Marialejandra Martín: “No me gusta el personaje de la víctima”

La actriz acaba de estrenar Qué hago yo aquí, un cortometraje con el que debuta como directora y guionista. Ahora está enfocadas en filmar su primer largometraje. No es favorable a los remakes, pero le parece buena idea que se haga una versión actual de Por estas calles

No sabe por qué su nombre se escribe así, pegado: Marialejandra. “Yo no entiendo. Uno no pelea por esas cosas, pero me da una rabia horrible. La gente se tiene que fijar, es una gentileza. Tengo años trabajando en esto y hay gente que todavía escribe María Alejandra Martí. ¡Pana! ¿No se acuerdan que soy la hija de Américo y no la hija natural de Mayra Martí?. Pero bueno, es una tontería”.

Marialejandra Martín recientemente presentó a la prensa y a la crítica el cortometraje Qué hago yo aquí, dirigido y escrito por ella. Recientemente fue seleccionado a festivales como Vail Film Festival y el Motion Pictures International Film Festival.

Es protagonizado por Coco (Liliana Meléndez), una mujer que inmiscuye al público en la prisa que lleva para llegar a tiempo a su clase de actuación en la Universidad Central de Venezuela, donde al cruzar la puerta del salón se adentra en ese otro mundo que son las tablas. El elenco también lo integran Gabriel Agüero y Rafael Marziano.MarialejandraMartincita4La idea de esta historia surgió en los años noventa, cuando después de culminar Por estas calles en 1994, decidió estudiar actuación en The Lee Strasberg Theatre & Film Institute en Nueva York. En Venezuela estaba en el estrellato por esa telenovela estelar que transmitió RCTV, pero en aquel momento consideraba que no tenía éxito, una inconformidad que ahora asocia a dilemas de la juventud.

El plan  inicial era estar un año en Estados Unidos, pero decidió quedarse otro más, especialmente por un profesor que marcó esos años: George Loros, con quien luego vio clases privadas. Incluso, grababa las lecciones, vieja costumbre de los años en los que fue alumna de Enrique Porte y Juan Carlos Gené. “Del viejo Gené todavía tengo grabaciones”.

Ese último año fue rudo porque tuvo que mudarse lejos y podía tardar más de una hora en llegar a clases. En el invierno, varias veces se preguntó qué hacía en esos lugares cuando podía estar en su país bajo el calor de las luces de un set de grabación.

Ahora bien, el cortometraje es solo una muestra para ganar credibilidad como directora porque desde hace casi cinco años hay una historia que ya es guión para un largometraje, con la asesoría de Carmen La Roche y Thaelman Urgelles. Ya tiene a Giovanny García para el elenco y la mira la tiene puesta en Agüero.MarialejandraMartinfoto1

La historia está ambientada en Lima, una ciudad importante para Marialejandra porque allá realizó el montaje de la obra de teatro El cisne, bajo la dirección de Alberto Ísola. Quería ser dirigida por el peruano, quien había venido a Venezuela invitado por Juan Carlos Gené para realizar un homenaje a Enrique Porte, que ya había fallecido. “Dio un taller y trajo La conquista del polo sur de Manfred Karge. Fue la cosa más bella que había visto en mi vida. Yo lloraba porque era ver a Enrique. Él regresó a Lima y lo atormenté más de un año hasta que me envió un guión”. Y así llegó a sus manos El cisne de Elizabeth Egloff.

—El título de su cortometraje es una interrogante. Uno a usted puede percibirla como una persona segura

—Una vez estuvo listo el corto, fui a Berlín, donde vive mi hijo. Allá me encontré con un amigo de Strasberg. Le pregunté qué nombre ponerle y me respondió: Switch Back Forward. Porque de eso se trata, aunque yo al final elegí Go Back Forward. Es rarísimo traducirlo. Mirar hacia atrás, pero ver hacia adelante…

—Como un retrovisor.

—Sí, exacto. Qué bueno. Es lo que ocurre en los ejercicios de Strasberg, que a través de una aproximación con los sentidos, logras evocar. Recordemos que por algo se llama play la actuación. Es un juego muy verdadero. Nada es verdad, pero tu buscas sentir la verdad.

—Ha dicho en entrevistas que el actor siempre busca la verdad. ¿Qué busca como directora y guionista?

