Como en la comiquita del Coyote y el Correcaminos

"Los viejos de antes" eran lacónicos cuando una persona enferma, o un animal no se recuperaban de una enfermedad. Después que fallaban los tratamientos de guarapos y menjurjes, oraciones y ensalmos, decían con un dejo de resignación: “ya el mal estaba pasado”.

Como en la comiquita del Coyote y el Correcaminos

En efecto, en los tratamientos de curanderos o de médicos, de economistas y gobernantes, pueden ocurrir cosas parecidas cuando se llega demasiado tarde con los remedios, o no se aplica la dosis correcta.

Como los matasanos, los que están a cargo de gerenciar los bienes públicos y el capital político, de trazar los destinos de una nación, también pueden equivocarse en la lectura de los síntomas, y aplicar sangrías o amputar miembros cuando hubiera sido suficiente un antibiótico a tiempo. En el peor de los casos andan corriendo atrás de sus objetivos sin nunca alcanzarlos, o atacan a cañonazos problemas que pueden ser resueltos más bien con inteligencia.

– A lo que vamos –

La verdad, a todos los venezolanos les convendría que los recientes anuncios del Ejecutivo y los buenos propósitos de sus 14 motores para impulsar la economía dieran buen resultado. Pero hasta ahora hay pocos indicios de que será así, pues las estrategias son tardías y no atacan sino los salpullidos asociados a una infección generalizada que recorre toda la economía.

La inflación más agresiva del mundo y el estancamiento de la industria, la agricultura y el comercio no van a ser resueltos con estos discursos, enunciados de buenas intenciones y nuevos planes a largo plazo. Todo lo contrario, como advierten todos los economistas críticos, estos problemas graves seguirán profundizándose y con ellos se agravará el drama que padecen los hogares venezolanos, especialmente los más pobres.

Desde hace tres años, chavistas y no chavistas le recomendaban al presidente Maduro que aplicara medidas estructurales, de amplio alcance, para contener la crisis y detener lo que nuestro amigo el economista Pedro Palma preveía desde 2013 como “un tsunami cambiario”, en camino de arrastrar toda la estructura de precios en la economía y el patrimonio de todos los bolsillos.

Pues nadie escuchó las advertencias responsables de economistas y periodistas de economía, que como vigías encaramados en el mástil de este barco gritaban que había un farallón a punto de golpear el casco.

Hace tres años, valga aclarar, los precios del petróleo que vende Venezuela estaban muy por encima de los actuales. Habían promediado $103 por barril en aquel 2012 de reelección, $99,49 en ese 2013 del estreno de Maduro y $88,42 en ese año 2014 de taima electoral.

En ese 2014 de tregua de tregua electoral e incendio en las calles, hubiera sido tal vez más adecuado negociar, o aplicar con mayor sentido de la oportunidad unas medidas desde entonces apremiantes, pero ahora insuficientes en sí mismas.

Como saben todas las personas que viven del día a día, estas colas y esta escasez tienen tiempo en el paisaje urbano del país. Venezuela ha roto la marca por tres años seguidos con la tasa de inflación más alta del mundo. La recesión económica por su parte comenzó en 2013, cuando el Producto Interno Bruto (o suma total de riqueza que produce un país) avanzó solo 1,3%, cifra más baja que el 3% que prometía el Gobierno como mínimo. En 2014, con ese petróleo todavía muy caro, la economía perdió 3,9% y en 2015 hubo otro retroceso, de 5,7%.

– Lo que se nos viene encima –

La semana pasada un inesperado informe del BCV destacaba que  ya en 2015 la economía había entrado en barrena en un contexto de reducción de la oferta de bienes de consumo final, “debido a la baja en las importaciones y a la merma en la producción nacional, circunstancias a su vez influenciadas por la caída de los precios internacionales del petróleo”.

O sea, esto se complica, porque las causas que provocan este mal desempeño están vivas y coleando desde mucho antes de que esto colapsara en este 2016 de mayor incertidumbre e hiperinflación.

La estrepitosa caída de la economía se produce en casi todos los sectores, incluso en el de la Construcción, que es la bandera política y electoral del chavismo, con su Misión Vivienda. Pero con todo y los esfuerzos reales y verbales este sector se derrumbó en -23,8% en 2015.

