La cultura resiste a la penumbra en Venezuela

Después de la intensificación de los apagones a partir del 7 de marzo, las actividades de los centros culturales han tenido que sobreponerse a los días de inactividad. Todavía hay incertidumbre sobre lo que pueda ocurrir con el suministro eléctrico, especialmente en regiones como Zulia

Todavía hay vestigios de los apagones que se intensificaron a partir del 7 de marzo de 2019, cuando la oscuridad alcanzó incluso a Caracas, desde donde siempre se vio de lejos la penumbra de la provincia, salvo contadas excepciones. Por más de cuatro días la gente se concentró en búsqueda de lo más básico para la supervivencia. Fue un mes de colapso en los hogares, hospitales, trabajos, calles, distribución de agua, servicios de transporte y también en los centros culturales.

Fue noticia cómo el 30 de marzo la obra teatral Terror culminó gracias a que público y actores iluminaron con sus celulares. Apenas habían transcurrido cuarenta minutos de la pieza cuando en el Trasnocho Cultural la oscuridad quiso robar protagonismo, pero no la dejaron.

Paulatinamente la ciudadanía, dependiendo de la región, ha vuelto a la rutina, y los gestores culturales empiezan a sacar cuentas. Los números preocupan.

Culturaenpenumbra-cita4En el cine, que en años recientes ha visto mermada la asistencia a salas, las cifras alarman aún más por los cortes de luz. El primer fin de semana del mes de marzo se vendieron 90.406 entradas, pero el siguiente, luego del apagón del 7 de marzo, la cifra bajó a 6.279 boletos.

Abdel Güerere, presidente de la Asociación Venezolana de Exhibidores de Películas, compara el primer trimestre de 2019 con el de 2017. “Excluyo 2018 porque Carnaval y Semana Santa coincidieron en los primeros tres meses. Tomando en cuenta ese detalle, en 2017 fueron 5 millones de espectadores en salas, mientras que este año, entre enero y marzo, se registraron 2,5 millones”.

Solveig Hoogesteijn, directora del Trasnocho Cultural, salía de una de las salas del complejo cuando se fue la luz el jueves 7 de marzo. Fue el primer día de los quince consecutivos que estuvieron sin electricidad. “El servicio se había restablecido en varias zonas de Caracas, pero acá no. Explotó un transformador que alimenta buena parte de este centro comercial, Paseo Las Mercedes. Como no hay repuestos en el país, los técnicos de Corpoelec construyeron un transformador a partir de otros dos que estaban inoperantes”, relata.

Hay una planta de emergencia, pero solo sirve para iluminar las áreas comunes por seguridad. Por eso, tuvieron que suspender actividades como el Festival de Cine Francófono y el Festival de Jóvenes Directores. “Reprogramamos, pero se hizo muy difícil el regreso porque cuando se restableció el servicio, se quemaron varios aparatos.  Por ejemplo, se dañó el UPS (Sistema de Energía Ininterrumpida) que protege el proyector digital de la sala Paseo Plus 1, que hasta ahora, no está abierta al público. Esperamos que traigan un repuesto de Colombia”. El lunes 22 de abril seguía sin la pieza.

En el Trasnocho Cultural hay salas de cine, teatro, librería, tienda de discos, café, restaurante, sala de exposiciones y espacios para practicar yoga. “Todo se llegó a paralizar. El Trasnocho Cultural vive exclusivamente de los ingresos del público. No hay respaldo de un banco, consorcio, gobernación o alcaldía. ¿Entonces cómo prever, por ejemplo, los sueldos del personal que tenemos? Hablamos de personas de alta experticia que no podemos perder. Hay que mantenerlos”.

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Hoogesteijn, sin embargo, destaca no solo experiencias como la de la obra Terror, sino también la inauguración de la exposición Principio de incertidumbre de Edgar Rodríguez Larralde el domingo 31 de marzo. La oscuridad nuevamente quiso apoderarse, pero los asistentes con sus teléfonos iluminaron e las obras. “La cultura, como el agua, permea los obstáculos”.

