Misión Verdad: propaganda para los restos de la revolución

La jerga comunicacional del chavismo no deja de asombrar: una nueva “misión”, que esta vez, abiertamente, se dice dueña de la verdad. El discurso oficial cada día es más atrevido y por ende más estudiado. Aquí, un primer acercamiento del despropósito informativo, periodístico y del lenguaje que usa el gobierno para difundir sus contenidos

Cuando Stewart Brand dijo, en la primera conferencia de hackers en 1984, “Information wants to be free”, todos lo aplaudieron con singular optimismo sin detenerse a pensar en lo maleable que podía resultar su sentencia. Sutil casualidad que el año coincidiera con el título de la máxima distopía de George Orwell que en los tiempos que corren —no solo en Venezuela— cada día se materializa más. Un artículo publicado en Clímax por la periodista Faitha Nahmens, titulado “Hacer periodismo, aunque el gobierno no quiera”, hace una bitácora tan triste como esperanzadora de los expedientes de censura y represión que ha sufrido la prensa venezolana en tiempos de revolución. Y —nuevos gobiernos mediante— la nota pasará a ser lectura de cabecera para nuevas generaciones que en el futuro busquen entender qué pasó el día en que empezó la polarización.

Hasta ahora, mucho se ha dicho y poco se ha estudiado sobre el vasto espectro comunicacional del gobierno venezolano. Veteranos intelectuales como Alexis Márquez Rodríguez y Manuel Caballero advirtieron hasta la saciedad el peligroso fenómeno que representaba —y representa— el uso de la lengua en lo que hace más de una década comenzó siendo “el canal de todos los venezolanos”, de un bando, con Venezolana de Televisión (VTV) y siniestras y atrevidas ramificaciones como El Correo del Orinoco; Epa CCS; La Iguana y el reciente portal web oficialista: Misión Verdad.

¿Para informar y desenmascarar?

Misión Verdad tiene como slogan: “Investigación para informar y desenmascarar”, y “Lo que no se ha dicho”, su biografía de Twitter. Así, el medio de comunicación se dibuja como un periódico digital de contrainformación. Y como en el pecado está la penitencia, en su axioma recae la contradicción: conceptual e históricamente, la contrainformación está en contra del poder, pero Misión Verdad apoya al poder.

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Pero cuando la autocrítica toma forma, no todo está perdido. Una pregunta arrojada en Facebook decía: “¿Quién de ustedes lee, así sea de pasada, Misión Verdad?”, y sus respuestas fueron pocas, pero sustanciosas: John Manuel Silva, Raymond Nedeljkovic y Alicia Hernández sí lo hacen. Los primeros dos, escritores; ella periodista, y los tres, entusiastas del 2.0.

Nedeljkovic, ganó el Premio Municipal de Literatura 2012 por su libro Los Impresentables(Monteávila, 2013), y afirma “haber sido chavista, muy chavista”. Y pasado el tiempo, remata diciendo haber escrito “algunas cosas muy cursis e ingenuas defendiendo a Chávez”. Sobre Misión Verdaddice:

—Hay más verdad en Game of thrones

Pero, a ver, en cuanto a línea editorial, sus plumas, ¿cuál es el fin ulterior de un medio de esta categoría?

—Propaganda.

Por su parte, John Manuel Silva, abiertamente opositor y articulista de vieja data del portal www.panfletonegro.com, con un primer trabajo de ficción titulado: Afrodita C.A. y otras empresas fracasadas(Ígneo, 2013) se confesó asiduo de la pluma del oficialista José Roberto Duque:

—A Duque lo leo siempre. Es un espectáculo fascinante leer la cara honesta del chavismo. Por honesta quiero decir que son verdaderos todos sus resentimientos y desprecios; cero paja de “democracia participativa” y demás cursilerías de La Hojilla—en sus buenos tiempos. Misión Verdad es leer la verdadera cara. Y eso, al menos para mí, es importante. Allí se comprueba que los que llevamos años hablando de una dictadura comunista, no estamos delirando. A veces, incluso, es más relevante leerlos a ellos que a ciertos opositores que siguen negando eso.

Alicia Hernández es periodista y es española. Desde 2010 vive en Venezuela. En redes la conocen como @por_puesto y durante las protestas de febrero de 2014 se hizo pilar informativo de la inmediatez de las redes sociales en tiempos de represión.

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Su nombre pasó a la pauta de Misión Verdad en 2014 cuando escribió sobre Massiel Pacheco, vendedora ambulante, apresada por la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y acusada de terrorismo desde su puesto de empanadas —o perros calientes, o arepas o quién sabe qué, que fue el argumento primario del medio para calificar de “inconsistente” su artículo— en la avenida Francisco de Miranda.