—Yo no sé qué busca el guionista o los guionistas. Puedo hablar por mí. Tengo un cortometraje y un guión para un largometraje. Tenía la necesidad de contar en imágenes eso que me transformaba. Evocar un recuerdo, que a lo mejor no te llega completo. Se puede traducir a imágenes porque las palabras no son cine. No me gusta ninguna impostura.

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—¿Se desligará de su rol como actriz para concentrarse en ser realizadora?

—No tengo idea. Solo sé que haré mi primer largometraje. Todo me está moviendo a eso. Nada me interesa más, aparte de lo humano y familiar.  La gente es lo que hace que siga aquí, y no me voy a mover de acá. Ayer tuve un problema para subir el archivo a Internet  y conseguí a alguien que me ayudó, gente de la mía, del cine, la mejor de este país, perdóname. Los periodistas también son bien buenos, pero no nos llegan (risas).

—Es un gremio organizado…

—Mira, hay una solidaridad increíble. En La noche americana de François Truffaut, película que amo, lo dicen clarito. Todos los que están involucrados con su películas, son las personas más chéveres del mundo. Además, en la arena, todos están juntos, no importa lo que pienses. Lo que vale es que seas una persona que hace el trabajo bien con el objetivo de la película. Para mí el cine es como un tepuy. No vas a ponerle una pata encima a un tepuy. Lo tratas con cierta majestuosidad. Un set es sublime. Eso es lo que quiero hacer

—Acaba de decir que no le gustan las imposturas, también ha dicho en otras oportunidades que rechaza lo fatuo. ¿Cómo hace cuando se encuentra con imposturas y fatuidades?

—Soy yo. No miento cuando me acerco a alguien. Por ejemplo, la Villa del Cine nos apoyó muchísimo con este cortometraje. Nos dio todos los equipos. Cuando digo que este corto también es de la UCV, no solo lo hago porque fue rodado ahí, sino porque hubo mucha preocupación por nosotros. Estábamos rodando tarde en la noche y estaban pendientes porque sabían que corríamos peligro porque ahí no hay ni un bombillo.  Cuando se te espicha un caucho a la medianoche, tú ves quién es quién.MarialejandraMartinfoto3

 

—Su cuenta en Twitter es @ensayando. ¿La vida es un continuo ensayo?

—Creo mucho en el ensayo. Es el camino, que es lo que me interesa. En el cine quiero hacer todo lo mejor posible. Soy muy detallista, muy perfeccionista. El camino de hacer la película ya me lo estoy disfrutando, como cuando haces un viaje. Qué hago yo aquí es parte de ese camino.

—¿Qué directores la han influenciado?

—Cónchale, hay muchos. Sin dudas, Iván Feo es el primero. No sé si sería actriz si no hubiera pasado por Ifigenia porque siempre he querido hacer muchas cosas. Cuando era chama, un vecino en la casa de mis padres vio que tenía un pelo espectacular. Creo que él trabajaba en Cinemakit y un día me dijo que me iba a llevar a un casting. Quedé e hice varios comerciales, pero hasta ahí. No me interesaba estudiar actuación ni nada. Hice la película y quedé picada, encantada por lo que viví con Iván, Adriano González León, Luis Brito el bueno, el fotógrafo (risas). Gente que se convirtió en amiga.MarialejandraMartincita3—¿Cómo surgió el vínculo con la Villa del Cine? ¿Existió el temor de que quisieran condicionar su apoyo?

—Te voy a hablar con toda honestidad. Yo no me excluyo de nada. No tengo que pensar que me van a excluir antes de que me excluyan. Eso me lo enseñó Andrea Herrera Catalá cuando hicimos Nena, salúdame al Diego, que protagonicé. En esa época critiqué dura y públicamente a la Villa del Cine. Ella me llamó y me dijo que ellos habían ayudado. Entendí que en un sentido tenía razón. No puedes darle una puñalada a alguien, por más que tenga un pasado que puede ser dudoso. Estoy clarísima en mi postura, estoy clara en que Maduro, bueno, no me gusta ni nombrarlo… Quiero que esta dictadura caiga, que esta gente se vaya para recomponer este país. Sin embargo seguimos trabajando. Si a mi el chico encargado de festivales en el CNAC me recibe amablemente y además me inscribe el cortometrajes en dos festivales, tengo que ser agradecida. Es su trabajo. El CNAC tiene fallas, lo discutimos hace unas semanas en un encuentro con la gente del cine, hay que recuperarlo, pero la actitud no debe ser enfocarse en la destrucción. La persona que llegue debe entender que el CNAC no se puede perder. Y si no sabe, que busque a quien sepa. Hay que hablar. El cine puede ser un camino para salir de este desastre.

