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Por falta de comida, malnutrición y aborto

La Encuesta Condiciones de Vida de 2015 reveló que 12,1% de la población, sobre todo de los estratos más pobres, come dos o menos veces al día, y que la cesta alimentaria de 40% de los venezolanos está compuesta por harina de maíz, arroz, pastas y grasas. La alarma está encendida entre los médicos por el riesgo que la mala alimentación representa para el embarazo y para la vida de los niños

Por falta de comida, malnutrición y aborto

La aguda escasez de alimentos que vive el país desde hace varios años tiene en alerta a los médicos. La malnutrición se repite cada vez con más frecuencia y, en los casos más extremos, podría conducir a abortos espontáneos, si se asocia con otras condiciones en la madre que hagan inviable el embarazo físicamente. La malnutrición, en este caso, ocurre cuando la madre tiene déficit de peso, déficit de vitaminas y minerales, o sobrepeso y obesidad.

Marianella Herrera, investigadora de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Fundación Bengoa, reveló datos preliminares de un estudio realizado con 173 embarazadas del municipio Sucre del Área Metropolitana de Caracas que sufrieron abortos, y que será publicado próximamente en una revista científica en Perú.

Algunos datos relevantes surgieron: la pérdida de la gestación ocurrió en 44% de mujeres cuyo primer embarazo había sido antes de los 17 años y 20,8% de las embarazadas tenían un antecedente de aborto. “La asociación entre la incidencia del aborto y el nivel educativo fue altamente significativa. Mientras menor era el nivel educativo, mayor era el riesgo. Encontramos más riesgo en las madres que tenían menor índice de masa corporal”, cuenta Herrera. Además, hallaron una relación importante entre los abortos de embarazos no deseados y la malnutrición. “No podemos saber si realmente fueron espontáneos, fue lo que nos dijeron esas madres, pero sí sabemos que la malnutrición estuvo presente en un número importante de esas pérdidas y que las mujeres aseguraron que no habían inducido el aborto”.

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La Encuesta Condiciones de Vida 2015, realizada por la UCV, la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y la Universidad Simón Bolívar (USB), reveló, a finales de marzo cuando se presentaron los resultados del capítulo alimentación, que 12,1% de la población venezolana, equivalente a 3,5 millones de personas, no come más de dos veces al día. La investigación tuvo una muestra de 1.488 hogares de 23 ciudades grandes, medianas y pequeñas del país.

Es el caso de Ismel Masguarán, madre de seis niños y en espera del séptimo, quien deja de comer algunas veces y reduce sus porciones para que sus hijos puedan alimentarse mejor. “Hay días en los que comemos nada más dos veces y ni siquiera son comidas completas, almorzamos más o menos bien y en la noche una arepa”, cuenta la mujer, con seis meses de embarazo.

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La nutricionista de la UCV Yadira Candela dijo que en este momento las mujeres, sobre todo las de estratos bajos, no tienen acceso a la información, a medicamentos ni a tener una planificación familiar ni una dieta de calidad. “Más el alto nivel de sedentarismo —53% en toda la población, según Encovi—, predispone a las madres a estar en condiciones metabólicas indeseables para el embarazo. Es una mezcla de factores, ¿pero cómo las evitas?”.

Puras grasas

De acuerdo con Encovi, 81% de la población venezolana presenta algún grado de pobreza y 34,4% se enfiló en el grupo de los pobres recientes en 2015. Apenas 19% fue calificado como no pobre. Casi todos los pobres extremos, 93% de ellos, dijeron no tener dinero suficiente para comprar comida.

En general, el 40% de los alimentos que están comprando los venezolanos son harina de maíz, arroz, pastas y grasas, sobre todo en los estratos más pobres: menos de la mitad compra lácteos, apenas 34% adquiere huevos y 22,85% leguminosas. Las frutas, los tubérculos y las bebidas se convirtieron en un lujo del que menos de un tercio de la población puede disfrutar.

“Para las mujeres que sacrifican su arepa, arroz, carne, la exposición a riesgo de enfermedades crónicas a futuro es mayor. Si la mujer está embarazada, para el bebé es muy negativo. Las deficiencias de alimentación durante el embarazo están asociadas a alteraciones genéticas”, advierte Marianella Herrera.

Una embarazada que gana insuficiente peso, explica Yadira Candela, tiene riesgo de tener abortos o de tener un niño de bajo peso al nacer. En el caso contrario, cuando hay sobrepeso o se gana mucho durante la gestación, corre el riesgo de desarrollar trastornos cardiometabólicos como hipertensión y diabetes y condiciona a su hijo a padecerlos también. “La deficiencia por hierro y ácido fólico puede conducir a anemias, lo cual reduce la cantidad de hierro sérico en el niño y pone en riesgo la vida de ambos”.

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El riesgo cardiometabólico y la probabilidad de aborto se incrementa cuando la madre es una adolescente, advierte Candela, condición que en 2013 tenían 195.501 niñas entre 12 y 19 años, de acuerdo con el Idenna. “Asegurar el adecuado estado nutricional de la mujer en edad reproductiva requiere de políticas públicas integrales que mejoren la disponibilidad y acceso a los alimentos, así como información temprana sobre los riesgos de la malnutrición durante y después del embarazo, tanto para la mujer como para el niño”.

Ya en 2009 las cifras de malnutrición por exceso eran alarmantes. En ese momento, el Instituto Nacional de Estadística refirió que 32% de las embarazadas tenían sobrepeso y 20,9% padecía de obesidad. Seis meses después de haber parido, 33,4% tenía sobrepeso y 22,2% obesidad. “En estas mujeres se observa mayor incidencia de aborto, mayor tasa de fracaso en técnicas de fertilidad y mayor incidencia de parto prematuro, preeclamsia, diabetes gestacional, tasa de cesáreas y macrosomía fetal”, recoge la publicación titulada Obesidad y embarazo en la Revista Médica Clínica Las Condes.

La importancia de los primeros 1.000 días

Para Mercedes López de Blanco, médico pediatra del consejo directivo de la Fundación Bengoa, la desnutrición puede causar daños más graves que el aborto. “El mayor problema es que los primeros 1.000 días de la vida, desde el momento de la concepción hasta los dos años de edad, son los más importantes para todos los seres humanos y son el período en el que se determinan prácticamente todas las enfermedades que se van a sufrir en el futuro. Puede haber modificaciones en personas que no hacen ejercicio, que comen mucho, fuman mucho o ingieren mucho alcohol. Suena a mucho determinismo, pero es así”.

En 2001, la Organización Mundial de la Salud exhortó a los Estados miembros a promover la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida del niño y la alimentación complementaria luego. “Los nutrientes modulan la expresión de genes y proteínas e influencian el metabolismo celular y del organismo”, explica la pediatra. Y ante la petición de la OMS de cuidar particularmente los primeros 1.000 días de los niños, Venezuela está “malísimamente mal”.

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López de Blanco lamenta que no existan políticas públicas orientadas hacia la prevención temprana ni programas enfocados a los programas de malnutrición por déficit o exceso: “lo que existen son programas de distribución de alimentos no focalizados y sin un componente educacional. Desgraciadamente en Venezuela la mayor parte de las embarazadas están alimentándose muy mal. La población en general se alimenta mal”. La especialista cree que los resultados de la Encovi 2015 son dramáticos. “No son de un país en crisis, son de un país en guerra. En ningún país en crisis pasa esto de no tener comida, aunque tengas dinero, ni de hacer colas interminables para un par de paquetes de harina Pan. Esto es insólito e imperdonable”.

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