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Por autoayuda, fitness y política: leer está de moda

Editores, libreros, críticos y escritores al unísono levantan la voz: sí, en el país se está leyendo más. No saben si mejor, pero al menos la venta de libros y el surgimiento de números portales web dan fe del crecimiento editorial y de la intención sanadora de la lectura. Por moda, política, cursilería o fitness, el venezolano se pierde en las páginas

Por autoayuda, fitness y política: leer está de moda

@CaracasMetro es una cuenta de Twitter no oficial en la que se transmite información minuto a minuto. El pasado diez de junio, publicó una encuesta buscando determinar con qué frecuencia los usuarios leían en el Metro. El resultado fue el siguiente: 45% dijo leer con mucha frecuencia, 21% aseguró hacerlo rara vez y el 34% afirmó no leer nunca dentro de las instalaciones. Las respuestas corresponden con una realidad quizá palpable para los usuarios recurrentes: las personas que viajan con un libro parecieran multiplicarse.

Al crítico literario Carlos Sandoval, en la mayoría de las entrevistas, le preguntan por el famoso boom editorial que vivió el país a principios del siglo XXI. Suele dar la misma respuesta: el fenómeno tuvo que ver con la narrativa y empezó más o menos por el 2003, cuando se publicaron nuevos y viejos libros de cuentos y novelas. Este denominado boom, asegura, fue de carácter cuantitativo y no cualitativo: el mercado se llenó de muchísimos textos, mas no hubo un movimiento estético notable.

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Las restricciones para acceder a dólares obligaron a las editoriales a apostar por el talento local: se publicó a varios jóvenes autores y se consolidaron otros con más recorrido. La figura del escritor venezolano se hizo reconocida en el mercado local.

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Según el World Culture Score Index, un ranking de lectura publicado en el 2005 por la firma NOP World, Venezuela era en ese entonces el país de Latinoamérica que más leía. Ocupaba el puesto 13 en el mundo. Siete años después, en el 2012, se publicó la Encuesta del Comportamiento Lector, Acceso al Libro y la Lectura en Venezuela. Allí, el 82% de los venezolanos aseguró leer algún tipo de publicación. De ese total, solo el 52% afirmó consumir libros, el 68% leía periódicos y el 40% ejercía le lectura en Internet.

Ricardo Ramírez Requena conoce la industria: ha alternado los roles de escritor, librero, profesor y ha trabajado en editoriales. Cuando se le consulta si hoy día en el país la gente lee más, responde: “Según cifras oficiales, sí. Y no tengo por qué dudarlo: la población ha crecido mucho durante las últimas dos décadas. Pero eso no significa que la población tenga hábitos de lectura firmes y permanentes. Esos hábitos se reciben en casa y en la escuela, y esto cada vez sucede menos. La lectura es menos sexy para la gente, en comparación con el cable y los videojuegos. Generar hábitos de lectura pasa por entenderla como forma de vida. Leer como respirar. No como pasatiempo, sino como forma natural de expresión, búsqueda de conocimiento, y experimento lúdico. Para ello, son cruciales las bibliotecas y una velocidad de Internet diez veces más rápida. Leemos más, pero prensa, información breve en redes sociales. La lectura como gozo no es lo más destacado”.

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El cambio político también influyó, según explicó Carlos Sandoval al Correo del Orinoco (2015), en la relación de las personas con los libros: “Una vez que se produce la llegada de Chávez al poder, la gente empezó a preguntarse ¿por qué está ocurriendo esto? Entonces se comenzaron a publicar muchos ensayos y muchos trabajos periodísticos sobre el fenómeno”.

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Asimismo, en una conversación para Clímax con el escritor Fedosy Santaella, Sandoval comentó: “Buena parte de la clase media venezolana buscaba explicaciones sobre la situación político-social en la que andamos desde 1998 y acudían a las novelas y los cuentos, pero sobre todo al ensayo de corte histórico y hasta a investigaciones académicas, como un posible abrevadero de causas y, quién sabe, tal vez como fuente de potenciales soluciones. Esto explicaría el éxito de algunas novelas históricas”.

Jesús Santana, librero de la Librería Estudios, afirma: “Pareciera que a pesar de la situación tan compleja, la gente busca esconderse bien sea o en las películas, o bien sea en las artes en general, sobre todo en el libro. ¿Qué creo que ha aumentado mucho? La literatura venezolana. Se lee mucho más autores venezolanos. Ojo, es mi percepción desde afuera. Yo sí veo que se lee muchísimo; es más, yo creo que desde que llegué a Estudios hasta el día de hoy, que ya se cumplen cinco años, veo que la gente lee más libros de autoayuda”.

La teoría de Santana es respaldada por Nikolai Herrera, encargado de la Librería Noctua: “Sí se está leyendo más. Chávez logró con su política de estar saliendo a cada rato en televisión, de estar envenenándole la mente a la gente con tanta politiquería… La gente le dio por dos opciones: o adquirir Directv o comprar libros, como una manera de evasión. La gente comenzó a leer mucho más”.