—En su momento se dijo que Por estas calles influyó en el declive de la credibilidad del sistema político venezolano de hace unas décadas. ¿A usted le ha salpicado ese cuestionamiento?

—Eso es mentira. Esa novela no tumbó al gobierno. Solo se nutría de lo que la gente en la calle gritaba. Apenas salieron las promociones, las personas en la calle nos agradecían por lo que estábamos haciendo. Ojalá existiera ese poder porque ya habríamos logrado algo (risas). Además, hay pruebas. A nosotros nos entregaban el capítulo un día antes. Todos los días nos daban unas hijuela, que llamábamos hijuelamadres. Uno grababa una escena y después nos daban otra hijuela para grabar.

—No sabían qué iban a transmitir.

—Claro, y todo tenía que ver con el periódico del día. Se perdió una muchacha en el Ávila y apareció muerta a los dos días. Entonces uno de los personajes moría. Un personaje como «El hombre de la etiqueta» representa una fantasía de la gente. Es peligrosa, pero muchos quieren su «Harry el sucio». Ese personaje fue muy popular en ese momento. ¡Imagínate ahora!. Yo tengo mucha esperanza porque siento que la gente joven, aunque se han ido muchos, tienen una conciencia que no teníamos nosotros. Yo he visto portadas de revistas de esa época en las que dije que la política me asqueaba. Ahora me parece una estupidez. La política es indispensable para que salgamos de esto. Pero es muy fácil convertir a la política en el enemigo.

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—Hablamos todavía de una época en la que la telenovela venezolana tenía apogeo, pero pareciera que siempre tuvo un subrayado en el drama, pero poco en la comedia. Tal vez historias como Conserjes, que usted protagonizó, no calaron tanto en el público.

—Calaron muchísimo

—¿En serio?

—¡Sí! Recuerdo Los amores de Anita Peña, con Franklin Virgüez. Era una serie de 12 capítulos, y terminó siendo una novela de un año. Lo que más disfruté en televisión fue hacer comedia. Me fascina. ¡Dígame Conserjes! Hicimos un gran equipo. Iván Tamayo es mi hermano. Bueno, todos las personas con las que he trabajado son grandiosas. ¿Pero de qué estábamos hablando?

—De la comedia en la televisión venezolana.

—Cierto. Sí, la comedia siempre ha sido despreciada en cierta forma. Claro, la telenovela y su drama enganchan de una forma bastante fuerte en el corazón del espectador. Pero ahí tienes a Radio Rochela. La extraño, y eso que no soy de ver televisión.

—¿Pero ahora o desde siempre?

—¡Nunca! Y menos verme en cámara. Lo odio porque siempre me veo mil errores. No me gusta.

—Ni siquiera para ver lo que pasaba la competencia, por ejemplo, Venevisión en aquella época.

—¿Qué? A mí no me importa la competencia. Ese era un problema de los canales. Uno estaba en el piso haciendo su trabajo. Además, está todo el tema del camino, de disfrutarlo, el hacer. Especialmente en el cine, porque a veces las telenovelas me las he sufrido un poco.

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—¿En qué sentido?

—De repente tenía unas escenas que eran repetitivas, que en el tema actoral es un fastidio porque hay que repetir con pocos cambios. Esa cosa es necesaria, porque como bien sabes, la telenovela está hecha para una persona que está lavando unos platos y tiene la televisión prendida.  Es un código del género. Al principio tenía mucho prejuicio con la telenovela, una cosa que ahora me parece una tontería. Gracias a RCTV mi hijo tuvo todos los útiles escolares hasta que se graduó de bachiller. Era una empresa increíble con sus empleados. Siempre hay críticas e injusticias como en toda relación humana. Pero dígame los ejecutivos de la época en la que empecé. Gente entrañable, respetuosa. Yo nunca he sido irrrespetada por un ejecutivo de ningún canal. Hubo injusticias y cosas que no debieron ocurrir en la cotidianidad del trabajo. Hay algunas que nunca contaré porque me parece que son bastante chimbas. Pero extraño tener empresas como las de aquel entonces.

—En Hollywood ha cobrado ímpetu el debate sobre la mujer en la industria. ¿Sintió que la subestimaran por ser mujer?

