Miguel Ferrari apuesta por la distancia para hablar sobre Venezuela

Finalmente el 25 de octubre se estrenará en Venezuela La noche de las dos lunas, el segundo largometraje del cineasta Miguel Ferrari. No cree que vuelva a filmar en el país y prepara una serie original. El tema de la familia sale a relucir en esta historia sobre la maternidad subrogada

Habían pasado tres años sin estar en Venezuela. En 2016 Miguel Ferrari estuvo en el país para filmar su segunda película, La noche de las dos lunas, un proceso en el que estaba no solo la confianza de quienes apostaron por el proyecto, sino las expectativas de aquellos que esperaban la siguiente obra de un cineasta que ganó el Goya con su ópera prima: Azul y no tan rosa, y que está entre los 20 filmes venezolanos más vistos en la historia cinematográfica nacional.

Asegura que trató de que la altura de ese listón no influyera en su ánimo durante el proceso creativo. Sin embargo, pareciera que la trama no es inadvertida con una obra que el año pasado participó en el Festival de Cine de Montreal, y recientemente fue postulada para los premios Goya de 2020.

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Con La noche de las dos lunas, Ferrari busca la reflexión y el encuentro sobre un tema, quizá ajeno al venezolano, pero a la vez nada distante en su origen: la descendencia, pero planteado desde la maternidad subrogada.

Protagonizada por Prakriti Maduro, Mariaca Semprún, Albi De Abreu y Luis Gerónimo Abreu, se adentra en el conflicto entre dos mujeres que desean ser madres, pero en el centro de fertilización al que acuden, confunden los embriones que les implantan.

“Hay mucha gente que la está esperando. Por decirlo de una forma, es un público que quedó encantado con Azul y no tan rosa. Aunque la temática es diferente, sigo tocando temas sobre la familia y afianzando todo mi estilo. Tengo buenas expectativas, a pesar de las complicaciones por lo que sucede en el país”, afirma el realizador a los pocos días de llegar a Caracas.

En este segundo largometraje, Ferrari afianza su interés por los nuevos tipos de familia. “Así como también me refiero a temas que al ser humano siempre le han interesado: la descendencia y la trascendencia. Quise adentrarme en la parte emocional de las personas involucradas, sin meterme con lo legal o social. ¿Por qué esa necesidad de la descendencia, de eternizarse?”, se pregunta el realizador y guionista sobre una de las obras afectadas por la deuda que el Estado venezolano tiene con el Programa Ibermedia, mecanismo de coproducción regional que aprobó el proyecto del cineasta.

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-¿Tiene pensado adelantar algún proyecto mientras está acá?

-No. Vine solo a promocionar la película. Se estrenó en España, donde estuvo un mes en cartelera. Me hubiese gustado presentarla hace tiempo acá porque estaba lista, pero algunas pequeñas complicaciones lo impidieron, especialmente por el tema de la posproducción y los proveedores a los que no se le había pagado por el caso de Ibermedia.

-Habla de afianzar un estilo, ¿cómo define el suyo?

-No sé. Es una cuestión de gustos estéticos y miradas. Te das cuenta que tienes un estilo cuando planificas tu película y notas cómo colocas la cámara, los ángulos. En esta ocasión me he permitido explorar. En Azul y no tan rosa había un desconocimiento sobre mi formación como director. Como todo el mundo me conocía como actor, y siempre existe ese prejuicio en torno al actor que decide colocarse detrás de la cámara, fue complejo romperlo; incluso del mismo medio cinematográfico. Con todos los riesgos que implica hacer un largometraje por los costos, uno intenta no atreverse a tanto. Hice entonces una película más académica, más correcta en la puesta en escena, en la cámara, en la narrativa. En esta segunda, me di la oportunidad de ir por otros caminos.

-¿Cuáles son esos otros caminos?

