Carros Raga: motores de corrupción

A propósito de que la industria automotriz local pasa por su peor crisis, simplemente porque no se ensamblan ejemplares, una desconocida empresa prevé triangular autos argentinos a través de Brasil —echando mano de unos difusos acuerdos con el Mecosur. Es un negocio que, desde el gigante del sur, dicen desconocer y que en Venezuela ha prendido las alarmas por lo turbio del proceso

Cuando Corporación Raga afirmó tener adelantadas las conversaciones para importar 20.000 vehículos desde Brasil, las alarmas comenzaron a sonar. Y no es para menos. En medio de una crisis que ha llevado las importaciones de autos a cero, que una desconocida empresa afirme poder rociar algunas gotas sobre el yermo mercado resulta más que sospechoso.

¿De dónde salió Corporación Raga? ¿Quién estaba detrás de ella? Fueron las primeras interrogantes que surgieron, a las que siguieron otras que buscaban responder asuntos nada nimios. Como por ejemplo: ¿cómo obtendría licencias y dólares para llevar su plan a buen término? La duda emergía mientras que otros querían conocer los intríngulis de una negociación que se suponía contaba ya con la bendición de Fiat Brasil —aunque ello significara saltarse a la torera y aliado comercial en el país.

La empresa

En actas constitutivas de la empresas y documentos de registros mercantil consta que la corporación nació en la aragüena población de Las Tejerías en 2007, siendo sus padres Yojan (sí, con ye y jota) Enrique Raga Fuentes, venezolano portador de la cédula de identidad 11.182.303; y Carlos Alberto Arias Rivas, cédula de identidad 6.249.407. Con capital suscrito y pagado de Bs. 800.000, ambos se reparten el total accionario de su creatura en 95% para el primero y 5% el segundo.

Al más puro estilo de las boticas del pueblo, Corporación Raga tiene competencia para casi cualquier cosa: la construcción de todo tipo de obras civiles e industriales; alquiler, venta y mantenimiento de maquinarias; compra venta al mayor y detal de motos, repuestos, vehículos y periquitos; venta de lácteos y sus derivados; fabricación y distribución de productos homeopáticos, nutricionales, de belleza, perfumes, quincallería y equipos electrodomésticos. El fomento y creación de empresas de producción social y cooperativas, y hasta la venta de loterías —y quién sabe si también de animalitos— figuran entre las muchísimas facultades de esta multisápida corporación.

Para muestra dos botones. Antes de incursionar en el ramo automotor, Raga ejecutó dos obras públicas de non grata recordación: la pavimentación del tramo de la autopista regional del centro frente a Las Tejerías. Sin embargo, la capa asfáltica que tuvo que ser prontamente removida. También amañó los inconclusos trabajos de impermeabilización de techos y sustitución de bajantes de basura en los bloques 34, 35 y 36 de la urbanización 23 de Enero de Caracas, cuyos vecinos atestiguaron que el remedio fue peor que la enfermedad.

El dueño

Aunque de Yojan Raga es poco lo que se conoce —“no me dejo fotografiar por cuestión de seguridad”, dice—, el nada discreto señor Google no tarda en chismear detalles de su personalidad.

En su perfil en la red social Netlog, por ejemplo, se describe como TSU en RR HH (¿Recursos Humanos?), de 41 años, “inteligente, comunicativo, político, deportista, comerciante, amistoso, 1.80 metros de estatura ,77 kilos de peso, blanco, cabello negro canoso, muy activo sexualmente”; mientras que su cuenta en Twitter revela su faceta ideológica al autoproclamarse como “empresario, revolucionario de claras ideas socialistas, defensor de lo justo y la lucha social”.

Su compromiso con los ideales del chavismo es tal que, en 2005 se postuló, como candidato a concejal por la parroquia Tiara, municipio Santos Michelena del estado Aragua, en representación de los movimientos Electoral del Pueblo (MEP) y Tupamaros. No ganó.

El negocio

Con loable actitud Yojan Raga afirma: “ya que las productoras nacionales no tienen capacidad de respuesta, hemos visto la oportunidad de aprovechar el Mercosur para importa vehículos a mejores precios». Asegura, además, que el despacho de las primeras 500 unidades ya está palabreado con Fiat Brasil para triangular carros ensamblados en Argentina, tomando en cuenta que los autos patagónicos son los que se adaptan a las exigencias tecnológicas locales.

Sobre el financiamiento, Raga dice que se hará a través de cartas de crédito de la banca privada —que soportarán el otorgamiento de dólares del Cencoex—, mientras que los compradores podrán tramitar créditos imputables a las gavetas de transporte y turismo. Las unidades serán adquiridas por federaciones de transportistas y el estatal Fondo Único de Transporte. Se encargarían de adjudicarlas entre sus agremiados. Todo un negocio redondo.

Pero el asunto no parece tan fácil como Raga lo pinta. Desde Betim, polo industrial del brasileño estado de Minas Gerais, donde funciona el headquarter para Latinoamérica de Fiat Chrysler, Daniel Simonetti, responsable de comunicaciones corporativas para la región, afirma que allí nada saben sobre el negocio pues el señor nunca portó por allá. Recuerda, asimismo, que Fiat tiene representante exclusivo en Venezuela.

En efecto, a menos que Fiat quiera jugarle una trastada a un viejo socio, los negocios de la marca aquí son manejados por Comercializadora Todeschini, dueña de los derechos para vender sus modelos en suelo patrio, excluyendo al gobierno, claro está.

«Fiat Brasil dio su aquiescencia a la compra que pretende hacer Raga, pero dijo que solo se podría hacer a través de nosotros”, afirma Manuela Todeschini, heredera y jefa del consorcio fundado por su padre, quien recuerda que, desde que asumieron la representación de la marca en el 2000, más de 15 negocios similares se han quedado en meros intentos.
En el Ministerio de Comercio tampoco se sabe nada del asunto y según una fuente fidedigna, el viceministro de Comercio Exterior, Jhonny Saavedra, asegura sin miramientos que Yojan Raga es “un vulgar estafador”.

Y si hasta aquí el negocio suena turbio, el otro no lo es menos. Resulta que parte de las unidades que Raga desea comprar —¿o vender?—son camiones Iveco, que se negociarían en Brasil pero serían despachados por la filial criolla de la marca. El problema es que además de tener cinco meses parada por falta de material, en la planta de Iveco Venezuela, en La Victoria, Aragua, nada se sabe de la transacción.

Es aquí donde dos preguntas toman fuerza: si el gobierno tiene la potestad de importar carros argentinos sin problema alguno ¿por qué dejaría el negocio en manos de un tercero? En medio de la casi total parálisis del ensamblaje local ¿Dejará Iveco de entregar lo poco que produzca a sus concesionarios para otorgarlos a un desconocido? Desde donde se mire, a este quintarepublicano negocio lo que le falta en concreciones le sobra en sospechas.