Eso es particularmente serio porque en todas partes del mundo esta actividad es una generadora de empleos y reactivadora de otros sectores aguas abajo, que van desde canteras e industria siderúrgica, hasta fábricas de pintura, vidrio, cerámica, electricidad y maderas.

Han retrocedido otras actividades clave como las de «Instituciones Financieras», que hasta ahora era una de las pocas imbatibles (- 13%,). Esto significa que hay menos créditos y servicios bancarios. Cuando intente localizar un cajero que funcione, o un fallido punto de pago en un negocio, acuérdese de esto.

El Comercio, un gran generador de empleos retrocedió -11,8% en 2015 y eso fue antes de que se complicara el racionamiento de electricidad en todo el país. Y antes de que colapsaran las importaciones y los sistemas de distribución y transporte empeoraran por la peor escasez de repuestos para vehículos en muchos años.

Por cierto transporte y almacenamiento ya retrocedió (-6,9%), manufactura (-6,8%), servicios comunitarios sociales y personales (-4,3%), minería (-3,6%) y electricidad y agua (-2,9%).

La falta de cueros, suelas y clavos deben haber sido determinantes para ese desplome del -32,3% en la producción de calzados. La escasez de dólares debe haber determinado la baja de -29,9% en maquinarias y equipos, -26,9% en prendas de vestir; -13% en cauchos y plásticos y -12,6% en maquinarias y aparatos eléctricos. estos son los verdaderos motores de la economía y están todos apagados.

– Cuesta abajo en la rodada –

La economía es un flujo constante. Es decir, su movimiento o estancamiento se prolonga más allá del calendario. Estos resultados tienen entonces un efecto inercial, como cuando un carro viene en bajada. Después que coge impulso con los motores apagados y sin frenos, es más difícil que se detenga sin estrellarse, aunque usted le atraviese peñones en la carretera.

El nuevo impulso para que siga en bajada son las medidas aplicadas por el presidente Nicolás Maduro en un intento por acabar con la enfermedad atacando solo la fiebre y no sus causas.

De modo pues, que ya con el mal pasado, ahora el heredero de Hugo Chávez devalúa el bolívar oficial en 58%, hasta Bs 10. Como eso aplica para la tasa de Bs 6,30 con la que según el Gobierno se importaban los alimentos básicos y las escasas medicinas, significa un alza de precios al menos en ese porcentaje, sólo por ese lado en los bienes regulados.

Los que soñaban con viajar con dólares oficiales para pasear, o aunque sea comprarse ropa en el exterior o cambiar los dólares al regreso y conseguir un ingreso extra, enfrentan una devaluación de 1.396%, pues el dólar «Cadivi», o Cencoex,  pasó de Bs 13,50 a al menos Bs 202. Entonces enviarle ayudas a estudiantes, enfermos o jubilados en el exterior también es cosa del pasado porque no hay ingreso familiar honesto que aguante.

El aumento de la gasolina, de 1.328% la de 91, y 6.085% la de 95, tendrá un impacto más que psicológico en todo el sector transporte. Desde las verduras que llegan desde Los Andes, hasta las carreras de taxis y los pasajes se encarecerán, porque el aumento del combustible más barato del mundo es la excusa perfecta para desquitarse aún más de otras alzas, como las de repuestos y cauchos.

En compensación, el gobierno elevó el salario mínimo en 20% y el integral en 52% a partir del 1 de marzo. Pero todos sabemos que esa es una carrera perdida, porque los salarios se parecen al tonto Coyote y los precios al Correcaminos de las comiquitas.

Por más que hagamos trampas a través de tarjetas de créditos, rebusques, préstamos y recortes del presupuesto familiar, y nos privemos de pequeños gustos, nunca vamos a poder alcanzar la inflación ni regresar a los niveles de vida que teníamos en el pasado reciente, cualquiera que hayan sido los de cada hogar trabajador.

Hemos sido arrasados por una ola que barrió la economía y la reconstrucción tomará tiempo. Estaremos sumergidos en este lodo hasta nuevo aviso. Habrá que inventarse estrategias para la reconstrucción necesaria  e intentar sobrevivir en condiciones extremas de este desastre, como nos enseñan esos programas de supervivencia que vemos en TV por cable cuando no se va la luz. O, como hace el coyote, intentar conformarse con pollos de mentira, porque no logramos atrapar al huidizo correcaminos.