-Romper otros esquemas, ser menos académico a la hora de hacer un encuadre. Más atrevido y provocador. Pero al final, ves la película y te das cuenta que hay un sello personal, con un estilo visual y estético.

-Se nota el trabajo en los colores que busca

-Siempre trato de imaginar la película a nivel de temperatura. La noche de las dos lunas la imaginé muy húmeda, con el agua como elemento muy importante. Por eso ves esos planos con vapor de agua, espejos empañados, las imágenes de los rostros medio desenfocadas. De eso se trata, de buscar una cara al bebé en cuestión dentro de esta historia.

-¿Y en esta película hubo todavía prejuicios hacia ese actor que decidió ser director?

-Ya con una segunda película tienes algo que mostrar. Con una primera película reconocida internacionalmente tienes garantías.

-Hace un año comentó que quizá el tema planteado en la película no sea una prioridad entre las preocupaciones del venezolano. ¿Cree que eso puede jugar en contra?

-Siempre he pensado que el cine es entretenimiento. El público va al cine a desconectar, no podemos perder esa perspectiva. Ahora, el tema de si una película funcionará o no, no se puede prever. Mi película trata un tema que interesa a cualquier persona sin importar el país en el que esté. No es una historia localista porque además no se nombra ningún lugar. Me interesaba ahondar en las emociones de estos personajes en situaciones límites. Creo que en el futuro quizá hable sobre lo que ocurre en Venezuela, pero me hace falta la distancia. La situación es tan cambiante, y uno no sabe lo que está ocurriendo por detrás. Con la distancia se harán las mejores películas sobre lo que ocurre en Venezuela, ahora no porque saldrá desenfocada. Lo tenemos muy cerca.

-Hay críticos que dicen que La noche de las dos lunas era la indicada para representar a Venezuela en la selección de nominadas al Oscar. Dicen que no solo es una buena película, sino que tenía más chance por los premios que ganó la anterior, los festivales y la posibilidad de hacer lobby

-Mi película no calificaba para los premios Oscar porque tenía que estrenarse antes del 30 de septiembre. Desde hace meses tenía planificado el estreno el 25 de octubre. Además, debía estar una semana como mínimo en cartelera.

-La elegida tampoco ha sido estrenada comercialmente

-Recuerda que estuvo una semana en el Trasnocho Cultural a finales de septiembre para cumplir los requisitos. Me llamaron para preguntarme por qué no hacía un estreno, aunque fuese durante una semana para tener la calificación. La verdad es que no me pareció adecuado. No hago las películas para eso. Planifiqué mi estreno sin pensar en el Oscar. Ahora, con los Goya sí se dio la oportunidad. Me siento honrado por representar a Venezuela en una competencia tan complicada.

-¿Qué tan adelantada está la serie original que escribe?

– (Risas). Va muy bien. No puedo decir nada, son procesos largos. Hasta que no haya una concreción, no puedo adelantar. Para mí ha sido una aventura esa nueva forma de contar una historia en ochos capítulos, con un tratamiento cinematográfico, que es lo que se está viendo ahora en las series.

-¿Por dónde se transmitirá?

-Hay varias plataformas como opciones, pero nada cerrado todavía.

-También dijo que debido a la situación actual del sector, los cineastas venezolanos tendrán que irse o buscar financiamiento exclusivamente en el exterior. ¿Qué tan difícil es abrirse camino afuera?

-Es complejo. Lamentablemente hemos sido abandonados a nuestra suerte. El cine debe ser una cuestión de Estado porque es como el carnet de identidad de un país. Gran parte de los países con grandes cinematografías lo han entendido así. No hablo de un asunto de gobiernos, sino de Estado. Lo ves en Francia, Italia, España. Lamentablemente en Venezuela hay un sesgo político y desde el gobierno se está presionando para hacer cierto tipo de cine que encaje en lo que ellos desean, en lo ideológico. Eso no me interesa.

