Sigfredo Chacón, las trampas del juego cromático

Parece casi impensable que las pinturas chorreadas del artista venezolano Sigfredo Chacón sean producto de un esquema, que sus series provengan de largas investigaciones, que su naturalidad sea consecuencia de disciplina y esfuerzo. Chacón, fluido en su quehacer y su vida, se mantiene siempre productivo, curioso, constante, incluso en sus años dorados

Tras sus lentes redondos, su mirada penetrante no se halla cuando es objeto de estudio. Con posturas relajadas, sin mucho esfuerzo, se plasma frente al lente. Sigfredo Chacón no sabe posar para las cámaras. “Yo admiro a las modelos, que saben cómo ponerse. Yo necesito que me digan qué hacer”, ríe, intentando jovialmente dar su mejor ángulo. Su prolífera carrera profesional, inicialmente en el Diseño Gráfico y luego en las Artes Plásticas, no lo entrenaron para ello. A sus 66 años de edad, Chacón, artista venezolano reconocido por sus pinturas chorreadas, por su enfoque visual y semántico, por su escogencia cromática, se incomoda cuando la prensa lo retrata junto a su más reciente exposición: Pinturasparadaltónicos, inaugurada en la Sala TAC del Trasnocho Cultural el pasado 17 de julio.

Las 66 obras en lienzo, papel y acrílico que se despliegan en las paredes de la sala caraqueña son el resultado de la investigación que nació en 2009. Con un alfabeto cromático plantea un estudio sobre el daltonismo, condición que imposibilita distinguir ciertos colores, generalmente entre rojos y verdes –también azules de forma ocasional. “Quería mostrar que hay otra manera de ver, que se tomara conciencia de un mundo paralelo que para mí es muy cercano y que además es muy generalizado”. Sus hijos Rodrigo, de 22 años, y Santiago, de 20, padecen el defecto visual.

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Desde entonces, su relación pictórica nunca ha vuelto a ser la misma. “Toda la investigación me afectó a mí en cuanto a la gama de colores que automáticamente uno usa, porque yo creo que existe una precalificación del color en uno. Una especie lógica del color que uno usa sin saber, estándares de color que ya tienes fijados. Todo es color y en ellos era distinto”. Chacón pintaba a ciegas, con guías que le aclaraban cómo sus hijos veían el mundo: sus cuñetes de pintura estaban marcados con los colores “daltonianos”, como los llama el artista.

Obras individuales, dípticos y trípticos contrastan lo convencionalmente establecido con la visión distorsionada de quien vive con dicha variación genética. Con variaciones en los pantones utilizados, Chacón muestra cómo un rosado pálido puede representar un azul para un daltónico, o un amarillo mostaza, un verde. Palabras de los colores representados incrustadas en cada pieza hacen la diferencia más evidente.
Comenzó en 2009 como una pequeña investigación paralela a las demás series de obras que realizaba a finales de la década pasada. Una inquietud, un sobrecogimiento, un desconocimiento sobre el mundo del daltonismo lo llevó a indagar al punto de la ejecución pictórica. “El color era lo que me interesaba, no la forma”, explica.

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A ese mundo de gamas distorsionadas se acercó en largas sesiones de trabajo en las que se plantaba con sus hijos definir color por color, tonalidad por tonalidad. Dependiendo de la incidencia de los rayos solares, los resultados variaban. El primer resultado se mostró en 2012 cuando presentó Dibujosparadaltónicos en la Galería KaBe de Miami, Estados Unidos. Allí se evidenció el avance de su investigación plasmada sobre papel. Cuatro años más tarde, presenta la serie completa en la sala caraqueña.