Actualmente buscan cómo disminuir los costos para lograr que una planta permita la operatividad de todas las áreas del centro. Tampoco se han cancelado ninguno de los compromisos del cronograma, solo se han sacrificado semanas para que no se solapen. “Equilibramos el ‘como vaya viniendo vamos viendo’. Creo que en los tiempos de crisis el alimento espiritual es mucho más importante que en los tiempos normales. Es necesario ausentarse de la cotidianidad y el arte es una inspiración; pues encuentras la estética y las estructuras de pensamiento que no hallas en la vida cotidiana”.

Es tajante al decir no cuando se le pregunta por la posibilidad de cierre. “Estamos muy motivados. Nuestros visitantes lo piden. Es la razón de nuestra existencia”, asevera la directora de Trasnocho Cultural, una fundación con 44 empleados. “Ese es el número actual, luego de reducirlo al mínimo. Ahora, cuando tomas en cuenta seguridad, vendedores, personal de limpieza, son aproximadamente 200 personas”.

Campaña por redes

El 19 de marzo se difundió en Twitter la imagen de músicos de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Chacao que ensayaron en las puertas del Centro Cultural Chacao, en El Rosal, para aprovechar la luz del sol. “Así como nos solidarizamos con el @trasnochocult lo hacemos también con el Centro Cultural Chacao, que también continúa sin luz eléctrica. Nos sumamos a esta campaña #LuzParaElArte”, escribió María Helena Freitas, directora general de Gran Cine, como parte de una campaña para exigir la restitución del servicio.

Fueron 25 días. “No teníamos electricidad desde el 23 de febrero. Fue un desperfecto que surgió y que no se convirtió en prioridad porque se sumaron más días al Carnaval y finalmente ocurrió el apagón. Ante esa situación, llevamos a cabo la campaña”, indica José Miguel Rodríguez, director de comunicaciones y mercadeo del Centro Cultural Chacao.

Hubo que reprogramar varias actividades como los 69 años de Danzas Venezuela, de Yolanda Moreno, que ahora se celebrarán en mayo. Como ellos, fueron varios los centros en Caracas que tuvieron que coordinar nuevamente en sus calendarios: La Caja de Fósforo, la Asociación Cultural Humboldt, el Centro Cultural BOD o el Centro de Arte Los Galpones.

Culturaenpenumbra-cita2La cuenta del Ministerio de Cultura también anunció que habría nuevas fechas para los talleres del Centro Nacional de la Fotografía. Sin embargo, llevaron a cabo otras funciones como el Canto de luz en Miraflores, que se realizó en los alrededores de Miraflores y que tuvo como lema “Trump la quita y Maduro la enciende”, que se inscribía en el discurso oficial que acusa a Estados Unidos como responsable de la crisis eléctrica. Pero distintos medios, expertos eléctricos, y políticos de oposición han asegurado que la falta de mantenimiento y la corrupción son la principal causa del desastre.

El portal del ente estatal destaca también cómo a mediados de marzo habitantes de zonas como el 23 de Enero, la avenida Sucre, Catedral y Caño Amarillo se abastecieron de agua, cuya escasez se acentuó por los apagones, en la sede de la Compañía Nacional de Danza, que tiene acceso a un manantial.

Sin normalidad

En Caracas se ha regularizado el suministro, no así en el interior. Corpoelec publicó un cronograma de cortes, del 1º al 30 de abril, que no incluye la capital del país, y los reportes del interior han sido cada vez más inquietantes.

La escritora Jacqueline Goldberg escribió el lunes 22 de abril: “En Maracaibo esto es literal: ‘Nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad’, Vladimir Nabokov”. Ese fin de semana, hubo otro apagón prolongado en la ciudad. Muchas zonas estuvieron más de 17 horas sin electricidad, según reportaron varios medios.

