<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

La tragedia que vino después: el inicio de la V República

La revolución debe continuar. El 21 de diciembre de 1999, tras la devastación dejada por las lluvias en Vargas, Miranda y Caracas, se proclamó una Constitución que decía romper con todo lo anterior para la refundación de la república, pero algunos ya pronosticaban que una tragedia llevaba a otra

La tragedia de Vargas llegó como un pájaro de mal agüero, pero las épicas exigen un gran desastre, sobre todo cuando se cierra un milenio, un siglo y una etapa histórica. Una avalancha que purifique y refunde nuevamente una sociedad, mirando atrás, utilizando el pasado como justificación política del presente. George Orwell lo había dicho 50 años antes: “Quien controla el presente, controla el pasado y quien controla el pasado, controlará el futuro”. No sabemos si Hugo Chávez conocía sobre aquello, pero el 15 de diciembre de 1999, mientras una catástrofe amenazaba al litoral central, pronunció una frase que, aunque hoy es una bandera revolucionaria, tiene un origen más bien reaccionario: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.

José Domingo Díaz es el autor explícito de aquella línea, a pesar de que, en sus Recuerdos de la rebelión de Caracas, libro que comenzó a circular en España en 1829, se la atribuya a Simón Bolívar, su némesis, El Libertador. La persona a quien quería estigmatizar como hereje: Dios es la naturaleza y nadie puede ir contra él. Entonces, Díaz buscaba perjudicar la imagen del presidente de la República de Colombia (Gran Colombia), pero el tiro le salió por la culata. Aunque su escrito trascendió, la historia oficial cita su frase, no le da crédito alguno y la usa para realzar al héroe, al “padre de la patria”. ¿Una muestra? Las letras doradas que brillan con la luz del sol frente a la Plaza El Venezolano. Los gobiernos son sus promotores y 200 años después, el culto es casi una religión.

«La consulta electoral no se suspendió, a pesar de las torrenciales lluvias ocurridas en el estado de Vargas, las cuales para ese momento dejaban ver que se trataba de una situación de extrema emergencia»

Borrón y cuenta nueva

Hugo Chávez llevaba 10 meses en la Presidencia de la República cuando pronunció la frase, ante la inminente catástrofe que azotaba el litoral central. Lo hizo frente a las cámaras de televisión en la víspera de la convocatoria a la jornada electoral. La refundación de la patria tenía fecha y hora: miércoles 15 de diciembre, al sonar la diana. Ese día, contra viento y marea, literalmente, el pueblo debía salir a rebautizar a la nación bajo la pomposa denominación de “República Bolivariana de Venezuela”. ¿Muertos? ¿Damnificados? La desgracia de un pueblo entero no hacía falta. Como un mal presagio, las lluvias no paraban y el deslave se llevaba todo lo que encontraba, una revolución.

Al referéndum asistió menos de la mitad de la población electoral (44%), mientras que la abstención rondó el 55%. La Constitución de 1999 (vigésima sexta en la historia de Venezuela) fue aprobada con el 71% de los votos, según cifras que cita la historiadora Inés Quintero en Historia mínima de Venezuela.

“La consulta electoral no se suspendió, a pesar de las torrenciales lluvias ocurridas en el estado de Vargas, las cuales para ese momento dejaban ver que se trataba de una situación de extrema emergencia que terminó desencadenando un desastre de enormes proporciones”, apunta la académica. Los daños materiales superaron los 2.000 millones de dólares y cerca de 80.000 personas fueron desplazadas. La cantidad de víctimas fallecidas nunca ha podido precisarse.

República

Entre los cambios que planteaba la nueva constitución estaba la supresión del Senado y la conversión del Congreso de la República en una Asamblea Nacional unicameral

“No importa que andemos desnudos, no importa que no tengamos ni para comer. Aquí se trata de salvar la revolución”, diría Chávez años después. La revolución bolivariana arrancó en el seno de una desgracia, pues, el proyecto como tal nació en 1999 con la nueva Carta Magna. La elección de Chávez, incluso, estuvo sometida al texto de 1961, que planteaba otro panorama y la república no tenía apellido.

Ese miércoles, el presidente volvía citar el episodio escrito por José Domingo Díaz para justificar su proyecto: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y la haremos que nos obedezca. Quiso Dios hoy, y así lo asumimos como católicos, como cristianos, que una tragedia enlutara a la nación venezolana precisamente el día de su renacimiento. Hoy es un día de signos cruzados, hoy es un día de fin y de comienzo. Hoy termina, gracias a Dios y gracias a ustedes, soberanísimo pueblo de Venezuela, heroico pueblo de Venezuela, hoy termina una era nefasta, hoy termina una república, la cuarta república (…) Hoy ha nacido la República Bolivariana de Venezuela”.

El mandatario decía que lo ocurrido el 15 de diciembre era de «gran esperanza» porque quedaba demostrado que el pueblo «sabe sobreponerse a las dificultades». Y, como evidencia de «signos cruzados», añadía: «Felizmente, por encima de las tragedias, ya aquí está la nueva Constitución para esa república bolivariana (…) No hay nada que celebrar porque hay muchos caminos que andar y dolores que cargar».

República

Nuevas reglas del juego

Entre los cambios que planteaba la nueva constitución estaba la supresión del Senado y la conversión del Congreso de la República en una Asamblea Nacional unicameral. La extensión del período presidencial a seis años con reelección inmediata, el carácter deliberativo y sufragante de los militares, el debilitamiento del control civil, la creación del cargo de vicepresidente de la república y la anexión de otros dos poderes (Electoral y Ciudadano) a los clásicos Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Todo esto “con el fin supremo de refundar la república para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado”, como dice el preámbulo, aunque mantiene la esencia de la representatividad.

Mientras la naturaleza y las fuerzas físicas hacían lo mismo en un solo estado, metafóricamente hablando la tragedia no sólo afectó a Vargas sino a todo el país

La aprobación de las nuevas reglas del juego supuso un nuevo proceso electoral para renovar absolutamente a todos los poderes públicos, este se llevó a cabo el 30 de julio del año 2000, un año y seis días después de haberse instalado la Asamblea Nacional Constituyente que redactó el texto en sólo cuatro meses.

La revolución avanzaba con rapidez y sin parpadeos, llevándose todo a su paso. Todo con el auspicio del pueblo que, embelesado por el populismo, no estaba claro de sus consecuencias. Ese fue el sentido de aquella época: limpieza y refundación. Mientras la naturaleza y las fuerzas físicas hacían lo mismo en un solo estado, metafóricamente hablando la tragedia no sólo afectó a Vargas sino a todo el país. Fue una tragedia pronosticada desde 1992. Una nueva constitución y unas megas elecciones vinieron a marcar el fin de un ciclo y el comienzo de otro.

República

Aunque fue votado en 1998, el chavismo empezó en 1999, cuando asumió el poder y se ejecuta el proyecto que, para bien o para mal, rompe con lo anterior y le da paso a la constitución vigente, plataforma de las acciones políticas hoy tomadas y que sirve para todo por sus vacíos y ambigüedades.

La carta de 1999 marca los tiempos de ambos polos. Todos recurren a ella para justificar sus pareceres, aunque haya artículos que se cumplan parcialmente y otros que sean por completo ignorados. Pese a ser escrita y aprobada en medio de las adversidades, significó el último gran pacto social que firmaron los venezolanos, antes de la ferviente movilización, la politización y la polarización que hoy inunda todas las esferas de la ciudadanía, y que han caracterizado estas dos primeras décadas del siglo XXI.

República