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Moverse en Caracas, no hay transporte que valga

No son pocos los que prefieren ni acercarse al Metro de Caracas. A cambio, luchan a diario para poder tomar una camionetica, pero las unidades de transporte no son suficiente y la escasez de efectivo hace más complicado el traslado

Krisliandi Ortega ya no recuerda cuándo fue la última vez que utilizó el Metro de Caracas. Vive en Caricuao y pensar en trasladarse usando el subterráneo es saber que puede tardar incluso más de dos horas en llegar a su destino. Desde hace mucho se mueve en camionetica y, aunque no es la mejor solución a su problema de transporte, considera que -por lo menos- no irá en peores condiciones.

Su ruta diaria es desde Zoológico hasta Parque Cristal; si corre con suerte solo debe agarrar una buseta  directo a Chacao, sino debe tomar una hasta Plaza Venezuela y ahí someterse a las largas colas a la espera de una unidad que la remolque hasta la estación Miranda.

En mayo, Transporte Unido por Venezuela realizó una propuesta al Gobierno para darle una solución al problema, en donde contemplan: “anclar la tarifa a 10 centavos de dólar con la referencia del dólar del BCV

“Para Plaza Venezuela salen todo el día, pero si quisiera llegar a las 8:00 am (a la oficina) tendría que salir a las 6:00 am. Y si quiero agarrar hasta Chacaíto tengo hasta las 9:00 am porque a esa hora sale la última camioneta hasta Chacao/Chacaíto”, explica Ortega. Aunque su horario es flexible y no debe estar a primera hora detrás de su escritorio, de igual forma debe salir temprano para evitar que un colapso la deje varada en aquella “república independiente” dentro de Caracas.

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La única alternativa de quienes viven en Caricuao

Una lluvia o una falla en el sistema del Metro puede condenar a la joven a tardar hora y media para llegar a su oficina. “En estos días no había Línea 1 y fue un macro peo agarrar hasta Petare. La cola era descomunal, pasó una camioneta y como pude me monté hasta Chacaíto. Ahí agarré otra en una parada y la cola era tres veces peor. Bajé al Metro y estuve una hora esperando y nada, me salí. No hallaba cómo hacer, eran las once de la mañana. Empecé a caminar, pasó otra y me fui guindada en la puerta”.

La tortura no termina al llegar a su trabajo. Luego de ocho horas, debe salir y someterse a un regreso trágico. Si la suerte le vuelve a sonreír, toma una camioneta hasta Chacaíto. “Ahí sale una camioneta que va directo hasta Zoológico, pero tarda la vida. El otro día salí a las 4:00 pm y estaba emocionada porque iba a llegar temprano; terminé llegando casi a las 9:00 pm. Todo porque no había metro”.

No necesita de un apagón para caminar. Un problema en la ciudad es suficiente para transitar a pie hasta Plaza Venezuela, y ahí espera plantada incluso tres horas para poder tomar una unidad que la regrese por lo menos hasta la casa de su novio. De querer llegar a su hogar, debe tomar otra camionetica más desde la estación del metro de Zoológico. Su rutina se resume en seis unidades de transporte público diario.

Por su parte, Sergio Vásquez utiliza otras estrategias para salir de Caricuao y llegar a su trabajo en Chacao. “Si te vas parado probablemente llegues y te montes de una, depende de la hora también. Por ejemplo, a primera hora es imposible, tienes que estar 40 minutos en la cola para poder montarte e irte sentado. Para irte de pie, probablemente llegas y la cola arranca más rápido, puedes esperar 15 minutos”.

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La espera es eterna

Explica que, ante medidas de contingencias, de regreso a su casa puede caminar hasta Chacaíto o hasta Plaza Venezuela, pero desde ahí solo queda esperar que alguna unidad o los llamados “piratas” (transporte que cubre una ruta y cobra hasta el triple) llegue y lo salve. Caminar desde Plaza Venezuela hasta Caricuao es una opción casi imposible.

La crisis de transporte público inició en el año 2013, cuando el sector comenzó a denunciar que el costo del pasaje no era suficiente para cubrir los gastos de reparación de las unidades ni mucho menos para el ingreso personal de quienes viven de ello. Entonces, la disminución de unidades se hizo evidente, los constantes aumentos fuera de la tarifa que la Gaceta Oficial establece, un hecho; e incluso los choferes comenzaron a hacer sus rutas más cortas.