Viviana Márquez, gestora cultural de la capital zuliana, cuenta que los centros culturales han estado muy bajo perfil. Sobre el cronograma anunciado por el Estado, enfatiza: “No se cumple. Dependemos del ‘por ahí dicen que a tal hora se irá la luz’. Es una locura programar así”. Días antes, el vicepresidente de Fedecámaras en Zulia, Ricardo Acosta, aseguró que la región se encuentra en emergencia debido a la paralización de 75% de la actividad productiva debido a los apagones; en una zona que también fue afectada por los saqueos.

Márquez es profesora de gestión cultural en la Escuela de Artes de la Universidad del Zulia. Cuenta: “Hay quienes se sorprenden porque solo me quedan cuatro alumnos. Pero para mí es como tener el auditorio lleno. Tienen el ímpetu de levantarse todos los días a pesar de las contrariedades. La universidad tiene más de un mes parada. Nos vemos en sitios céntricos como la plaza Bolívar. Reprogramamos el contenido, y hemos estudiado el patrimonio cultural del casco central. No quiere decir que nos resignamos, sino que es una manera de resistir. A mí el chavismo no me va a ganar”.

En el Teatro Baralt no solo ha mermado la cantidad de funciones, sino que está en peligro el patrimonio de un edificio erigido en 1932 y que es administrado por la Universidad del Zulia. “Se necesitan condiciones de temperatura y humedad. No se ha podido mantener siempre el aire encendido, por lo que ha comenzado el deterioro, del interior, especialmente del techo, que tiene una obra bastante importante”, declara Jeanette Rincón, presidenta de la Fundación Teatro Baralt, en referencia al plafón de 540 metros cuadrados que pintó al óleo el artista plástico Antonio Angulo.

Culturaenpenumbra-cita1En marzo sólo tuvieron cuatro presentaciones para el público y tres talleres de formación teatral. En total, asistieron 629 espectadores. En abril hubo cuatro presentaciones y un taller de formación, que sumaron 952 asistentes. “Para el 23 de abril del año pasado habíamos realizado 15 eventos. Cuando comparas con el primer trimestre de 2018, hay una caída de 12.161 a 2.531” concurrentes.

En 2018 evaluaron comprar una planta eléctrica, pero no tenían, y no tienen, los recursos para desembolsar los 151.000 dólares que le pedían. “Acudimos al Ministerio de la Cultura, a la Gobernación del Zulia, ente con el que trabajamos en conjunto hasta enero de 2018, pero no ha habido respuesta. Como estamos a pocos metros del Palacio del Gobierno, no nos afectaba el racionamiento severo que suele haber acá en la ciudad desde hace tiempo. Pero desde entonces estamos igual que cualquier casa de familia. Con problemas de electricidad y agua”, afirma Rincón.

Cuando tocan las puertas del teatro, advierten a los productores que deben alquilar una planta de respaldo. El Martes Santo el Teatro Baralt fue escenario de Federico & Salvador, las horas oscuras y doradas, de la compañía española Insularia Teatro, que formó parte del Festival Internacional de Teatro de Caracas.

“Fue en conjunto con la alcaldía de Caracas y la alcaldía de Maracaibo. Trajeron una planta potente capaz de encender aire acondicionado, iluminación y sonido en caso de que fuera necesario. Pero la alcaldía logró que se mantuviera la electricidad hasta el final. Dio tiempo de recoger el escenario. Cuando el personal se iba, no hubo más suministro. Si hay discrecionalidad, debería permitirse al menos que la ciudad tenga una vez a la semana este espacio abierto. Pueden ser los domingos. Es nuestra propuesta, que todavía no hemos formalizado. Hay que mantener estos lugares para la gente”, acota Rincón.

