Venezuela y el Muro de Berlín, el desquite de la indiferencia

Mientras la prensa mundial reseñó con lujos y detalles el inaudito evento de la caída del Muro de Berlín, el periodismo venezolano pareció hacer caso omiso, otros asuntos captaban su atención

“Desaparece el muro de Berlín, último símbolo de la guerra fría”. Así tituló el diario español El País su primera plana, el 10 de noviembre de 1989, para informar el fin de una etapa histórica que duró un poco más de 40 años. Un muro de cemento e ideología se derrumbaba y los pedazos caían en todo el mundo.

“East Germany opens frontier to the west for emigration or visits; thousands cross” reseñó la portada de The New York Times, titular que no parecía estar a la altura del momento –en especial para ser del periódico más importante del país triunfador–; sin embargo, seis columnas de información eran mejor que nada, y de esto último podía jactarse el oficial Pravda de la derrotada Unión Soviética que no emitió información al respecto. No había dinero ni fuerzas para contener el aparente fin del comunismo. La disuasión nuclear, la pugna ideológica y la competencia armamentística hallaban su fin antes de entrar a la última década del milenio.

Muro de Berlín

Portada de El País, 10 de noviembre de 1989

Aunque no fue construido durante el comienzo de la Guerra Fría, el Muro de Berlín se convirtió en su símbolo. La edificación completa se hizo en agosto de 1961, para dividir a Alemania, el país perdedor de las dos guerras mundiales. La pared representaba la esencia del mundo bipolar, que como el de Game of Thrones separó dos formas de civilizaciones, pero en este caso fundamentadas en la democracia: el bloque occidental, liderado por los Estados Unidos y defendido por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); y el bloque oriental, presidido por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), coaligadas en el Pacto de Varsovia. Una pelea que, si bien fue calificada como fría, no estuvo exenta de conflictos al calor del fuego: Corea, Vietnam, Checoslovaquia y Chernóbil, por nombrar algunos; pero también hizo posible la llegada del hombre a la Luna.

Muro de Berlín

Portada de The New York Times, 10 de noviembre de 1989

El aparente fin del comunismo

A finales de los ochenta, el comunismo soviético todavía daba traspiés pese a la coalición de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, quienes se propusieron acabar con él. Antes del 9 de noviembre de 1989, las tensiones en la República Democrática de Alemania eran noticias en todo el hemisferio occidental, que mantenía los ojos puestos en la capital alemana, hasta que el retumbe del martillo y de la oz se hicieron sentir contra el muro de Berlín, haciéndolo caer. No sólo se desmoronaba una pared de concreto, sino también una ideología que se negaba a rendirse.

Miles de personas cruzaron la frontera y con euforia celebraron el ingreso a la República Federal de Alemania. La reunificación del territorio era un hecho, aunque en el papel siguiera separado. La prensa mundial abarcó todos los ángulos del hecho porque comprendían que estaban atestiguando la historia misma. La victoria del liberalismo parecía evidente, el comunismo había sido derrotado en casa.

Muro de Berlín

Policías fronterizos de la República Democrática Alemana ayudan a derribar el Muro de Berlín

Sin embargo, dentro del mundo comunista, la situación era distinta: el choque de un oxidado aparato de control social y unas medidas de liberación empujadas por el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, enmarcaban la escena. La versión del Pravda en Berlín hablaba de cambios en la situación política y apenas asomaba la caída del muro de Berlín. No hubo mayor referencia sobre lo que sucedía. La libertad de expresión era un concepto occidental que el comunismo no conocía.

En cambio, a kilómetros de allí, en los países del llamando mundo libre, la noticia corría como pólvora. Los principales medios de difusión de las democracias occidentales replicaban que la pared se había venido abajo, y era cuestión de tiempo para que el bloque oriental se desintegrara.

Venezuela a la vanguardia

Mientras el planeta se encontraba conmocionado ante la caída del muro, los medios venezolanos atendieron escasamente el evento, tal vez siguiendo al pie de la letra uno de los valores de la noticia: la proximidad.

El Nacional le dedicó el titular de aquel día: “Abren Muro de Berlín” y una página completa con información suplementaria. Artículos de opinión y otras noticias sobre el suceso acompañaron la edición del 10 de noviembre.

El Universal apenas utilizó un recuadro en su primera plana: “Abierto el Muro de Berlín”; y Últimas Noticias ni siquiera informó sobre la situación hasta dos días después, cuando publicó una nota sobre la opinión del entonces presidente Carlos Andrés Pérez.

Otros eran los problemas de Venezuela, el país no estaba para atender dramas de esa magnitud, así cambiara el curso de la historia. La impopularidad del Gran Viraje y las secuelas del Caracazo de febrero continuaron siendo noticia durante todo el año 1989.

Muro de Berlín

Portada del periódico Últimas Noticias el 10 de noviembre de 1989

Entre la información publicada aquel viernes de noviembre del ‘89 resaltan los titulares sobre la corrupción, el flanco favorito del periodismo. Un escándalo acerca de unos dólares vinculados a la entonces Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip) ocuparon las principales páginas de estos tres medios: “Disip: El dinero tampoco está aquí” (El Nacional), “Los dólares están en cuentas bancarias” (El Universal) y “Sigue el paro de educadores” (Últimas Noticias).

Muro de Berlín

Últimas Noticias reseña la caída del Muro de Berlín el 11 de noviembre de 1989, dos días después

Quizá se trata de una cuestión de oficio, de proximidad y ética; o también porque probablemente auguraba la defenestración de un presidente. Lo que sí estaba claro ante los ojos de todos es que, para la prensa, los problemas de los venezolanos estaban por encima de cualquier eventualidad histórica de carácter universal. La caída del Muro de Berlín pasó por debajo de la mesa y muchos ni siquiera lo recuerdan, con Carlos Andrés y el paquetazo, la agenda setting estaba llena. Ni se imaginaban que 30 años después, estarían del otro lado del muro, ante los embates del renacido socialismo.

Otro muro

A diferencia de la prensa, el entonces presidente Pérez sí expresó su conmoción por el hito histórico: “Quiero aprovechar esta oportunidad para expresar mi júbilo, y el júbilo del pueblo venezolano, por un acontecimiento de significación universal que en estos momentos conmueve al mundo entero. El muro de Berlín separaba a un mundo totalitario, a un mundo comunista y a un mundo democrático”, dijo en medio de la inauguración de la planta de tratamiento “Dos Cerritos”, en la isla de Margarita.

El mandatario consideró, además, que el muro, más allá de ser un símbolo de la confrontación entre dos bloques, representaba un monumento al holocausto a la Segunda Guerra Mundial, pues de allí provenía su esencia: “El Muro de Berlín simboliza la amenaza permanente al holocausto mundial: la guerra entre dos bloques, la confrontación implacable entre dos partes del mundo. Y hoy con la apertura se está dando un mensaje de esperanza y de fe al futuro de la humanidad”. Estaba equivocado.

A pesar de que la Unión Soviética estaba por extinguirse y Cuba quedaba huérfana, Venezuela se preparaba para ser otra protagonista (¿víctima?) de la interpretación marxista. Los noventa fueron los años de gestación del socialismo del siglo XXI, un concepto que el teniente coronel Hugo Chávez tomó del alemán (paradójicamente) Heinz Dieterich. Habían pasado ya algunos años desde la caída del muro que sacudió el mundo y anunció la victoria del capitalismo, pero en Venezuela comenzaba a construirse uno, en medio de una sociedad signada por el populismo, la antipolítica y el rechazo a los partidos. La historia no se repite, pero sí rima.