María Elena Lavaud: el salto armonioso de las letras

Con una trayectoria en los medios de comunicación que despunta en la televisión y la radio venezolana, María Elena Lavaud sigue sintiéndose periodista a pesar de incursionar desde la década pasada en la literatura

María Elena Lavaud: el salto armonioso de las letras

Como los actores que esperan su papel estelar, la periodista y escritora María Elena Lavuad aún está esperando la historia de su vida narrativa, que confiesa desconocer. “En algún rinconcito de mi cerebro está la idea pendiente. Estoy esperando a ver qué va a pasar, de dónde va a surgir. Esas son cosas que detonan de donde menos te lo esperas”, dice. De relatar la noticia en caliente en Globovisión y el circuito Unión Radio, la periodista ahora narra historias reposadas. Se mantiene en la producción de contenido editorial con obras de su autoría —Días de rojo (2009), La Habana sin tacones (2011) y Tatuaje de lágrimas (2015)— y libros por encargo, como Te cuento: 75 años de Empresas Polar y su gente (2016).

Desde finales de la década pasada se sabe y siente escritora. No encuentra escisión alguna con tener una “periodista interna” que opine y determine su quehacer diario. “Para mi gusto, después de tres libros, influye demasiado todavía. Pero colocarse en esa disyuntiva del periodismo y la literatura es cruel para el autor. Somos uno. Las dos cosas tienen su herramienta y su ventaja”, explica.

Su necesidad de drenar canalizada en la escritura tiene nortes más artísticos, escapando de las estructuras cuadradas de los guiones de radio y televisión. Luego de las casi tres décadas que dedicó a informar a las masas, las mañas quedan. “Estoy acostumbrada a escribir toda mi vida. Nunca me paré en ningún medio a decir algo que otra persona me escribió, jamás. No puedo evitar hacer investigaciones y entrevistas”, explica.

Tatuaje de lágrimas, publicado por Ediciones B, lo evidencia. Libro con el que, según ella, creció como persona y escritora. Basado en hechos reales, la autora mezcla la ficción con la veracidad en la historia de una joven víctima de abusos físicos que se encuentra con un sistema judicial corrupto. La obra se ha presentado en Miami y Caracas y está próxima a hacer lo mismo en España. La escritora firmó un convenio de representación con Maperez Consulting, consultora con la que negocia actualmente la futura publicación del libro con una editorial ibérica que se reserva, lo mismo que los encargos en los que actualmente trabaja.

El eslogan de su creación se lo sabe de memoria. “Si no hablamos de lo que pasa, dejamos que pase”, reza. Con su último libro, Lavaud se ve a sí misma como una voz guía para mujeres bajo yugos violentos. “A pesar de ser un tema duro y difícil, he encontrado receptividad de mucha gente que ha estado esperando que alguien le dijera, le hablara o le mostrara que no es la única”, dice. Admite que no es un texto autobiográfico, aunque muchos lo piensen. “Me han dicho ‘parece que los golpes te los hubieran dado a ti’. Cuando escucho eso me siento contenta porque digo ‘está bien hecho. Es creíble’”, se ufana.

El encuentro en 2010 con Belén Vallenilla, amiga de primaria y víctima de violencia de género, fue el detonante que la llevó a incursionar en el mundo de los golpes físicos y mentales hasta sus puntos más álgidos. “Me planteé no solo exponer la violencia física, sino también, cuando tomas la decisión, el maltrato del poder judicial al no haber justicia. Quise juntar esas dos cosas para llevar a los límites a ese personaje”, explica. Sin embargo, la escritora se sorprende y estremece de solo pensar que Clarissa, la protagonista de la historia, pudo o puede existir. “Creí que haber puesto a esta mujer a asesinar, a meterla presa, era un extremo. Luego me encuentro con que en Miami hay una casa hogar para mujeres que han sido víctimas de la violencia de género y que han tomado la justicia por sus propias manos”. Contar la violencia de género femenina siendo mujer fue uno de sus mayores retos. Su proceso creativo soportó tres manuscritos e incontables desesperos mientras se ponía en los zapatos de su joven protagonista.

Las tablas internacionales mostraron al público parte de la travesía de Clarissa el año pasado en el 14º Festival Latinoamericano del Monólogo Havanafama. Bajo la dirección del reconocido escritor, productor y director criollo José Eduardo Pardo, la obra de teatro Tatuaje de lágrimas se presentó en Miami, Estados Unidos, con la actuación de la venezolana Mónica Rubio. De acuerdo con Lavaud, la aceptación del público fue inmediata. “Yo tenía miedo porque la historia no es para reírse. No es una comedia, es un drama, un drama duro. Creo que ha cumplido un objetivo y que ha sido bien recibido”, indica.

Las múltiples dimensiones de sus creaciones le fascinan e intrigan. A ello apunta en sus próximos años de carrera en las letras. “Quisiera verme como una gran periodista que aprendió el oficio de escritora. Mi gran sueño es que mis historias trasciendan y hasta ahora he hecho que tengan varios formatos, lo que me atrapa y emociona muchísimo”, indica. “La Lavaud”, nombre dado por sus colegas y con el que firmaba algunos artículos periodísticos, ahora es “MEL”, como sus iniciales, primero escritora y luego periodista.