Una década de cine venezolano: festivales, crisis, documentales y censura

Entre 2010 y 2019 el país ha atravesado una situación política y social que ha repercutido en la industria, pero también ha generado obras que registran el momento que atraviesa la sociedad, así como ha minado la institucionalidad de entes como el CNAC

Entre 2010 y 2019, el cine venezolano no estuvo exento de los altibajos políticos, económicos y sociales. Hubo momentos para celebrar, en medio de avatares, pero también otros para la discusión y la protesta. También hubo reconocimientos en festivales importantes, de primera categoría.

La segunda década del siglo XXI tiene logros que mostrar en cine nacional. Es quizá el ciclo en el que mayor cantidad de estatuillas se han levantado para festejar la calidad de películas hechas en Venezuela, una racha. El año 2010 fue de una muy buena noticia para el cine venezolano: Hermano, de Marcel Rasquin, obtuvo el San Jorge de Oro en el Festival Internacional de Cine de Moscú, uno de los certámenes clase A de la Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos. Fue la segunda película venezolana más vista ese año, con un total de 380.355 boletos vendidos.

A pesar de la buena prensa, la más vista en 2010 fue La hora cero, de Diego Velasco, con 926.176 espectadores que hicieron que este filme se ubicara entre los 20 más vistos en la historia de las producciones locales, de acuerdo a cifras publicadas en 2015 por el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía.

En los años siguientes, hubo buena racha en certámenes clase A. En 2013, Mariana Rondón alzó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián por Pelo malo y en 2015 Lorenzo Vigas obtuvo el León de Oro en Venecia por Desde allá.

En 2014 Carl Zitelmann recibió el Latin Grammy en la categoría Mejor Video Musical Versión Corta por “Flamingo” de La Vida Bohème

Miguel Ferrari debutó en la dirección de largometrajes con Azul y no tan rosa, que en 2014 le valió el premio Goya como Mejor Película Iberoamericana, reconocimiento que entrega la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Además, esta ópera prima está en el top 20 de los filmes venezolanos más vistos en el país con 625.398 espectadores.

Hubo nominaciones importantes como las que recibió La familia de Gustavo Rondón a la Cámara de Oro en Cannes, así como en Mar del Plata y en la sección Horizontes Latinos de San Sebastián, sección en la que también estuvo El Amparo de Rober Calzadilla en 2016. En 2012, Nostalgia, también de Gustavo Rondón, fue nominado al Oso de Oro como Mejor Cortometraje en el Festival de Cine de Berlín. El cortometraje La culpa, probablemente, de Michael Labarca, compitió en 2016 por el galardón de la Cinéfondation de Cannes.

Comedia, suspenso y éxito

Cae en el lugar común quien dice que el cine venezolano solo trata de problemas sociales en el barrio. Si bien es cierto que varios de los clásicos de las películas de autores nacionales tienen ese contexto, a finales de 2013 se estrenó una comedia que se convirtió en un éxito de taquilla: Papita, maní, tostón de Luis Carlos Hueck.

Esta historia de amor entre un fanático de Leones del Caracas y una seguidora de los Navegantes del Magallanes llevó al cine a 1.977.969 espectadores, de acuerdo a las cifras publicadas por el CNAC en 2015. Hasta ahora, es la película venezolana que más público ha convocado a salas. Le siguen Homicidio culposo (1984) de César Bolívar, con 1.335.362; Macu, la mujer del policía (1987) de Solveig Hoogesteijn, con 1.180.817; Secuestro express (2005) de Jonathan Jakubowicz, con 932.487; y La hora cero (2010) de Diego Velasco, con 931.201. Papita, maní, tostón estuvo 46 semanas en cartelera.

En 2011, otra comedia llegó a la lista de las 20 películas venezolanas más vistas en el país desde que se tiene registro: Er Conde Jones de Benjamín Rausseo, con 699.460 tickets vendidos.

La comedia es un género que se ha trabajado en largometrajes venezolanos desde hace varios años, pero después de Papita, maní, tostón y Er Conde Jones, varios han sido los cineastas que han buscado emular este éxito. Incluso, en 2017 Hueck estrenó la segunda parte de su filme, pero ya había comenzado la caída del público en las salas.

En 2013 hubo otro momento clave en la industria. Alejandro Hidalgo estrenó su primera película: La casa del fin de los tiempos, un filme protagonizado por Ruddy Rodríguez. Es la historia de suspenso que transcurre en una vieja casa en la que una mujer intenta develar las verdaderas razones de misteriosos hechos del pasado que todavía la atormentan. Es el décimo quinto filme venezolano más visto en los circuitos locales, con 623.856 hasta 2015. Volvió a proyectarse en algunas salas en 2016, cuando se vendieron 25.533 entradas. En Corea del Sur el director Lim Dae-woong hizo una versión de La casa del fin de los tiempos que fue estrenada en 2017.

