María Guinand: “Somos como la semilla que germinará cuando salga el sol”

Resisten toda adversidad. Desconfían de los malos augurios y son sordos ante cualquier vaticinio catastrófico. Ellos viven dentro del caos pero el enfoque que han logrado labrar en su propio camino de servicio los protege ante la centrífuga asesina. María Guinand es músico y educadora, y su misión de acompañamiento y enseñanza la anima a continuar en Venezuela. Ella es una de los Orfebres de la esperanza

Soy María Guinand, directora de la Fundación Schola Cantorum de Venezuela. Empecé con la música desde niña. Mi madre tenía inclinación hacia la música porque en su familia había habido músicos desde tiempos ancestrales. Mi bisabuelo fue Manuel Guadalajara, un reconocido flautista y compositor del siglo XIX, y su esposa, Mercedes García, fue una gran pianista.

Yo estudié piano, después fui a la escuela de música, y hacía mis estudios a la par del colegio. Me gustaba. Mi mamá no era músico de profesión pero sí de alma. Ella tocaba el piano y tuvo muy claro lo que era educar a sus hijos en el arte y fomentar esa sensibilidad.

María Guinand

De mis siete hermanos, yo fui la que tomó el camino de manera formal. Hice ballet, también hice mucho trabajo social y me dediqué a la educación. Cuando terminé el bachillerato me di cuenta de que me gustaba mucho el trabajo formativo, educativo, y como a los 18 años de edad me di cuenta de que la música sería mi herramienta pero que yo quería dedicarme a la educación.

Yo no quería ser pianista, ni concertista, ni solista. Mi trabajo siempre estuvo orientado hacia el colectivo. En esos años, el maestro Alberto Grau había creado la primera cátedra de directores de coro y me invitó para que participara como una de sus alumnas. Ni soñaba que me iba a casar con él. Él abrió su cátedra de directores de coros jóvenes y yo entré en esa cátedra.

Hemos sido absolutamente creativos y resilientes. No nos hemos dejado vencer y no nos vamos a dejar vencer

Me gustó mucho el trabajo coral. A raíz de eso fui a estudiar al exterior y cuando regresé a Venezuela, a los 23 años de edad, estaban pasando muchas cosas. La Schola Cantorum se había fundado en el año 1967. Siete años después se había creado la Fundación Schola Cantorum de Venezuela y en el año 1975 se fundó el Sistema.

Todas esas organizaciones con estos dos líderes, el maestro Abreu y el maestro Grau, tenían grandes proyectos para Venezuela. Yo llegué muy joven, me recibieron con los brazos abiertos y me dieron mucho espacio para trabajar. Para mí Venezuela significó todo.

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Yo trabajaba acá todo el año y desde aquí hice toda mi proyección internacional desde el punto de vista del canto coral, la educación musical, el trabajo con las organizaciones internacionales, la creación de espacios para formar directores de coro, el trabajo en la USB, y todo lo que he hecho en 50 años de labores.

Nunca me plantee irme de Venezuela, nunca me plantee que mi espacio estuviese en otra parte. Es más, yo había estudiado afuera y tenía la posibilidad de quedarme haciendo post grado en el exterior, pero cuando llegué aquí encontré un terreno tan fértil y abierto para hacer cosas que comencé a trabajar e hice mis post grados a distancia. Nunca me quedé diez años afuera y después regresé. Siempre he estado en conexión con lo que pasa afuera pero trabajando en Venezuela. Siempre he estado dentro y fuera, dentro y fuera.

Nuestra mayor preocupación es que nuestro personal entrenado, formado, se vaya, porque es muy difícil tener los recursos humanos para suplirlos

Eso ha sido extraordinario para mí porque he tenido una gran ventana hacia el mundo, hacia mi área, pero también referido a todo lo que pasa en materia musical, educativa, en gestión, organización. Me ha tocado formar a muchos directores, me ha tocado dirigir mis agrupaciones corales. He sido directora de coro en la Fundación Schola Cantorum, en la Universidad Simón Bolívar, en la Fundación Empresas Polar y he trabajado con miles de coralistas.

