La batuta galáctica y tricolor de Gustavo Dudamel

Gustavo Dudamel es pupilo de John Williams. Luego de conquistar el mundo dirigiendo a la Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, enfundado en chaqueta tricolor y a ritmo de Mambo, desde su privilegiada posición de director titular de la Filarmónica de Los Ángeles se codea con los más grandes, incluyendo al compositor cinematográfico más exitoso de todos los tiempos

 Gustavo Dudamel afirmó en 2014 que había contado con la colaboración de John Williams para componer la banda sonora de Libertador, la épica cinta sobre Simón Bolívar del director Alberto Arvelo. Fue su primera vez a cargo de crear música para una película, y tomó guía del gran maestro, Williams, el creador de 100 soundtracks para la gran pantalla, con las cuales ha obtenido cinco premios Óscar y cuatro Globo de Oro, de las 49 nominaciones a los primeros –primer lugar entre compositores y segundo en general, detrás de Walt Disney, además de ser quien más veces ha competido contra sí mismo- y 21 para los segundos. Además, acumula 59 postulaciones a los premios Grammy.

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Williams ha sido invitado como director en numerosas ocasiones a la Filarmónica de Los Ángeles, donde ahora Dudamel es titular. Muchos de los músicos de ese ensamble son los de confianza del veterano conductor, usuales convocados a grabaciones para sus proyectos cinematográficos. Elementos que sumaron para que, además de la confianza y camaradería entre ambas batutas, se diera la reunión galáctica.

Así, Gustavo Dudamel fue convocado para dirigir a la orquesta y grabar la pieza musical de apertura del Episodio VII: El despertar de la Fuerza de Star Wars, y la de cierre, la que suena durante los créditos. Así, mientras pasen las letras amarillas situando al espectador en la historia que contará la nueva entrega de la saga de cine más famosa de todos los tiempos, ahora dirigida por J.J. Abrams, se escuchará el resultado de un Dudamel crecido frente a más de 50 músicos siguiendo la partitura 101 firmada por el nacido en Nueva York en 1932

Fue el propio director venezolano quien soltó la primicia a través de su Facebook. Hasta ahora, el asunto había quedado como un estricto secreto, acordado entre ambos músicos: “Cuando John (Williams) me llamó y preguntó si dirigiría la música de apertura y de los créditos de cierre para su histórica película, recuerdo pensar ‘está bromeando’. John tiene un gran sentido del humor y por alguna razón pensé que había algún truco. Efectivamente, lo había: ¡no podía decírselo a nadie, y John no le diría a nadie tampoco! Guardamos el secreto, así que cuando entré a los estudios para grabar en octubre, tomó a TODOS por sorpresa: músicos (algunos que eran de la LA Phil), los creativos de Lucas, los abogados de Disney -verán, John había logrado mantener la sorpresa para todos excepto para él y para George Lucas! John Williams es el Mozart de nuestros tiempos. No les puedo decir lo inspirado que me sentí cuando tuve por primera vez sus partituras en mis manos, anonadado por la belleza de su escritura, es un genio. Saben, tocamos la música de John todo el tiempo en la Filarmónica, es como familia para nosotros. Hasta Martín, mi hijo de cuatro años, se sentó entusiasmado en la cabina. No pueden imaginar -felicidad total para su padre”, escribió el barquisimetano de 34 años.

Una felicidad que le pone cara positiva ante los medios a Gustavo Dudamel, luego de las noticias y reacciones generadas por sus aclaratorias sobre por qué no toma posición política en Venezuela, y sobre su divorcio, en marzo de 2015 -por petición de Eloisa Maturén, la exbailarina de ballet con quien compartió la vida durante casi una década, cuando el 21 de diciembre de 2005 la unión eclesiástica de los artistas estuvo musicalizada por la Schola Cantorum de Venezuela y el Orfeón Universitario de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado entonando “Avemaría” y la marcha nupcial para ellos. Sin embargo, las melodías no llegaron ni a las bodas de aluminio debido a las “diferencias irreconciliables” que alegó Maturén, y que  siguen siendo un misterio mantenido puertas adentro.

“Un animal de la dirección”

En 2009, Dudamel llegó a la revista Time como uno de los personajes más influyentes de ese año. Se valoraba su soltura frente a públicos de ciudades como Berlín, Viena y Londres, acostumbradas a la excelencia y que dejaban de lado el protocolo para ovacionarlo. A Gustavo Dudamel, el mundo le queda cómodo.

Entrevistado entonces por Cynthia Rodríguez para Clímax, se presentaba no como una diva sino muy consciente de que la suya no es solamente la imagen del muchacho que salió de Barquisimeto para ir muy lejos, sino la de todo un movimiento. El actual Director Musical de la Filarmónica de Los Ángeles comenzó a conquistar la escena internacional en el año 2004, cuando, con apenas 24 años ganó el Premio Mahler, considerado la competencia más prestigiosa del mundo para jóvenes directores.

