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La dictadura de las masas y el descenso de Star Wars

La nueva trilogía terminó siendo un clon de la original comenzada en 1977, sin aportes significativos a la trama desarrollada por George Lucas, y se limita a complacer a los seguidores menos exigentes de la franquicia más exitosa, comercialmente hablando, en la historia del cine. Esta reseña contiene spoilers de The Rise of Skywalker, que ya se estrenó en cines

“La imitación es el homenaje que el mediocre hace al genio”. Oscar Wilde

Con el episodio IX de Star Wars, la saga de los Skywalker llega a su fin, en un capítulo final para el cual el director J. J. Abrams y el coguionista Chris Terrio se dieron a la tarea de remendar los entuertos de la entrega anterior, el episodio VIII, The Last Jedi, que generó fuerte rechazo entre los seguidores de la ópera espacial creada por George Lucas.

Muchas habían sido las expectativas creadas al inicio de esta nueva trilogía, que arrancó en 2015 con el episodio VII, The Force Awakens, dirigida por Abrams, y de la que se esperaba tuviera mejor aceptación que la denostada trilogía de las precuelas (episodios I-III, rodadas entre 1999 y 2005 por el propio Lucas), sumamente cuestionada por el abuso de efectos especiales digitales, los flojos diálogos y las actuaciones acartonadas, pero que no dejó de sorprender por el descubrimiento de nuevos mundos y la plasmación de la maldad haciendo referencia a diversos relatos y mitologías.

Star Wars

Aunque la película (Ep. VII) fue un colosal éxito de taquilla, Abrams también fue objeto de críticas, debido a que, con leves modificaciones el argumento prácticamente calcaba el de la cinta que comenzó todo en 1977, Star Wars, episodio IV, retitulada posteriormente como A New Hope (Una nueva esperanza).

Lo peor del filme era el estado en que mostraban a los personajes originales. Han Solo (Harrison Ford) volvía a ser un contrabandista (luego que el arco de la trilogía original le había llevado a ser un general de la resistencia y uno de los artífices principales de la derrota del malévolo imperio galáctico); Leia (Carrie Fisher) se limitaba otra vez a ser estratega de la rebelión, cuando por su desempeño le correspondían altos cargos en la nueva república, y Luke Skywalker (Mark Hamill) se veía reducido a un ermitaño gruñón que se rehúsa a combatir el mal.

La nueva trilogía y, especialmente el episodio IX, se hizo para complacer a los fanáticos y obtener provecho económico y no para contar una historia original

Pero la obra de Rian Johnson, el episodio VIII, vertió por el garete las grandes preguntas suscitadas en la cinta anterior: ¿quiénes son los padres de Rey? ¿De dónde salió el nuevo archivillano Snoke? ¿Qué rol jugaba el recobrado sable láser de Luke Skywalker? ¿Quiénes son los caballeros de Ren?

El filme provocó acalorados debates. Dos años habían esperado los fans para finalmente ver a Luke lanzar despreciativamente el sable que Rey (Daisy Ridley) le entrega; Kylo Ren (Adam Driver) le revela a ésta que sus padres eran unos don nadie; Snoke es asesinado sin mediar explicación sobre su origen; y, además, el único acto de heroicidad de Skywalker, personaje que era buscado y hasta temido en el episodio VII, es una proyección astral que desgasta su energía y le lleva a la muerte.

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Disney tenía previsto que Colin Trevorrow escribiera y dirigiera la entrega final, pero la perturbación en la fuerza causada por el episodio VIII y el encendido de las alarmas debido a la poca recaudación de la nueva película relacionada con Star Wars (Solo, estrenada en 2018) movieron a los ejecutivos de Disney a despedir a aquél y contratar de nuevo a Abrams, en la búsqueda de garantizar que las aguas volvieran a su cauce.

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El episodio IX de Star Wars, The Rise of Skywalker, ya está siendo proyectado en las salas de todo el mundo, y en el argumento de esta película solo se observa el desesperado intento por aplacar a los acalorados fanáticos, hacerles sentir que todo va bien y fortalecer su sentido de reafirmación.

