Vivir entre basura e infiltrados

Como muchos ciudadanos en Venezuela, usted probablemente vive en un edificio. Quizás sea su morada temporal porque tiene planes de mudarse eventualmente o ya ha hecho del mismo su residencia permanente, en donde espera quedarse para siempre. Su espacio es cómodo, la decoración es a su gusto y lo mejor de todo, es que lo puede llamar hogar. Si no fuera por la inseguridad le quitaría las rejas a las ventanas, pero lo que tiene le contenta

Vivir entre basura e infiltrados

Supongamos también que se lleva bien con sus vecinos. Quizás no con todos, porque nadie escoge a los habitantes contiguos, pero por lo general la relación es armoniosa. Sin excepción, todos los que viven en ese edificio necesitan que el mismo se mantenga en óptimas condiciones. Para ello contribuyen con parte de sus ahorros para el pago de un conserje y una junta de condominio, que se encarguen de conservarlo en perfecto estado.

Lo normal es que la perfección del inmueble se pierda desde el mismo día en que el arquitecto lo entrega para su habitabilidad. Las cañerías se rompen, las filtraciones suceden, el ascensor se daña y el bajante de la basura se tranca. Comúnmente los vecinos llegan a un acuerdo con el conserje y con el presidente de la junta de condominio para que cualquier desperfecto se arregle a tiempo y se eviten daños mayores.

Ahora, ¿Qué pasa si el presidente de la junta de condominio opina que, digamos, el bajante de basura funciona de manera correcta pero el consumo exacerbado de ciertos vecinos (los cuales no nombra) produce tanto desperdicio que se tranca? Lo lógico es que se despida a ese presidente, ¿no?

Digamos que el mismo se ha asegurado el voto favorable de la mitad del condominio y que, de momento, por votos no sale. ¿Se arregla el bajante o se frena el consumo?

Imagine usted ahora que encuentra en el espejo del edificio un papel que dice lo siguiente: “A partir del 15 de este mes solo se le permitirá a cada apartamento botar dos bolsas pequeñas de basura por el bajante”. Como toda familia, usted ciertamente no llena dos bolsas pequeñas de residuos caseros, sino que llena dos bolsas grandes. Los domingos cuando hace una limpieza a fondo llena tres.

Por supuesto usted va a hacer caso omiso a la regla y cual ninja se asomará de la puerta de su casa para ver que no haya moros en la costa y arrastrará sus tres bolsas grandes de basura hacia el bajante. Total, desperdicio es desperdicio y nadie se va a dar cuenta.

Suponga que entra de nuevo al ascensor de su edificio y se encuentra con otro papel pegado al espejo que dice lo siguiente: “El vecino que esté desacatando la norma de la basura debe ser denunciado a través de nuestro correo denunciainfractor@gmail.com o al 0455-5555555. Si usted tiene cómo fundamentar la denuncia, tiene estos medios”.

Claramente alguien lo vio a usted botar esas tres bolsas de basura. ¿O no? ¿Qué pasa si otro vecino también lo hizo? ¿Cómo puede estar seguro que no es usted? ¿Qué tipo de sanción le darán? ¿El castigo implica que cambie sus hábitos de botar la basura? ¿O cambiará usted de una buena vez por todas para evitar consecuencias más graves como el tener que mudarse cuando no tiene ni cómo ni dónde? ¿Va a cambiar? ¿O va a venir a hablar paja de mi edificio?

El 12 de noviembre, el Gobernador de Carabobo y Vicepresidente de Asuntos Electorales del Partido Socialista Unido de Venezuela colgó el siguiente mensaje en Twitter: “El militante que esté fomentando la desunión debe ser denunciado a través de nuestro correo denunciainfiltradopsuv@gmail.com, o al 0416-94525792. Si usted tiene como fundamentar la denuncia tiene estos medios”.

No, no es un tema de basura lo que preocupa a un edificio llamado Residencias Venezuela. El que no quiera ser denunciado como infiltrado debe meter la basura para adentro y vivir con ella para siempre. Y eso jamás ha sido saludable.