La hora del té

“Si no me hubiesen dicho que esa exposición era de él, yo lo hubiese asumido”, explica Luis Miguel La Corte, director de la Galería Espacio Monitor y amigo del artista. “Él hace pintura de campo de color, con una gran mezcla de colores muy particular que viene del mundo de la gráfica y del arte óptico”. Sus referencias de Chacón se remontan a mediados de la década de los 80, cuando ambos trabajaban en el Museo de Bellas Artes, La Corte como parte del departamento de investigación y Chacón como diseñador gráfico. “Fue una especie de escuela de lo que a mí me interesaba y lo que no me interesaba, fue un filtro”, recuerda el creador.

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Antes de convertirse en una referencia de las Artes Plásticas, Chacón tuvo una formación en Diseño Gráfico destacada y reconocida entre sus pares y superiores. Allí encontró estructura, esquemas, organización, sin descuidar sus inclinaciones artísticas. “Quería racionalizar lo visual de manera útil y el Diseño era lo que más se acercaba a mis intereses”. Egresado de la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas Cristóbal Rojas de Caracas en 1966, se embarcó en la materia al ingresar en el Instituto de Diseño Neumann-Ince (1966-1970), en Caracas. No pasó mucho tiempo para que Chacón decidiera pulirse en el extranjero. “Quería estudiar en Inglaterra por las condiciones que el país presentaba. Había visto muchas publicaciones de diseño inglesas y la música también me interesaba muchísimo”.

Entre 1972 y 1975 realiza postgrados en Diseño Gráfico en la Chelsea School of Art y en el London College of Printing, en Londres. “Me aceptaron en cuatro escuelas y yo escogí. Fue una corazonada, porque me hubiese podido ir a otro lado”, recuerda aún sorprendido del fluir de los acontecimientos de su fructífera vida artística.

Allí, el inglés Edward Wright, estudioso de poesía concreta, diseñador gráfico y arquitecto, se convirtió en su tutor y sembró en él la curiosidad en la semántica y el significado de las palabras, tal como se evidencia en Pinturasparadaltónicos, como ejemplo más reciente. “La semántica engloba todo. Si no tiene significado son cosas vacías, estériles. Siempre que hago una serie o un proyecto busco información de qué es y su por qué, para plasmarlo gráficamente”, aclara.

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Para entonces, la relación académica que mantuvo con el ya fallecido catedrático devino en amistad, al punto de recibir invitaciones de Wright a la sala de profesores de la Chelsea School of Art: “Me invitaba a tomar té allí, el ‘tea time’ como le dicen los ingleses, y pude conocer a gente muy seria y muy verdadera. Entre ellos estaban directores de museos y galerías muy importantes, personas sencillas y simpáticas”. El estar rodeado de personalidades de las artes de Inglaterra lo atribuye a “cosas que a uno le pasan, son privilegios”, nunca al trabajo que desde entonces se posicionaba en galerías británicas.

Con dos postgrados finalizados y un camino de exposición internacional, brevemente vuelve a Venezuela a finales de los 70 para trabajar en el Museo de Bellas Artes –y destacar, sin buscarlo. Rafael Santana, actual museógrafo de la exposición Pinturasparadaltónicos y también amigo del artista, recuerda a un Chacón que “tenía su grupo de artistas, donde estaban (Héctor) Fuenmayor, (Álvaro) Sotillo, muchos otros de esa generación. Desde entonces era una persona muy inteligente, talentosa y que valía la pena escuchar”. La Corte rememora los años 80, cuando no tenía referencia alguna de él más que de sus diseños: “Antes de conocerlo vi su trabajo y la calidad de lo que estaba haciendo, que se traducía en publicaciones de primera calidad, excelentes catálogos para las exposiciones del museo”.