Se impone la luz

Como habían sacado del escenario tan rápidamente a Snoke, no encontraron otra solución que reincorporar el personaje del emperador Palpatine (Ian McDiarmid) como el titiritero que movía los hilos de los acontecimientos; éste da a conocer a Kylo Ren que Rey es nada menos que ¡su nieta! Y Luke, ya como espíritu de la fuerza, se comporta como un verdadero maestro jedi, orientando sabiamente a Rey y salvando el sable láser que ésta lanza al fuego. ¡Ah! También aparecen los caballeros de Ren, pero apenas juegan un rol (pobre) al final de la película.

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Nada novedoso en la búsqueda del equilibrio en la fuerza, que algunos esperaban ocurriera con una doble transformación de Rey y Kylo Ren, no para que ella pasara a ser mala y él bueno, sino llegando a un punto intermedio (una referencia podían ser los llamados jedi grises, mostrados en historias relacionadas a la saga principal) que anulara las posibilidades del predominio de uno u otro lado de la fuerza  y garantizara de esta manera el equilibrio permanente en esa perturbada y lejana galaxia.

En “Las Ruinas Circulares”, Borges narra la historia de un mago que se dedica a crear un hombre nuevo, soñándolo, en las ruinas de un templo antiguo de una religión extinta

De hecho, en las religiones orientales (de donde Lucas absorbió mucha de la filosofía que se destila en sus seis películas), no se concibe el bien y el mal como sectores absolutos, sino que existen pares de elementos opuestos (frío-calor, noche-día, luz-sombra, cerca-lejos), en los que cada uno forma parte de un mismo sistema, con lo que el mal surge cuando hay un predominio excesivo de uno u otro elemento.

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Una unión de Kylo Ren y Rey transformados hubiera sido más cónsono con las filosofías de los alquimistas de la Edad Media, postulados de los que encontramos numerosas referencias en los episodios I-VI de Star Wars y que plantea la unión de los opuestos, que alude, como ya lo dijo el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, a procesos psicológicos. En el episodio IX, al contrario, vuelve a predominar el lado luminoso y eso ya lo habíamos visto.

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Duplicidad

No quiere decir todo esto que no haya partes en las que hubo creatividad en esta nueva trilogía de Star Wars, especialmente los episodios VIII y IX. En el primero mencionado la idea a la que apuntaba Johnson, en cuanto a que el héroe no necesariamente tenía que provenir de un linaje sino que podía ser una persona cualquiera (la Rey hija de contrabandistas), era una apuesta seria y revolucionaria, así como la idea de la noción de la “fuerza” como “conectora” del bien y del mal (ya enunciada en el episodio VII pero plasmada definitivamente en el VIII con las interacciones de Rey y Kylo Ren; también el poder sanatorio de “la fuerza” (en el IX) era algo que no se había explorado hasta el momento en la saga.

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De una escena del episodio VIII y de los adelantos del IX, pudimos entrever incluso alguna influencia de ese titán hispanoamericano de la literatura universal, Jorge Luis Borges, pues en la penúltima entrega de la saga, Rey (durante su entrenamiento con Luke), pasó por una prueba en la que se vio en medio de unos espejos, que la multiplicaban infinitamente. Los espejos, como factor para la duplicidad, fueron un elemento recurrente en la obra del escritor argentino.

En los avances del episodio IX, al conocerse ya que regresaría el archivillano Palpatine, quien se encontraba en un antiguo templo Sith, se pudo especular que tal vez Rey fuera una creación del antiguo emperador, también por la posible influencia de Borges en los creadores de la nueva trilogía.

En efecto, en la recopilación de cuentos El jardín de los senderos que se bifurcan, publicada en 1943 e incluida luego en el libro Ficciones, figuran dos cuentos que abordan el tema de la duplicidad. “En Tlön, Ukbar, Orbis Tertius”, Borges hace que su amigo Bioy Casares cite a un supuesto heresiarca de Uqbar, quien “había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de hombres”. El cuento trata de la realización física de un mundo imaginario (Tlön) a través del esfuerzo imaginario de una sociedad secreta.

En las religiones orientales (de donde George Lucas absorbió mucha de la filosofía que se destila en sus seis películas), no se concibe el bien y el mal como sectores absolutos, sino que existen pares de elementos opuestos

En “Las Ruinas Circulares”, Borges narra la historia de un mago que se dedica a crear un hombre nuevo, soñándolo, en las ruinas de un templo antiguo de una religión extinta. Las secuencias en el templo original de los sith son las mejor logradas de la película, con una estética suficientemente macabra como para hacer sentir el poder del lado oscuro de la fuerza.