La crítica ha elogiado la factura de los documentales durante estos años. En 2014 Fuera del aire, de Héctor Palma alcanzó las 280.973 entradas vendidas durante 16 semanas

El éxito del debut de Hidalgo -que consiguió que su historia sea versionada en Hollywood con él mismo de nuevo como director- fue un buen precedente para otras historias similares como El Silbón: Orígenes (2018) de Gisberg Bermúdez, cuyos derechos fueron adquiridos por la productora Elizabeth Avellan para realizar un remake.

En 2011 Edgar Ramírez ganó el premio César, que entrega la Academia del Cine Francés, en el renglón de Mejor Actor Revelación por su papel en Carlos, del francés Olivier Assayas, en la que interpretó a Ilich Ramírez Sánchez, mejor conocido como «Carlos El Chacal». Ese trabajo también le valió una nominación al Globo de Oro, estatuilla a la que también optó en 2019 por su interpretación de Gianni Versace en la serie American Crime Story.

Ramírez, que comenzó a trabajar en telenovelas y películas venezolanas, ha tenido una carrera en la que ha formado parte del elenco de películas como La noche más oscura (2012) de Kathryn Bigelow, Líbranos del mal (2014) de Scott Derrickson, Point Break (2015) de Ericson Core, Joy (2015) de David O. Russell, Manos de Piedra (2016) de Jonathan Jakubowicz, Bright (2017) de David Ayer y La red avispa (2019) de Olivier Assayas.

En 2014 el merideño encarnó a Simón Bolívar en Libertador de Alberto Arvelo. Fue una película que generó expectativas por la envergadura que prometía. El guión fue escrito por Timothy J. Sexton, nominado al Oscar por ser uno de los responsables del libreto de Niños del hombre, de Alfonso Cuarón. Además, la prensa indicó en su momento que tuvo un presupuesto de 50 millones de dólares, según medios como Variety. La música estuvo a cargo de Gustavo Dudamel y el elenco contó con figuras internacionales como María Valverde, Danny Huston e Iwan Rheon. Según el CNAC, tuvo un total de 708.114 espectadores en Venezuela desde su estreno el 24 de julio de 2014. Ocupa el puesto número 12 entre los filmes nacionales más vistos acá.

En diciembre de 2016 un tribunal ordenó sacar de cartelera a la película El Inca de Ignacio Castillo Cottin. El juez Salvador Mata García no había visto el largometraje

Espectadores, censura y politización

El mejor año para el cine en Venezuela en lo que respecta a número de espectadores fue 2014, con un total de 29.481.692, indican cifras del CNAC. Entre 2010 y 2014 el promedio era de 28 millones de entradas vendidas, tanto para películas extranjeras como venezolanas.

Desde entonces la cifra ha disminuido y en 2018 fue de 14.021.046, una caída de 33,95% con respecto a 2017; es decir, hubo 7.205.315 menos boletos vendidos. La inflación y la crisis eléctrica son las principales razones que han mermado la asistencia en los años recientes.

Pero en ocasiones, son las películas las obligadas a no ser mostradas. Pasó en diciembre de 2016 cuando un tribunal ordenó sacar de cartelera a la película El Inca de Ignacio Castillo Cottin. El juez Salvador Mata García, quien emitió la medida, no había visto el largometraje inspirado en el boxeador Edwin “El Inca” Valero. ¿La razón? La presunta protección de la vida privada, el honor y la reputación de los hijos del deportista. Hubo una función privada semanas después para que tanto el juez como los familiares del peleador vieran el filme.

En mayo de 2017 los productores apelaron y el juez Oswaldo Tenorio Jaimes la declaró con lugar. El Inca se pudo proyectar durante unos días en salas, pero el Tribunal Supremo de Justicia intervino y exigió volver a sacar la obra de cartelera. No se ha podido ver de nuevo públicamente.

El mejor año para el cine en Venezuela en lo que respecta a número de espectadores fue 2014, con un total de 29.481.692

No es el único caso. El cineasta Flavio Pedota denunció en octubre de 2019 que el CNAC ha obstaculizado el proceso para obtener el certificado de obra nacional de Infección. Por esa razón no ha podido proyectar un largometraje sobre una epidemia zombie que sume aún más en el caos a Venezuela. Tanto el realizador como representantes del gremio cinematográficos aseguran que es un caso de censura, pues no hay razones para que no prospere el proceso si se han cumplido todos los requisitos establecidos en la Ley de Cine.

Los eventos parecieran no ser casuales. En junio de 2017 figuras del sector cine en Venezuela expresaron su preocupación por los cambios en el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía, organismo que entonces empezó a ser presidido por Aracelis García, quien desempeñaba el cargo de viceministra de Economía Cultural del Ministerio de la Cultura y había estado al frente del Centro Nacional de Artesanía.

