnight realizó moños recogidos hacia arriba estilo “bouffant” con rulos y cintillos con lazos de seda negra. Mientras más alto el peinado, más cerca de Dios.

Hoy más que nunca se demostró que la Maison Chanel es guardián de las tradiciones y oficios de la Couture en Francia con este increíble homenaje de respeto y admiración por el “savoir-faire” de sus ateliers, que son un gran laboratorio de ideas, esencia de creatividad y de sueños que se convierten en realidad a través del arte de la moda.

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