Silvio Klein: "Maduro quiere desatar una guerra interna"

El periodista argentino Silvio Klein siente esta tierra como suya. La prueba y demostración de sus sentimientos se transcriben en un libro que recién publicó: Venezuela duele en carne viva. Quince testimonios que hurgan la herida abierta de la crisis. Acá una entrevista en la que, con su característica templanza, suelta un par de perlas: la intención de Maduro de conflagrar una guerra interna y el posible exilio del chavismo en Medio Oriente

Silvio Klein: "Maduro quiere desatar una guerra interna"

El jueves 18 de mayo de 2017, el periodista argentino Silvio Klein se encontraba en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía retirando una maleta que no le había llegado el día anterior. De pronto, se encontró con Henrique Capriles, a quien le acababan de anular el pasaporte. Klein, funcionario del Ministerio del Trabajo de Argentina y quien además trabaja como comunicador independiente para varios medios internacionales, corrió la noticia. No habían pasado diez minutos cuando todas las redes sociales se habían hecho eco de su denuncia.
Y es que a Silvio Klein le duele esta «Tierra de Gracia». Como lo dice el título de su libro Venezuela duele en carne viva (Editorial Dunken, Buenos Aires, 2017) donde el autor recoge quince testimonios desgarradores de venezolanos comunes, que han vivido y sufrido la crisis de los últimos años. Decidió escribir el libro cuando una niña de 9 años, hija de una amiga suya, le dijo: “si me quieres adoptar, aquí me tienes” y la mamá la secundó: “si quieres llévala, porque debo pensar primero en el bienestar y la calidad de vida de ella”.
Silvio Klein se sintió sobrecogido. Había padecido los gobiernos de los Kirchner como protagonista: en 2005 asumió como concejal en el distrito de la Matanza con tan solo 26 años, siendo de esta manera el legislador más joven de la historia política de ese distrito. Y había conocido el país pre Chávez:“Aquella Venezuela que sonreía, la amiga donde te encontrabas en la calle con alguien y te decía ‘oye, ven para mi casa, nos comemos una arepita, nos tomamos un sancochito’. Conocí esa Venezuela, la del Boulevard de Sabana Grande. Fue tan fácil ponerle el título, por lo que me duele a mí. Para mí es mi segunda casa, es el único país del mundo donde yo podría vivir fuera del mío”.
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¿Cómo ve Venezuela un periodista extranjero, qué contiene ese libro?
—Este libro recoge quince testimonios genuinos. La gente cree que el problema es la falta de papel toilette o la falta de medicinas. Recién ahora, un par de meses atrás, luego de cincuenta días de la protesta, la gente fuera de Venezuela se está enterando de lo que verdaderamente ocurre aquí. Yo con este libro demostré que no solo hay falta de papel toilette, de comida, de medicinas, sino que también falta la dignidad del gobierno. Que lo único que no le robaron al pueblo es la esperanza. Y que hoy el pueblo está en la calle porque perdió la democracia, pero no quiere perder la república. Por eso cada día hay más gente en la calle. Al venezolano le pasó algo maravilloso en estos últimos tiempos: perdió el miedo. Era miedoso, ¿pero por qué? Porque este tipo de gobiernos populistas dictatoriales, con la orden directamente de Cuba, lo que hace es eso: inocular el miedo directamente. ¿Y el miedo qué hace? El miedo paraliza. Estos gobiernos siguen generando el vaciamiento de uno de los pueblos más ricos de Latinoamérica.
A Argentina le pasó lo mismo: un país rico en recursos naturales y pobre como consecuencia de malos gobiernos. Videla tuvo la pésima idea de usar el nacionalismo como una excusa para solapar todos los problemas y le declaró la guerra a Inglaterra por la posesión de las Malvinas. ¿Crees que Maduro pueda hacer algo así, por ejemplo con Guyana?
—Yo no creo que Maduro quiera hacer eso con Guyana. Creo que Maduro quiere desatar una guerra interna. Cuando hablan, por ejemplo, de que hay una guerra civil, yo les digo “no, es el régimen contra civiles”. Las únicas armas que tienen los civiles en la calle es la palabra.
Es un bando armado contra un bando desarmado… eso puede desembocar en masacre…
—Por eso te digo y se lo explico en Argentina y en otros países. En Venezuela hay una guerra del régimen contra los civiles que reclaman sus derechos y no quieren perder la república, porque, como te dije, la democracia ya la perdieron… Este gobierno les cortó la libertad intelectual. El que piense distinto no es un adversario político como sería en cualquier país, es un enemigo.
Y cuando los adversarios se convierten en enemigos la represión es total… Mi percepción es que la alta cúpula del chavismo no tiene escapatoria. No tienen para dónde salir corriendo. Por eso huyen hacia adelante…