Además de la electricidad, la presidenta de la fundación detalla cómo han tenido que resolver la escasez de agua: “Usamos un pozo natural que está cerca. Desde diciembre de 2017 dejamos de recibir agua por el sistema de tuberías de Hidrolago. No hemos tenido respuesta. Entonces comenzamos a surtirnos con cisternas y eventualmente los productores de eventos, como la alcaldía y la gobernación, han garantizado el suministro. Pero la alta demanda, las fallas, la emigración y la falta de repuestos de los camiones elevaron dramáticamente los precios de los pocos proveedores que han quedado”, recuerda la directora de una institución que cuenta con 16 empleados fijos. Entonces, decidieron usar el agua de un pozo cercano a través de bombas que llenan el tanque. Pero cuando no hay electricidad, usan tobos.

Para Liliana Blanco, directora general del Centro de Bellas Artes de Maracaibo, asociación civil que cumple 66 años en 2010, lo ocurrido es un remezón para organizaciones sin otros ingresos que no sean las actividades programadas. El teatro del centro tiene 614 butacas, además de áreas para impartir talleres y realizar exposiciones. “Desde hace aproximadamente cinco años hemos organizados nuestras actividades tomando en cuenta la inestabilidad del servicio. Claro, no habíamos tenido apagones como los de ahora, y no tenemos recursos para comprar planta eléctrica”, detalla.

En marzo no tuvieron ninguna actividad. Pronto informarán la nueva fecha del espectáculo Queen vs Sinatra con la Orquesta Sinfónica de Maracaibo. El sábado 4 de mayo será Cena en escena, una iniciativa que busca recaudar fondos para la organización.

El centro opera con 17 empleados. En tiempos de programación continua, hay un promedio de 3.000 personas cada mes. “No está planteado reducir personal, ni disminuir la calidad de los servicios, pero sin dudas, habrá menos actividades. Pero mientras esté parado, está en peligro la operatividad.  Estamos comprometidos con evitar que eso ocurra.”, señala Blanco.

El Museo de Arte Contemporáneo del Zulia también ha tenido que adaptarse. “Desde el 7 de marzo hemos sido afectados. Teníamos agendado el lanzamiento de una campaña de crowdfunding con el fin de recuperar nuestros autobuses. Desde entonces, y dadas las imprevistas discontinuidades en el servicio eléctrico, hemos tenido que desarrollar nuevas estrategias para lograr continuar con nuestros programas, proyectos y actividades, y realizar una programación tentativa, sabiendo que debemos ser flexibles”, enfatiza Anabelí Vera, presidenta del Maczul.

Con respecto al cine, Abdel Güerere, asevera: “La situación del interior es muy grave. En Zulia, que era la segunda plaza más importante, hay siete complejos cinematográficos sometidos a condiciones malísimas. Han dispuesto funciones en la mañana y se han hecho descuentos en las entradas para incentivar la asistencia.

El Domingo de Resurrección, Cinex de Doral ofrecía funciones a las 12 del mediodía y 3:00 pm, mientras que Cines Unidos de Metrosol entre 10:20 am y 12:40 pm. “Esperamos que tenga algún resultado, pero los cambios de hábito son lentos. Además, ir al cine a las 3 de la tarde… la gente trabaja”, concluye Güerere. Durante el último fin de semana de abril, las exhibidoras abrieron funciones adicionales a lo acostumbrado por el estreno de Avengers: Endgame, incluso en Caracas hubo proyecciones a las 7:50 am. Pero todavía es pronto para sacar conclusiones.

Por ahora, no hay elementos que permitan realizar un pronóstico. “Los bloques de administración de carga o racionamiento, como lo quieras llamar, no se cumplen. No sabemos cuándo se recuperará la normalidad. Si no lo sabe el Ejecutivo, que en boca de uno de sus voceros dijo que el plan podría durar hasta un año, ¡explícame! Estamos en resistencia”, asevera Güerere con relación al anuncio del 8 de abril del ministro de Energía Eléctrica, Igor Gavidia, quien aseguró que el llamado plan de administración podría durar 30, 60, 90 días o un año.