Zapata: un país en caricatura

Profesionales de la brevedad y precisión, Rayma, Zapata y Weil muestran una notable disposición a la hora de reflexionar en voz alta acerca de su oficio, sus motivaciones y los sobresaltos de esas salidas ingeniosa y sentencias que llevan al papel -y que tantas veces ayudan a vivir el país. Sus ilustraciones acompañan en los recodos más espinosos de la senda común

De los tres, solo Rayma firma los cartones con su nombre de pila, Zapata, y Weil los suscriben con el apellido, de origen andino, andaluz y alemán, respectivamente. En todos los casos la rúbrica es rasgo gráfico que se integra a la obra como un elemento crucial: amarra el hecho de que la historia reproducida en esos pocos trazos es elaboración de una subjetividad muy hondamente concernida.

A aludir al asunto de la marca autoral, Rayma dice que jamás se le ocurrió firmar con su apellido. “El nombre que recibe al nacer determina ciertos matices. Te da un tono. Si yo no me llamara María Corina, pongamos, seguramente tendría otro tumba’o. El nombre contribuye a moldear la personalidad. Por otra parte, me siento más Rayma que Suprani, y las cinco letras de mi nombre son un elemento gráfico corto, compacto”.

Rayma estudió Comunicación Social en la UCV, que contribuyó a enriquecer una vocación nacida en ella podría decirse que de nacimiento. “Mi expresión fundamental ha sido la gráfica: yo antes de hablar, dibujo. Y llego a la caricatura política por el periodismo pero pasando por una estación en la que tuve el privilegio de detenerme a los 13 años, cuando entré al estudio de Pedro Centeno Vallenilla, en El Bosque, y aprendí de ese maestro a trabajar la figura humana”.

Rayma tiene 19 años en El Universal pero se había iniciado en el arte que la ha hecho célebre en el diario Economía Hoy cuya primera página se ilustraba como un dibujo que era asignado a cada uno de los dibujantes de la plantilla del periódico.

Roberto Weil, quien acaba de ser despedido de la revista Dominical debido a la publicación de una caricatura en la edición que debía circular el domingo, la cual generó molestias en algunos sectores. Se graduó en la Universidad de Massachusets, institución a la que ingresó gracias a una beca de atleta (Weil era ̶ es, quién sabe ̶ gimnasta). Y siempre ha sido un apasionado del dibujo (algunos amigos de la adolescencia son hoy artistas plásticos reconocidos). Se inició en la ilustración de prensa en el El Diario de Caracas; y en la caricatura política, en El Universal cuando le tocó suplir a Rayma en vacaciones.

Ni de vaina

Al preguntarles si es concebible una caricatura política para halagar al poder, ninguno titubea.

Rayma: “Es detestable. Desde luego, siempre hay tendencias pero la caricatura o el humor concebidos para adular al poder es contra natura porque atenta contra el espíritu del trabajo: el humorista es un crítico de todo. Es posible que sea una marca de mi generación. Yo crecí en la incredulidad que siguió a la militancia de mis padres en una izquierda fracasada. Me formé en una incredulidad que jamás admitió la posibilidad, por ejemplo, de sumarse a una iconografía religiosa como la que se ha hecho a partir de la figura del Che Guevara. En cualquier caso, estoy convencida de que uno no puede ser de izquierda o responder a alguna ideología antes que ser caricaturista. El ojo crítico está antes que todo. Y eso es lo que ha ocurrido con Pedro León Zapata o con el mexicano Rius”.

Aludido, Zapata dice: “Yo diría que no. Es más, considero que no es concebible un humorismo para halagar. Ocasionalmente puede que ocurra pero como norma considero que sería absurdo”.

Weil: “Yo no las haría. Y, para este Gobierno, ni que me paguen, por sabroso que sea recibir un cheque gordo por una caricatura. Pero no podría tener mi conciencia tranquila si prestara mi oficio a reconocer a un gobierno que ha sembrado tanto odio y que mantiene a la gente en la angustia”.