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Sorpresas plásticas

El Diseño Gráfico me estructuró. Yo aplico toda una estructura visual en el Diseño y en las Artes Plásticas porque en esencia son lo mismo, se entrelazan. Cuando uno diseña, en mi caso, es realizar con objetividad y suficiente claridad un statement, un discurso, que el receptor entienda lo que tiene en las manos, que todo comunique”. Es por ello que su tránsito disciplinario no causó un choque en él, ni esquemático ni personal. Para Chacón, la conexión con la plástica siempre estuvo presente, latente. Así lo evidenció con su exposición Sigfredo Chacón, Dibujos y pinturas recientes (1989) presentada en la sala Rómulo Gallegos de la Galería de Arte Nacional (GAN). En 50 trabajos sobre papel y tela, mostró la versatilidad del uso de materiales, como el esmalte industrial y el asfalto combinados con la encáustica, el pastel y el acrílico, en los que predomina una escala de grises. La curadora de arte Lourdes Blanco señaló en Sigfredo Chacón: el signo de Apeles de Cos (1989) cómo “comienza a trabajar en esta técnica que combina la encáustica con efectos de aguadas y saturaciones sin prescindir de la línea de valor tonal que le permite el pastel y el carboncillo”.

Desde entonces comenzaron los dípticos, trípticos, polípticos, su ir y venir con el color. Los juegos visuales. También los aplausos, incluso asombros. Para La Corte “fue un poco sorpresivo, creía que estaba muy dedicado al diseño, hacía un trabajo excelente. Recuerdo que cuando me mostró esos papeles me agarró fuera de base. Eran maravillosos. Para muchísima gente, para quienes lo conocían, fue una sorpresa. A partir de ese momento el desarrollo de Sigfredo como artista y su reencuentro con la pintura se profundizó”.

En Accrochage y algo más, publicado por El Universal en 1991, el también artista plástico venezolano Eugenio Espinoza hizo público su ojo crítico sobre Chacón: “Progresivamente ha desarrollado una pintura, de carácter minimalista, casi monocroma, y aislada rigurosamente dentro de una estructura racional. El carácter expresivo de su obra está en la acumulación de capas pictóricas que evidencian su proceso de construcción”.

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A su vez, el artista acumula obras. Trabaja en series pictóricas que, de forma natural, lo llevan a la siguiente. “Uno puede fácilmente darse cuenta de que hay una secuencia. Nunca hay una ruptura”, aclara Santana, quien ha tenido la oportunidad de estar en el detrás de cámara de sus creaciones: “Siempre va de un boceto a un espacio final. Trabaja mucho con libretas”.

“Soy metódico, organizado, tengo que vivir así porque si no, no funciono. Es mi manera de ser”. Chacón no se halla fuera de la estructura que encontró en su formación como diseñador. Pinta y dibuja series en paralelo, siempre está en constante creación. El término de una es un leve respiro, fugaz, que se interrumpe con una nueva idea para desarrollar. “La gente piensa que el artista está en su estudio y le viene la inspiración. Eso no funciona así. Tienes que estar siempre sometido a una idea o una especie de circunstancia que te permita producir cosas. Es un trabajo persistente, día, noche, toda hora sirve”.

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Para el artista, la clave se encuentra en la organización y la disciplina. Incluso vivir en Caracas, ciudad en la que nació el 13 de mayo de 1950, no le quita lo aprendido. “Lo que hago es una reacción, una manera de mostrar otra posibilidad ante el caos. Decir que dentro de esto producimos orden, sistema, organización”, dice. Su disciplina y trabajo incansable lo han llevado a exponer sus obras en distintos continentes y a obtener reconocimientos nacionales desde 1991, cuando recibió el Gran Premio de Pintura otorgado por el Banco Central de Venezuela en el 50 aniversario de su Salón de Pintura. El Premio Armando Reverón en mención Pintura de la Asociación Venezolana de Artistas Plásticos (AVAP) es el más reciente de los seis galardones que acumula y de los que no hace alarde.

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Sigfredo Chacón relata que su vida ha discurrido en un devenir natural, fluido, lleno de corazonadas que lo han llevado a donde se encuentra hoy en día, preparando varias series a la vez y pensando en llevar Pinturasparadaltónicos a Estados Unidos y Europa. “Yo no decidí ser artista, tú naces así, es natural. Y tienes que seguir esa naturalidad. Tienes que seguir las corazonadas, tener confianza y las cosas se irán dando solas, solo van pasando”.