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Viva la maquinaria

Las primarias fueron ganadas por la maquinaria de Acción Democrática, partido que se hizo con 10 de las 19 candidaturas en disputa, para completar 12 abanderados opositores a las elecciones regionales del 15 de octubre. Ahora viene el siguiente escenario donde se enfretarán, también, dos maquinarias

Viva la maquinaria

La cuestión es que las elecciones y los cambios que de ellas se derivan son decididos por quienes votan. No por quienes se abstienen por los motivos que sean, nobles, justificados, insuflados por motivaciones pasajeras, inducidos por el contrario, capricho…. lo que sea. Da igual. La abstención ocupa un par de líneas en las notas de prensa que reseñan los eventos electorales, pero los titulares son para quienes llevan votantes a las urnas en número superior al del adversario. Punto.

Esto es una obviedad, no hay duda. Pero que conviene tener en cuenta para revisar lo que ocurrió este domingo 10 de septiembre, en las primarias de la Unidad Democrática, y lo que va a ocurrir en las elecciones regionales; si es que efectivamente tienen lugar, lo que cada vez adquiere más visos de realidad, dadas las inmensas presiones de la comunidad internacional para meter en cintura al régimen y a la postre lograr su disolución. Es un hecho que los países que han sancionado –y amenazan con agregar sanciones a la dictadura de Nicolás Maduro- perciben la tiranía venezolana como un riesgo para la región y para el mundo, y ven en las elecciones, que, de seguro, perderán, una forma institucional y legítima de descarrilarla sin aumentar los costos.

Los candidatos de la Unidad salieron de esas primarias. Y se encaminan a unas elecciones en las que el régimen hará todo para ganar. Si hemos visto trampas, marramuncias, vilezas, formas diversas de chantaje a los votantes, bajezas y ventajismo descarado, ahora veremos más: las viejas, otras nuevas, todas aumentadas. Al régimen le va la vida y a los jerarcas del régimen, les van sus fortunas y la eventualidad más que real de ir a la cárcel. Por eso Maduro y sus repetidores están esfuerzos tan denodados y desembozados para dividir a la oposición, para desmoralizar a sus huestes y para dar la impresión de que nada puede hacerse para sacar a Maduro del poder y juzgar a los corruptos y violadores de derechos humanos en Venezuela.

Frente a esta campaña, muy tosca y evidente, hay un gran sector del país que ha decidido enfrentar las artimañas de la dictadura con la cabeza fría y mucha disciplina. Los hechos organizaron una coincidencia muy pedagógica: las primarias y el fin del exitoso periplo europeo de Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, institución convertida en la única con reconocimiento internacional. ¿Por qué? Porque es la encarnación de la voluntad mayoritaria del país expresada en los votos.

Maduro montó su constituyente, que solo le sirvió para perder el último rastro de legitimidad que le quedaba. Y ya no habrá nada que se la pueda devolver. Aún si algún opositor se arrodillara al paso de Maduro y los otros dos que comparten el poder, y les gritara su adoración, eso solo supondría el suicidio político de quien lo hiciera. Pero nadie lo ha hecho ni lo va a hacer.

Las elecciones regionales están mora. En algún momento se harán. Muy probablemente sea ahora, cuando la tiranía siente el alicate de la fuerza internacional. Y los candidatos de la oposición habrán salido de unas primarias en las que, según se ha dicho, triunfó la maquinaria partidista de Acción Democrática, organización que triunfó en la mitad de las pujas. Es pues, el momento, de revisar otra obviedad.

Las maquinarias, aunque su nombre lo indique, no están conformadas por máquinas. Son gente. Gente con liderazgo, organización y disciplina. Y en la actual coyuntura no están aceitadas por los recursos de las gobernaciones y alcaldías; más aún, la muy importante plaza del Zulia fue perdida, precisamente, por quienes están en esa ventajosa circunstancia.

Toda candidatura exitosa tiene detrás una maquinaria, ya sea visible o no. Millonaria o no. El mensaje del candidato y los medios elegidos para divulgarlo; la claridad con que enfrenta a su adversario, que en la actual coyuntura venezolana es una satrapía ligada con el crimen organizado, sin límites en su irresponsabilidad y capacidad destructiva; el equipo del que se rodea (así como el tipo de gente que deja fuera); el tiempo que se toma para difundir su mensaje; el esfuerzo desplegado para alcanzar hasta el último elector; la madurez con que escoge dónde poner sus energías…

Ha quedado claro que Acción Democrática hizo lo que había que hacer para recabar votos. El partido siguió una estrategia riesgosa. Su militancia se echó a las calles del país a amarrar votos mucho antes de que se anunciara una fecha para las elecciones regionales. Estimularon el valor del voto (mientras otros se dedicaron a desprestigiarlo). Recorrieron el país, este país incómodo, con pésimos servicios públicos, desabastecido, oscuro, incomunicado, con vías que parecen dinamitadas… Trabajaron. Se fajaron. Dieron autonomía a liderazgos locales. Y, no menos importante, están hablando de política y de políticos con orgullo (no como tantos que tuercen el gesto ante la mención de la palabra). Cuando el relato del PSUV se está pudriendo por su falta de consistencia,  cuando la figura de Chávez está siendo corroída por sus excesos autoritarios y su complacencia frente a la corrupción, los adecos han despertado por fin a su propia historia y han rescatado de ella lo que los sostiene.

Lo que siempre hemos llamado “músculo de movilización” hoy es liderazgo, capacidad de trabajo, tener claro que el país es mucho más que los grupitos de aclamación y mucho más que Caracas.

Por ahí vienen las elecciones regionales. Serán ganadas por una maquinaria. Lo pueden jurar. Falta saber si triunfará la del miedo y la extorsión o si lograremos compactar el país alrededor de una maquinaria de disciplina, seriedad y pacto democrático.