La fructífera carrera de Alberto Naranjo

El baterista y arreglista autodidacta, hijo de la bolerista Graciela Naranjo, deja para la posteridad decenas de impecables grabaciones y el nombre de un jonrón musical: El Trabuco Venezolano. Su vida también incluyó producciones, arreglos, composiciones y participaciones en registros legendarios

La fructífera carrera de Alberto Naranjo

“Más que una orquesta, un auténtico movimiento de la salsa venezolana (…) un grupo de amigos, de maestros”. Estas son algunas de las palabras que dedicó el periodista, escritor y musicólogo César Miguel Rondón a El Trabuco Venezolano, fundado por Alberto Naranjo, en su invaluable texto El libro de la salsa. Crónica de la música del Caribe urbano (Ediciones B, 2ª edición, 2004).

En la publicación, Rondón describe el contexto en el que surgió el proyecto liderado por el disquero Orlando Montiel y el músico Alberto Naranjo, el cual carecía de pretensiones comerciales y derrochaba utópicas intenciones, al fusionar géneros que resultaran en un sonido propio, gracias al buen hacer de virtuosos instrumentistas. El trecho entre el sueño y el hecho dio frutos en 1977, cuando apareció en escena la agrupación que consolidaría el prestigio de su director entre conocedores, escuchas y bailadores: El Trabuco Venezolano.

Pero la historia de Naranjo, fallecido el 27 de enero de 2020, incluye mucho más.

Alberto Naranjo

Casta musical

Todo comenzó con la unión entre el locutor Magín Pastor Suárez y la cantante Graciela Naranjo. Él fue la primera voz oficial de la Televisora Nacional (TVN-5) y ella la bolerista que enamoró al público en los años 30, 40 y 50 del siglo XX, alternando con figuras como Carlos Gardel y Agustín Lara en el prestigioso Hotel Majestic.

Ya octogenaria, la intérprete recordaba que el talento se lo debía a su padre Eudoro, quien cantaba en compañía de su inseparable guitarra. En esa conversación con Ricardo Tirado, recogida en el libro Amores públicos (Fundación para la Cultura Urbana, 2004), también dijo: “Es un virtuoso de la música, un hijo único, atento y cariñoso, que más parece un novio entusiasmado”, refiriéndose al heredero de su vena artística: Jorge Alberto, nacido el 14 de septiembre de 1941, en Caracas. La otra hija, Ángela, optó por la sicología social antes de instalarse en Houston.

Estaba postrado con escaras, en precarias condiciones económicas. Expiró en su apartamento de Parque Central. Sin duda, merecía una mejor despedida

Dicen que las madres no se equivocan y Graciela no fue la excepción. De oído, sin formación académica, aunque influido por la música que se escuchaba en su hogar e impulsado por la curiosidad, Alberto Naranjo se familiarizó con la batería a tal punto que, en 1958, inició el transitar que lo llevaría a integrar Los Caciques, Orquesta de Chucho Sanoja, Los Melódicos y Orquesta de Porfi Jiménez, absorbiendo todos los conocimientos posibles y preguntando sobre aquello que le resultaba ajeno.

Además, ingresó a las filas de Radio Caracas Televisión, cuando los canales contaban con músicos en sus nóminas para atender las necesidades de programación. En esa época, el timbalero neoyorquino Tito Puente lo contrató para que lo acompañara durante su gira mundial.

Alberto Naranjo

Con el fogueo adecuado como percusionista, Alberto Naranjo decidió multiplicar su quehacer profesional, incursionando en el campo de los arreglos y la producción. La consolidación de su nombre y el deseo de ofrecer una alternativa a lo que sucedía con la Fania All Stars y con las agrupaciones locales terminaron en la alianza con el empresario Orlando Montiel para darle forma a un ambicioso proyecto: reunir a lo más granado de la música, a la misma hora y en el mismo lugar, bajo un nombre que reflejara su afición por el béisbol. No existía motivación económica, sino el deseo puro de disfrutar los acordes.

El Trabuco Venezolano debutó en agosto de 1977, en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Fue en la conferencia a dos voces Desde el son hasta la salsa, en la que Domingo Álvarez se apoyó en El Sonero Clásico del Caribe y César Miguel Rondón en la novel formación capitalina, para desarrollar el tema. A partir de entonces, surgirían cinco discos de estudio y dos en vivo, grabados al lado del conjunto cubano Irakere.