No es que sea inservible

Del diálogo se deduce que estos profesionales de la caricatu… más bien esclavos de la caricatura porque todos deben hacer una ¡cada día! (y debe ser genial porque han acostumbrado a las audiencias a eso) no esperan que su obra, en general, ni el género, en particular, cambien nada que no sean ellos mimos.

Zapata: “Lo políticamente correcto es decir que siendo arte, la caricatura no sirve para nada; y aunque uno sea enemigo de lo políticamente correcto, considero que, en efecto, la caricatura no es que no sirva para nada, sino que únicamente le sirve a quien la hace. Y en mi opinión, la caricatura no me sirve a mí porque sea lo que llaman un desahogo, sino porque me produce el placer de pensarla y realizarla. Desde ese punto de vista, desde el punto de vista del autor, la caricatura sirve para mucho, tanto que pudiéramos decir que hay caricaturistas para los que la vida tiene sentido porque hacen caricaturas”.

Rayma: “A través de las caricaturas muestro mi forma de ver el mundo y el país. Estoy consciente de que todos compartimos las mismas angustias pero, a la hora de dibujar, trato de que la risa sea lo primordial. En estos años he podido comprobar que la gente necesita mucho reírse de la realidad, de las mismas cosas que la torturan. Es porque la risa es oxigenante. Y el humor es capaz de poner a las sociedades delante de ese espejo que siempre eluden. El humor desnuda a las sociedades y al poder.”

Una idea cada día:

─Quiero saber cómo les llegan las ideas. Si es que por un lado se les ocurre la imagen y, por otro, el texto. ¿Cómo es eso?

Weil: “Yo mantengo mi libreta a mano. Allí trazo bocetos, hago acuarelas, rayas, esbozos, retratos… anoto todas las ideas que se me ocurren, tomo nota de lo que oigo en la calle, en la radio, a los amigos, a todo el mundo. Me he acostumbrado a ser un radar de ideas y, en cuanto las capto, las consigno en mi libreta”.

Zapata: “Cuando a uno le llega una cosa que parece idea (porque a uno, viéndolo bien, a lo mejor, nunca le han llegado ideas), la sorpresa y la alegría son tan grandes que lo abarcan todo, y no queda espacio para que uno se ponga a averiguar de dónde viene. Respecto al texto y a la imagen, en mi caso casi siempre llega primero el texto. Yo creo mucho en la palabra, la considero la más perfecta de las formas de comunicación. No creo que una imagen valga por mil palabras pero en una caricatura el texto debe ser o debe hacerse imprescindible porque no tendría justificación agregarle un dibujo a unas palabras que lo dicen todo. Cuando es así, es decir, cuando las palabras lo dicen todo, uno inventa la forma de decirlo gráficamente para que quede justificado el dibujo”.

─¿Tienen siempre los bolsillos llenos de papelitos?

Weil: “Yo no me despego de mi libreta”.

Zapata: “No. A veces he pensado que sería bueno llevar un grabador, lo cual es mucho más moderno que los papelitos, pero viéndolo bien yo solo pienso en caricatura cuando llega la hora de hacerla”.

Rayma: “Puedo tener papelitos, servilletas, facturas… y todo se me pierde. La caricatura es un proceso creativo que, como ocurre con todos los proceso creativos, resulta de la adherencia de elementos de todos lados. Uno va creando una especie de archivo de lo cotidiano, de la calle, de lo que ve y oye, de lo que lee… Esos archivos están ahí y de pronto emergen en una caricatura”.

─¿Cómo ven al país? (en frases más largas que lo habitual)

Rayma: “Yo vivo mi país con dolor, con rabia, con miedo y, a veces, con alegría. Creo que nos ha tocado asistir al crecimiento ─en el sentido de maduración─ de Venezuela a ver si así no seguimos repitiendo los mismos errores”.

Weil: “Yo veo un país donde la pobreza ha ido creciendo. Y al mismo ritmo se ha incrementado el resentimiento”.

Zapata: “Tengo que repetir lo que dijo un presidente de Cuba (hace, naturalmente, muchos años) y que ya es un lugar común: ‘Lo bueno que tiene esto es lo malo que se está poniendo’”.