Incluso antes de su llegada, cuando la vicepresidenta del CNAC Alizar Dahdah estuvo como máxima autoridad luego de la renuncia de Juan Carlos Lossada en 2016, se veía cómo en las redes sociales de la institución se hacían llamados para asistir a marchas a favor de Nicolás Maduro. Más allá del proselitismo, los gremios han expresado su preocupación por la paralización del ente, los ingresos del Fondo de Promoción y Financiamiento del Cine, los recursos aprobados para proyectos y la deuda que hay con el programa Ibermedia, mecanismo creado para lograr coproducciones. En agosto de 2019 Roque Valero fue nombrado presidente de la institución.

Documentales y videoclips

La crítica ha elogiado la factura de los documentales durante estos años. En 2014 se estrenó Fuera del aire, de Héctor Palma, quien registró en película la despedida de Chataing TV, el programa de televisión de Luis Chataing que salió de la programación de Televen a mediados de ese año. Este largometraje alcanzó las 280.973 entradas vendidas durante las 16 semanas que estuvo en cartelera, un número elevado para la no ficción en el mercado local.

Dos años antes, Tiempos de dictadura de Carlos Oteyza, un testimonio sobre el régimen de Marcos Pérez Jiménez, convocó a los cines a 165.884 espectadores, otra cifra nada desdeñable para un género que no suele ser comercial. También de Oteyza, CAP 2 intentos fue opción en la cartelera durante 2016, pero la caída en el número de asistente a las exhibidoras empezaba a hacer mella. Este documental solo vendió 21.017 entradas.

Otros documentales que no tuvieron cifras altas en taquilla, pero sí buena crítica, fueron El misterio de las lagunas (2012) de Atahualpa Lichy y Wanadi Lichy, Nikkei (2015) de Kaori Flores, El silencio de las moscas (2015) de Eliézer Arias, Francisco Massiani: Breve y arbitraria historia de mi vida (2015) de Manuel Guzmán Kizer, Ti@s (2015) de John Petrizzelli, Vuelo sobre ti (2015) de Luis Soles, Madame Cinéma (2018) de Jonathan Reverón, Nos llaman guerreras (2018) de Jennifer Socorro, David Alonso y Edwin Corona Ramos, y Juan (2019) de Adrián Geyer.

En 2011 Edgar Ramírez ganó el premio César, que entrega la Academia del Cine Francés, en el renglón de Mejor Actor Revelación

Otros documentales bien ponderados que aunque no se han estrenado comercialmente, se han podido ver en cineforos y festivales son Kuyujani envenenado (2016) de Alexandra Henao, El vendedor de orquídeas (2016) de Lorenzo Vigas, Mujeres del caos venezolano (2017) de Margarita Cadenas, El pueblo soy yo (2018) de Carlos Oteyza, Todo está bien (2019) de Tuki Jencquel, y la serie de cortometrajes Nunca jamás en Venezuela de Claudia Smolansky y Juan Vicente Manrique. Durantes las protestas de 2017, cineastas como Aldrina Valenzuela, Hernán Jabes y Carlos Caridad salieron a las calles para documentar lo que pasaba. El resultado está disponible en Youtube. Distintas perspectivas del conflicto de entonces.

El videoclip también tuvo buenos momentos. Obras que no solo sirvieron para promocionar al cantantes o bandas, sino también para presentar propuestas estéticas a cargo de cineastas que de esta forma fueron desarrollando un lenguaje.

En 2014 Carl Zitelmann recibió el Latin Grammy en la categoría Mejor Video Musical Versión Corta por “Flamingo” de La Vida Bohème. Zitelmann ha sido uno de los directores más prolíficos de videoclips, con trabajos como “Que no” para Café Tacvba, “Secreto” de Caramelos de Cianuro, “Stay” de Los Amigos Invisibles y “Choro dance” de Famasloop. En 2018 debutó como realizador de largometrajes de ficción con El vampiro del lago.

A finales de 2013 se estrenó una comedia que se convirtió en un éxito de taquilla: Papita, maní, tostón de Luis Carlos Hueck. Estuvo 46 semanas en cartelera

El video de Hernán Jabes para la canción “Rotten town” de Onechot, estrenado en 2010, fue una manera directa y contundente de exponer la alta tasa de homicidios que padece Venezuela desde hace años. Desde el chavismo criticaron la obra por considerarla amarillista y amenazaron con investigar a los autores. Jabes también ha sido responsable de videos como “Terrenal” de Dermis Tatú  y “De fuero en fuego” de Famasloop.

Otra obra que cuestiona al poder es el video de la canción “No pasa nada” de Famasloop, que dirigió Joe Torres, quien ha firmado videoclip para La Pequeña Revancha y Los Amigos Invisibles.

Asimismo, Nuno Gomes se ha convertido en un realizador cotizado por su trabajo para cantantes como Ozuna, Daddy Yankee, Wisin y Yandel, Maluma, Lasso, Natti Natasha, Sebastián Yatra, Camila, J Balvin, Chino y Nacho.