Hugo Ocando, presidente de Transporte Unido por Venezuela, expone que para el año 2012 la ciudad contaba “con una flota de 20.000 unidades, pero actualmente tan solo existe en circulación “un promedio del 20% con respecto a ese año”.

Desde enero hasta la fecha hemos hecho alrededor de cinco ajustes; eso nos da un poquito más de ingresos y capacidad de endeudamiento para poder invertirle a las unidades. Por eso se ve un poco más en la calle

Para el gremio, la crisis los ha afectado en todos los sentidos. El 80% de dichas unidades se encuentran paralizadas debido a que están accidentadas. Ocando alega que estas difícilmente salgan a rodar porque “ya que no tenemos la posibilidad de acceder a créditos bancarios ni contamos con el apoyo gubernamental, que fue el que decidió sacarnos del dólar preferencial con que contaba este sector”. Incluso, explica que hay una gran posibilidad de que la mayoría de las unidades paralizadas no vuelvan a circular nunca más “por el deterioro y es importante saber que la edad de nuestra flota es una de las más antiguas de Latinoamérica”.

Ni las rutas más cortas se salvan

Tras unos meses fuera del país, Roximar Tovar volvió a Venezuela justo con la crisis eléctrica. Pasado los días de oscuridad, entendió que en Caricuao ya no podía vivir. Los problemas con el agua, la línea telefónica, internet y transporte, se convirtieron en un dolor de cabeza constante. La Pastora fue el lugar que escogió para formar un nuevo hogar.

Entra lo que sea

Pese a que la mudanza alivió algunas de las asperezas, el tema de transporte sigue siendo complicado. Su ruta diaria es de La Pastora hasta la avenida Urdaneta, en el centro de la capital, lugar donde trabaja. Y aunque parezca un viaje corto, también tiene sus malos ratos. En las mañanas, a veces debe irse caminando desde su casa hasta esquina de Salas porque la camioneta tarda en pasar y debe llegar a su oficina a las 8:30 am. Y, de regreso, regresa “caminando desde la avenida Urdaneta hasta Capitolio porque ahí agarro la camionetica que me lleva hasta Mecedores”. Salir un fin de semana puede ser una tortura porque puede tardar hasta “casi 40 minutos esperando en Capitolio para subir a la casa”.

Muchas rutas desaparecieron, al igual que muchas organizaciones y líneas pequeñas, por la falta de unidades.  Las más grandes se volvieron pequeñas

“Muchas rutas desaparecieron, al igual que muchas organizaciones y líneas pequeñas, por la falta de unidades.  Las más grandes se volvieron pequeñas, y también muchas cooperativas se adaptaron a la situación y se quedaron con las rutas más rentables”, añade Ocando, también miembro de la asociación civil Condutores Casalta, Chacaito, Cafetal.

Sin efectivo para pagar transporte

Con o sin retraso en el metro, con o sin contingencia en la ciudad, Roximar prefiere caminar. “El tema del efectivo” es razón suficiente. “Yo pago 1000 bolívares, ni más ni menos, porque la Gaceta dice 800. Hay quienes te cobran 1.500 o 2.000 y yo me hago la musulmana porque hago valer mi derecho”.

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Nunca son suficientes pasajeros

Según la Gaceta Oficial N°41.702, con fecha del 26 de agosto, el pasaje mínimo es de 800 bolívares. No obstante, no hay chofer que la respete. Según las rutas, los colectores pueden cobrar desde 1.000 hasta 2.000 bolívares. La razón: desde que inició el año 2019, el gremio decidió “ajustar las tarifas (por su cuenta) y no seguirle más el juego al gobierno. Desde enero hasta la fecha hemos hecho alrededor de cinco ajustes; eso nos da un poquito más de ingresos y capacidad de endeudamiento para poder invertirle a las unidades que están accidentadas y que pueda seguir funcionando las que están operativas. Por eso se ve un poco más de unidades en la calle”, indica Ocando.

Y hay quienes los pagan. Andrea Pestana, por ejemplo, da lo que el dueño de la unidad le cobre solo por salir de San Martín ilesa del metro. Puede tomar una camioneta que la lleve hasta Plaza Venezuela o una hasta esquina de Salas y de ahí otra camioneta que vaya hasta La Florida.