“El Trabuco pasará a la historia como la gran descarga, el jam session caraqueño, como el lugar de encuentro de los músicos y como la gran escuela”

Alejandro Calzadilla escribió en La salsa en Venezuela (Fundación Bigott, 2003): “El Trabuco, hay que decirlo, tiene entre sus logros más importantes, haber conseguido un sonido de originales características. No suena parecido a nadie, cosa que, en este tipo de música, es uno de los aspectos más difíciles de lograr”.

Samuel del Real, “El Pavo” Frank Hernández, Felipe Rengifo, Moisés B’Aubeterre, Alberto Vergara, Carlos Spósito, César Monge, Víctor Mestas, Gustavo Aranguren, Benjamín Brea, Rafael “El Gallo” Velázquez, Coco Ortega, Joe Ruiz, Carlos “Nené” Quintero, Cecilia Todd, Leopoldo Escalante, Saúl Vera, Rafael Silva, Iván Pérez Rossi, Jesús “Chu” Quintero, Otmaro Ruiz, Irvis Méndez, Trina Medina, María Rivas, Wladimir Lozano, Mauricio Silva, Rafael Rey, Carlos Daniel Palacios y Federico Britos son algunos de los nombres que integraron la agrupación, en distintas etapas de su existencia hasta 1984.

Para el recuerdo quedan las canciones “Compadre Pedro Juan”, “El tuerto”, “El muñeco de la ciudad”, “Imagen latina”, “Tres días”, “Brujería” y “La música”, que sirvieron de argumento a la hora de que el Gobierno Nacional declarara Patrimonio Cultural a la agrupación criolla, en 2017.

“El Trabuco pasará a la historia como la gran descarga, el jam session caraqueño, como el lugar de encuentro de los músicos y como la gran escuela para muchos de ellos, tanto del jazz como de la salsa”, sentenció Calzadilla en el citado texto.

“El trabuco no suena parecido a nadie, cosa que, en este tipo de música, es uno de los aspectos más difíciles de lograr”

Más allá

Especialistas en la materia musical destacan cuatro álbumes producidos por Alberto Naranjo: Imagen latina, en el que contó con Aldemaro Romero, Simón Díaz, Serenata Guayanesa, María Rivas, Otmaro Ruiz y Saúl Vera; Swing con son, en el que junto a su Latin Jazz Big Band rindió tributo al maestro dominicano Luis María Frómeta y su Billo’s Caracas Boys; Dulce y picante, en el que al lado de Nuevo Mundo Jazz Band homenajeó al olvidado director de orquesta venezolano Luis Alfonzo Larrain; y Cosas del alma, concebido para la cantante Delia.

El Trabuco Venezolano debutó en agosto de 1977, en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas

Como arreglista trabajó con Ricardo Montaner, Adalberto Santiago, Conexión Latina, Guaco, Grupo Mango, Oscar D’León, Aldemaro Romero, Simón Díaz y María Rivas, entre otros. Raíces de Soledad Bravo o Cancionero del amor venezolano III de Ilan Chester son muestras de su labor.

Como músico, además, acompañó a las figuras más importantes del mundo que pisaron Venezuela. Incluso el trompetista cubano Arturo Sandoval recurrió a su talento para grabar el tema “Mambo caliente”, parte de la banda sonora de la película Mambo Kings que logró nominación al premio Oscar.

El timbalero neoyorquino Tito Puente lo contrató para que lo acompañara durante su gira mundial

En el plano personal, estuvo casado con Luisa Garrett. Tuvo tres hijos: Jorge Alberto, Luis y Grecia; más tres nietos: Kai, Joanna y Michael.

A pesar de todos sus laureles artísticos, el fallecimiento de Alberto Naranjo se produjo en tristes condiciones. Según tuiteó el periodista y musicólogo Gregorio Montiel Cupello, estaba postrado con escaras, en precarias condiciones económicas. Expiró en su apartamento de Parque Central. Sin duda, merecía una mejor despedida. Quedan pendientes los aplausos.

“Es un virtuoso de la música, un hijo único, atento y cariñoso, que más parece un novio entusiasmado”