A mediados de 2015, Alicia publicó la crónica “El viacrucis de Massiel Pacheco”, en Desvelos y devociones (2015) libro del 10mo Seminario de Periodistas auspiciado por Cigarrera Bigott. El epígrafe de su trabajo reza que “este relato es la reconstrucción de los hechos a partir de diversas entrevistas. A Massiel Pacheco se le prohibió hablar ante los medios de comunicación”.

Así el panorama, Misión Verdad también reconstruyó su versión al tildarla de “fanática del Opus Dei” por ser —en ese entonces— docente de la Universidad Monteávila (UMA)

Modelo para desarmar

El discurso de Misión Verdad no pasa por debajo de la mesa de la intelectualidad latinoamericana. Su retórica y caracterización cognitiva es motivo de análisis de Jorge Ruiz Dueñas, poeta y narrador mexicano, licenciado en Derecho , con maestría en Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y ganador del Premio Nacional de Periodismo Cultural en 1992, quien expone que “los artículos aparentan, en ocasiones, incluir elementos neutrales e información objetiva. Sin embargo, excluyen cualquier interpretación o enriquecimiento de los hechos que no provenga de versiones oficiales. Así, suelen usarse hechos y datos de fuentes alineadas al discurso gubernamental, o hechos y datos sin fuente. No se acude a cita de terceros”.

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Entonces, ¿cuál es el objetivo de su argumentación?

—El ordenamiento alrededor del eje rector con el que la página busca dar significado, orden, forma y consistencia a sus textos, es presentar la voluntad conspirativa de la oposición al régimen y la defensa de la patria contra una ‘agenda golpista’ en pos de un fascismo criollo que pretende restaurar el capitalismo.

—¿Hay rigor periodístico?

—Los fundamentos y pruebas que exponen los autores para sostener las razones de una tesis parten de una narrativa oficial, sin aportaciones de periodismo independiente, basado solo en datos provenientes de fuentes oficiales, tanto en materia económica como en hechos jurídicos no analizados desde la exégesis. Sin duda un portal curioso, pero más curiosos son sus autores quienes, en su mayoría, tiene un solo artículo publicado, a excepción de Mercedes Chacín y Jessica Dos Santos.

Pero su argumentación no varía, al menos en opinión de Ruiz Dueñas, quien expone que “el argumento principal está compuesto por dos elementos: el tema principal del discurso y el objetivo del autor en turno al emitirlo, son circulares. Lo primero, confrontar una ofensiva mediática con el objetivo de luchar contra la subversión política y la intoxicación informativa: hay una extraña coincidencia filológica entre muchos escritos, varios de ellos firmados por autores con una sola intervención, lo que mueve a pensar en la posibilidad de una autoría personal o colectiva común”.

—¿Entonces se apela a un tema emocional?

—Sí. Los elementos emocionales del texto y su propiedad con respecto al propósito/objetivo del autor son grandilocuentes y plagados de descalificaciones injuriosas. Se apela al “don de asertividad” del líder moral (Chávez), y por ende, del heredero ungido (Maduro) a partir de un discurso en el que se pidió a la nación ‘que nadie se equivoque’. Así, se apela a una supuesta “proclama amorosa y políticamente clara” contra el vandalismo; la especulación; los vende patria; el “esquizofrénico Capriles”; la ultraderecha defensora de terroristas y las declaraciones xenofóbicas de fanáticos del Opus Dei, como el caso de la periodista española.

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Siendo un portal pro oficialista, tiene una audiencia muy limitada.

—La síntesis de la tesis y conclusión de los diversos autores de los artículos, así como la apertura a nuevos temas de reflexión, tienden siempre a la tautología en la que se asumen probadas las premisas. El empleo de un lenguaje donde no se escatiman los giros idiomáticos localistas en lugar de un español neutro propio para audiencias hispanoamericanas, hace pensar que está dirigido a un público urbano venezolano de manera apologética —afirma Ruiz Dueñas.

—¿Con qué fin?

—Ganar adeptos.

Según el catedrático mexicano las opiniones y juicio de valor positivo solo son para la estructura gubernamental. “El pueblo humilde suele ser engañado para magnificar la presencia popular en la agenda golpista. Todos los juicios de valor negativo son para la oposición, sin dudas de por medio, y constituyen verdaderas provocaciones que pueden alentar mayores polarizaciones”.

Siendo así, sobre su premisa anterior del uso adrede del lenguaje criollo, hay un fin negativo en el mensaje.

—Positivo y negativo. La organización y canalización de sus ideas siempre tienen una desembocadura épica y ofrecen un fin, una estrategia y un objetivo responsable porque «estamos en guerra».

La información quiere ser libre, etcétera.

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