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Martín Paz y José Vicente García: huelga de hambre ante Dios

Clímax entrevistó, pese a las distancias, misales y rosarios, a los dos concejales del estado Táchira que decidieron cerrar la boca, ni para comulgar, en señal de protesta. Frente a San Pedro, con vocación de mártir, pretenden sacudir a la alta nómina de la Iglesia para la intercesión del Papa y así obrar un milagro: la liberación de los presos políticos

Martín Paz y José Vicente García: huelga de hambre ante Dios

En la homilía correspondiente a la misa del sábado 6 de junio, Francisco I pronunció, antes de regresar al Vaticano, estas palabras a los sarajevés en Bosnia: “Bienaventurados los constructores de paz (Mt 5,9). La paz es una llamada siempre actual, que vale para todas las generaciones. No dice: ‘Bienaventurados los predicadores de paz’: todos son capaces de proclamarla, incluso de forma hipócrita o aun engañosa. No. Dice: ‘Bienaventurados los constructores de paz’, es decir, los que la hacen (…)”. Después de su discurso se montó en el avión y voló hasta Santa Sede, lugar donde tendría una cita, al día siguiente, con el presidente Nicolás Maduro —quien justamente promovió “pintar una paloma”.

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Pero el Papa no era el único que esperaba al mandatario. Dos venezolanos más lo aguardaban con sus camándulas como bocados en la plaza San Pedro. Ambos en huelga de hambre y con dos banderas en las manos y sendos mensajes claros: “Liberen a Leopoldo” y “Liberen a Ceballos”. Martín Paz y José Vicente García son los dos concejales del municipio San Cristóbal, estado Táchira, donde Daniel Ceballos ejercía la alcaldía, que decidieron no tomar ni la ostias ni el vino. Cruzaron la frontera hasta Colombia y agarraron un avión desde Bogotá hasta Roma. La misión: reunirse con los altos vicarios de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana para pedirles que intercedieran por la violación de los derechos humanos en Venezuela, amén de los presos políticos. “Emprendimos esta acción mas allá de los límites de nuestra frontera. No solo queremos llamar la atención del gobierno, sino de toda la comunidad internacional”, dice García entrecortado por teléfono.

“Hemos visto que las reuniones con el Papa dan resultados ¿Por qué no traer hasta aquí un pedacito del horror que pasa en Venezuela? Decidimos adelantarnos a Nicolás”. Ambos veían la reunión de Maduro con el Sumo Pontífice como una oportunidad para el diálogo. Pas de chance: el delfín de Chávez abjuró del encuentro. Sin embargo, sus propósitos los sostienen con fe. Uno: liberación de los presos políticos; dos: ayuda de organismos internacionales en Venezuela; y tres: estricto cumplimiento de los derechos humanos. “La democracia la hacemos desde nuestro país, pero llamamos la atención en todas partes del mundo”, insisten.

La palabra “papa” no les causa hambre, más bien devoción o acto de contrición. José Vicente confiesa haber hecho otras tres huelgas de hambre en el pasado. “En todas he conseguido buenos resultados”, dice. La primera la hizo por un estudiante preso durante el 2014, luego por la liberación de un periodista, y después por el aumento de las becas en las universidades. “En los tres casos conseguí respuesta. Al estudiante y al periodista lo liberaron y los fondos para las becas aumentaron”. José asegura que su manera de manifestarse no genera violencia pero sí causa conmoción. Paz y García llevan sin comer desde el jueves 4 de junio justo al frente del departamento de prensa del Vaticano. De vez en cuando se acerca uno que otro italiano que no entiende mucho. “También han venido venezolanos de todas partes de Europa a solidarizarse, de Inglaterra, España e Italia”.

La noticia del domingo 7 de junio por la mañana de que Nicolás dejaría plantado a Francisco I —ergo a este par— so pretexto de adolecer una otitis, amilanó hasta al Espíritu Santo. Anunció, horas antes del encuentro, por el canal Venezolana de Televisión: “Me da mucha pena, pero bueno por razones de un gripón que me han pegado, los médicos me han prohibido montarme en avión y emprender un viaje de estas características”. ¿La otitis le dio antes de escuchar: “Bienaventurados quienes siembran paz con sus acciones cotidianas, con actitudes y gestos de servicio, de fraternidad, de diálogo, de misericordia”? También es un misterio.

Citó el diario El país, en España, al departamento de prensa de la Santa Sede, afirmando: “Ni un gesto de distensión. Jamás hubiéramos pensado que, mientras Cuba y Estados Unidos se van acercando, la situación de Venezuela sigue complicándose. Pero desde Roma no vamos a dejar de poner todo nuestro esfuerzo por la reconciliación de un pueblo tan querido”.

Maduro y Francisco ya se habían dado la mano un año antes. Intercambiaron regalos, palabras e historias sobre José Gregorio Hernández. Dos concejales tachirenses en la plaza San Pedro en huelga de hambre; la carta de El Club de Madrid, una organización de la que forman parte académicos españoles para debatir sobre la democracia; la petición oficial de José Miguel Vivanco, representante de Human Rights Watch en América y la presión internacional enfermaron a Maduro.

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Quienes tenían sus esperanzas puestas en esta reunión se vieron decepcionados. Martín Paz y José Vicente García no predijeron que cualquier otra cosa podía pasar, como un malestar general. Su llamado solo fue escuchado por la prensa nacional. Maduro no fue el único que se ausentó, ningún miembro del vaticano se les acercó. Ambos responden ante lo acontecido: “No nos rendiremos. Hemos llamado la atención y eso es realmente importante”. ¿Estará Maduro en paz?

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