A la influencia borgiana en Abrams ya se han referido críticos como Mike Brotherton, quien ha advertido sobre la ascendencia del argentino, especialmente del relato «El jardín de los senderos que se bifurcan» y su planteamiento de una bifurcación en el tiempo, en el creador de la serie Fringe, donde las tramas se multiplican por medio del transitar a través de esas inflexiones en el tiempo.

¿Podría tratar entonces el episodio IX acerca de que Palpatine había logrado vencer a la muerte (como aseguró había hecho su maestro, Darth Plagueis) creando un nuevo clon de sí mismo y transfiriendo su conciencia al momento de morir lanzado por Anakin/Darth Vader al vacío? ¿Era Rey un nuevo clon de Palpatine, por alguna razón hecha mujer, para volver a trasladar su conciencia?

En el episodio IX se alude a que el decrépito cuerpo de Palpatine es un clon, pero sobre la segunda interrogante la respuesta es negativa. Rey es su descendiente biológica (aunque nunca se nos había mostrado nada sobre una supuesta familia del emperador) y, así como hizo Luke, la chica se mantiene firme en su deseo de ser una jedi. En realidad Palpatine nunca tuvo opciones de convertir a Luke o a Rey al lado oscuro de la fuerza. Convirtió a Anakin por el deseo de éste de salvar a su amada esposa Padmé (Natalie Portman), pero en los otros no había interés alguno en conocer el lado oscuro de la fuerza.

Son ciclos

Al contrario de una unión entre el bien y el mal a la que parecía conducirnos la nueva trilogía de Star Wars, asistimos a una nueva versión del episodio VI, con el mismo escenario de batalla galáctica durante el enfrentamiento entre la heroína y el archivillano y el desfallecimiento y muerte de la protagonista.

La conclusión al final de la tercera trilogía es que el bien y el mal se suceden en ciclos, y que el equilibrio se alcanza con el resultado de que apenas quede un solo jedi vivo y los sith sean derrotados.

Esta realidad hace irrevelante la nueva trilogía. La original trataba sobre el predominio del lado luminoso sobre el oscuro y la transformación del antagonista en una persona buena, las “precuelas” abordaron el predominio del lado oscuro y cómo el protagonista se convierte en malvado. Con decir que los ciclos se repiten ad infinitum bastaba. Las nuevas películas hechas por Disney no aportan nada nuevo.

Como habían sacado del escenario tan rápidamente a Snoke, no encontraron otra solución que reincorporar el personaje del emperador Palpatine

En todo caso, si a esto apuntaba la nueva trilogía (a repetir el esquema de la original) cuando Disney decidió realizarla al comprar los derechos de la franquicia a Lucas en 2012, Abrams debió haber utilizado el numeral X, en lugar del VII, como arranque de la nueva tanda de películas. El ascenso de Skywalker debió ser entonces el XII y se dejaba abierta la posibilidad de hacer una nueva trilogía para contar en los episodios del VII al IX cómo Kylo Ren había sucumbido al lado oscuro de la fuerza, como se hizo con Anakin/Darth Vader en los episodios I-III. Pero al no haber planificado correctamente todo el arco de la historia, se incluyeron flashbacks en el episodio VII para explicar la caída de Ren y ahora mostrar este aspecto es totalmente innecesario.

La nueva trilogía de Star Wars y, especialmente el episodio IX, se hizo para complacer a los fanáticos y obtener provecho económico y no para contar una historia original que aportara una visión particular, un mundo interno propio de un autor, que genere reflexión y conocimiento. Asistimos así a la dictadura de las masas, con su criterio uniformador y que esperan solo reafirmarse a sí mismos en la comodidad de sus butacas ingiriendo cotufas.

En definitiva, el argumento y el desenlace de la nueva trilogía es el mismo de la obra que cautivó a millones de personas entre 1977 y 1983, repite de manera menos creativa, la trama de la trilogía original y así queda como mero apéndice de la obra creada por Lucas, que a pesar de las deficiencias de los episodios I-III, aún goza de credibilidad por su visión y originalidad.