Para el año 2012 la ciudad contaba ‘con una flota de 20.000 unidades, pero actualmente tan solo existe en circulación “un promedio del 20% con respecto a ese año’

Para la farmacéutica tener el dinero es fácil, pero conseguir el efectivo no es trabajo sencillo. Debe cazar normalmente cajeros o bancos vacíos, y de no ser así debe recurrir a algún familiar que le preste. “Cada dos a tres semanas aumentan el pasaje. La semana pasada estaba cobrando de 1.000 a 1.500 bolívares”. Aunque el pago de las dos o tres camionetas que debe agarrar diario ida y vuelta no superan su salario, sí “abarca la mitad de mis gastos”.

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La edad no es un privilegio

En el interín de necesitar siempre dinero para evitar el Metro, Sergio consiguió una agencia bancaria “que se la pasa vacía donde yo trabajo”. Aunque dice no tener problema con eso, explica que sí debe “trabajar bastante para obtener el efectivo”, pues es profesor de inglés en un instituto de idioma y cobra según el número de horas.

La crisis de transporte público inició en el año 2013, cuando el sector comenzó a denunciar que el costo del pasaje no era suficiente para cubrir los gastos

“En la mañana es normal que cobren de 1.500 o 2.500 bolívares, dependiendo de dónde vayas. De regreso, depende de la hora: después de las 6:00 pm cobran lo que les da la gana. El otro día agarré una camioneta y me cobraron 4.000”, explica.

Aunque el gremio comprende la situación que viven los usuarios, explican que esa problemática es una responsabilidad del estado. Y, si ellos esperan a que el Gobierno materialice una política que les permita recuperar sus unidades, el sistema jamás volverá a funcionar como antes.

Cuando toca, toca

Primitiva vive en el barrio José Félix de Petare y trabaja en Los Palos Grandes, y prefiere el metro “por seguridad” antes que tomar una camioneta. Pero desde la estación de Petare hasta su hogar no hay sistema subterráneo ni jeep que le evite patear las calles.

No conoce de kilómetros, pero cree no exagerar cuando dice que la distancia que camina desde su casa hasta la redoma de Petare o viceversa se compara a la distancia que hay entre Altamira y Capitolio. Es su pan de cada día, uno que, aunque desee, no puede evitar.

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Sin metro el caos es peor

No cuenta con las camioneticas a diario porque “nunca tengo efectivo porque el banco solo me da 6.000 bolívares y eso no me alcanza para tener camionetica todos los días”. Si el metro no funciona emprende su caminata sin quejas pues los choferes cobran 2.000 y los “piratas que te cobran hasta 5.000”.

Las llamadas “rutas express”, insiste Ocando, nacieron de la necesidad de los usuarios por llegar más rápido a sus destinos, “ya que el sistema de transporte del Estado no funciona (Metro, Metrobus, Sitsa y los Trans)”. El dirigente, indica que incluso se ha sancionado a los “conductores para que no trabajen en esas rutas” debido sus irregularidades, pero es imposible que las mismas desaparezcan pues “los mismos usuarios las exigen”.

En estos días no había Línea 1 y fue un macro peo agarrar hasta Petare. La cola era descomunal

En mayo, Transporte Unido por Venezuela realizó una propuesta al Gobierno para darle una solución al problema, en donde contemplan: “anclar la tarifa a 10 centavos de dólar con la referencia del dólar del BCV, solicitar un bono de transporte para los usuarios (tercera edad, estudiantes, obreros y empleados públicos) también anclado a los 10 centavos de dólar, y un subsidio directo al transportista que cubra la diferencia del pasaje que no pueden cubrir los usuarios”.

Asimismo, el gremio brinda apoyo a los usuarios en la exigencia de un ajuste de sueldo “que les alcance no solo para pagar los servicios, si no que también puedan cubrir todas sus necesidades”. Hasta el momento el Estado no ha dado respuesta a la solicitud. “Ellos solo escuchan es a los transportistas bolivarianos; pero, al final, hemos impuesto las tarifas, y ellos al permitir que las cobremos las están reconociendo”, concluyó Hugo Ocando.