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Gran parte de los lectores venezolanos parecieran influenciados por el clima actual del país. O quieren distraerse del mismo, o quieren comprenderlo. Ricardo Ramírez Requena afirma: “Hay más libros, y se lee cada vez más en Internet. Aunque la producción de libros por parte de la industria privada se ha reducido, hay todo un arsenal de libros usados y de links y pdfs en Internet. No sé si pueda pensarse en una política de Estado eficiente. Lo dudo. Creo que tiene que ver con procesos masivos: Harry Potter, sagas distópicas y vampíricas vinculadas con el cine, han generado legiones de lectores. Por ahí, muchos van. Otros, por el afán de conocer la historia y la política del país”.

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Leer y el fitness tienen algo en común: se pusieron de moda. Los memes con frases de Julio Cortázar o Mario Benedetti inundan las redes sociales. Fotografiarse con un café mientras se lee es algo cool. Se le pregunta a Vanessa Silva, encargada de la librería Khalatos, en Los Galpones de Los Chorros, Caracas, si cree que leer es hoy día una moda. “Totalmente. El venezolano quiere leer los libros que inspiraron sus películas y series favoritas. Quiere leer lo que lee su locutor de cada mañana y el libro que recomienda su cantante o actor favorito. Ejemplos de fenómenos son los libros de George R.R. Martin y las ventas de J.K. Rowling que no han mermado. Los libros siempre serán sinónimo de estatus. El venezolano es una persona de empuje, desea sobresalir, también es vanidoso por naturaleza, y leer te da material para conversar y ser interesante. Puedo asegurar que el venezolano está claro de que leer hace bien, y a muchos les gana la flojera o el ambiente en el que se desenvuelve, pero también a muchos se les despierta la curiosidad. Las ferias han ayudado. Se ven más jóvenes leyendo en el transporte público, en las plazas; pero estoy segura de que todos te dirán que su abuelo y/o su padre tenía libros, y les leía”.

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¿Percibe Vanessa un aumento de los lectores?. “Creo que el venezolano tiene buen tiempo leyendo. Sucede que muchas veces no lo notamos porque pensamos que la decadencia del lenguaje tiene que ver con poca lectura. Vendo libros usados, y puedo ver bibliotecas muy valiosas que pertenecían a los abuelos, con literatura dura y diversa. Es cierto que el venezolano se ve muy influenciado por modas, por películas, pero siempre ha leído. Aunque no todos leen buena literatura y no todos leen en papel desde hace unos años. El costo ha influido en el número de libros que adquiere el venezolano, muchos han adoptado el kindle y solo adquieren el ejemplar físico si realmente disfrutaron la historia. Es muy agradable ver a los padres haciendo esfuerzos para armar la biblioteca de sus hijos. El venezolano lee, quizás no lo que debiera, quizás más por un asunto de vanidad, como sucedió con 50 sombras de Grey, que las mujeres compraban ciegamente para no desencajar en su grupo de amigas. Lo que sí es cierto es que una buena parte de la población tiene libros en su casa. El tipo de libro es otro tema”.

En el incremento de lectores, las librerías han jugado un papel importante. Gregory Chacón, hasta hace poco librero principal de Lugar Común, asegura: «Sí, se lee más. Lo veo por acá, por la dinámica de la librería. Hay más gente acercándose a la lectura. A ver, acá viene gente no solo a comprar libros, sino pueden tomar un libro y consultarlo, pueden pasar un chorrerro de rato leyendo algún título. Pero bueno, más allá de si es por la compra o no compra de libros, esto se percibe en las redes, en todos estos portales que están generando muchísimo contenido».

Planeta es una de las editoriales más grandes del país. Al ser la filial de su homónima de España, tiene una estructura muy sólida. Un bestseller editado bajo este sello vende entre 20 mil y 100 mil ejemplares en Venezuela. Su top 10 de más vendidos en los últimos cinco años, facilitado por la gerente editorial Lourdes Morales, evidencia algunos de los gustos de la población:

  1. Las recetas de @SaschaFitness, de Sascha Barboza
  2. Inferno, de Dan Brown.
  3. Kilómetro cero, de Leonardo Padrón.
  4. El grito ignorado, de Ibéyise Pacheco.
  5. La serie Cazadores de sombras, de Cassandra Clare.
  6. Los secretos de @SaschaFitness, de Sascha Barboza.
  7. El tiempo entre costuras, de María Dueñas.
  8. Record Guinness 2012 y 2013.
  9. Pensar bien, sentirse bien, de Walter Riso
  10. Bocaranda: el poder de los secretos, de Nelson Bocaranda y Diego Arroyo Gil.

La moda fitness y Sascha Barboza, los grandes éxitos editoriales extranjeros —libros de Dan Brown, Cassandra Clare, María Dueñas y Walter Riso—, así como los textos de autores asociadas al inventario político —Leonardo Padrón, Nelson Bocaranda—, son los más comercializados; por supuesto, nunca faltan en la lista de los más vendidos libros que aborden algunas de la situaciones de horror extremo que suceden en un país con una elevada tasa de impunidad y muertes violentas; es el caso de, por ejemplo, El grito ignorado.

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Sea para comprender la realidad actual, para desconectarse de la misma, para buscar fórmulas mágicas que lleven al éxito, o por un asunto de estatus, la lectura juega un papel importante en Venezuela. Y ha adquirido esa relevancia en el momento en el que resulta más difícil comprar libros, los medios escritos que no cierran por la falta de papel sufren censura y el Internet hace que navegar sea un acto de paciencia. Paradojas que solo se podrían entender mediante la literatura.