Uno de los jueces era, precisamente, el director de la orquesta para la que hoy trabaja. Después de verlo en escena llamó a su jefa, Deborah Borda y le dijo: “es un verdadero animal de la dirección”.

Desde entonces a esta parte, Dudamel no ha dejado de acumular éxitos que han venido en forma de actuaciones al frente de orquestas como la Sinfónica de Gotemburgo, la Sinfónica de Birmingham, la Estadal Sajona de Dresde, la Filarmónica Real de Liverpool y la Sinfónica de la Radio de Stuttgart, entre otras; premios como Mejor artista juvenil por la Royal Philarmonic Society de Londres y Mejor artista masculino en los Classical Brit Awards; un contrato de grabación con la famosa Deutsche Grammophon; apariciones en revistas y diarios en casi todo el mundo (y la mención de Time como uno de los personajes más influyentes de 2009) y el cargo que tiene actualmente en la Filarmónica de Los Ángeles, en donde se destaca como el músico más joven que lo haya ocupado.

No es poco el compromiso que pesa sobre sus hombros. Deborah Borda dijo en una oportunidad que “existe una atmósfera para que él realmente cambie la historia musical”.

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Dirigir el fuego

“Acuérdense de que estas no son maticas de mango, sino unos pinos gigantescos que se mecen con el viento. Es uno de esos bosques donde uno entra y se va haciendo como de noche”. El director describe a los músicos el paisaje que ellos deben recrear con sus instrumentos.

Tal vez imágenes como estas quedan tan nítidas en las mentes de los ejecutantes que la música que sale termina rompiendo todas las reglas. Cuando Dudamel entra en escena con su orquesta la etiqueta hasta ahora reservada para los conciertos de música académica pierde vigencia. Las ovaciones largas y exaltadas que ha recibido el director en todo el mundo han abierto el debate sobre si es realmente importante que se conserve esa rigidez ante la música clásica.

¿Cómo se define usted?

Nunca lo he pensado. Creo que no soy nada mezquino en entregar toda mi energía y todo lo que he pensado y siento sobre una obra. Soy una persona realmente apasionada, en ese y muchos sentidos. En cierto modo soy muy romántico, pero también soy práctico. Soy muy exigente conmigo mismo y con los músicos que tengo enfrente. Soy muy disciplinado. Creo que soy disciplinado, exigente, práctico… y loco.

Ha vivido experiencias que cualquier joven director soñaría ¿Cuáles son sus tres hitos favoritos hasta ahora, los momentos que usted valora como grandes e importantes en su carrera?

El primero, la primera vez que me monté a dirigir, que tenía 12 años; cuando me nombraron director de la Orquesta Nacional de Venezuela, que tenía 17 años y el concurso de Gustav Mahler.

Una vez usted definió una orquesta como “una comunidad en la que todos los instrumentos se deben escuchar entre ellos y llegar al punto de la armonía dentro de una concepción única” ¿Es la Venezuela de hoy una orquesta bien afinada?

Creo que uno tiene que ser, y yo lo soy, muy nacionalista. Yo creo en mi país, muchísimo. Creo que todos nosotros, los adultos jóvenes de hoy, tenemos que construir el país para las generaciones futuras. Yo creo que debemos pensar más a nivel global. El mundo está muy caótico, en general. Es esencial que todos lleguemos y nos escuchemos. Creo que la tolerancia es algo esencial en estos tiempos. Hablamos mucho de la tolerancia pero no la aplicamos. Mi mundo es el arte y en el arte está a flor de piel la sensibilidad. Para poder ser artista tienes que tener una sensibilidad. La orquesta es como un país con diferentes comunidades. A pesar de que tú no estés de acuerdo con tus compañeros hay un fin que es la música. Para nosotros hay un fin que es el país y todos debemos mirar hacia eso y aplicar la solidaridad. Ese es un valor que escasea en el mundo. Está pero no está.

¿Logra la música más que cualquier ideología?

La música ya es un mundo por sí solo. La música es un lenguaje, es una ideología. La música es todo. Estoy hablando desde el punto de vista musical, claro, pero la música encierra muchas cosas. La música es algo que no puedes ver, por eso es que es un arte divino, que te llega directamente al corazón, que te da una cosquillita y te hace sentir algo bello. No tiene forma, no es material. Y cuando está bien concebida; cuando todo el mundo está inspirado, que es algo importante de decir, cuando la gente hace su trabajo con ganas es cuando se logran las cosas. Nosotros trabajamos por dar lo mejor. Por eso yo no escatimo esfuerzos. Cuando te entregas ya no estás ejerciendo un trabajo, sino la vida, tú vida