-Hay quienes proponen que para evitar esos vaivenes, es mejor desvincularse del Estado y apoyarse exclusivamente en el sector privado

-Estoy de acuerdo totalmente. ¿Para qué hacer una película en la que no tienes la libertad de contar lo que deseas? Una película en la que unas personas tienen que aprobar algo sin ni siquiera tener idea de lo que es una película. Prefiero no dirigir y hacer otras cosas.

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-¿Cómo se solventó el asunto con Ibermedia?

-Se arregló, pero no por Venezuela. Fue debido a la cooperación del resto de los países. Decidieron que los dos proyectos que habían sido aprobados, y filmados, recibieran la ayuda de un fondo de reserva. La otra película fue la de Alejandro Bellame. Venezuela sigue sin pagar su cuota y no la va a pagar. Eso lo entendí hace tiempo. No les interesa. Quieren estrangular lo que habíamos logrado en nuestra incipiente industria para construir un nuevo cine venezolano que responda a sus intereses. Mientras ellos estén, no lo van a pagar. Estaremos aislados del resto. Hay que romper ese aislamiento y establecer coproducciones con otros países de otra forma.

-¿Qué temas le interesan en este momento?

-El bullying, el acoso. Estoy trabajando en algunas ideas sobre eso. Claro, será más a largo plazo. Necesito investigar más.

-En el caso de La noche de las dos lunas la trama surgió porque leyó una noticia. ¿Cuál es el origen del interés por estos temas?

-Es personal. Con las nuevas tecnologías, me impresiona cómo sigue habiendo acoso, o bullying como le dicen ahora, en etapas tempranas de la vida y cómo ha variado la forma.

-Sí, el acoso puede tener una mayor exposición a través de estos nuevos medios…

-Claro, pero la serie que estoy escribiendo no tiene nada que ver con eso, está vinculado más a otros asuntos. A ver cómo te lo digo sin dar muchas pistas. Me encanta el género que desarrollo porque es thriller con lo psicológico, sexo y la oscuridad, la cosa nocturna. Te prometo que cuando tenga algo, te contaré.

-¿Se atrevería a escribir una telenovela de reconstruirse una industria como la que hubo en el país hace más de 20 años?

-Tendría que cambiar mucho el estilo. Lo que hizo José Ignacio Cabrujas, por ejemplo, fue un pequeño destello de brillantez entre las telenovelas venezolanas. No creo. Primero porque tendría que cambiar la estética para tener un producto que sea digno.

-Lo pregunto porque será un tema a debatir

-Volver al pasado nunca. Debemos aprender de los errores. Fuimos una vez referencia a nivel mundial, pero ahora ves hasta telenovelas que hacen en Turquía y tienen los mismos ingredientes del género. Se sigue contando la misma historia de la Cenicienta, pero replanteada. La telenovela no va a morir, pero debe haber una evolución, incluso en la cantidad de capítulos. La gente no tiene tiempo para ver tantos, como se hacía antes con 150 o 200 capítulos.

-Fue uno de los señalamientos que se hizo a la serie sobre Bolívar en Netflix, que su primera temporada tiene 60 capítulos

-Claro, porque se sigue arrastrando esa usanza de hacer muchos capítulos. Eso está obsoleto. Se deben apostar a productos más cortos.

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-¿Rodaría su tercera película en Venezuela?

-Creo que no. Se ha ido mucha gente que conozco.Tendría que hacer algo muy especial para grabar acá. Hacer una película es complejo, una carrera de largas distancias. Realizar este largometraje ha sido muy cuesta arriba para mantener los parámetros de calidad actuales.

-¿Consiguió en España la plenitud como realizador o evalúa irse a otros sitios?

-No tengo problema en explorar. Siempre he sido bastante inquieto. España es el lugar que me acogió hace muchos años, e indudablemente mis dos películas han sido en coproducción con ese país. Pero no descartaría ir a otros lugares.