—Disiento: yo sí creo que tienen escapatoria y que ya tienen pensado dónde irse a exiliar: se van a ir al Medio Oriente. Eso fue parte del acuerdo para poner un vicepresidente oriundo del Medio Oriente. Este acuerdo se logró el mes de octubre cuando viajó parte de la cúpula del PSUV. Parte de ese acuerdo significó nombrar a El Aissami de vicepresidente para poder seguir sacando las riquezas de Venezuela. Mira lo que les voy a decir, yo, Silvio Klein: eso sería lo más maravilloso que les podría pasar, que esa gente desparezca. Juzgados no van a ser, lamentablemente. Serán juzgados por la justicia de Dios. Lo veo difícil por la justicia terrenal. Lo veo difícil por la justicia venezolana. Venezuela está en un punto sin retorno y ahora sí, la responsabilidad es de ustedes. De ver si van a hacer que realmente esto continúe con más fuerza, masivamente, como hicimos nosotros en el 2001, cuando tuvimos a un presidente que se equivocó. Salimos diez millones de argentinos a la calle, pero no por un par de horas, para después irnos a rumbear, sino que salimos a la calle y nos plantamos 48 horas y a la hora 49 el presidente se tuvo que subir a un helicóptero y escaparse y renunciar. Lo que le está faltando al pueblo venezolano es decisión, en un punto que están como dije, sin retorno. Se muere un venezolano cada menos 20 minutos por la inseguridad, se están muriendo —cifras de la Fundación Niños Chiquinquireños de Maracaibo— dos niños al día por problemas de alimentación…
El 11 de abril ya vivimos esto. Cuando Chávez renunció y pidió irse a Cuba, el General Néstor González González, entre otros militares, exigió que Chávez debía quedarse para ser juzgado. Esto es mera especulación, pero si lo hubieran dejado ir, tal vez no hubiéramos sufrido lo que hemos sufrido… Además pienso que la justicia internacional los perseguirá dondequiera que estén…
—Yo estoy un poco molesto con Almagro. Porque creo que la Organización de Estados Americanos (OEA) debería jugar un papel un poco más comprometido.
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Freddy Guevara, cuando convocó a la marcha nocturna el miércoles 17 de mayo, dijo que estamos preparándonos para la “marcha del no retorno”, que fue lo que hicieron ustedes. Pero yo no veo a Maduro y a su combo viviendo en el Medio Oriente. Cuba está acercándose peligrosamente a los Estados Unidos y no es una opción. ¿Qué les quedaría?
—La opción de Panamá se corrió como un rumor. Cuando quise chequearlo me dijeron que era mentira. ¿Pero sabes qué?… ¡Que se vayan! Que se vayan adonde está su mamá. No importa. Que dejen a este pueblo en paz para que pueda recuperar la libertad y la democracia. La punta de la pirámide es la libertad intelectual. Se recuperan las relaciones, se recupera la disidencia para que vengan las grandes coincidencias, como pasa en cualquier país con una democracia verdadera.
Yo creo que Almagro como individuo ha hecho todo lo que ha podido y está comprometido, pero la OEA, como organismo multilateral, tiene que seguir ciertos protocolos que retrasan las cosas.
—Yo le dije en un programa de televisión muy importante de la Argentina el día martes 16 de mayo 2017: me voy a Venezuela porque yo que quiero tanto a ese país no me siento bien de quedarme aquí frente a una cámara de televisión viendo lo que pasa allá. Almagro tiene el poder suficiente para convocar una reunión regional inmediata. El otro enojo que tengo, dolor es la palabra exacta y que Dios me perdone si estoy equivocado, y es muy fuerte lo que te voy a decir porque soy argentino, es con el Papa Francisco. Si el Papa en este momento se monta en un avión, baja en Venezuela y junta las dos partes, yo creo humildemente que estas muertes por lo menos se frenan.
Asesinatos…
—Sí, asesinatos.
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Parece que la Conferencia Episcopal Venezolana no perteneciera al Vaticano. ¿Qué se rompió allí? ¿Crees que a estas alturas podría haber diálogo?
—Si el mediador es de peso, respetado, casi temido por su envergadura, creo que el diálogo se puede dar. Porque el gobierno está acorralado. Si el gobierno estuviera seguro, no le molestaría el pueblo en la calle. Que se expresen… si ustedes no van armados… ustedes van a reclamar los derechos que no tienen.
Si se va a dialogar hay que ir con condiciones…
—El gobierno está acorralado y hay que aprovechar esta situación. Del diálogo tendría que salir un llamado a elecciones generales en treinta días. No como el 26 de octubre de 2016, cuando la oposición se prestó para el diálogo sin darse cuenta de que el gobierno lo que estaba era ganando tiempo. Que no vuelva a prestarse a ese juego. Yo estuve reunido con María Corina Machado. Desde mi punto de vista y estoy en una sociedad democrática: ella una de las personas que tiene mayor claridad en cuanto a lo que se necesita para Venezuela. Hablamos de esto de recuperar la república y trabajar inmediatamente para elecciones generales garantizadas con veedores de la OEA, La Haya, la ONU y no los que escojan ellos.
Y tampoco con Tibisay Lucena al frente del Consejo Nacional Electoral (CNE). La vimos cómo le puso la constituyente en bandeja de plata a Maduro. No había salido en siete meses y salió para eso.
—Ella es una figurita que sigue utilizándose, pero con los problemas de salud que tiene prácticamente no toma las decisiones. Presta su carita. Y para finalizar, te digo que Dios ha sido bueno con América Latina. Nos liberó de dos figuras que pudieron haber hecho mucho más daño: Néstor Kirchner y Hugo Chávez.]]>