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Las del 17, intimidad de la resistencia

Son las mujeres quienes hacen las colas, quienes alimentan y hacen milagros para curar. A eso alude "Las del 17", pieza de Doménica Aglialoro que se exhibe en la Sala Mendoza de la Universidad Metropolitana. Son vulvas entreabiertas. El grito de las mujeres que participaron en las protestas callejeras que empezaron en abril

Las del 17, intimidad de la resistencia

En estos días clausura, -en la Sala Mendoza, ubicada en la Universidad Metropolitana, de Caracas-, la exposición “I-Conos Cerámica Emblemática Venezolana”, un recorrido breve pero muy aleccionador del inmenso desarrollo que llegaron a alcanzar las artes del fuego entre nosotros.

Después de asombrarnos con las obras de los maestros fundadores de los años 40, llegamos la última salita del recorrido, reservada a los contemporáneos. Y, curiosamente, allí está una representación del trabajo de  Tecla Tofano (Nápoles, Italia, 1927, Nápoles – Italia – Carcas, 1995), una escultora, ceramista, fallecida hace más de veinte años. ¡¿Tecla Tofano entre los contemporáneos, donde dialoga con artistas jovencísimos?! Pues sí. Y con toda razón. El curador, Luis Felipe Farías, hizo ese guiño, que la audiencia capta al observar esas mujeres de Tecla Tofano con las piernas abiertas y la intimidad expuesta como una alcancía vociferante, a la vez que juguetona y satisfecha de sí misma. Es una propuesta muy interesante de Farías, pero no vamos a extendernos en eso.

Resulta que al lado de la pequeña selección de la maestra Tecla Tofano está una pieza no muy grande -unos 50 X 50 cm-, oscura (o quizá deberíamos decir, mal iluminada), compuesta por cuadritos en los que se ha trazado una incisión. Son tajos rápidos, como del gesto de hacer ñoquis. Pero al acercarte o al mirar con detenimiento, descubres que son cuquitas, vulvas entreabiertas, que parecen estar susurrando, cantando, gritando, silbando… Se trata de la pieza “Las del 17”,  de la artista venezolana Doménica Aglialoro, (Caracas, 1962), autora de un trabajo de sólido anclaje político.

Las-del-17

Hija de inmigrantes sicilianos, Doménica Aglialoro empezó a pintar cuando era una niña pequeña. “Todo comenzó”, evoca, “cuando mi papá me vio haciendo figuras con guaches sobre una maderita y al día siguiente se apareció con óleos para que yo pintara”. A la hora de escoger una carrera, Doménica, quien vivía en San Antonio de Los Altos, donde todavía reside, pensó estudiar Letras, en la Universidad Central de Venezuela, pero el hecho de que las clases solían terminar en la noche la disuadieron. La carretera podía ser muy peligrosa. A finales de los 70 ingresó en la Escuela Técnica de Artes Visuales Cristóbal Rojas; y en 1982, un año antes de concluir ese programa se fue a estudiar Arquitectura, en la Universidad de Palermo. Cursó año y medio hasta que se dio cuenta de que no tenía sentido estudiar nada distinto a artes plásticas. Fue así como se pasó a la Academia de Bellas Artes, de Palermo, y cuatro años después  se graduó.

Estaría 11 años en esa ciudad siciliana. “Fueron los años de la guerra de mafias, cuando mataron a los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. Eso me marcó. Viví ese momento de conciencia colectiva, aquella conciencia de que había que luchar contra la mafia. De que no podía aceptarse lo inaceptable. Para mí fueron años de estrecheces económicas, pero divinos. Con muchos sacrificios materiales, pero con una libertad intelectual y de vida importante”.

De regreso a Venezuela, en 1993, se concentró en su obra. Dibujante, pintora, grabadista, ya había experimentado con la cerámica. “Cuando le metí el dedo a la arcilla, me di cuenta de que era un modo de expresión maravilloso, porque podía hacer lo que me diera la gana. El material me atrapó, aunque no tengo formación como ceramista: nunca he formulado un esmalte o una pasta. Mi formación al respecto es teórica. Soy obsesiva, hago obra o me pongo a estudiar cerámica. Preferí a hacer obra. Cuando necesito expresar algo, apelo a las distintas técnicas. Puedo hacer cerámica, lo mismo que coser, bordar… Uso los materiales según lo que necesite expresar”.

“Las del 17” no fue hecha este mismo año. En realidad, las partes que la componen fueron realizadas en 2002. Su proceso tuvo tres tiempos: horneó los fragmentos en 2002, los montó en 2015 y le puso nombre a la pieza en 2017.

“Los nombres completan mis obras. Cuando Luis Felipe Farías me llamó para participar en la exposición de la Sala Mendoza, me vi obligada ponerle un nombre a esta obra, que consiste en una cantidad de vulvitas. Algo había sucedido en esos días. Había barricadas en San Antonio y quienes estaban en primera fila eran mujeres. Muchísimas mujeres…”

Doménica ha hecho trabajos a partir de la trágica situación carcelaria de Venezuela y sobre los muy vulnerados derechos de los presos. Sobre los derechos humanos en general.

«Yo defiendo –explica- lo femenino y sus derechos. Cada cuadradito es una mujer. Mientras el sexo masculino está, digamos, exhibido, el femenino hay que mostrarlo. Hay que abrirse para mostrarse. Es un secreto y en él está el secreto de dar vida, de la creación. La vulva está entre las piernas. Guardada. Y difícilmente se expone. Mi obra son mujeres unidas, atadas, que integran una malla. Le puse ‘Las del 17’ porque en este año había barricadas justo en la esquina de mi casa y, cuando fui, solo vi mujeres».

Está hecha en gres negro hermosísimo y ellas estaban sobre asfalto quemado por el fuego de las barricadas.

“Las mujeres de las barricadas estaban físicamente expuestas. Pero no solo allí. Hay una resistencia de la feminidad en todos los aspectos: físico, político, social, afectivo… por la posición asumida por las mujeres en este momento. Son las mujeres quienes hacen las colas, quienes tienen que hacer milagros para alimentar, para curar. El día a día, en el supermercado, en la farmacia, es muy femenino. Allí se producen los lazos de piedad y la solidaridad entre mujeres; y se ven también eventos de agresividad, de codazos y golpes para pelear por la poca comida que hay. Es una exposición diaria por la sobrevivencia. Y a eso alude esta obra”.