-Imagino, por ejemplo, que luego de esta experiencia con La reina del sur, ha hecho otros contactos. Quizá le han hecho propuestas

-Sí, sí, hay algunas cosas. Es verdad que me gustaría que mi próxima película sea en España porque me apetece y es el lugar que más conozco después de Venezuela. He pasado la mitad de mi vida ahí. Contar historias que suceden allí. Mostrar esa arquitectura, me conecta mucho con ciertas emociones sobre las que estoy escribiendo ahora.

-Habla de trascender, ¿cómo le gustaría trascender?

-No tengo hijos, pero me da mucha ilusión dejar algo que en el futuro sirva para que las nuevas generaciones estudien. Que vieran las películas y las analicen. Esa es una forma de hacerte eterno. En mi trabajo está mi ADN.

-¿Es el cineasta que se imaginó cuando pasó de la actuación a la dirección?

-Totalmente.

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¿Ha sido rápido?

-No me ha parecido tan rápido, han sido muchos años.

-Ganó un Goya con su primera película…

-¡Eso sí! Hace poco estaba leyendo sobre películas que me han gustado mucho de años recientes como la iraní Una separación de Asghar Farhadi. Esas son las historias que me conectan, el tema de la familia. Este cineasta ganó el Oscar con su quinta película. ¡Yo con la primera gané el Goya! Llevo dos. Ojalá pueda hacer cinco y en algunas de esas…

No es el reconocimiento por el reconocimiento, sino que son cosas que te ayudan a que el trabajo lo vea la mayor cantidad de gente. Yo no hago cine para que lo vean mis amigos ni mi familia. Si soy capaz de remover emociones, me doy por pagado. Es lo que pasó con Azul y no tan rosa. Mucha gente joven llevaba a sus padres al cine para hablar de ellos. Fue un triunfo. También padres homosexuales llevaron a sus hijos adultos para decir que así eran ellos. Fue bello recibir correos de gente dando gracias. Hubo familias que se reconciliaron, hay anécdotas de padres e hijos abrazados y llorando en las afueras del cine. Ese es el verdadero sentido de hacer cine.

Quisiera que La noche de las dos lunas ayudara al debate sobre un tema que todavía no sabemos por donde va. No podemos darle la espalda al futuro, al progreso. Eso está ahí. Hay que poner reglas en torno a esto. La legislación y la educación se están quedando atrás. Sé que hay gente que tiene necesidad de ser padres y no lo puede lograr. Existen estas opciones para tener una descendencia. Abrir el debate en torno a lo afectivo y lo biológico.

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-Habla de la maternidad. Este año ha sido noticia el tema del aborto en varios países de América Latina. ¿También le interesa?

-El aborto siempre me ha generado dudas. No sé qué calificativo usar, pero siempre he sido bastante progresista, por decirlo de una forma, en varios temas. Pero con el aborto he sido conservador. Me genera angustia porque entiendo el derecho de la mujer a decidir. Pero también soy un defensor de la vida. Y una de las razones por las que desconecte de este país es porque sentía que que la vida no valía nada. Salí agobiado de un lugar en el que no importa que te maten. Soy un gran defensor de la vida y el aborto me genera muchas angustias. ¿Dónde ponemos el límite? Necesitamos más campañas de concientización sobre los embarazos no deseados. Al final se reduce todo a un tema de educación para no llegar al extremo del aborto.

-¿Para cuándo la tercera película?

-¡Dios mío, Humberto! Tú sabes que estoy tan agotado que pensar que tengo que arrancar… Es emocionante, pero ha sido tan cuesta arriba. Creo que pronto. Esto es como lanzarse en parapente: una vez que lo haces, la adrenalina es tan fuerte que no puedes dejar de hacerlo porque no hay nada que te satisfaga. Contar historias delante o detrás de la cámara, bien sea en cine, televisión o teatro. Seguir creando historias que conecten con la gente. Con las ganas de aprender algo nuevo y de nunca desconectar con las emociones e la gente.