—¿A mí? ¡Yo nunca me he sentido menospreciada!

— Todo lo que mencionan sobre la igualdad de los salarios…

—Yo nunca me he visto como una víctima. ¡Jamás! Y yo tuve un hijo a los 15 años de edad. No me gusta el personaje de la víctima. Incluso, saliéndome de mí, creo que los personajes que crean empatía son aquellos que se paran sobre los dos pies. No me gusta la lástima, ni el melodrama. Me produce el efecto contrario. Tal vez no me he fijado porque me habría quitado energía. Pero me he sentido respetada por la gente con la que he trabajado, tal vez porque uno se hace respetar, respetando. Sin dudas, no es que viva en una nube y no vea desigualdades. Indudablemente hay diferencias. Ves el crew de una película y hay pocas mujeres en el equipo técnico. Cada vez hay más, pero el camino es largo. Entiendo que manejar un steadycam requiere fuerza, porque es un equipo que pesa. Pero sí sería ideal que hubiera mayor participación de la mujer en otras áreas del cine. Sin dudas el camino es cuesta arriba, pero no siento que sea por ser mujer.

Marialejandramartincita2—Hay una costumbre también del remake, nuevas versiones de películas consideradas clásicos.

—Sí, qué fastidio

—Veo que no le gusta. Me preguntaba si hay alguna obra en la que usted haya participado o no que quisiera versionar como realizadora.

—No, no. Las cosas tienen su vida en su momento. Fíjate, yo siempre he querido volver a hacer Decadence de Steven Berkoff, que protagonicé con Ricardo Nortier bajo la dirección de Orlando Arocha. Es muy dura y cruel con el espectador. Había gente que se molestaba, especialmente una clase particular de la sociedad. Era notorio y me gustaba. La podría hacer toda mi vida porque la disfruté.

—Claro, pero es teatro….

—Sí. Lo que pasa es que las cosas tienen su momento. Esa es la única en la que yo he estado que podría volver a hacer. Tendría otra lectura porque estoy más grande, no tengo la misma edad.

—¿Y esa otra lectura no podría darse con una película o una telenovela?

—Tal vez en telenovela sería chévere. Pienso que sería muy divertido hacer una telenovela como Por estas calles en estos momentos. Hablamos de una etapa distinta del país. Como se nutrió de lo que ocurría diariamente en esos años, ahora tenemos varios elementos que no existían.

—Ibsen Martínez presentó en 2011 la obra Como vaya viniendo vamos viendo, en la que el personaje de Eudomar Santos contaba qué había sido después de finalizar Por estas calles.

—Sabes que yo amo a Franklin Virgüez, es uno de mis hermanos de la televisión, como Gledys Ibarra. Yo vi la obra y la disfruté enormemente porque fue un guiño a lo que habíamos hecho. Pero tal vez se quedó un poco en la superficie. Ese es un personaje con el que se pueden hacer otras cosas. Podríamos desarrollar algo sobre esa época entre el tiempo anterior a la llegada del monstruo y el día de hoy. Estoy dando una idea increíble. Ojalá la lean y la hagan.

—¿Cómo se rescata la industria de la televisión en Venezuela?

—Es rescatable, pero hay que pensar desde adentro. Tiene que ver con el respeto al trabajo, al público. Estás mal si no entiendes que la audiencia no es imbécil. Esas telenovelas que triunfaron en otros países tenían historia. En los años recientes he notado un cambio que me parece grave. Antes, el ideal de mujer eran esas muchachas que salían de abajo o que luchaban por ser respetadas. También estaban las novelas rosas. Pero ahora parece que todo gira en la figura de la novia del pran.

MarialejandraMartincita1—¿Lo ha visto en la televisión actual?

—Sí, en todo. Hasta en la estética. Hay tanto que puede hacerse para revertir eso. Te menciono solo un ejemplo. ¿En serio lo bueno es tener un novio pran? Es muy fuerte. Yo no quiero un novio pran.

—¿Y lo retos del cine venezolano?

—La gente del cine es maravillosa. Tenemos demasiado. Mi proyecto de largometraje requiere una coproducción porque hay cosas que se tienen que hacer afuera, porque necesito un lugar que haya sido un virreinato. Por ejemplo, la Universidad de San Marcos de Lima. Aunque sea una fachada. Esa fue la primera universidad con cédula real y necesito ese universo. Pero sé que acá con mi gente puedo lograr mucho