No fuimos los primeros. Ya desde 1930 en Venezuela había un gran movimiento musical y coral impulsado por los maestros Vicente Emilio Sojo y Juan Bautista Plaza, y después el maestro Antonio Estévez.

Nuestro archivo musical de partituras de materiales, tiene más de 10 mil títulos de música coral

Hubo la formación de espacios corales tanto en escuelas primarias, como en liceos, universidades, comunidades, bancos y empresas públicas. Nosotros lo impulsamos y consolidamos a partir de 1970 y contribuimos a esa explosión de educación musical a partir del trabajo grupal, tanto en los coros como en las orquestas, porque nosotros trabajamos con el Sistema por más de 35 años. No solo haciendo cantar a los niños sino también creando espacios académicos.

Nosotros, junto a un gran equipo y el maestro Abreu, fuimos los fundadores del primer Instituto de Estudios Musicales que luego se estructuró dentro de lo que es hoy en día la Universidad de las Artes. Nosotros fuimos los pioneros en incentivar que en otras universidades del país se crearan licenciaturas en música.

Fuimos los pioneros en que en la USB se creara la maestría en música. Es decir, entendimos que los músicos necesitaban una formación profesional que no se les estaba impartiendo en los conservatorios ni en las escuelas de música.

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Hemos trabajado durante más de 18 años en todos los países de América Latina con la CAF para crear espacios de música como una herramienta de inserción social. Es el programa Música para Crecer. También tenemos núcleos en Carapita, La Vega, La Bombilla, Altagracia, Pedregal, Bello Campo y en el estado Trujillo.

Nosotros nos estamos encargando fundamentalmente de dar apoyo a los directores, a la formación de los maestros. No podemos mantener a tantos grupos grandes por un tema económico y presupuestario pero nos dedicamos a que los maestros tengan en nosotros una estructura de formación permanente. En el año 2018 hicimos un taller internacional de directores de coro utilizando los medios digitales. Tuvimos más de 100 directores en sala y más de 40 a través de las redes, reunidos en la mega sala digital, y los invitados dieron sus clases. Fue así como con poco dinero pudimos hacer una gran acción que motivó a los directores y maestros a seguir adelante.

Nosotros, junto a un gran equipo y el maestro Abreu, fuimos los fundadores del primer Instituto de Estudios Musicales

Nuestro archivo musical de partituras de materiales, que funciona en la otra sede, frente a la Biblioteca Nacional, tiene más de 10 mil títulos de música coral. A lo largo de nuestra historia hemos coleccionado obras, partituras para que los coros canten, que están catalogados y a la orden de directores y maestros corales.

El financiamiento por parte del Estado nunca se detuvo del todo, solo que fue mermando. A partir del año 2001 fue significativo. En la medida en que el país entró en otros caminos, desde el punto de vista político, todos esos convenios de cooperación se fueron diluyendo porque el dinero estuvo orientado hacia otra acción. Mantenemos relación con el Ministerio de la Cultura y con otras instancias públicas municipales porque somos una institución privada sin fines de lucro. Nuestra relación con el Sistema fue siempre de hermandad, de cooperación, pero no dependiente de forma económica, financiera o programática.

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Para mantener nuestras actividades hoy en día tenemos muchísimos scholistas que viven en el exterior y que nos sostienen a través de campañas de crowdfunding. Contamos con algunos recursos propios que vamos administrando con muchísimo cuidado, poseemos una gran dosis de voluntad, y también un voluntariado maravilloso que nos apoya.

Este momento es como cuando viene un tsunami y te conviertes en una semillita chiquitica. Te metes debajo de la tierra y esperas hasta que salga el sol. Ya la semillita seguirá germinando. Ahora no estamos inventando grandes proyectos. Antes hacíamos grandes giras internacionales y festivales, traíamos maestros invitados, y todo eso lo hemos ido reduciendo. Estamos manteniendo nuestros espacios de trabajo y de educación.

He sido directora de coro en la Fundación Schola Cantorum, en la Universidad Simón Bolívar, en la Fundación Empresas Polar y he trabajado con miles de coralistas

Seguramente muchos se han ido pero todos los días llegan niños nuevos. Todos los días hay jóvenes que necesitan seguir cantando, que quieren y que sueñan con seguir teniendo un espacio de desarrollo musical y sí, es verdad, se nos han ido profesores. Nuestra mayor preocupación es que nuestro personal entrenado, formado, se vaya, porque es muy difícil tener los recursos humanos para suplirlos, pero no solo nosotros estamos sufriendo por eso, todas las escuelas y universidades están teniendo los mismos problemas.

Entonces tenemos que formar muy rápido pero el liderazgo principal, que somos nosotros, los fundadores, estamos aquí. Vendrán otros tiempos y tenemos que seguir haciendo como esa semillita. Tenemos que estar sembrados, bajo tierra, fortalecidos, de manera que cuando pasen las dificultades germinen aquí y rápido.

Nosotros jamás mudaremos a la Fundación Schola Cantorum de Venezuela para ninguna parte. Seguiremos siendo la Fundación Schola Cantorum de Venezuela en Venezuela y esperamos que las circunstancias nunca lleguen a ser de tal dimensión que nos ahoguen totalmente.

Siempre he estado en conexión con lo que pasa afuera pero trabajando en Venezuela. Siempre he estado dentro y fuera, dentro y fuera.

Cuando hemos estado en momentos difíciles hemos dicho: “¡Vamos a buscar soluciones!”. ¿Soluciones como qué? Buscamos las oportunidades en las que podamos reunirnos y ponemos a la orden otras sedes. Hemos sido absolutamente creativos y resilientes. No nos hemos dejado vencer y no nos vamos a dejar vencer. Eso lo tenemos claro.

Hemos cumplido 50 años y estamos vivos en el año 51 sin desfallecer. Hemos pasado por los mayores momentos de gloria y también por momentos de dificultad y hemos siempre tenido la visión y la claridad de poder seguir adelante sin comprometer nunca nuestros valores.

En nuestro trabajo a nadie se le pregunta de qué partido político es, qué dirección tiene su vida personal, cuál es su tendencia sexual o cuál es su religión. No. Todo eso se respeta, porque eso forma parte de los valores que uno cree fundamentales de la libertad humana y nosotros nos centramos en la educación, a través del canto coral, en valores superiores, como la solidaridad, la disciplina, la búsqueda de la belleza, el entendimiento con tus compañeros, el respeto mutuo a las diferencias.

No estoy hecha de ningún material especial, solo que cuento con esa experiencia y también me rodeo de un equipo de gente espiritualmente maravillosa y solidaria. Mi esposo, Alberto Grau, es un hombre profundamente comprometido con este proyecto. Este es nuestro proyecto de vida y yo me siento bendecida de tener una vida así.

Hice ballet, también hice mucho trabajo social y me dediqué a la educación

Ninguno de nosotros está hecho de acero como para estar enfrentándose todo el día contra un muro. Esa no es nuestra esencia. De repente yo como madre (hipotética) estoy todo el día en una cola, pero mi niño irá al coro. Entonces cuando yo llegue a mi casa, aún y con la poquita comida que le daré a mi niño, él podrá cantarme una canción. Es otra cosa. Hay un valor diferente allí.

Evidentemente el trabajo que nosotros hacemos es de segundo piso. Es difícil hacer ese trabajo sin que tú no tengas nada en el estómago; y también podríamos llegar a ese nivel en lo que todo se vaya desintegrando. Eso también es posible. Si eso llegara a ocurrir, que por múltiples dificultades no nos podamos reunir, puede que el país vaya como zombis. Ahí quizá no podremos hacer mucho, ¡pero mientras tanto sí!